CAMPAÑA COMPARTIR 2007: “Que la vida no se convierta en un campo de batalla y de inseguridad”

Con un tema de alto contenido social, como es la defensa de vida ante la creciente inseguridad que padecen los venezolanos, la Iglesia Católica, dio inicio a la Campaña Compartir correspondiente al año 2007. A continuación el texto íntegro del llamado de los prelados venezolanos para cumplir con esta actividad:

Introducción

Durante 28 años, la Iglesia en Venezuela ha organizado y realizado la Campaña Compartir, con el objetivo de puntualizar de modo orgánico, diversas realidades problemáticas del acontecer venezolano que necesitan ser atendidas permanentemente por los distintos órganos de servicio que existen en el país, gubernamentales y no gubernamentales.

Como Campaña, se realiza en un tiempo fuerte de la liturgia de la Iglesia católica, la Cuaresma, que hemos iniciado el día de ayer, Miércoles de Ceniza, y que tiene como significado, la búsqueda de conversión y reconciliación con Dios, con los hermanos, con la historia y con la naturaleza, elementos vitales para el desarrollo integral de toda persona.

Como Compartir, significa la apertura de cada persona a atender el llamado que hace el “otro”, con rostro concreto, que se encuentra en igual o en mayor situación de precariedad y que tantas veces es la víctima y en el conjunto social, las víctimas de las opresiones e injusticias de la historia, bien sean políticas, económicas, sociales, culturales y hasta religiosas. Es un llamado a la conciencia y a la voluntad, para salir de sí mismos y entrar al mundo del otro, del sufriente, con una actitud no mesiánica, sino de fraternidad y servicio. Sea, pues, la Campaña Compartir un tiempo de reflexión y acción en torno al hermano que sufre y vive la esperanza dada en Dios, pero como víctima de la violencia.

Pastoral Social-Cáritas

La Iglesia Católica en Venezuela para desarrollar esta campaña ocupa permanentemente a la Pastoral Social-Cáritas de cada una de las diócesis y, a nivel nacional, la Caritas de Venezuela que es una organización que pertenece a una confederación de 162 organizaciones católicas en más de 200 países y territorios, siendo actualmente una de las más grandes redes humanitarias de todo el mundo cuya finalidad es que la persona tenga vida y vida en abundancia (cf. Jn 10,10), no siendo obstáculo para su atención, la confesión religiosa, raza, género o étnia.

Actualmente, y ante los graves problemas humanitarios que se presentan en el mundo entero, Cáritas es un faro de esperanza para centenares de millones de personas en situaciones difíciles e inhumanas. Su acción va hacia el desarrollo integral de la persona humana, la construcción de la paz, el respeto y promoción de los derechos humanos, la promoción de la justicia social, el adecuado cuidado del medio ambiente y los recursos del planeta. Es, pues, en nuestro país, la responsable de llevar adelante la promoción de la Campaña Compartir.

Contenido del Tema de la Campaña Compartir 2007

La Campaña Compartir 2007 tiene como preocupación fundamental reflexionar y diseñar propuestas que ayuden a disminuir la violencia cotidiana en nuestras comunidades o lo que es llamado hoy día, el grave problema de la inseguridad que viven todos los ciudadanos y comunidades humanas. La Campaña nace, pues, de la necesidad de incidir social y políticamente en las instancias regionales y nacionales para la solución de este flagelo, y crear una cultura de Paz y justicia ante la situación de peligro cotidiano y de inseguridad que vivimos. Inseguridad que favorece las condiciones de inequidad y violación de los derechos, especialmente el derecho a la vida. La Campaña también pretende crear una matriz de opinión pública alrededor del tema central que ya hemos enunciado: “Que la vida no se convierta en un campo de batalla y de inseguridad”.

Este campo de batalla e inseguridad es dado por la violencia, producto de tantas injusticias que ha sufrido y sufre aún nuestro pueblo, especialmente la pobreza y el deterioro del sentido ético, personal e institucional, la corrupción, la impunidad, la pérdida de la sensibilidad ante lo humano y la carencia de solidaridad cuyo origen está en el egoísmo y en la manipulación. Todo esto implica que a medida que pasa el tiempo, se hace presente con mayor fuerza en nuestro país, una anticultura de la muerte, que hace perder la capacidad de admirarnos y, por tanto, son muy pocas las expresiones de reclamo a quienes tienen en sus manos la responsabilidad de promover un clima de seguridad y, por ende, de dar protección a la familia humana.

El recordado Papa Juan Pablo II expresaba “que la violencia es un mal, que la violencia es inaceptable como solución de los problemas, que la violencia es indigna del hombre. La violencia es una mentira, porque va contra la verdad de nuestra fe, la verdad de nuestra humanidad. La violencia destruye lo que pretende defender: la dignidad, la vida, la libertad del ser humano” (AAS 68 (1976) 29).

Ciertamente la violencia es una mentira cuando hay falsificación del hecho social por la que los valores compartidos pasan a ser intereses travestidos. Hoy día muchas de nuestras palabras axiológicas (patria, libertad, derecho, religión, ciudadanía, pueblo…) se les reviste de un contenido que cubre intereses no tan bellos y antifraternos. La mentira de las falsas necesidades inducidas, que hace de las personas consumidores impulsivos de modas y chatarra. La mentira del llamado “mercado global” que genera desigualdades y exclusiones. La mentira de situaciones que hacen necesario el mal para subsistir, como la carrera armamentista para preservar la paz. La mentira de la prosperidad sin un trabajo digno y sin seguridad social y jurídica.

Al tratarse de la violencia cotidiana se recrudece mucho más las injusticias en cuanto que no hay un objetivo último a perseguir, sino todos somos posibles objetivos de la violencia y, por ende, de ser violentados en nuestra dignidad humana. La violencia de todos los días en la calle, en el hogar, en el comercio, en las instituciones, en las fronteras, en los medios de comunicación, en la política, minan la tranquilidad deseada para el desarrollo integral y hace de cada persona, un posible sospechoso de un acto violento que al producirse, cercena la vida, la dignidad o los bienes de cualquier persona o familia y, por tanto, su presente y futuro. La violencia, por tanto, distancia a las personas e impide su realización en la hermandad de un destino común: su anhelo de felicidad.

Toda esta violencia choca con la manera de proceder de Jesús. Él ofrece al hombre la posibilidad de un cambio de filiación: la posibilidad de dejar de ser hijos de este mundo, donde abunda el pecado y la violencia (Jn 8,23) para pasar a ser hijos de Dios (Jn 1,12). Él nos enseña el camino, por eso no solo denuncia, sino que actúa. Saca a los mercaderes del templo porque el nombre de Dios no puede ser usado para el propio lucro (violencia mercantilista); libra a la adultera de ser lapidada, porque la ley de Dios no se usa para condenar a los demás, sino para cambiarse a sí mismo (Jn 8,3ss) (violencia legalista); cura en sábado (Jn 5,10; 9,13) y habla en público con una mujer samaritana (Jn 4,5ss), “porque el mundo suele utilizar lo más sagrado como excusa para desentenderse de aquellos a quienes excluye” (violencia cultural, política y social).

Construir la paz

Los Obispos de Venezuela han afirmado que “el venezolano anhela la paz. La ausencia de paz nos priva de las condiciones indispensables para vivir en una auténtica y verdadera sociedad, ya que se irrespeta la dignidad de la persona humana. La gran tarea que se nos impone en este momento crítico de nuestra historia es la responsabilidad que tenemos de construir una sociedad en paz, fundada en la cooperación, el entendimiento, la solidaridad, la tolerancia y el diálogo por el bienestar de nuestra nación. La convivencia entre los seres humanos es de orden moral. Se apoya sobre la verdad, debe realizarse según la justicia, exige ser vivificada y completada por la solidaridad y, finalmente, encuentra en la libertad un equilibrio socio-político cada día más razonable y más humano. Estos son los principios éticos fundamentales de toda paz”. (Exhortación Pastoral, “Bienaventurados los que trabajan por la paz” (Mt 5,9) Caracas, 11 de julio de 2003).

Por todo esto la Campaña Compartir quiere proponer a la comunidad venezolana con sus instituciones, un mayor compromiso en la construcción de la cultura de paz y reconciliación, promoviendo en todos los venezolanos una “conversión” en su conducta, particularmente en la manera cómo se ha instaurado el resolver los problemas que terminan siempre en conflictos y son generadores de violencia; pero también exigir el diseño de políticas públicas que favorezcan en el pueblo una vida segura y digna, evitando muertes, al igual que transgresiones a la propiedad pública y privada.

Colecta anual y proyectos

Como la Campaña es compartir, la Iglesia promueve una Colecta anual, que se ubica en la sensibilidad y motivación que los creyentes y muchas personas de buena voluntad realizan durante el tiempo cuaresmal. Para unos es producto del ayuno y la abstinencia, para otros es producto de su sensibilidad en querer compartir con los hermanos que han sufrido la violencia o para evitar la misma; en fin, hay diversas motivaciones, pero todas deben brotar de la fe en Jesucristo, porque no se trata de hacer simple filantropía, sino de ver el rostro sufriente de Jesús sin perder el sentido de la trascendencia en la resurrección. Esta colecta se hará el quinto domingo de Cuaresma, el día 25 de Marzo.

Con lo recaudado se desarrollarán programas dirigidos a crear una cultura de paz y reconciliación, se podrá atender a las víctimas de la violencia, se fortalecerán los programas de las vicarias de derechos humanos, especialmente los que generen transformación de actitudes en personas y comunidades. Además de esto, la Colecta Anual no es solamente un modo de hacer sustentable un proyecto diocesano o nacional, es también la oportunidad de entrar en diálogo con toda la sociedad para proponer una solidaridad, a través de un compromiso práctico y no teórico.

Conclusión

Exhortamos a todo el pueblo Venezolano a participar activamente en la Campaña Compartir 2007; es interés de todos trabajar en la búsqueda de la paz y la promoción de los valores que dignifiquen la persona humana. Todos somos necesarios. En todas las parroquias eclesiásticas se encuentran los materiales diseñados para este año: afiches, cartilla, Vía Crucis, trípticos; a su vez, pueden ser consultados y descargados por la página web de la Conferencia Episcopal, http://www.cev.org.ve/ Trabajemos para hacer realidad en nuestro país, “que la vida no se convierta en un campo de batalla y de inseguridad”.

+José Luis Azuaje Ayala.
Obispo de El Vigía-San Carlos del Zulia.
Presidente de la Comisión Episcopal y de Cáritas de Venezuela.




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