Procesos de beatificación y canonización. A propósito de los primeros Santos Venezolanos

  El Papa León XIV presidirá sus dos primeras ceremonias de canonizaciones cuyas causas fueron aprobadas por el Papa Francisco que en paz descanse, y las fechas fueron fijadas el pasado 13 de junio en el primer Consistorio Público Ordinario presidido por el Santo Padre León XIV para los domingos 7 de septiembre y 19 de octubre de este año jubilar 2025.

Pedro Reinaldo Bravo | El Guardián Católico
Publicado el 29 de agosto de 2025

El domingo 7 de septiembre el Papa canonizará a los Beatos Carlos Acutis y Pier Giorgio Frassati, cuyas vidas son ejemplos de santidad para los adolescentes y jóvenes de este siglo XXI.

Para el domingo 19 de octubre el Santo Padre elevará a los altares a los dos primeros venezolanos: los Beatos José Gregorio Hernández Cisneros y la Madre Carmen Rendiles Martínez, y junto con ellos también canonizará a los Beatos Bartolo Longo, Ignacio Choukrallah Maloyan, Peter To Rot, Vincenza Maria Poloni y María Troncatti. Por lo tanto, el presente artículo refiere de manera general el proceso de beatificación y canonización.

Canonización

La Canonización es el acto presidido por el Papa en una celebración eucarística en la cual declara que una persona fallecida con el título de Beato ha alcanzado la santidad y por lo tanto es proclamado oficialmente Santo, su nombre ya puede ser registrado en el Catálogo de los Santos, y se le puede rendir culto público en toda la Iglesia universal de acuerdo a las normas litúrgicas.

Proceso de Beatificación

Para que una persona sea elevada a los altares y se le pueda rendir culto público universal debe pasar previamente por procesos muy rigurosos, exhaustivos y hasta de años por parte de la diócesis que promueve al candidato para la santidad como también por el Dicasterio para la Causa de los Santos de la Santa Sede quien tiene la última palabra. Estos procesos son la beatificación que puede llevarse de dos formas: por las virtudes heroicas o por el martirio, y posteriormente la canonización siguiendo ambos procesos las normas establecidas por la Santa Sede al respecto.

Cuando una persona muere en fama de santidad, es decir, que en vida vivió las virtudes cristianas en grado heroico hasta su muerte o falleció mártir en el seguimiento a Jesucristo ofrendando su vida, profesando y defendiendo la fe católica, y aún después de su muerte todavía goza de fama de santidad, el Obispo de la diócesis de donde nació, vivió o murió el candidato puede iniciar su causa de beatificación y canonización por lo menos a los cinco años después de su fallecimiento, y así durante ese tiempo se puede ir recogiendo información sobre su vida mediante el testimonio de las personas que conocieron al candidato, como también de publicar una biografía de su vida que puede ayudar posteriormente durante el proceso.

El tiempo de los cinco años para iniciar un proceso de beatificación y canonización puede ser dispensado por el Papa dependiendo de la fama de santidad del candidato como por ejemplo cuando San Juan Pablo II dispensó el tiempo para comenzar la causa de Santa Teresa de Calcuta, como también del Papa Benedicto XVI quien dispensó para comenzar el proceso de San Juan Pablo II.

Al transcurrir el tiempo de los cinco años el Obispo diocesano inicia la causa de beatificación y canonización enviando primero al Dicasterio para las Causas de los Santos un informe sobre la vida del candidato con la finalidad de saber si existe algún obstáculo por parte de la Santa Sede para iniciar el proceso. También hay que tener en cuente que desde el fallecimiento de la persona con fama de santidad y durante todo el proceso hasta la ceremonia de beatificación no se le puede rendir ningún culto público.

El Dicasterio para la Causas de los Santos estudia el informe y si no encuentra ninguna objeción le responde al Obispo con el decreto “Nihil Obstat” (sin obstáculo), es decir, nada impide iniciar el proceso de beatificación y canonización, y seguidamente el Obispo emite el decreto de Introducción de la Causa y el candidato se llamará Siervo de Dios que es el primer paso para la santidad.

Posteriormente comienza la fase diocesana con lo cual el Obispo nombra un tribunal que se encargará sobre la vida y virtudes o martirio del Siervo de Dios, entrevistando a los testigos que conocieron al candidato como también de recoger los documentos referentes sobre su vida.

También el Obispo nombra una comisión de censores teólogos para examinar los escritos que haya publicados el Siervo de Dios y comprobar que no haya nada contrario a la fe y a la moral.

Una vez que el tribunal y los censores teólogos hayan culminado el estudio sobre la vida y los escritos del Siervo de Dios, se termina la fase diocesana y se envía toda la documentación al Dicasterio para la Causa de los Santos para su correspondiente fase romana.

Al comenzar la fase romana el Dicasterio nombra un relator que se encargará de elaborar un documento que se llama “Positio” el cual contiene la vida, virtudes o martirio del Siervo de Dios, los testimonios de las personas quienes lo conocieron y los escritos que haya publicados en vida.

Si la causa de beatificación es por la vía de las virtudes una vez impreso la Positio es estudiada y discutida por una Comisión de Teólogos nombrada por el Dicasterio para la Causa de los Santos, si lo encuentra favorable pasa a la sesión de Cardenales y Obispos para su discusión, si lo encuentra nuevamente favorable lo presenta al Santo Padre para su aprobación y una vez aprobado se emite el decreto sobre la heroicidad de las virtudes y el  Siervo de Dios pasará a llamarse Venerable que corresponde al segundo paso para la canonización

Si el proceso de beatificación es por la vía del martirio no se declara Venerable, sino que se reconoce que murió mártir por haber profesado y defendido la fe católica. Para este caso después de haber sido aprobado por la Comisión de Teólogos y por la sesión de Cardenales y Obispos, se presenta al Papa para la aprobación del martirio y se ordena su beatificación ya que no se requiere un milagro al respecto.

Una vez que el Siervo de Dios es declarado Venerable se necesita un milagro atribuido a su intercesión para proclamarlo Beato. Los milagros teniendo en cuenta que quien lo realiza es Dios generalmente son del área de la medicina y refiere a curaciones repentina, total e inmediata aunque también puede haber otro tipo de milagros.

Cuando sucede un presunto milagro atribuido a la intercesión del Siervo de Dios, el Obispo responsable del proceso nombra un tribunal con un perito médico si es de salud, y si el milagro es de otra índole se nombrará un périto técnico que se encargará de estudiar y comprobar si cumple con las exigencias de la Santa Sede.

Una vez que el tribunal apruebe el presunto milagro se envía toda la documentación al Dicasterio para la Causa de los Santos donde es estudiado primero por una Comisión de Médicos si es de salud, si se aprueba se envía a la Comisión de Teólogos, si esta comisión lo encuentra favorable se envía a la plenaria de Cardenales y Obispos. Si la plenaria lo aprueba se emite el decreto y el Cardenal Prefecto del Dicasterio se lo presenta al Papa para su aprobación. Si el Santo Padre lo encuentra favorable firma el decreto de aprobación y autoriza la ceremonia de beatificación cuya fecha se fija posteriormente. Para el caso de los mártires como se mencionó no se requiere el milagro para la beatificación.


Ceremonia de Beatificación

Beatificar es nombrar oficialmente al Venerable Siervo de Dios el título de “Beato” que significa bienaventurado o feliz y por lo tanto está en la presencia de Dios en un rito dentro de la celebración de la Eucaristía y a partir de ese momento se le puede rendir culto público, pero restringido a una diócesis, región, nación o a los miembros de un instituto de vida consagrada.

La ceremonia de beatificación es un acto pontificio, es decir, presidido por el Papa (San Juan Pablo II presidió personalmente todas las ceremonias de beatificación), pero a partir del 29 de septiembre del año 2005 el Santo Padre Benedicto XVI dispuso que la ceremonia puede ser presidido por un representante que el Papa delegue y quien leerá en su nombre el decreto de beatificación, y la ceremonia se puede realizar en la diócesis donde se promovió su causa.

Al comenzar la celebración eucarística el cuadro del futuro Beato estará cubierto y el Obispo pide al Papa a través de su representante que incluya al Venerable Siervo de Dios en el número de los Beatos y reseña brevemente su vida. Posteriormente el legado pontificio lee el decreto papal y al culminar la lectura se procede a desvelar el cuadro del nuevo Beato con su aureola, se lleva su reliquia colocándola cerca del altar y se inciensa, después el Obispo agradece al Papa, y omitiéndose el acto penitencial la Eucaristía continua como de costumbre.

Con esta ceremonia y el título de Beato se concluye el tercer paso en el camino a la canonización y al mismo tiempo finaliza la etapa más difícil de todo el proceso hacia la santidad

Proceso y Ceremonia de Canonización

La canonización es la última etapa para llegar a santidad y se requiere un milagro atribuido a la intercesión del Beato y ocurrido después de la ceremonia de beatificación. Para el caso del Beato cuyo proceso fue por las virtudes heroicas es el segundo y último milagro, y para el caso de un mártir el primer y único milagro para llegar a esta etapa.

Cuando sucede un presunto milagro por intercesión del Beato se realiza los mismos procedimientos para la beatificación hasta ser presentado al Papa para su aprobación. Una vez que el Santo Padre firma el decreto de aprobación de la canonización se convoca un Consistorio Público Ordinario de Cardenales donde se decide la fecha para la ceremonia litúrgica.

En la ceremonia de canonización es solamente el Papa quien preside durante la celebración eucarística y generalmente se realiza en Roma en la Basílica de San Pedro o en la plaza de San Pedro, a menos que el Papa esté de visita en alguna nación como por ejemplo en la canonización de San Juan Diego que se efectuó en ciudad de México el 31 de julio de 2002 cuando San Juan Pablo II estuvo en México, o las canonizaciones de los videntes de Fátima Santa Jacinta Martos y San Francisco Martos el 13 de mayo de 2017 en Fátima durante la visita del Papa Francisco a Portugal.

En la ceremonia de la canonización el cuadro del Beato está desvelado. Al comenzar la Eucaristía después del saludo inicial se comienza el rito de canonización que se sigue de la siguiente forma desde el año 2014 por disposición del Papa Francisco, y de acuerdo a la página Liturgia Papal en Facebook es el siguiente:

Tras el saludo inicial (La paz esté con ustedes), se entona el himno Veni Creator. Cuando concluye, se acercan a la sede el postulador de la causa de canonización y el Cardenal Prefecto del Dicasterio para la Causas de los Santos. Este último le pide al papa que canonice al beato y lee su biografía.

Al terminar la lectura de la biografía, el papa invita a todos a orar, y se entonan las letanías de los santos, que concluyen con una oración que pronuncia el Santo Padre quien, inmediatamente después, se sienta en la sede con la mitra y con la férula en mano, y pronuncia la fórmula de canonización…

Después de que el papa pronuncia la fórmula, se entona el Iubilate Deo, y mientras algunas personas llevan reliquias de los nuevos santos y las ponen en una peana colocada junto al altar, y ponen velas y flores a su alrededor. Colocadas, un diácono las inciensa.

Concluido el Iubilate Deo, el Cardenal Prefecto le agradece al papa la canonización en nombre de la Iglesia, y le pide que disponga la redacción de las Letras Apostólicas de la Canonización realizada, a lo que el Santo Padre responde: “Lo ordeno”.

Tras esto, se omite el acto penitencial, se canta el Gloria y la Misa continúa como de costumbre.

Que las canonizaciones a celebrarse el 7 de septiembre y 19 de octubre del presente año 2025 sea motivo de seguir los ejemplos de estos Beatos que serán proclamados Santos para la gloria de Dios, y así nosotros llegar también a la santidad a la que todos estamos llamados y en la hora de nuestra muerte gozar de la presencia de Dios en la gloria celestial.

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