Las Siete Palabras de Cristo en la Cruz

 

Cortesía del Filme La Pasión de Cristo, Mel Gibson 2004

El Viernes Santo también es día del amor porque con su muerte en la cruz, Jesucristo salvó a la humanidad del pecado y la muerte y nos dio nueva vida por su gracia y perdón

Pedro Reinaldo Bravo
Publicado el 15 de abril de 2022

El Viernes Santo es día de dolor porque Cristo fue apresado, juzgado, condenado y torturado para luego cargar la cruz hacia el Calvario y posteriormente ser clavado en ella donde agonizó durante tres horas para morir para la redención del mundo.

También el Viernes Santo es día del amor porque con su muerte en la cruz Jesucristo salvó a la humanidad del pecado y la muerte y nos dio nueva vida por su gracia y perdón.

Durante el tiempo en que Nuestro Señor estuvo clavado en la cruz el cual es signo de entrega y de amor a cada uno de nosotros para nuestra salvación, pronunció siete breves palabras de grandes significados para nuestra vida.

Cada una de estas palabras tiene un valor inmenso que nos ayudan y guían en nuestro caminar en la fe cristiana en el día a día de nuestra existencia. Las siete palabras son:

Primera Palabra: “PADRE, PERDÓNALOS PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN” (Lc 23, 34).

Cristo en medio del sufrimiento pide al Padre que perdone a todos aquellos quienes lo acusaron y entregaron a las autoridades, y de aquellos quienes lo calumniaron, torturaron, se burlaron y lo llevaron injustamente a la muerte en la cruz. En esta primera palabra Nuestro Señor no pierde su confianza en el Padre, sino que en su infinito amor le pide que tenga misericordia de ellos.

De esta manera nos enseña que también nosotros debemos perdonar a quienes nos hacen daño; y como muy bien lo menciona en la oración del Padre Nuestro que Él mismo enseñó y nos dio el ejemplo: “perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

Segunda palabra: “EN VERDAD TE DIGO QUE HOY MISMO ESTARÁ CONMIGO EN EL PARAÍSO” (Lc 23, 43)

Nuestro Señor es crucificado en medio de dos malhechores: uno a su izquierda y otro a la derecha. Uno lo insulta, pero el otro conocido en la tradición como Dima reprende a su compañero diciéndole que lo que les están pasando es justo por los delitos que ambos cometieron.

Dima defiende valientemente y de corazón a Cristo y le pide que se acuerde de él cuando esté en su reino, y Jesucristo le promete que estará con Él en el paraíso.

En esta segunda palabra Nuestro Señor nos enseña nuevamente el valor del perdón cuando hay verdadero arrepentimiento de corazón y propósito de conversión como lo demostró Dima en el último momento de su existencia.

Tercera Palabra: “MUJER, AHÍ TIENES A TU HIJO. AHÍ TIENES A TU MADRE” (Jn 19, 26-27)

La Santísima Virgen sufre en su condición de Madre la pasión y muerte de su Hijo para la redención del mundo, y en medio del dolor recibe la misión del mismo Cristo de ser Madre de todos los hombres, representado en ese momento por San Juan Evangelista, el discípulo amado quien al mismo tiempo acepta también la misión del Redentor de acoger a María como Madre.

En esta palabra la Madre de Dios en su dolor aceptó con confianza este encargo de Jesús a igual como lo hizo en el día que el ángel Gabriel le anunció que iba a ser la Madre del Mesías. Así como cumplió el encargo de ser la Madre de Cristo, ahora como Madre de la humanidad cumple con verdadero amor su misión guiándonos a su Hijo Jesucristo y al mismo tiempo colaborando con Él en su obra para la salvación del mundo.

La Virgen María nos invita en todo momento al arrepentimiento de nuestros pecados y a una verdadera conversión a Dios.

Cuarta Palabra: “DIOS MIO DIOS MIO ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?” (Mt 27,46; Mc 15, 34)

Jesucristo en medio de su padecimiento recita el inicio del salmo 22 porque en su condición humana necesita de la oración para expresar su sufrimiento y desolación en ese momento tan crítico de la muerte y en unas condiciones humillantes y lamentables, pero lo acepta para llevar a cabo la obra de la salvación del mundo.

Esta palabra nos enseña que en los momentos difíciles de la vida no debemos perder la fe y confianza en Dios porque nunca nos abandona y por eso es necesaria la oración para obtener fortaleza y consuelo en las contrariedades de la vida, como lo hizo el mismo Cristo en la oración en el huerto de Getsemaní antes de ponerlo preso y en la cruz antes de su muerte.

Quinta Palabra: “TENGO SED” (Jn 19,28)

Cristo en medio de su agonía sufre también la deshidratación debido a la pérdida de sangre originada por la terrible tortura de la flagelación, los golpes, la coronación de espina y el cargar la cruz.

Por tales motivos tiene sed corporal, pero también Nuestro Señor tiene sed de consumar la obra de la redención del mundo y nos invita a tener en todo momento sed de Dios, es decir, de buscarlo y que sea el centro de nuestra vida.

En ese propósito hemos de recordar las palabras que Él mismo le dijo a la mujer samaritana: “pero el que beba del agua que yo le diere no tendrá jamás sed, que el agua que le dé se hará en él una fuente que salte hasta la vida eterna (Jn 4, 14).

Sexta Palabra: “TODO ESTÁ CUMPLIDO” (Jn 19,30)

Sintiendo la cercanía de la muerte, el Señor le dice al Padre que su misión de salvar al hombre del pecado está cumplida. Esta palabra nos enseña que Dios tiene para cada uno de nosotros una misión que debemos cumplir en nuestra vida terrenal, y que por medio de la fe y aceptando su voluntad podemos y debemos  llevar a cabo la obra que nos tiene encomendada  y cumpliendo esa parte de la oración del Padre nuestro: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”.

Séptima Palabra: “PADRE EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU” (Lc 23,46)

Jesús en medio del sufrimiento y del dolor entrega con confianza su alma al Padre en profunda paz después de haber cumplido su misión en el mundo terrenal.

Esta palabra nos enseña que debemos consagrar nuestra vida a Dios, de cumplir su voluntad en todo momento y de tener plena confianza en Él para que en la hora de nuestra muerte podamos decir a Dios y en paz “en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Que esta bellas siete palabras pronunciadas por Cristo desde la cruz antes de morir sea motivo de una verdadera reflexión para poder conmemorar dignamente su pasión y muerte y así celebrar la pascua de su gloriosa resurrección mediante una auténtica conversión de nuestra vida a Dios.

Es un llamado a la práctica de los valores cristianos y morales, y al mismo tiempo a estar en comunión con las enseñanzas del magisterio de la Iglesia católica y de sus pastores: el Papa, los Obispos y Presbíteros.


Publicar un comentario

0 Comentarios