Cofradía del Santísimo de Antímano, más de dos siglos uniendo iglesia y pueblo

Desde el año 1808, la Cofradía del Santísimo Sacramento no solo ha custodiado la fe en esta comunidad de Caracas, sino que forjó, desde sus inicios, un espacio de igualdad fraterna. A más de doscientos años de su fundación, su lema —Eucaristía, Valores y Ciudadanía— sigue latiendo con la fuerza de un apostolado familiar. Tenía pendiente la actualización de este artículo publicado en El Guardián Católico en el año 2009.

Ramón Antonio Pérez | El Guardián Católico
Publicado el 30 de noviembre de 2025

En el cálido repique de las campanas de la Parroquia “Nuestra Señora del Rosario” de Antímano, un domingo 14 de junio de 2009 —día del Corpus Christi—, se mezclaban el aroma a incienso y la alegría de una memoria viva. No era una celebración cualquiera; era el abrazo festivo de un Bicentenario, los 200 años de la Cofradía del Santísimo Sacramento, una institución que nació con el alma misma de este pueblo caraqueño. A la distancia de aquel hecho, ahora son 217 años de la fundación de este apostolado eucarsítico.

Desde aquel 13 de febrero de 1808, nos sentimos orgullosos de mantener el fervor eucarístico, así como velar por el culto y la fe católica, expresaba con emoción el licenciado Freddy Enrique Hermoso Herrada, presidente de la Cofradía del Santísimo en Antímano, Caracas.

Su voz resumía el legado de generaciones guiadas por un mismo faro: “eucaristía, valores y ciudadanía”. Para Hermoso, la cofradía es sinónimo de “familiaridad”, un apostolado que se vive en familia y se extiende a la comunidad, participando incluso en los talleres de la Misión Continental Evangelizadora.

Una tradición que lleva la fe a la familia

La historia de esta hermandad está indisolublemente ligada a la de Antímano. El historiador Manuel Donís Ríos, invitado especial a la celebración e hijo del cofrade más antiguo de esta comunidad parroquial, Manuel Antonio Donís, trazó el puente entre el pasado y el presente. 

Recordó que el pueblo, fundado en 1621 como San Pedro y San Pablo, era originalmente “un pueblo de indios bastante pobre”, pero que para principios del siglo XIX ya era “muy próspero”.

En 1809, un año crucial, el recién creado Arzobispado de Caracas decidió separar Antímano de La Vega y erigirlo como parroquia propia. Fue en ese momento fundacional donde surgió el propósito divino y social de la Cofradía.

“Al mismo tiempo que se crea la parroquia se piensa en la erección de una cofradía, es decir, una institución especialmente creada para rendir homenaje al Santísimo Sacramento”, explicó Donís Ríos. 

Su misión era doble: darle “estatus, categoría al pueblo” y ocuparse de las fiestas religiosas, especialmente el Corpus Christi, sin descuidar “la atención a los más necesitados a través de La Casa de la Caridad”.

Pero su verdadera revolución silenciosa fue el carácter que la definió. La Cofradía de Antímano fue mixta desde su fundación en 1808. “¿Qué nos quiere decir esto?”, se preguntó el historiador. 

Que siendo de las primeras fundadas en la Arquidiócesis de Caracas, también fue de las primeras que les dio cabida a todos los estamentos o clases sociales existentes para la época. No sólo a los blancos (…) sino que aquí se le dio cabida en igualdad de condiciones (…) a pardos, negros, mulatos e indígenas. 

Un testimonio temprano del poder igualitario de la Eucaristía

Con la sabiduría que dan los años, Donís Ríos compartió una anécdota personal que define la esencia del compromiso cofrade. A sus 18 años, quiso ingresar para lucir la medalla. Su padre, con 65 años en la organización, le detuvo con una lección perdurable: 

No hijo, la medalla no es para que la luzcas ni para que andes como un pavo real; la medalla es para cuando tengas fe y sepas apreciar lo que es la cofradía. La medalla, en otras palabras, se lleva en el corazón.

La celebración, un fiel reflejo de la fe vivida en comunidad

La misa, presidida por el párroco Padre Carlos Guerendiaín, quien subrayó que “Palabra y Eucaristía es toda una unidad”, tuvo como corolario la Primera Comunión de más de noventa niños. 

Luego, una procesión alrededor del templo unió a la feligresía en un solo cuerpo, seguida de un acto en el salón parroquial donde los testimonios se mezclaron con las notas del “Vals Nº 3” de Antonio Lauro, interpretado por el guitarrista Daniel Acosta.

El brindis final, frente a una torta que replicaba el documento fundacional, coronó dos siglos de una historia que, como bien se escuchó en la sala, “no es algo que se ve todos los días”. 

Bajo el liderazgo de Freddy Hermoso y una directiva comprometida, y con la esperanza puesta en la juventud que se ha hecho amiga de la Cofradía, esta institución con más de doscientos años, sigue siendo un faro de fe, fraternidad y servicio en el corazón de Antímano.

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