Acaba de concluir el primer Consistorio de Cardenales convocado por el Papa León XIV, realizado entre el 7 y 8 de enero, y fueron notorias las ausencias de los dos cardenales venezolanos: Baltazar Porras Cardozo y Diego Padrón Sánchez. Sus ausencias no fueron las únicas, por diversas razones apenas asistieron 175 de 245 invitados. El Vaticano debe corregir su estilo de convocatoria, según las quejas de quienes no asistieron
Publicado el 09 de enero de 2026
Las sillas vacías de los cardenales Baltazar Enrique Porras Cardozo y Diego Rafael Padrón Sánchez, por restricción gubernamental y salud, respectivamente, opacaron el llamado a la comunión del Pontífice Romano y destacaron las tensiones entre la Iglesia y el Estado venezolano, dejando sin vocería al país suramericano en la instancia más alta de la gobernanza católica: el Consistorio Extraordinario del 7 al 8 de enero de 2026.
En su primer consistorio extraordinario, el Papa León XIV convocó a los 245 cardenales del mundo para fortalecer la colegialidad. Sin embargo, solo 170 asistieron. Entre las 75 ausencias, dos resuenan con eco político para Venezuela, los cardenales Baltazar Porras y Diego Padrón.
El primero, impedido de
viajar por el gobierno del país suramericano; el segundo, por su frágil salud, avanzada
edad y la situación nacional. Sus sillas vacías recordaron que, mientras en
Roma se habla de caminar juntos, algunos jerarcas religiosos no pudieron ni
ponerse en camino.
Un pasaporte anulado e impedido para viajar fuera de Venezuela
La ausencia más polémica fue la del cardenal Baltazar Porras Cardozo, arzobispo emérito de Caracas. El 10 de diciembre de 2025, autoridades migratorias venezolanas le retuvieron y anularon su pasaporte en el Aeropuerto de Maiquetía, impidiéndole viajar.
Según su relato, un oficial le
informó que el documento “presentaba problemas” y no pudieron hacer nada. Este
incidente, ocurrido en el Día Mundial de los Derechos Humanos, fue calificado
por el propio purpurado como un atentado contra los derechos ciudadanos.
El Vaticano confirmó la ausencia, señalando que sus documentos seguían en manos de las autoridades venezolanas.
El hecho se enmarca en un deterioro de las relaciones entre la
Iglesia y el gobierno que rige en Venezuela durante la gestión de Nicolás
Maduro, con antecedentes de impedimentos a viajes de Porras y acusaciones públicas
de altos funcionarios. Al verificar sus redes sociales no hay constancia de que
haya podido viajar.
La ausencia del cardenal Padrón, su salud e
impedimento
La otra gran ausencia
venezolana fue la del cardenal Diego Padrón Sánchez, de 86 años. Fuentes
cercanas a la Conferencia Episcopal Venezolana indicaron que faltó por motivos
de salud, tras varios procesos de internación.
Creado cardenal por el
Papa Francisco en septiembre de 2023, Padrón es una figura histórica
en la Iglesia venezolana. Presidió el Episcopado Venezolano
durante dos períodos y se le reconoce como “hombre de paz y diálogo”.
En una entrevista
previa, Padrón, quien sigue sirviendo como párroco en Valencia, aseguró que su
vida no cambiaría por el nombramiento cardenalicio, manteniendo su perfil de
servicio humilde. Su ausencia por
enfermedad contrasta con la forzada de su colega, pero ambas privaron al
consistorio de la voz de dos pilares de la Iglesia venezolana.
Un consistorio de unidad, ensombrecido por la división
El Papa León XIV
concibió esta reunión como un espacio de escucha y discernimiento común sobre
el futuro de la Iglesia. En su homilía, pidió unidad y advirtió que no estaban
allí para “promover agendas personales o
grupales”.
Sin embargo, las
ausencias hablaron más fuerte. No solo las de Venezuela, también la del
cardenal nicaragüense Leopoldo Brenes, quien declaró no haber recibido la
convocatoria, aunque el Vaticano aseguró que todos fueron invitados.
El caso venezolano ejemplifica cómo conflictos geopolíticos y tensiones Iglesia-Estado traspasan los muros vaticanos. El país vive una crisis política agravada, y la Iglesia, a menudo queda atrapada en medio de estos conflictos que superan lo pastoral.
Las sillas vacías de Porras y Padrón no fueron una simple estadística; fueron un recordatorio de que la comunión que el Papa anhela tropieza con muros muy terrenales.




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