¿Cardenal Sarah tiende puente para un posible encuentro de la FSSPX con el Papa León XIV?


Las recientes palabras del Cardenal Sarah, dirigidas a la FSSPX, pudieran interpretarse como la posibilidad de un camino que antecede el encuentro entre la Fraternidad y el Santo Padre León XIV. Sería interesante que ambas partes exploren esa posibilidad.

Ramón Antonio Pérez | El Guardián Católico
Publicado el 23 de febrero de 2026

El Cardenal Robert Sarah ha escrito unas palabras que están dando mucho que hablar entre los católicos y medios de comunicación de carácter seglar. En un artículo publicado el 22 de febrero de 2026, este querido cardenal africano, conocido por defender la fe sin rodeos, se dirige a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), justo cuando ratificaron sus próximas consagraciones para el 1 de julio de este año.

Su mensaje es claro y muy profundo, además, ejemplificado con la figura del reconocido sacerdote San Pío de Pietrelcina: la mejor manera de custodiar la verdad y no caer en errores es estar unidos al Papa, tener ese vínculo oficial con la Iglesia.

Muchos ven en estas palabras algo más que un consejo. Podría ser como un puente que abre el camino para que el Superior General de la Fraternidad, Reverendo Padre Davide Pagliarani, se siente a hablar con el Papa León XIV.

Sería un encuentro histórico, un paso grande para ayudar a sanar una vieja herida y lograr que todos los católicos estén, como dice el refrán, “en casa y en familia”. Aunque esto, es solo una hipótesis del autor.



A continuación, las palabras del Cardenal Robert Sarah:

“Quiero expresar mi profunda preocupación y mi honda tristeza al conocer el anuncio de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, fundada por Mons. Lefebvre, de proceder a ordenaciones episcopales sin mandato pontificio.

Se nos dice que se hace por fidelidad al Magisterio precedente, pero ¿quién puede garantizarlo sino el propio Sucesor de Pedro? Aquí hay una cuestión de fe. «Quien desobedezca al Papa, representante de Cristo en la tierra, no participará de la sangre del Hijo de Dios», decía también santa Catalina de Siena.

No se trata de una fidelidad mundana a un hombre y a sus ideas personales. No se trata de un culto a la personalidad del Papa. No se trata de obedecer al Papa cuando expresa sus propias ideas u opiniones personales. Se trata de obedecer al Papa cuando dice, como Jesús: «Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado» (Jn 7, 16).

Se trata de una mirada sobrenatural sobre la obediencia canónica, que garantiza nuestro vínculo con Cristo mismo. Es la única garantía de que nuestra lucha por la fe, la moral católica y la Tradición litúrgica no se desvíe hacia la ideología. Cristo no nos ha dado otro signo cierto. Abandonar la barca de Pedro y organizarse de manera autónoma y en círculo cerrado equivale a entregarse a las olas de la tormenta.

Sé bien que a menudo, incluso dentro de la Iglesia, hay lobos disfrazados de corderos. ¿Acaso el propio Cristo no nos lo advirtió? Pero la mejor protección contra el error sigue siendo nuestro vínculo canónico con el Sucesor de Pedro.

«Es el mismo Cristo quien quiere que permanezcamos en la unidad y que, incluso heridos por los escándalos de malos pastores, no abandonemos la Iglesia», nos dice san Agustín. ¿Cómo permanecer insensibles a la oración llena de angustia de Jesús: «¿Padre, que sean uno como nosotros somos uno» (Jn 17, 22)? ¿Cómo seguir desgarrando su Cuerpo con el pretexto de salvar las almas? ¿No es Él, Jesús, quien salva? ¿Somos nosotros y nuestras estructuras quienes salvamos las almas? ¿No es a través de nuestra unidad como el mundo creerá y será salvado? Esta unidad es ante todo la de la fe católica; es también la de la caridad; y es, finalmente, la de la obediencia.

Quisiera recordar que san Padre Pío de Pietrelcina fue durante su vida injustamente condenado por hombres de Iglesia. Cuando Dios le había concedido una gracia especial para ayudar a las almas de los pecadores, se le prohibió confesar durante doce años. ¿Qué hizo? ¿Desobedeció en nombre de la salvación de las almas? ¿Se rebeló en nombre de la fidelidad a Dios? No; guardó silencio. Entró en la obediencia crucificante, seguro de que su humildad sería más fecunda que su rebelión.

Escribía: «El buen Dios me ha hecho comprender que la obediencia es lo único que le agrada; es para mí el único medio de esperar la salvación y de cantar victoria».

Podemos afirmar que el mejor medio para defender la fe, la Tradición y la auténtica liturgia será siempre seguir a Cristo obediente. Cristo jamás nos mandará romper la unidad de la Iglesia”.

 

Cardenal Robert Sarah
Artículo publicado en Le Journal du Dimanche
22 de febrero de 2026

 

 

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