En el complejo y doloroso tablero de la realidad venezolana, la Iglesia Católica históricamente ha ocupado un espacio de mediación, defensa de los derechos humanos y acompañamiento pastoral a un pueblo golpeado por la crisis. Sin embargo, una serie de acontecimientos recientes han ensombrecido su imagen y puesto en tela de juicio el papel de algunas de sus más altas autoridades.
Publicado el 20 de enero de 2026
La Iglesia Católica en Venezuela parece no estar viviendo su mejor momento histórico. La institución que una vez fue un faro de credibilidad
para millones de venezolanos parece navegar, en algunos de sus estratos de
poder, por aguas turbulentas que la alejan de su misión profética.
La pregunta que flota en el ambiente es si una parte
de su jerarquía ha cedido a la tentación del poder terrenal, alineándose con un
régimen ampliamente cuestionado, en detrimento de su independencia moral.
UNA CASCADA DE HECHOS QUE EROSIONAN LA CREDIBILIDAD
Los últimos años han estado marcados por una sucesión
de episodios que han sacudido la confianza pública y echado por tierra la
reconocida credibilidad de la Iglesia Católica. En
años anteriores, incluso, en los primeros cuatro lustros del régimen socialista, algunos Prelados sufrieron las arremetidas de Hugo Chávez y luego Nicolás
Maduro, por estar en favor de la
gente y exigir más y mejor democracia.
La historia reciente es distinta, la indudable cercanía entre autoridades civiles y religiosas delata otros intereses, y entre
los casos de mayor intensidad mediática se involucra a la Arquidiócesis de Caracas, concretamente, su titular Monseñor Raúl Biord Castillo, nombrado para
este cargo el 28 de junio de 2024.
FIESTA DE LA SANTIDAD. - Uno de los primeros escándalos de gran magnitud fue el de la malograda “Fiesta de la Santidad”
en el Estadio Monumental de Caracas, un evento masivo que debía realizarse el
25 de octubre de 2025 para honrar la canonización de los primeros santos de
Venezuela: Doctor José Gregorio Hernández Cisneros y la Madre Elena Carmen
Rendiles.
Precedida de duras denuncias, debido a la gestión de Raúl Biord en
la Diócesis de La Guaira, esta “Fiesta” terminó en acusaciones de falta de
transparencia, manipulación política por parte del régimen y otros contubernios que llevaron a su abrupta cancelación, transformándose en diminutas
celebraciones parroquiales dispersas y sin difusión.
La suspensión y poca información sobre este hecho generó un profundo malestar entre los fieles, quienes cuestionaron la opacidad y la posible mercantilización de un acto de fe.
Algunas fuentes, indicaron que la suspensión fue una orden inmediata del Papa León XIV, instancia que tomó en cuenta las denuncias llegadas.
¿EXILIO DORADO PARA
MADURO? El 3 de enero de 2026, surge en Venezuela
un nuevo escenario después que el gobierno de Estados Unidos capturó y extrajo
a Nicolás Maduro señalándolo de delitos vinculados al narcotráfico y presentándolo
ante la justicia de ese país debido a órdenes de búsqueda que pesaban sobre él.
Luego de estos hechos, trascendieron las declaraciones
del Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano, quien reveló un
ofrecimiento de la Santa Sede durante la Navidad a Maduro (con el conocimiento
de un sector del Episcopado Venezolano y la Nunciatura Apostólica), proponiendo una
salida negociada que incluiría impunidad y disfrute del dinero que sustrajo del
erario nacional en un tercer país, junto a familiares y colaboradores inmediatos.
Al parecer, Nicolás no entendió la propuesta salvadora.
Esta revelación, recogida por medios internacionales pintó
a un sector de la Iglesia no como un árbitro neutral, sino como un actor
político dispuesto a pactar con un régimen acusado de crímenes de lesa
humanidad y otros delitos, socavando su autoridad moral para denunciar
injusticias. De inmediato surgen entre los analistas políticos y medios
independientes las siguientes preguntas:
¿Qué habría pasado con Nicolás Maduro de haber
aceptado la oferta proveniente del Vaticano? ¿Estaría preso o en libertad? ¿Se habría
conocido que posee una fortuna personal de más de Cuatro Mil Millones de Dólares, colocada en paraísos fiscales? ¿Se habrían producido algunos cambios en
Venezuela, aunque efímeros y en proceso? Nada de eso.
LA DENUNCIA DE EXTORSIÓN POLÍTICA QUE SALPICA AL ARZOBISPO DE CARACAS
Sin embargo, el episodio más reciente y grave involucra
directamente a instancias de la Arquidiócesis de Caracas. Todas las miradas han
girado hacia el arzobispo titular, monseñor Raúl Biord Castillo quien sucedió
en el trono de la iglesia caraqueña a su entonces amigo y proponente Cardenal Baltazar
Enrique Porras Cardozo.
EL HECHO. - El 19 de enero de 2026, Mariana González de Tudares, hija de Edmudo González Urrutia, el presidente de Venezuela electo el 29 de julio de 2025, denunció públicamente
haber sido víctima de extorsión política. En un comunicado ampliamente
difundido, detalló que, en tres ocasiones, agentes del régimen le ofrecieron la
libertad de su esposo, el preso político Rafael Tudares Bracho, a cambio de que
su padre renunciara a su condición de presidente electo.
Lo más impactante de su testimonio es que uno de estos
encuentros de presión ocurrió en instancias del Arzobispado de Caracas y así lo describe en el comunicado:
Aunado a ese proceso judicial, que resulta arbitrario y amoral, denuncio que fui víctima de tres episodios de extorsión provenientes tanto de personas vinculadas a las autoridades de este país, como de personas relacionadas con la iglesia, y de individuos que afirmaban representar organismos importantes, escribió en el comunicado.
El patrón de coerción, incluso utilizó espacios
eclesiásticos, quedando evidenciado en los siguientes párrafos:
Esas tres extorsiones se llevaron a cabo en sedes diplomáticas (Embajadas), en espacios donde opera el Arzobispado y en oficinas de organismos que públicamente afirman defender los derechos humanos. En los tres episodios hubo testigos presenciales quienes escucharon íntegramente todo lo que se me dijo (…) se me indicó directamente que, para que Rafael pudiera recuperar su libertad y volver a su hogar, yo debía obligar a mi padre a renunciar a su lucha y a su causa.
Su denuncia, publicada por medios independientes
venezolanos y agencias de noticias internacionales, plantea varias preguntas
inquietantes: ¿Cómo pudo ser utilizado
un recinto de la Iglesia para una maniobra de extorsión política contra la
familia del mandatario electo? ¿Por qué la Iglesia no ha hablado de esto? ¿Por qué tanto silencio?
¿DÓNDE ESTÁ LA VOZ PROFÉTICA DE LA JERARQUÍA CATÓLICA EN VENEZUELA?
La realidad de la Iglesia no se puede generalizar en
Venezuela. De hecho, existen muchas voces que claman por la justicia y
liberación de los presos políticos del país, como fue el caso del Arzobispo de
Barquisimeto, en la Procesión 168 de la Divina Pastora, pese al intento de
algunos voceros del régimen en transición, de silenciarlo y/o cuestionarlo.
Frente a esta grave acusación, que vincula al entorno
eclesial de Raúl Biord con un acto de coacción política, ha reinado un silencio
estridente por parte del Arzobispado de Caracas. Este mutismo no hace sino
alimentar la desconfianza y la percepción de complicidad o, al menos, de una
incapacidad para controlar sus propios espacios.
La población, y en especial la feligresía católica,
espera una voz clara que condene el uso de cualquier institución de la Iglesia
para fines espurios y que reafirme su compromiso inquebrantable con la justicia
y la defensa de los perseguidos.
LA IGLESIA EN VENEZUELA EN UNA ENCRUCIJADA
El clamor popular no pide a la Iglesia que se inmiscuya en la política partidista, sino que, fiel a su evangelio, sea un bastión incorruptible de verdad y un refugio para los oprimidos, nunca un escenario posible para maquinaciones del poder.
La renovación de la
credibilidad pasa por la transparencia, la autocrítica y, sobre todo, por un
regreso inequívoco a su misión de ser voz de los que no tienen voz.
El momento exige más que nunca que sus pastores vivan aquello que predican, so pena de ver diluirse su relevancia en el corazón de un pueblo que tanto ha necesitado de su guía moral.





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