domingo, 9 de abril de 2017

El Cardenal Urosa rechaza “inhabilitación política” del Gobernador Henrique Capriles


 El rechazo del Arzobispo de Caracas, a la decisión de la Contraloría General contra el Gobernador de Miranda, se produjo al concluir la misa del Domingo de Ramos


Ramón Antonio Pérez // @GuardianCatolic
Caracas, 9 de abril de 2017

El cardenal Jorge Urosa Savino expresó su rechazo a la inhabilitación política de la que fue objeto el Gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski, por parte de la Contraloría General de la República, considerando la decisión “sumamente grave”, ya que obedece a la aplicación de “una ley totalmente injusta y violatoria de los derechos políticos de los funcionarios públicos”.

Para el arzobispo de Caracas, “ante cualquier hipótesis de mala administración”, un funcionario público debería “ser juzgado por un tribunal, y no que, por una medida administrativa sea inhabilitado políticamente, y luego por  quince años”, dijo a los periodistas al concluir la misa del Domingo de Ramos en la Catedral Metropolitana.

Parece que eso es algo totalmente indebido y  simplemente añade un nuevo elemento al disgusto que existe en un gran sector de la población hacia el actual gobierno venezolano”, sostuvo el cardenal Urosa Savino.

La represión genera violencia

Otro de los temas abordados fue la represión sufrida por los venezolanos que asistieron a las “manifestaciones pacíficas” convocadas en los últimos días por la oposición, destacando que la violencia es consecuencia de la represión. 

Creo que si no hay represión no hay violencia en las manifestaciones”, expuso.

Para el Purpurado “la violencia viene por la represión del Estado”. Considera que esta represión estuvo caracterizada por dos elementos: “el uso de helicópteros que arrojan bombas que pueden, inclusive, por el peso del artefacto matar a alguna persona, y el uso de gases distintos a los lacrimógenos que causan un gran daño”, indicó.

“Esto a mí me parece que es totalmente indebido, y por supuesto, llamo al Gobierno a que eviten la represión. Permitan la manifestación y dejen que la gente se exprese”, sostuvo. Adicionalmente, rechazó la suspensión del servicio de transporte en el Metro de Caracas porque “la gente tiene derecho a utilizar los servicios públicos”.

“Que recen todos…”

El Cardenal Urosa bendice las palmas desde el Zócalo de la Plaza Bolívar de Caracas - @GuardianCatolic

Sobre el hecho de la Mesa de la Unidad Democrática convocara a sus seguidores a rezar durante la Semana Santa, consideró muy válida esa acción. “Me parece muy bueno que llamen a la gente a rezar”. “Ojalá que todos rezáramos con fe y auténticamente a Dios Nuestro Señor”. “Espero que no sean solamente los de la oposición los que recen en esta Semana Santa, sino todos los venezolanos”.

El drama de los venezolanos


Habló de “estos tiempos borrascosos de Venezuela”, planteando “ayudar, socorrer, auxiliar a nuestros hermanos, superando todo egoísmo, especialmente ante la penuria que estamos sufriendo por las condiciones económicas de una cada vez mayor pobreza por el excesivo costo de la vida y la escasez de alimentos y medicamentos”, dijo.

Mostró que la Iglesia ha establecido en muchas parroquias de Caracas y del país, el programa de Cáritas Venezuela: “las Ollas solidarias”. Consiste en socorrer periódicamente a los más necesitados con un buen plato de comida. “Esta obra de caridad y solidaridad es poco, relativamente, pero es un  gran esfuerzo para aliviar las necesidades de muchos hermanos”, dijo el arzobispo de Caracas.

Urosa llamó a practicar el amor fraterno para “controlar el odio o la violencia que podamos tener en nuestros corazones, por las angustiosas situaciones que vivimos”.

Sin embargo, acotó que este problema “debe llevarnos a exigir al Gobierno que actúe contra la violencia (…) dentro del marco de la Constitución y las leyes, y no cometer excesos criminales y totalmente inaceptables, como la masacre de Barlovento ocurrida a principios de este año”, durante un Operativo de Liberación del Pueblo.


Invitó a vivir la Semana Santa como un tiempo de auténtico crecimiento espiritual, religioso, de intensificación de la fe y el amor a Dios. “Que apreciemos la oración, que valoremos la celebración de la Misa, que leamos en el hogar la Palabra de Dios, que recemos juntos en la casa. Todo esto es importante, y nos ayudará a conseguir la auténtica felicidad”, concluyó en su homilía el cardenal Jorge Urosa Savino.

A continuación la Homilía Completa: 

SEGUIR A CRISTO, NUESTRO REY DE LA VIDA,  DEL AMOR Y DE LA PAZ
Homilía en la Misa del Domingo de Ramos, Catedral de Caracas, 9 de abril de 2017, +Jorge L. Urosa Savino, Cardenal Arzobispo de Caracas
Movidos por nuestra fe en Dios y nuestro amor a Jesús, nuestro Rey de la vida, del amor y de la paz, nos hemos congregado en nuestra Santa Iglesia Catedral Metropolitana  hoy, Domingo de Ramos, para  dar inicio solemne a la Semana Santa, la Semana Mayor de todos los cristianos.
Acabamos de participar en la procesión inicial, con las palmas en las manos, recordando la entrada solemne y triunfal en Jerusalén de Jesús, Nuestro Divino Salvador, poco tiempo antes de la celebración de la Pascua Judía. Lo hemos hecho recordando que el pueblo de Israel aclamó a Jesús como el Mesías, el Rey sagrado y religioso de Israel. Y esa procesión y las palmas que tenemos en las manos nos comprometen a vivir realmente de acuerdo a la palabra del Señor, a seguir a Jesús, a tener sus mismos sentimientos, como lo dice San Pablo en la carta a los filipenses que hemos escuchado.
Pues bien: ahora, en este momento, vamos a reflexionar sobre nuestra respuesta de fe y de amor a Cristo Redentor y salvador, habiendo escuchado el hermoso y dramático relato de la pasión y muerte del Señor que nos hace el Apóstol y evangelista San Mateo. 
Hemos escuchado al Señor entregarse sacramentalmente a sus apóstoles como alimento en la última cena; hemos visto a Jesús atribulado en el Huerto de los Olivos, traicionado y entregado por Judas, uno de los suyos; hemos contemplado la triste negación de Pedro, su discípulo privilegiado; lo hemos acompañado en el camino de la cruz, por las calles de Jerusalén hacia el Calvario; y lo  hemos contemplado en su entrega amorosa, valiente, sagrada, a Dios Padre celestial sobre el leño de la cruz por nuestra salvación. De hecho, podríamos decir que esta hermosa liturgia del  Domingo de Ramos condensa y resume   los maravillosos hechos de la Pasión y muerte del Señor que vamos a contemplar durante los próximos días.
Los invito queridos hermanos a meditar en sus corazones, a considerar con afecto la inmensidad del amor de Cristo a su Padre celestial y a la humanidad, pues el padeció todos esos dolorosos pasos  libre y conscientemente por nuestra redención, y en expiación por los pecados del mundo, para la redención de toda la humanidad, para abrirnos a todos nosotros las puertas del Cielo. Los invito también a darle gracias a Jesús por  su inmensa bondad, por su inmenso amor pues, como dice San Pablo, y cada uno puede decirlos por sí mismo: “me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Ga 2, 20). Los invito a decir en este momento, con fe viva y llenos de gratitud al Señor: ¡Gracias, Señor, Gracias!
 SEGUIR A JESÚS
Esta celebración, mis queridos hermanos, y la participación en los sagrados oficios de la Semana Santa, especialmente el Triduo Pascual, es decir, la celebración del Jueves Santo, del Viernes Santo y la Vigilia Pascual del Sábado Santo, deben llevarnos no solamente a renovar nuestra fe en Jesús, nuestra gratitud a Él, sino, sobre todo, a imitarlo y seguirlo.
¡Sigamos a Jesús! Es lo que San Pablo, en otras palabras nos dice en la lectura que hemos escuchado de la carta a los filipenses: “tengan en ustedes los mismos sentimientos de Cristo”. Estamos llamados a una vida de amor, de entrega a Dios, de virtud. Estamos llamados a cumplir la Palaba de Dios, que es Palabra de vida. Estamos llamados a una conducta santa, cumpliendo los santos mandamientos de la Ley de Dios. Especialmente los seminaristas aquí presentes, futuros sacerdotes, están llamados a ir por el camino de Jesús, es camino de la santidad. No es posible que un seminarista se deje llevar por las tentaciones, se conformen con una vida cristiana mediocre, viva en la tibieza espiritual Un seminarista debe tener la misma actitud de San Pablo que en la carta a los Gálatas decía con toda libertad: “Vivo yo, pero ya no soy yo; es Cristo quien vive en mí” (Cfr. Ga 2, 20). Él decía eso porque sus sentimientos eran los de Cristo, una entrega amorosa al Padre celestial, una vida de unión total con Dios, dejándose llevar por el Espíritu Santo; una vida llena de inmenso amor por el prójimo. Así, mis queridos  seminaristas, deben ser todos ustedes.
Mis queridos hermanos: Los católicos estamos llamados a seguir a Jesucristo. Él nos dice: “el que me sigue, no camina en tinieblas, sino que tiene la luz de la vida” (Jn 8,12). Es importante que nosotros valoremos y acojamos el llamado del Señor a seguirlo. Porque el camino de Jesús es el verdadero y único camino hacia la felicidad.
Recordemos lo que nos Él dice: “Felices los que escuchen la Palabra de Dios y la cumplan” (Lc 11, 28). En esto María Santísima, madre de Dios y madre nuestra, es ejemplo preclaro para nosotros. Como ella, estamos llamados a escuchar y cumplir la Palabra de Dios que encontramos en la persona de Jesús, en su ejemplo, en sus enseñanzas,  y de una manera muy concreta en los Diez Mandamientos de la Ley de Dios. Permítanme señalar tres exigencias importantes del seguimiento de Cristo, de nuestra vida cristiana
 EN PRIMER LUGAR: SEGUIR A JESÚS EN LA VIDA FAMILIAR.

Uno de los problemas del mundo moderno es la fragilidad de la familia.  Y esto es muy grave y perjudicial, pues el rechazo al matrimonio, el desorden afectivo sexual, tan común en Venezuela, el olvido del 6º Mandamiento de la Ley de Dios, son una fuente permanente de desgracias. Por eso todos los presentes  nos damos cuenta de la necesidad que tenemos de fortalecer la familia y el matrimonio. Este es muy importante, porque es el fundamento seguro y firme de una familia estable. Y matrimonio auténtico, como lo enseña la razón natural y las enseñanzas bíblicas y cristianas: matrimonio de hombre y mujer. Además, tenemos que resistirnos al libertinaje sexual del mundo moderno. Es importante que no nos dejemos llevar por esa corriente anticristiana del desorden afectivo sexual, sino que valoremos cada vez más la grandeza de la familia según el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret: una familia bien unida, santificada por el santo sacramento del matrimonio; una familia estable, que se respete y se quiera, y tenga una fuerte y constante vida religiosa. Ese es un camino seguro hacia la felicidad.
LUEGO: EN  EL AMOR AL PRÓJIMO Y EL RECHAZO A LA VIOLENCIA
En esta Semana Santa hemos de recordar que el mandamiento supremo del cristianismo es el mandamiento del amor: amar al Señor tu Dios con todo el corazón y con todas tus fuerzas, y a prójimo como a ti mismo. 
Pues bien, mis queridos hermanos: en estos tiempos borrascosos de Venezuela hemos de recordar este mandamiento del amor fraterno, y seguir a Jesús en el amor al prójimo y el rechazo a la violencia. En primer lugar para  ayudar, socorrer, auxiliar a nuestros hermanos, superando todo egoísmo, especialmente ante la penuria que estamos sufriendo por las condiciones económicas de una cada vez mayor pobreza por el excesivo costo de la vida y la escasez de alimentos y medicamentos. En esta línea en muchas parroquias de Caracas y de toda Venezuela se han establecido las Ollas solidarias, que es socorrer periódicamente a muchos hermanos nuestros muy necesitados, con un buen plato de comida. Esta obra de caridad y solidaridad  es poco, relativamente, pero es un  gran esfuerzo para aliviar las necesidades de michos hermanos.
Por otra parte, el amor fraterno en el corazón de los seminaristas debe moverlos también a entregarse con intenso ardor apostólico al trabajo pastoral, a querer servir con generosidad y cariño  a los fieles, especialmente a los más pobres.
Y en segundo lugar, hemos de practicar el amor fraterno también para evitar la violencia. En primer lugar para controlar el odio o la violencia que podamos tener en nuestros corazones, por las angustiosas situaciones que vivimos. Y este problema de la violencia debe llevarnos a exigir al Gobierno que actúe contra la violencia de los delincuentes; pero también para que exigirle al Gobierno que no ejerza violencia contra el pueblo, en la represión innecesaria de las manifestaciones políticas pacíficas y constitucionales; y para que, por el contrario, reprima y suprima conforme a la ley a esas bandas civiles armadas, totalmente ilegales, que atacan e intimidan a las personas que no están de acuerdo con el Gobierno Nacional. Pero además, es importante exigir al Gobierno que actúe contra la delincuencia dentro el marco de la Constitución y las leyes, y no cometer excesos criminales y totalmente inaceptables, como la masacre de un grupo numeroso de jóvenes ocurrida en Barlovento a principios de este año.
SEGUIR A JESÚS CON  LA PRÁCTICA RELIGIOSA.
Es necesario que esta celebración de Domingo de Ramos fortalezca en nosotros el seguimiento de Jesús en la práctica religiosa: “santificar las fiestas”, es decir, vivir con el corazón lleno de Dios, orar y, sobre todo celebrar el Domingo día del Señor. 
No sucumbamos a la frialdad o a la indiferencia religiosa. No está bien que en el resto del año no participemos en la Eucaristía dominical. En esta época y en la difícil situación que vive Venezuela, necesitamos acercarnos cada vez más a Dios, y buscar la ayuda de su gracia, de su fuerza, para poder vivir de acuerdo a su Palabra, que es el camino hacia la felicidad. Que apreciemos la oración, que valoremos la celebración de la Misa, que leamos en el hogar la Palabra de Dios, que recemos juntos en la casa. Todo esto es importante, y nos ayudará a conseguir la auténtica felicidad.
CONCLUSIÓN
RENOVAR NUESTRA FE Y NUESTRA VIDA CRISTIANA.
Para poder realizar esas exigencias del evangelio, para poder cumplir los mandamientos de la ley de Dios hemos de abrir nuestros corazones a Dios en nuestras vidas, dejarnos llenar de Él, y acercarnos a los santos Sacramentos. Por eso los invito a recibir el sacramento de la reconciliación, la confesión de nuestros pecados, para recibir el perdón de Dios. Y acercarnos a la mesa eucarística, la mesa de los ángeles, para comulgar el Cuerpo de Cristo en la sagrada Eucaristía. Los invito a vivir de verdad muy cerca de Dios. Es una gran cosa, es algo sumamente hermoso, que nos llena de alegría y de paz, y que nos libra de todo mal.
Que esta Semana Santa sea para todos nosotros, queridos hermanos, para ustedes, mis queridos seminaristas y para todos los fieles, un tiempo de auténtico crecimiento espiritual, religioso, de intensificación de nuestra fe y nuestro  amor a Dios. Y que queramos ayudar a nuestros hermanos, y  defender nuestros derechos y los derechos de los demás en la vida social en nuestras respectivas comunidades.  Pidámoslo al Señor confiadamente  que nos ayude a hacerlo, por la maternal intercesión de nuestra madre amorosa, la Virgen de Coromoto patrona de Caracas y de toda Venezuela. Amén.







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