lunes, 27 de julio de 2015

El Cardenal Urosa ordenó tres nuevos “Hombres de Dios” con “Olor a oveja”




El arzobispo de Caracas reflexionó sobre la expresión del papa Francisco, durante la ordenación sacerdotal de Emilio Mata Figueroa, Andrés Eloy Mendoza Torres y Adolfredo Pérez Ynfante

Ramón Antonio Pérez / @GuardianCatolic

Caracas, 27 de julio de 2015.- “El presbítero debe ser un hombre de Dios, movido por un intenso amor al Padre celestial, como Jesús”, cuya comida era hacer la voluntad de su Padre, “animado por un intenso amor a la humanidad, a sus hermanos, que lo haga vivir el ardor, el celo apostólico”, pero también debe ser un hombre dedicado “a Dios y a la religión, con olor a oveja, como dice el Papa Francisco”.

De esta manera, el cardenal Jorge Urosa Savino, explicó el domingo 26 de julio, en la catedral de Caracas, las responsabilidades y actitudes de los hombres consagrados a Dios, durante la ordenación conferida a tres nuevos sacerdotes de la arquidiócesis: Emilio Mata Figueroa, Andrés Eloy Mendoza Torres y Adolfredo Pérez Ynfante.


El Arzobispo de Caracas estuvo acompañado de sus obispos auxiliares, monseñores: Jesús González de Zárate, Fernando Castro Aguayo, Tulio Luis Ramírez y José Trinidad Fernández. También asistió el obispo auxiliar emérito, monseñor Nicolás Bermúdez Villamizar; y los rectores de los seminarios “Santa Rosa de Lima” y “Redemptoris Mater”, presbíteros Francisco Morales Villegas y César Hernández, respectivamente; además del clero, seminaristas, religiosos y religiosas que hacen vida en la iglesia arquidiocesana.

Las enseñanzas del Purpurado venezolano estuvieron centradas en el petitorio que el Santo Padre Francisco, hizo a un estimado de 1600 sacerdotes durante la Misa Crismal del Jueves Santo de este año: “esto os pido: sed pastores con «olor a oveja», que eso se note”.

El cardenal explicó que “Con olor a oveja”, significa estar “cercanos a la vida de los seres humanos, para llevarlos a Dios”. Implica estar inmersos en el mundo, “pero no para asemejarnos al mundo, para mimetizarnos con la frivolidad, para complacer a los espectadores, sino para anunciar a Cristo a los hombres, para llevarlos al conocimiento de la verdad”.

Con olor a oveja” significa que los sacerdotes no deben ceder “a la moda del relativismo”, dijo el Purpurado venezolano. Tampoco es darle paso a los modernos conceptos asociados a la sexualidad humana, o al “secularismo que se expresa en el olvido y rechazo de los símbolos religiosos, como el hábito o el traje eclesiástico, de los gestos sagrados, como la genuflexión ante el Santísimo Sacramento”.

Con olor a oveja para…


Destacó que los “Hombres de Dios con olor a oveja”, deben estar entregados al servicio de la humanidad, porque “estamos en el mundo pero no somos del mundo”.

“No tenemos miedo de dar testimonio de nuestra esperanza ante el mundo en una época en la que se quiere poner en duda las sagradas enseñanzas del Señor sobre el matrimonio, el pecado, el arrepentimiento, las condiciones para recibir los santos sacramentos de la reconciliación y la Eucaristía”, expresó.

Relató que esta característica también implica “servir especialmente a los pobres, para hacerles sentir el amor de Dios, compartiendo su pobreza, dejando a un lado el lujo, las comodidades…”. Con olor a oveja, “para estar disponibles a ir a cualquier lugar de nuestra Iglesia de Caracas, a servir a los pobres”.

El arzobispo de Caracas recordó que de las seis parroquias creadas en los últimos años en la capital de Venezuela, “el 80%, han sido creadas en zonas populares; como también se han fortalecido las Vicarías de religiosas, que son testimonio vivo del amor de la Iglesia de Caracas por los más pobres”.

Consideró que toda la iglesia de Venezuela, comenzando por los obispos y presbíteros, debe ser “Hombres de Dios con olor a oveja”. Significa ser “hombres de lo sagrado y lo religioso”, entregados y consagrados a Jesucristo “para hacerlo presente en el mundo”.

Los nuevos sacerdotes de la Iglesia

El cardenal Urosa impone las manos sobre Emilio Mata Figueroa para ordenarlo sacerdote. 

El cardenal Urosa impone las manos sobre Adolfredo Pérez Ynfante para ordenarlo sacerdote.

El cardenal Urosa impone las manos sobre Andrés Eloy Méndez Torres para ordenarlo sacerdote de la Iglesia de Caracas.

Emilio José Mata Figueroa nació en Caracas, el 3 de agosto de 1977. Es licenciado en educación y para su formación sacerdotal estudió en el Seminario Interdiocesano “Santa Rosa de Lima”. Siempre ha estado vinculado a los movimientos juveniles de San Juan Bosco, por lo que es considerado un hijo de la espiritualidad salesiana.

Adolfredo Pérez Ynfante nació en Caracas el 23 de noviembre de 1981. Entretanto, Andrés Eloy Méndez Torres, también nativo de la capital venezolana, vino al mundo el 11 de agosto de 1987. Ambos ministros diáconos fueron formados en el Seminario Redemptoris Mater, cumpliendo sus trabajos apostólicos en barriadas y comunidades populares de la parroquia San Juan Evangelista de “Campo Rico”, en Petare.

El padre Adolfo Pérez Ynfante fue el encargado de hablar en nombre de sus compañeros, agradeciendo a las autoridades de la Iglesia por esta ordenación sacerdotal, así como a sus formadores, a su padres y amigos en general. 

Igualmente tuvo palabras de agradecimiento para las diferentes comunidades donde realizaron sus labores pastorales, cuyos vecino e integrantes de los movimientos de apostolado, se dieron íntegros en la celebración llenado el templo no sólo con su masiva presencia sino con la participación. Una agrupación musical de la parroquia “Santa Teresita del Niño Jesús”, de Catia, acompañó con cantos la ceremonia, sumándose la entusiasta la feligresía.

Los nuevos sacerdotes estarán facultados para celebrar la eucaristía y otorgar el sacramento de la reconciliación, entre otras tareas que le son propias. 

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A continuación la homilía íntegra del Arzobispo de Caracas, Cardenal Jorge Urosa Savino:


HOMBRES DE DIOS CON OLOR A OVEJA
Homilía en la ordenación presbiteral de
Emilio Mata Figueroa, Adres Eloy Mendoza Torres  y Adolfredo Pérez Infante,
Catedral Metropolitana de Caracas, 26 de julio de 2015,
+Jorge Urosa Savino, Cardenal Arzobispo de Caracas.

Como todos los domingos, celebramos hoy la triunfante resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Y en esta festiva celebración tendremos la gracia de participar en un rito antiquísimo, que se remonta a los tiempos apostólicos, y al mismo Jesús. Se trata de la comunicación del sacerdocio ministerial de Cristo, cabeza de la Iglesia, a nuestros hermanos Emilio, Andrés y Adolfredo, que hoy van a recibir el sacramento del orden como presbíteros de la Iglesia, colaboradores de los obispos.

EL SACERDOTE Y CRISTO

Cristo Jesús, sumo y eterno sacerdote, que en el Evangelio de San Juan se presenta ante nosotros como el Buen Pastor, el camino, la verdad, la resurrección y la vida, la luz del mundo, ha querido permanecer entre nosotros, en la tierra,  hasta el fin de los tiempos, para darnos su luz, su amor, su alegría, y comunicarnos su perdón, su misericordia, su paz y la salvación. Y lo ha hecho de varias maneras: permanece con nosotros  en su Palabra santa, en la Biblia, porque el mismo es la Palabra viva que nos revela el amor de Dios y nos enseña el camino de la felicidad; está presente en los sacramentos, especialmente en la Santa Eucaristía, haciéndose comida y bebida para transformarnos en El; en nuestros hermanos, para que lo sirvamos con amor. Pero de manera peculiar, insospechada, sobrenatural e inexplicable por criterios humanos, ha querido permanecer al servicio de la humanidad en hombres de carne y huesos, consagrados a El en la Iglesia, como somos los obispos, los presbíteros y los diáconos, en los sacerdotes y diáconos del Nuevo Testamento.

En efecto, Él comunicó a los Apóstoles la potestad de ser sus mensajeros, embajadores, ministros, representantes en la tierra: “quien a Ustedes oye a mi me oye” (Lc, 10, 16); “Haced esto en memoria mía” (Lc 22,19); “A quienes perdonéis los pecados les serán  perdonados” (Jn 20, 23). Son palabras del Señor dirigidas a sus apóstoles, para conferirles la  potestad espiritual de ser su sacramento, su representante vivo  en el mundo. Y los apóstoles a su vez, para cumplir el mandato del Señor de ir por el mundo entero y bautizar y enseñar a los seres humanos a cumplir los mandatos de Jesús (Cfr. Mt 28, 18-20) comunicaron su vez esas facultades religiosas, espirituales y sobrenaturales a sus colaboradores y sucesores, los Obispos, como Tito y Timoteo (Cf. Ti 1, 5-7; 1Tim 4,14; 2Tim 1,6), entre otros, como nos enseña el Apóstol Pablo.

Por su parte, los obispos, para poder comunicar a todos los pueblos  los dones del Señor, llamaron a unos colaboradores suyos, los presbíteros, a quienes les confirieron a su vez esas facultades. Hoy, pues, en esta ceremonia sagrada de la ordenación presbiteral, estamos llevando a cabo el mandato del Señor de hacerlo presente en el mundo hasta que El vuelva. Es un rito antiquísimo, por el cual nuestros queridos hermanos Emilio, Andrés Eloy y Adolfredo serán configurados sacramentalmente, espiritualmente, por la acción del Espíritu Santo,  a Jesús, el Buen Pastor, sumo y eterno sacerdote que ofreció su vida por la salvación de todo el género humano, para hacerlo presente en medio de la humanidad.

HOMBRES DE DIOS

Y por ese motivo, el presbítero está llamado, está obligado existencialmente, vivencialmente, a ser imagen de Jesús, a identificarse con El, a vivir como El, de tal forma que pueda decir, como decía San Pablo: “Vivo yo, mas no yo; es Cristo quien vive en mí” (Ga 2,20).

Por ello la Iglesia no confiere el ministerio presbiteral a nadie que no haya pasado largo tiempo de preparación, en oración ardiente, en conocer de cerca al Señor, en practicar las virtudes. Es preciso que el presbítero, ungido por el Espíritu Santo y configurado a Cristo sumo sacerdote por toda la eternidad con el sello indeleble del sacerdocio,  como Jesús  sea un hombre de Dios, alguien totalmente lleno del Espíritu, que tenga, como dice San Pablo Apóstol, los mismos sentimientos de Cristo (Fil 2, 5-8), de entrega a Dios, de humildad, de generosa oblación por la salvación de las almas.

El sacerdote debe ser un hombre dotado de virtudes humanas y cristianas. Una  persona madura, seria, profunda, generosa y llena de bondad, responsable y confiable; pero sobre todo, un hombre de una fe viva, ardiente, firme, valerosa, audaz, que vibre permanentemente con la alegría de estar unido al Señor, y de comunicarlos a sus hermanos.

El presbítero debe ser un hombre de Dios, movido por un intenso amor al Padre celestial, como Jesús, cuya comida era hacer la voluntad de su Padre  (Jn 4,34), y animado por un intenso amor a la humanidad, a sus hermanos, que lo haga vivir el ardor, el celo apostólico del cual nos hablaba San Juan Pablo II. Como hombre de Dios, por supuesto, debe ser  una persona movida por la esperanza sobrenatural  que nos hace experimentar la certeza, la grandeza y la dulzura del amor de Dios;  la seguridad de que Dios nos ama y de que El está siempre dispuesto a ayudarnos, para que consigamos la salvación y extendamos su Reino, que es “el reino de la  verdad y de la vida, de la santidad y de la gracia, de la justicia, del amor y  de la paz” (del  Prefacio de Cristo Rey). 

Hombres de Dios, que aspiren a la santidad, que brillen por las virtudes y el cumplimiento de los Diez Mandamientos de la Ley de Dios; que estén entregados totalmente al Señor y al servicio de su pueblo, “en las cosas que son de Dios”, como dice la Epístola a los Hebreos es decir, en el campo de lo religioso, de lo sagrado, para llevarlo a los hombres y  puedan así acercarse a Dios (Cfr. He 5,1).   Como dice San Pablo con fuerza y orgullo: “Que nos tengan los hombres como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios” (1Co, 4 1).

CON OLOR A OVEJA

Pero hombres de Dios, dedicados a Dios y a la religión, con olor a oveja, como dice el Papa Francisco. Con olor a oveja, es decir cercanos a la vida de los seres humanos, para llevarlos a Dios. Inmersos en el mundo, pero no para asemejarnos al mundo, para mimetizarnos con la frivolidad, para complacer a los espectadores, sino para anunciar a Cristo a los hombres, para llevarlos al conocimiento de la verdad. Con olor a oveja no para ceder a la moda del relativismo, del pan-sexualismo moderno, del secularismo que se expresa en el olvido y rechazo de los símbolos religiosos, como el hábito o el traje eclesiástico, de los gestos sagrados, como la genuflexión ante el Santísimo Sacramento. Hombres de Dios con olor a oveja, entregados al servicio de la humanidad, que estamos en el mundo pero no somos del mundo, y que no tenemos miedo de dar testimonio de nuestra esperanza ante el mundo en una época en la que se quiere poner en duda las sagradas enseñanzas del Señor sobre el matrimonio, el pecado, el arrepentimiento, las condiciones para recibir los santos sacramentos de la reconciliación y la Eucaristía.

Con olor a oveja para servir especialmente a los pobres, para hacerles sentir el amor de Dios, compartiendo su pobreza, dejando a un lado el lujo, las comodidades, el afán de tener los últimos equipos de la tecnología moderna y, por supuesto el dinero que hace falta para comprarlos. Con olor a oveja, para  estar disponibles a ir a cualquier lugar de nuestra Iglesia de Caracas, a servir a los pobres, como lo estamos haciendo en muchísimas partes de nuestra Ciudad. Y permítanme recordar que de las seis parroquias que Dios me ha permitido crear en estos años en nuestra querida Ciudad, cuatro, es decir, el 80%,  han sido creadas en zonas populares; como también se han fortalecido las Vicarías de religiosas, que son testimonio vivo del amor de la Iglesia de Caracas por los más pobres.

Hombres de Dios con olor a oveja. Hombres de lo sagrado y  lo religioso, entregados totalmente al Señor, consagrados a El existencialmente, y hombres de lo humano,  para hacerlo presente en el mundo Así debemos ser todos nosotros, Obispos y presbíteros, en Venezuela y en Caracas. En este  sentido invito a los formadores de nuestros Seminarios, y a los seminaristas y sus profesores a tener en cuenta las enseñanzas del Señor sobre sus ministros, las palabras y el ejemplo de Cristo, las palabras y el ejemplo de San Pablo, las enseñanzas y testimonios  de los grandes obispos y sacerdotes santos, así como la doctrina de la Iglesia expresada en los Concilios, y en las enseñanzas de los Papas, especialmente de los últimos Pontífices

CONCLUSION

Procedamos, pues, a realizar el sagrado rito de la ordenación de nuestros hermanos.  Y en esta sagrada celebración  pidámosle al Señor especialmente que nos conceda en Caracas y en toda Venezuela abundantes vocaciones al Sacerdocio y a la vida consagrada. Que  haya muchos muchachos y muchachas que quieran seguir a Dios  en el sacerdocio o la vida consagrada al servicio de Dios, para ser administradores de los misterios de Dios, y servidores de sus hermanos para mostrarles el camino de la verdadera felicidad.

Oremos, también, muy especialmente  por nuestros hermanos Emilio, Andrés y Adolfredo, para que, robustecidos por la gracia del Espíritu Santo que recibirán por la ordenación sacerdotal, quieran de verdad, durante toda su vida, ser hombres de Dios con olor a oveja. Que vivan a fondo con fidelidad  y  con alegría la entrega de sus corazones totalmente al Señor en el sagrado celibato, que es un tesoro que Dios les ha concedido. Que vivan siempre escuchando y cumpliendo la Palabra de Dios, luchando contra las tentaciones, y manteniéndose siempre fieles al amor de Dios, que es capaz de colmar las aspiraciones y anhelos del corazón humano, y llenarlos de suma felicidad. 


Encomendémoslos a la maternal intercesión de nuestra madre amorosa, la Virgen de Coromoto, ella que nos dio ejemplo de seguimiento de Cristo, de creer a pesar de todo, para gozar de la dicha de la fe, y la felicidad de cumplir la Palabra de Dios. Amén.





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