El pasado 4
de noviembre del presente año 2025, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe presidida
por el Cardenal Víctor Manuel Fernández publicó una Nota Doctrinal titulada “Mater
Populi Fidelis” (Madre del Pueblo Fiel) con aprobación del Papa León XIV
que lamentablemente originó en polémicas innecesarias señalando que es una
ofensa a la Santísima Virgen.
Publicado el 29 de noviembre de 2025
Este
documento tiene como finalidad aclarar sobre algunos títulos de la Santísima
Virgen María con respecto a su cooperación en la obra de la Redención efectuada
por su Hijo Jesucristo, y también sobre la devoción mariana en el pueblo
creyente para no caer en la confusión y evitar malas interpretaciones, como lo
expresó el propio Cardenal Fernández en la presentación del documento:
“El texto, al mismo tiempo que clarifica en
qué sentido son aceptables, o no, algunos títulos y expresiones que se refieren
a María, se propone profundizar en los adecuados fundamentos de la devoción
mariana precisando el lugar de María en su relación con los creyentes, a la luz
del Misterio de Cristo como único Mediador y Redentor.”
También es
importante lo que menciona el Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe
sobre la devoción mariana:
“La devoción
mariana, que la maternidad de María provoca, es presentada aquí como un tesoro
de la Iglesia. La piedad del Pueblo fiel de Dios que encuentra en María
refugio, fortaleza, ternura y esperanza, no se contempla para corregirla sino,
sobre todo, para valorarla, admirarla y alentarla; …
No cambia la doctrina sobre
la Cooperación de María en la Redención
La
Nota Doctrinal “Mater Populi Fidelis” no cambia la doctrina de la Iglesia sobre
la cooperación de la Santísima Virgen en la obra de Cristo para la Redención
del mundo, como también no cambia el lugar destacado de la Madre de Dios en la
Iglesia y del pueblo creyente, por lo tanto, lo que hace el documento es aclarar
sobre los usos de algunos títulos marianos para evitar la confusión y la mala
interpretación.
Cristo
vino al mundo para llevar a cabo la obra de la salvación a la humanidad, por eso
en el Credo Niceno-Constantinopolitano profesamos en cuanto a Nuestro Señor Jesucristo:
…“de la misma naturaleza del Padre, por
quien todo fue hecho; que por nosotros
los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu
Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre.”
San
Pablo en su carta a los Gálatas dice lo siguiente: “Pero, cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo,
que nació de mujer y fue sometido a la Ley, con el fin de rescatar a los que
estaban bajo la Ley, para que así recibiéramos nuestros derechos como hijos” (Ga
4, 4-5).
Cristo
Hijo único del Padre vino al mundo para anunciar el Evangelio y llevar a cabo
la obra de la Redención en la cruz y para efectuarla se encarnó por obra y
gracia del Espíritu Santo en el vientre de la Santísima Virgen y compartió
nuestra condición humana menos en el pecado (cf. Heb 4,15).
Por
consiguiente, la plenitud de los tiempos se inaugura con la Anunciación del
Arcángel San Gabriel a la Santísima Virgen que va a ser la el Madre de
Jesucristo (cf. Catecismo de la Iglesia Católica N° 484). Ella ante esta
distinguida invitación y después de tener la explicación que va a ser concebida
por obra del Espíritu Santo (cf. Lc 1, 26-35), da su consentimiento libre y
voluntaria al plan de Dios al responder: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí
según tu palabra.” (Lc 1, 38). Desde
ese momento comienza su misión de ser la Madre de Cristo la segunda Persona de
la Santísima Trinidad acompañándolo en todo momento y consagrándose como
colaboradora en la obra para la Salvación del mundo.
Por
tales motivos, el Concilio Vaticano II en su constitución dogmática Lumen Gentium
sobre la Iglesia, N° 56, dice al respecto:
Así María,
hija de Adán, aceptando la palabra divina, fue hecha Madre de Jesús y abrazando
la voluntad salvífica de Dios, con generoso corazón y sin el impedimento de
pecado alguno, se consagró totalmente a sí misma cual esclava del Señor, a la
Persona y a la obra de su Hijo, sirviendo bajo Él y con Él, por la gracia de
Dios omnipotente al misterio de la redención. Con razón, pues, los santos
padres consideran a María, no como un mero instrumento pasivo en las manos de
Dios, sino como cooperadora a la salvación humana por la libre fe y obediencia.
Con
estas palabras el Concilio Vaticano II nos enseña que la Santísima Virgen como mujer
de fe al aceptar con generosidad y disponibilidad la voluntad de Dios de ser la
Madre de Cristo, cumplió su misión con verdadero amor y entrega acompañando en
todos los momentos de la vida de su Hijo Jesucristo convirtiéndose en la cooperadora del misterio de la Redención
efectuada por Él en el Calvario, y aún después de la Resurrección del Señor
estará acompañando a la Iglesia naciente hasta su Asunción a los cielos y desde
ahí continúa su misión maternal acompañando a todos sus hijos espirituales guiándolos
hacia Dios.
En
la Nota Doctrinal “Mater Populi Fidelis” en su numeral 13 menciona lo
anteriormente señalado:
La
cooperación de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación ha sido expuesta
por el Magisterio de la Iglesia. Como dice el Concilio Vaticano II, «con razón,
pues, creen los Santos Padres que Dios no utilizó a María como un instrumento
puramente pasivo, sino que ella colaboró por su fe y obediencia libres a la
salvación de los hombres». Esta asociación de la Virgen está presente tanto en
la vida terrena de Jesucristo (concepción, nacimiento, muerte y resurrección)
como en el tiempo de la Iglesia.
Al
leer completa y cuidadosamente la Nota Doctrinal nos damos cuenta que explica
magistralmente y en total fidelidad a la doctrina de la Iglesia sobre la
cooperación de ´la Santísima Virgen María en la obra de la Salvación. El
documento señala como ha sido la colaboración de María desde las Sagradas
Escrituras y en el Magisterio, y dándole también su lugar destacado en la vida
de Cristo y de la Iglesia.
El título de Corredentora
Este
título es la que ha dado muchas polémicas y el documento explica su uso en la
historia de la Iglesia y aunque ciertamente fue usado por algunos santos y
Papas, lo hacían siempre en el sentido como cooperadora en la obra de la
redención y nunca como igual a Cristo, ya que Él es el único Redentor del mundo.
Un
sacerdote en su canal católico en
youtube con motivo de esta Nota Doctrinal explicó excelentemente
que cuando se usaba el término Corredentora lo usaba en latín que es
Coredemptrix, es decir, cooperadora o colaboradora, pero nunca igual a Cristo.
En latín el prefijo “co”, no significa igualdad de condiciones, significa “con”,
y en este caso María está junto a Cristo colaborando con Él en su obra redentora.
Existen
palabras en los idiomas que pueden cambiar su significado con el transcurso del
tiempo y el mismo sacerdote en su programa explica que anteriormente el prefijo
“co” se utilizaba como ayuda o colaboración, pero actualmente en el lenguaje
moderno a excepción del Latín, el prefijo “co” significa igualdad distributiva
o de condiciones. Por ejemplo, dos personas han fundado una empresa, por lo tanto,
esas dos personas son cofundadores y están en la misma altura. Otro ejemplo dos
personas escriben un libro, entonces esas dos personas son coautores porque
ambos lo escribieron y por consiguiente merecen los mismos reconocimientos.
En
consecuencia, el título Corredentora no sirve en el lenguaje actual porque
confunde y se puede interpretar que en la obra de la Redención lo realizaron
Jesús y María cuando el único Redentor es Cristo, y la Santísima Virgen
colaboró de manera muy importante porque por Ella Nuestro Señor vino al mundo
para efectuar su obra salvadora.
Por
eso en la Nota Doctrinal en su numeral 22 menciona lo anteriormente señalado:
Teniendo en
cuenta la necesidad de explicar el papel subordinado de María a Cristo en la
obra de la Redención, es siempre inoportuno el uso del título de Corredentora
para definir la cooperación de María. Este título corre el riesgo de oscurecer
la única mediación salvífica de Cristo y, por tanto, puede generar confusión y
un desequilibrio en la armonía de verdades de la fe cristiana, porque «no hay
salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro
nombre por el que debamos salvarnos» (Hch
4,12).
Por
tales motivos no es recomendable utilizar el título Corredentora y tener en
cuenta que el no usarlo no se le quita a la Santísima Virgen su papel destacado
como cooperadora porque como Madre del Redentor siempre está unida a Cristo
asumiendo su misión maternal en todos los momentos de la vida de Nuestro Señor.
El Título de Mediadora
Mientras
el título de Corredentora es recomendable no utilizarlo, el título de Mediadora
se debe emplear con mucha prudencia teniendo en cuenta que el único Mediador es
Jesucristo como lo señala el apóstol San Pablo: “Porque uno es Dios, uno también el mediador entre Dios y los hombres,
el hombre Cristo Jesús, que se entregó a sí mismo para redención de todos” (1Tm
2, 5-6).
Por lo tanto, este
título se debe utilizar siempre subordinada a Cristo, y el
Concilio Vaticano II en su constitución dogmática Lumen Gentium N° 62 utilizó
este término, pero haciendo su respectiva aclaración: “La Iglesia no duda en atribuir
a María un tal oficio subordinado, lo experimenta continuamente y lo recomienda
al amor de los fieles para que, apoyados en esta protección maternal, se unan
más íntimamente al Mediador y Salvador.”
La
Nota Doctrinal en el numeral 25 refiere sobre el título de Mediadora:
…no podemos
ignorar que existe un uso muy común de la palabra “mediación” en los órdenes
más variados de la vida social, donde se entiende simplemente como cooperación,
ayuda, intercesión. Por consiguiente, es inevitable que se aplique a María en
sentido subordinado y de ningún modo pretende añadir alguna eficacia, o
potencia, a la única mediación de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre
Seguidamente
explica que hubo una forma de mediación de María en día de la Anunciación y en
las bodas de Caná. En la Anunciación al aceptar la voluntad de Dios cuando dio
el “sí” y como refiere el documento: “Esa
respuesta de María abrió las puertas de la Redención que toda la humanidad
esperaba”; y en las bodas Caná cuando intercede ante Jesús por la
eventualidad que ese momento estaban pasando los nuevos esposos y luego Ella
dice a los sirvientes: “Hagan lo que él
les diga.” (Jn 2,5).
Por
eso el título de Mediadora se debe emplear expresando solamente la intercesión maternal
de la Santísima Virgen quien acude a su Hijo Jesucristo para que ayude a sus
hijos espirituales en sus necesidades.
Los títulos de Madre de
la gracia y Mediadora de todas las gracias
Estos
dos títulos también se deben utilizar con prudencia porque como menciona el
documento en el número 45:
…” se presenta a María como si ella tuviera un
depósito de gracia separado de Dios, donde no se percibe tan claramente que el
Señor, en su generosa y libre omnipotencia, ha querido asociarla a la
comunicación de esa vida divina que brota de un único centro que es el Corazón
de Cristo, no de María.
Aunque
ciertamente la Santísima Virgen es llena de gracia como la saludó el Arcángel Gabriel
en el día de la Anunciación: “Alégrate,
llena de gracia, el Señor está contigo.” (Lc 1,28), hay que tener en cuenta
que esa gracia procede solamente de Dios y como lo señala la Nota Doctrinal en
el numeral 67:
De hecho,
ella, la primera redimida, no puede haber sido mediadora de la gracia recibida
por ella misma. Este no es un detalle menor, porque manifiesta algo central:
que también en ella el don de la gracia la precede y procede de la iniciativa
absolutamente gratuita de la Trinidad, en atención a los méritos de Cristo.
Por
consiguiente, los títulos “Madre de la gracia” y “Mediadora de todas las
gracias” corre el peligro que se pueda interpretar como si la Santísima Virgen
distribuye las gracias solamente y separada de Dios; y el documento en su
numeral 68 dice al respecto: “Por otro
lado, el título antes mencionado corre el peligro de ver la gracia divina como
si María se convirtiera en una distribuidora de bienes o energías espirituales
en desconexión con nuestra relación personal con Jesucristo.”
Estos
títulos se deben utilizar considerando a la Santísima Virgen que como Madre de
Jesús y de la Iglesia Ella intercede, auxilia y presenta a Cristo nuestras
necesidades materiales y espirituales e implorando para nosotros sus hijos las
gracias que da el Espíritu Santo para nuestra conversión y crecimiento
espiritual. María como cooperadora del Señor también colabora en la salvación
de cada uno de nosotros guiándonos hacia su Hijo Jesucristo que es fuente de
vida y salvación.
Madre del Pueblo Fiel
Cristo
en el Calvario nos entrega a María como Madre: “Jesús, viendo a su Madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí,
dijo a la Madre: Mujer, he ahí a tu hijo; Luego dijo al discípulo: He ahí a tu
Madre.” (Jn 19, 26-27), y desde
ese momento La Santísima Virgen en su misión como Madre espiritual del Pueblo
de Dios que es la Iglesia acompaña, protege y conduce a Cristo.
Por
eso el Pueblo fiel reconoce a la Santísima Virgen como la Madre amorosa que
ayuda, consuela e intercede ante Dios, y por consiguiente acude a Ella con amor
y veneración para poner en sus manos sus vidas, esperanzas y necesidades.
La
devoción a la Santísima Virgen María es de gran valor por ser la Madre de Dios y
también Madre del Pueblo fiel porque acompaña a todos sus hijos en este
peregrinaje en el mundo terrenal hacia la patria celestial en medio de las
alegrías, dificultades y tristezas para interceder, consolar, y guiarnos hacia
Dios para alcanzar la salvación eterna. El documento reconoce este gran tesoro
y nos alienta en la confianza maternal de María que nos conduce al único
Redentor Cristo Jesús.

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