martes, 10 de noviembre de 2015

Padre Juan Lara: “Estamos exigidos por la sociedad a dar respuestas pastorales”




“De la familia sale lo bueno para una sociedad, pero también aquello que la perjudica”,
“En los mismos políticos tenemos una muestra: usted los ve, ellos son el reflejo de lo que tienen en su familia”.
“El protagonismo de la Iglesia en la comunidad nacional es fundamental”.


Habla el Padre Juan Lara Arcipreste en Yaritagua, Estado Yaracuy y párroco de Santa Lucía. Tiene una importante responsabilidad a nivel de Pastoral Familiar en la Conferencia Episcopal Venezolana. Estuvo muy activo en la Asamblea Nacional Pastoral que culminó el domingo pasado. No hay como informar acerca de los eventos eclesiales como una manera de dar seguimiento a su dinámica…

_  ¿Por qué se hacen Asambleas Pastorales?

_  Se busca establecer líneas de comunión y participación. El Concilio Plenario de la Iglesia en Venezuela terminó hace 10 años y se pidió a las bases, a la feligresía y parroquias, evaluar el quehacer, el caminar de nuestra Iglesia de acuerdo a esos parámetros y proyectos. Evangelizar en forma clara y medir hasta dónde ha llegado el impacto de la Iglesia con sus documentos de reflexión teológico-pastoral.

_  ¿Han realizado otros eventos de esta importancia a lo largo de los últimos 10 años?

_   En cuanto a Asambleas Pastorales, esta es la primera. A veces los temas pastorales son tan complejos que llevan su dinamismo propio y se hace difícil cohesionar acciones. Montar una asamblea de toda una nación se hace complicado en estos tiempos, la logística, los recursos y diferentes temas de organización que implican un trabajo muy fuerte. Se procura que lo que hagamos permanezca en el tiempo y deje una huella. Estamos exigidos por la sociedad a dar respuestas pastorales. El protagonismo de la Iglesia en la comunidad nacional es fundamental y no puede ir el pueblo por un camino y la orientación de la Iglesia por otro. Por eso nos reunimos e intercambiamos opiniones.

_  ¿Viene mucha gente a estas Asambleas?

_  El diseño es que asista un Vicario de Pastoral con una proporción de sacerdotes, religiosos y laicos, de manera que, de acuerdo a la cantidad de parroquias y sacerdotes que tenga cada diócesis, venga una representación.

_   Podemos suponer que esta reunión tuvo, habida cuenta del aporte de Sínodo de la Familia que acaba de terminar en Roma, una rica fuente de inspiración…

_  ¡Claro! La familia está pasando por cambios que la afectan, situaciones y eventos que la impactan de manera muy puntual, elementos humanos que desestabilizan la familia. Si nuestra nación está desestabilizada en muchos aspectos, ¿cómo no va a sufrir la familia? La familia está en el centro de eso. De la familia sale lo bueno para una sociedad, pero también aquello que la perjudica si el núcleo se desintegra, se altera o deteriora. Por eso, el Sínodo de la Familia es para nosotros una gran bendición pues nos coloca en reflexión sobre su prioridad como factor fundamental a atender. Si edificamos familias estables, eso actúa en cascada para beneficiar al resto de la sociedad. En los mismos políticos tenemos una muestra: usted los ve, ellos son el reflejo de lo que tienen en su familia. Alguien decía que probablemente los valores están metidos en un closet, guardados, pero por más dificultades que se presenten, en algún momento echamos mano de eso que nos han enseñado. La familia tiene valores, no los ha perdido aunque a veces nuestra sociedad sea muy acomodaticia.

_  La familia transmite valores, no hay duda, el problema es cuando no la hay. Eso es un drama en nuestro país…

_  El modelo que predomina no es la familia que  nosotros miramos como el ideal. En Venezuela tenemos la familia que llamamos matricentrada, donde la madre, la mujer, es el centro de su existencia. Eso es complejo pues genera hacia el futuro esa proyección y se corre el riesgo de repetir el modelo. La madre es también padre y está orgullosa de su trabajo que no es poco y es muy meritorio. Pero el padre está ausente y eso tiene consecuencias.

_  ¿Cuáles temas abordaron, a la luz de toda esa problemática?

_  Cuatro líneas temáticas, pero como ya le dije, el objetivo era evaluar el Concilio Plenario y como se ha ido aplicando, tanto en lo que toca a la labor sacerdotal, el acompañamiento que debemos desarrollar en nuestro servicio; en lo que respecta a la acción laical, revisamos la manera cómo se ha participado en los cambios que la sociedad requiere, cómo hemos cumplido el compromiso de sembrar los valores cristianos. Se trata de generar presencia de Iglesia y el laico es la mayoría de la Iglesia pero a veces nos topamos con el escollo del clericalismo que impide avanzar en el sentido de que la gente, si no ve al sacerdote dirigiendo y ordenando, no se mueve, no toma iniciativas.

_   ¿Eso es clericalismo o falta de laicado?

_   Puede ocurrir que exista un cierto miedo al asumir protagonismos que pudieran generar un conflicto con la estructura eclesial. Tenemos esquemas a los cuales la gente está acostumbrada y no es tan sencillo superar la costumbre. La Iglesia ha evolucionado en la forma de presentar su eclesiología. El Vaticano II gravitó sobre esta Asamblea, que vino con esa influencia a 50 años de aquél magno evento. Luego, 10 años del Concilio Plenario Venezolano el cual insistió en estas aperturas y cambios. Lo bonito del Concilio fue esa imagen, la Iglesia es el Pueblo de Dios y allí, sacerdotes, religioso, clérigos, laicos configuran ese Cuerpo que se llama Iglesia y todos somos corresponsables de su acción.

 ¿Y no será que algunos sacerdotes y párrocos tampoco abren juego?

_  La raíz del asunto es mantener la perspectiva de lo que la Iglesia quiere: el Vaticano II propuso una participación equilibrada de todos, tanto el clero como el pueblo feligrés. Por eso es que insisto en la frase “La Iglesia es el Pueblo de Dios”, que acabó con la connotación jerárquica y piramidal. Ningún grupo debe apabullar al otro. El clero no puede atropellar pero igualmente el laico, ahora que se le abre la participación más que nunca, puede hacerse más clerical. Lo peligroso es un laico con perspectivas clericales pues se dejará desplazar. Se impone la corresponsabilidad: el sacerdote consagrado tiene su tarea y el laico la suya. Y en ese apostolado que realiza cada feligrés, la Iglesia le reconoce sus derechos, sus carismas. La jerarquía debe coordinar la acción pastoral, pero no acapararla. Ningún carisma es más importante que el otro en la Iglesia, San Pablo fue muy claro es eso. Tenemos que presentar una Iglesia unida frente tanto desafío que nos plantea el mundo y, en ello, tanto laicos como sacerdotes debemos dar nuestro aporte.-






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