Una
devoción canaria que cruzó el Atlántico para arraigarse en el corazón de
Miranda, conviviendo con otras advocaciones patronales y dejando una huella
artística e histórica única.
Publicado el 1 de febrero de 2026
La Iglesia Católica celebra cada 2 de febrero, la Fiesta de la Presentación del Señor y la Purificación de la Virgen María, popularmente conocida como la festividad de Nuestra Señora de la Candelaria. Su iconografía, con la vela o candela que simboliza a Cristo como luz del mundo, es venerada desde hace siglos. La celebración de 2026 cae el día lunes.
Esta
advocación tiene su epicentro en Tenerife (Islas Canarias, España), donde es
Patrona Principal, y desde allí su culto se dispersó por el orbe católico,
especialmente hacia América.
En
Venezuela, la devoción a la Candelaria se encuentra extendida, testimonio de la
profunda huella que dejaron los inmigrantes canarios en la colonización y
formación de la nacionalidad.
Este
reportaje se centra en su particular historia en Guarenas, estado Miranda, una
ciudad donde convive con otras poderosas advocaciones marianas, como la Patrona
de Venezuela, Nuestra Señora de Coromoto,
y la patrona local, Nuestra Señora de Copacabana.
DE TENERIFE A AMÉRICA, LA RUTA DE UNA
DEVOCIÓN
La historia de la Virgen de la Candelaria en Canarias es anterior a la conquista castellana. Como documentan portales especializados en historia católica -entre estos El Guardián Católico- su devoción en Tenerife es proverbial y fue oficializada como patronazgo del archipiélago en 1867.
Con los miles de
canarios que emigraron al Nuevo Mundo, llevaron consigo su fervor mariano. Así,
el nombre de Candelaria se esparció por geografías de Cuba, República
Dominicana y, muy prominentemente, Venezuela.
UNA ADVOCACIÓN CON RAÍCES CANARIAS EN TIERRA MIRANDINA
La presencia canaria en la Venezuela colonial fue decisiva. En Guarenas, registros históricos señalan el establecimiento de familias provenientes de Tenerife desde finales del siglo XVII.
No es de extrañar, por tanto, que junto a su
patrona oficial (Copacabana, desde la fundación en 1621) y la omnipresente
devoción a la Virgen de Coromoto (declarada Patrona de Venezuela por Pío XII en
1944), se erigiera un templo dedicado a la Candelaria.
Aunque
no es una parroquia autónoma, la Capilla de la Candelaria está considerada la
más antigua de la ciudad. Su construcción ya estaba en marcha en noviembre de
1877, según consta en la visita pastoral del Arzobispo de Caracas, José Antonio
de Ponte, documentada en el archivo de la Parroquia Nuestra Señora de
Copacabana. Para 1887, la obra estaba concluida.
UN RETABLO CON HISTORIA CON ESTILO
BARROCO
El
mayor tesoro de esta capilla es su imponente retablo de estilo churrigueresco,
una expresión del barroco español del siglo XVIII. La tradición oral, recogida
por investigadores locales, indica que este retablo provendría del demolido
Convento de San Jacinto de Caracas, tras las leyes de exclaustración del siglo
XIX.
Expertos
lo catalogan como una de las piezas de arte barroco más valiosas de la región,
comparable a obras similares en la Catedral de Caracas o la iglesia de San
Francisco.
Este patrimonio, sin embargo, contrasta con el estado de su entorno. La plaza que precede a la capilla, cargada de reminiscencias históricas y rodeada de casas antiguas, sufre hoy de abandono, según describen vecinos y devotos, quienes lamentan la acumulación de basura y la degradación del espacio público.
LA CANDELARIA ES UNA FIESTA DE LA FE
Pese
a los desafíos, la devoción persiste. Cada 2 de febrero, la comunidad de
Guarenas, especialmente los descendientes de aquellas familias canarias y los
fieles del sector, renuevan su fe. La procesión con la imagen morena de la
Virgen sobre hombros no es solo un acto religioso, sino una reafirmación de
identidad y memoria histórica.
La
historia de la Candelaria en Guarenas es, en definitiva, un microcosmos de la
historia religiosa venezolana. Se trata de un sincretismo entre la fe traída
por los colonizadores canarios, la devoción a los patronos locales y las devociones
marianas unificadoras de la Virgen de Coromoto y Copacabana.
Cada
2 de febrero, día de Nuestra Señora de la Candelaria, es un recordatorio de
cómo la fe modeló comunidades y legó un patrimonio artístico que, aún hoy,
reclama atención y cuidado.
TERE TERE, PIÑATAS Y TRADICIONES
El
amanecer del 2 de febrero para los devotos de la Candelaria en Guarenas tiene
significativa importancia que es demostrada con el lanzamiento de artificios
desde muy temprano. Igual, un grupo musical recorre las barriadas y sectores de
la ciudad.
Para los peregrinos que acuden a este lugar de Guarenas, llama la atención los festejos populares con que algunos vecinos acompañan la fiesta religiosa. Así, se observan las piñatas para niños, jóvenes y adultos que la Familia Muro, asentada en la zona desde hace mucho tiempo, ofrecen luego de finalizada la celebración eucarística. Lo hacen como un homenaje a sus antepasados que daban obsequios y recuerdos a los devotos que visitaban la Candelaria.
Entre
las delicias que obsequian a los asistentes están los sándwiches y un suculento
platillo de Tere Tere (estofado de
res) acompañados de pan sobado y bebidas. “Esto lo hacemos desde siempre
siguiendo la tradición de nuestros abuelos y padres”, dijo en su momento el profesor
Pablo Marcial Muro, de feliz memoria.





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