martes, 28 de marzo de 2017

¡El Señor del Papagayo! El hombre que logra contar “con altura” qué pasa en Venezuela


Rafael Araujo cuestiona la realidad de Venezuela con creativas frases que despliega en el tradicional papagayo (cometa, barrilete, volantín)

“Los venezolanos fuimos bien formados y criados por nuestros padres. Ellos nos dieron una buena educación con valores muy profundos, por eso hoy buscamos la libertad, defendemos los derechos humanos y queremos dejar bien en alto a nuestras familias”.
Bajo este convencimiento vive Rafael Araujo, un luchador social de Venezuela que en los últimos diez años ha sido conocido como “El Señor del Papagayo”
Utiliza el tradicional instrumento lúdico como una manera de elevar frases de esperanza y reprochar lo que está mal en Venezuela. También expresa su apoyo a la vida, a los niños y a los más necesitados.
Araujo fue uno de los asistentes al primer Encuentro por la Vida y la Familia que la Red Provida Caracas convocó el pasado 25 de marzo, Día de la Anunciación del Señor, y que la Conferencia Episcopal Venezolana celebra como el “Día del niño por nacer”.
Allí estaba junto a su cometa, esta vez con la frase: “1 de cada 2 niños sufre de desnutrición 2017”. Acompañó la caminata desde Plaza Venezuela con destino a la Iglesia “Nuestra Señora de la Chiquinquirá”, donde el cardenal Jorge Urosa Savino presidió una misa. En las escalinatas del imponente templo, “El Señor Papagayo” conversó con Aleteia.
Serio y de pocas palabras, hilvanó sus expresiones con tal sentimiento que a ratos se le entrecortaba la voz, como quien siente un dolor muy profundo y está a punto de llorar. “Me duele mucho todo lo que ocurre en Venezuela, pero tengo la esperanza de que vamos a salir de esto”, dijo el hombre de nobleza y sencillez innegables.

Artista plástico y creyente
El Señor del Papagayo es nativo de Timotes, estado Mérida, pero sus padres lo llevaron desde muy chico a vivir en Caracas. “Son 62 años para ser más exacto”, acotó. Su formación profesional la recibió en la escuela de artes plásticas “Cristóbal Rojas”. Tal vez de ahí le nace la habilidad para “sintetizar las noticias de la realidad venezolana”, como dice, para luego plasmar sus mensajes en los volantines que le han hecho tan popular.
Explicó que él no es una persona de gritar consignas o de dar grandes discursos. “Enseguida se me reseca la garganta y me quedo sin voz. Soy de los que prefieren hablar y comunicarse de otra manera. Los gritos poco ayudan”.
Con las minorías y los más necesitados
Todo se inició cuando Hugo Chávez traicionó su palabra, es decir, cuando comenzó a hacer cosas distintas a las que ofrecía”, indicó. “No les cumplió a los venezolanos y la violación de los derechos humanos, fue parte de su manera de hacer política”, sostuvo.
Me dije a mi mismo: Esto no es solo un problema de los estudiantes. ¡Yo también tengo que hacer algo! De repente me vino la idea de utilizar el papagayo”, reveló.
Efectivamente, era el año 2007, Chávez motivó la reforma constitucional que derivó en rotundo fracaso al intentar endosarle contenidos socialistas. Araujo comenzó a exhibir sus mensajes en el colorido papagayo. Eran pocas palabras, jocosas algunas, muy duras otras, todas en mayúsculas. Para darle fuerza escribe alguna palabra más grande que el resto.
El “Señor de los Papagayos” se confiesa creyente católico y desde la fe ha encontrado fuerzas para solidarizarse con “las minorías”, es decir, “esos grupos humanos que son los últimos, los más afectadas en la sociedad y que no son tomados en cuenta”.
Con su andar lento pero seguro, “El Señor del Papagayo”, ingresó al templo directamente a la imagen de San Antonio de Padua. “Te quiero pedir un favor”, dijo al reportero. “Hazme una foto de recuerdo en esta fecha en la que venimos a pedir por los niños de Venezuela, al lado de San Antonio, porque simboliza la protección para toda la infancia”.
Junto a la imagen del santo paduano permaneció durante toda la misa, pensando tal vez cuál será la próxima caminata por una noble causa a la que tendrá que acudir, así como la frase que inventará para echarla a volar en su inseparable y esperanzador papagayo.

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