martes, 3 de abril de 2012

El Nazareno de San Pablo, Martes Santo, en la tarde




Allí dentro de la Basílica Santa Teresa de Caracas, en la tarde del Martes Santo, un ir y venir de cofrades, legionarios, personal de seguridad, algunos sacerdotes que visitaban el templo, periodistas, reporteros gráficos y visitantes muy allegados, anunciaban que, como ya era una tradición, a partir de las cuatro en punto, se iniciaría la entronización en el altar mayor del Nazareno de San Pablo.
Ramón Antonio Pérez
El Miércoles Santo de este año, la misa principal en honor del Nazareno de San Pablo será a partir de las doce del mediodía en la Basílica de Santa Teresa, en Caracas. Pero antes de este importante día, es una curiosidad conocer lo que ocurre allí, en ese templo caraqueño, durante la tarde del Martes Santo. 

Es una experiencia única que se vive puertas adentro, 24 horas previas a la gran jornada cuando la venerada imagen del Limonero del Señor, inicie su recorrido a lo largo de ocho cuadras céntricas en la capital venezolana.
Palabras más, palabras menos, esta es una descripción de lo que se vive en el templo de Santa Teresa, el Martes Santo en la tarde. No es una crónica completa, porque cada año tiene su propia realidad, y cada escritor su manera de inmortalizar lo que vio y escuchó.
Lo primero en solventar es un imponente cordón policial en las afueras de la Basílica Santa Teresa, para estar allí adentro, con muy pocas personas. Es que desde la mañana del Martes Santo, funcionarios de la Policía y Guardia Nacional Bolivariana, custodian y controlan los alrededores y accesos del templo.
La entrada no es para “todo el mundo”, dice de primera un funcionario policial. - Muy bien, señor agente, se le responde, sin mucha preocupación y sin entrar en inútiles llorantinas..

El solo hecho de mostrarle un carnet de periodista colegiado no convence al gendarme policial, cuya tarea es mantener el orden y ser muy selectivo con quienes ingresan al templo. Por más que el hombre de armas manoseara el carnet emitido por el Colegio Nacional de Periodistas, termina balbuceando: “¡No puedes pasar, amigo, lo siento!”. Los periodistas jamás habían tenido tan poca influencia sobre un cuerpo de seguridad del Estado, como en esta etapa de la república.
El paso, únicamente, estaba permitido a los integrantes de los movimientos de apostolado que hacen vida en esta céntrica parroquia de Caracas, unas doscientas personas debidamente identificadas, y que orgullosamente portan un carnet con la siguiente inscripción: Semana Santa 201.., más el nombre de la persona y sellos impresos de la Basílica Santa Teresa, en unión de la Arquidiócesis de Caracas.
Para ahorrar explicaciones al policía y evitar cualquier contratiempo adicional, el redactor le responde: “Está bien, entraré por otra parte. Muchas gracias, señor agente”. 

En la puerta del despacho parroquial, un hermano en la fe reconoce al periodista. “¡Bienvenido, Ramón! ¿Vienes a cubrir la entronización del Nazareno?... “En verdad solo quise pasar, pero no sabía que aquí se cumple este proceso de traslado de la imagen”, responde al orgulloso cofrade.

¿Por qué no cubrir esto?”, dice. “Me pudiera brindar material para un futuro; nunca hay que decirle no al llamado que te hace El Nazareno de San Pablo”, justifica de sí el redactor.
Allí, dentro de la Basílica Santa Teresa, en la tarde del Martes Santo, era un ir y venir de cofrades, legionarios, personal de seguridad, algunos sacerdotes que visitaban el templo, periodistas realizando entrevistas, reporteros gráficos captando detalles y muy pocos visitantes. 

Estamos culminando el ornato del Nazareno para el traslado al altar principal donde será entronizado”, comentó Ivianne Delgado, diseñadora del programa del Nazareno por segundo año consecutivo.
Entretanto, Francisco Lima, recibía flores de Orquídeas que seguían llegando al templo, a pesar de que ya había coordinado la “colocación de unas siete mil”, según confesó más tarde. Muchas de estas flores adicionales se entregan a otras parroquias que vienen a buscar para completar los ornatos de sus "Nazarenos menos famosos".
Algunos parroquianos y cofrades tenían dos días sin dormir, como el personal de seguridad y cargadores que habían estado trabajando en los adornos, limpieza y orden. Un grupo sentado o recostados a los bancos y paredes descansaban; otros hacían planes para la jornada del Miércoles, comentando cómo soportar el cansancio y las ganas de dormir.
“Ahora estamos algo descansados, pero todo este corri y corri es porque a las 4 de la tarde, la imagen del Nazareno de San Pablo se moverá desde su área donde fue adornada, y en procesión muy íntima será entronizada en el altar, para las misas del Miércoles Santo”, seguía comentado Ivianne. “Dios nos compensará el esfuerzo”, agregaba de manera muy seria.
¿Y que tanta pasión siente la gente por esta imagen? No es fácil la respuesta, si no estás presente allí frente a ese portón que  separa los devotos de la imagen de origen sevillano. 

Algunos rememoran que según la tradición, el escultor, después de terminar de tallar la imagen, el Nazareno se le aparece y le dice: “¿Dónde me has visto que tan perfecto me has hecho?”. Son conversaciones que también forman parte de la intimidad con el Nazareno, el Martes Santo en la tarde.
Los portones frontales y laterales permanecieron cerrados, y tan solo por los barrotes del más cercano al nicho del Nazareno, se podían apostar algunos feligreses para rezar, entregar flores y esperar que “fuera movido el Nazareno hacia su entronización para verlo”. 

Hasta allí llegaron algunas señoras con necesidades de sanación. Estaban pidiendo por la salud de una niña ciega, y otros dijeron asistir para dar gracias por la recuperación de un familiar enfermo, o por haber conseguido empleo, o por haber alcanzado la tan anhelada graduación… en fin.
Eran tantas las historias, en tan pocas personas que se podían escuchar en esa puerta, que enternecían el corazón de cualquiera con historias de fe que narraban a través de los barrotes.
Consultado Dorian González, acerca de por qué no los dejan entrar, respondió que “no todos pueden estar ahora, aquí adentro, porque estamos preparando todo para el Miércoles Santo, y después de las 11 de la noche es cuando pueden ingresar al templo”.
Efectivamente, según lo había dicho Ivianne, a las cuatro en punto de la tarde, alrededor de unos veinticinco cargadores del Nazareno se apretujaron en torno a la mesa de andas para levantarlo y sacarlo de su espacio donde estuvo poco menos de 364 días. Una leve inclinación hacia los afortunados del mencionado portón más cercano a su nicho, les llevó la tranquilidad y el gusto de ver la Imagen, quizás, la más venerada por los venezolanos.   
Al fondo sonaba el famoso Popule meus, compuesta en 1801 por el maestro venezolano José Ángel Lamas. Se escuchaba de tal manera que algunos se atrevieron a balbucear las palabras que componen esta hermosa canción religiosa, a pesar del poco dominio del ya viejo y poco usado latín. Esta pieza musical identifica al Nazareno de San Pablo, desde entonces.
Cabe decir que previo a esta movilización interna, el párroco de la Basílica Santa Teresa, Monseñor Adán Ramírez, hizo una oración y/o invitación al Nazareno para que saliera a recorrer nuevamente las calles de Caracas como todos los años, y llevarles muchas bendiciones a los caraqueños.
Rostros de cofrades y parroquianos de los distintos grupos de apostolado, se llenaban de lágrimas al paso de la imagen, sintiendo que todo el esfuerzo en custodiarla a lo largo del año valía la pena para que su hermanos caraqueños y de otras regiones del país la vinieran a venerar el Miércoles Santo. Incluso, integrantes de la cofradía de cargadores de la parroquia San Judas Tadeo y de otras parroquias también asistieron para compartir esta experiencia.
Faltando 10 minutos para las cinco de la tarde, el Himno Nacional de Venezuela: “Gloria la Bravo Pueblo”, sonó con todo su esplendor en el recinto religioso. Significaba que la imagen quedaba entronizada en el centro del Altar para las celebraciones eucarísticas del Miércoles Santo, y que se inician a las 12 de la noche del Martes Santo.
El Miércoles Santo, a las 12 del mediodía, el Arzobispo de Caracas, Cardenal Jorge Urosa Savino, presidirá la misa principal. Posteriormente, a partir de las cinco de la tarde, la imagen tomará de nuevo las calles de Caracas, para recordar aquellas memorables fecha, de 1597, cuando en la Esquina de Miracielos, los racimos de un limonero se enredaron con la corona del Nazareno, para sanar de la peste negra a los caraqueños de aquella época.
Todo esto se vivió allí, internamente, entre hermanos de la fe, entre amigos y compañeros de los movimientos de apostolado. Bien vale la pena, pasar la tarde, del Martes Santo, en privado, junto a la imagen del Nazareno de San Pablo. Un privilegio de pocos que vale para el gozo multitudinario del Miércoles Santo.

Caracas, 03 de marzo de 2012.- 

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