miércoles, 1 de febrero de 2017

Reflexiones del Padre Andrés Bravo: “Gracias Padre Eleuterio por ser Sacerdote”


“...Con un gran entusiasmo, competencia y diligencia, ejerce la grave responsabilidad que nuestro Arzobispo Mons. Ubaldo Santana le asignó con la dignidad de Vicario Episcopal para la Vida Consagrada


*Padre José Andrés Bravo*

Dios a los zulianos nos ha regalado esplendidos sacerdotes, diversos en sus pensamientos y en sus acciones, pero unidos en la fe cristiana y en la gracia de la consagración sacerdotal que se traduce en la práctica en un amor profundo y una fidelidad sincera a la Iglesia y al pueblo. Una vez un periodista le preguntó a un líder político sobre lo que más le ha sorprendido durante su recorrido por los barrios de Maracaibo y por los pueblos del Zulia. El líder le contestó que en cada comunidad, especialmente en los lugares de mayor miseria, siempre se destaca el liderazgo espiritual y social del sacerdote. Los testimonios le dan la razón.

Nuestros sacerdotes son inquietos y creativos en el servicio pastoral de las comunidades. Poseen un gran sentido de responsabilidad ante sus superiores y frente a las comunidades. Con una gran sensibilidad por los problemas sociales, preferencialmente, por los que más sufren necesidades. Muchas veces, esa sensibilidad le salta en el interior y se expresa en el exterior en denuncias fuertes contra los poderosos. Otras muchas veces, también saben apoyar y acompañar a los que son solidarios y generosos con los necesitados, ayudando a fortalecer las obras sociales de la Iglesia.

Integran su piedad, su religiosidad popular, su compromiso sacramental, su atención a los grupos de apostolado seglar, su dedicación a la orientación espiritual, con sus iniciativas en obras sociales en el ámbito de la educación (especialmente, en la capacitación para el trabajo), en atención a los indigentes, a los niños abandonados, a los ancianos, a los jóvenes atrapados en los vicios.

En todo lo que a un sacerdote zuliano identifica, el padre Eleuterio Segundo Cuevas Pereira sobresale. Podemos calificarlo por su excelencia en la competencia, honestidad y responsabilidad. Por su amor a la Iglesia y su amor a su pueblo. A él, pues, le rindo un homenaje de agradecimiento después de haber dejado en la Basílica de Chiquinquirá un legado espiritual y social de gran relieve. Quienes reciben la nueva responsabilidad en la labor pastoral de la Parroquia Nuestra Señora de Chiquinquirá y San Juan de Dios, se encuentran con una comunidad de comunidades porque se empeñó en crear y fortalecer los sectores, formarlos en la doctrina del Evangelio de Jesús y de la Iglesia, enseñándoles a participar como evangelizadores y siendo solidarios con los más necesitados.


A este sacerdote insigne lo trajo Dios al mundo en el seno de una humilde y devota familia cristiana que se fundó con el matrimonio de sus amados padres Eleuterio Ramón Cuevas Quintero y Ana Ubal Pereira de Cuevas, en la Mene Mauroa falconiana. De un salto se convierte en zuliano puro. Su mentor primero es el padre David Hernández, párroco de la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción, su Comunidad Cristiana de origen.

No pasaba desapercibido en ningún lado. Su vida apostólica fue intensa en la Legión de María, donde se desempeñó como dirigente activo y entregado. Organizador de eventos pastorales como laico legionario. Lo escuchaban y obedecían con agrado porque sus palabras y acciones eran orientadas al servicio de su comunidad. La Peregrinatio pro Christi, que realizaba el Movimiento de la Legión de María bajo la consigna de servir a Cristo tal como si fuera su madre quien le sirve, actividad evangelizadora por excelencia, hizo del padre Eleuterio  un auténtico líder, un apóstol con entusiasmo y fuerza, forjó ahí su vocación sacerdotal.

El Centro Vocacional de la Arquidiócesis de Maracaibo, iniciativa inédita y renovadora de Mons. Roa Pérez y los sacerdotes zulianos, lo acoge para su discernimiento vocacional. Pasa a seguir sus estudios de secundaria en el Seminario Menor de Caracas bajo la rectoría de otro gran pastor venezolano, hoy obispo emérito de Calabozo, Mons. Helímenas Rojo. Estudia filosofía y teología con gran éxito en el Seminario Interdiocesano Santa Rosa de Lima, de nuestra capital. Debo testimoniar, con toda responsabilidad, que la vida del padre Eleuterio en el Seminario fue de servicio comunitario en muchos ámbitos. Se destacó como responsable de diversas actividades comunitarias, especialmente en la liturgia. Organizador y perseverante, cumplía con eficacia sus tareas para el bien de todos. Es decir, se proponía realizar algo y lo lograba eficazmente. Esta habilidad lo acompañará durante toda su vida sacerdotal.

Eleuterio es ordenado sacerdote el 14 de agosto de 1982. Es Mons. Domingo Roa Pérez quien lo recibe y consagra. Entre el padre Eleuterio y el Arzobispo existió un vínculo de confianza y amor. El pastor le reconoció siempre sus extraordinarias cualidades y depositó en él una hermosa confianza, a la que el padre Eleuterio le fue fiel hasta el momento de la partida al cielo del amado Arzobispo. Mons. Roa fue para él y para todos los sacerdotes un maestro y un gran pastor, enseñaba con autoridad porque lo hacía con la palabra y el testimonio de vida. Esa fue la mejor escuela del padre Eleuterio. Ahí aprendió a ser sacerdote, amar a la Iglesia tanto como al Pueblo de Dios.

Su servició pastoral lo realiza con un orden admirable. Su organización administrativa y pastoral, su atención a los grupos de apostolado, su cuidado al templo, su creación de obras sociales, su generosidad a los más necesitados, atención a los enfermos y el esmero de una liturgia digna del misterio divino, especialmente en los sacramentos.


Cultiva grandes e importantes amistades en los diversos ambientes de la sociedad, orientándolas hacia el servicio a los demás en comunión con la Iglesia Católica. Así ha sido siempre, como párroco en las humildes Parroquias San Juan Bautista en la Urbanización San Francisco, el Buen Pastor en la Urbanización Cuatricentenario y en la Parroquia Nuestra Señora de la Candelaria en la Urbanización San Jacinto. Así es también como Director General del Instituto Niños Cantores del Zulia y como uno de los mejores párrocos de la Basílica Nuestra Señora de Chiquinquirá. Más de treinta años de un servicio sacerdotal digno de nuestra admiración y respeto.

Quiero hacer especial mención a su gestión sacerdotal como Director del Instituto Niños Cantores, en situaciones muy difíciles, pero, confiando en Dios, por amor a su Iglesia, colocando todas sus capacidades y valorando esta excelente obra que nació por la iniciativa sacerdotal de otro gran zuliano, Mons. Gustavo Ocando, a quien respetó en condición de fundador, aún cuando el padre Eleuterio sólo recibió desprecio a su trabajo por parte de sus mismos beneficiados.

Sin embargo, la mayoría reconoce sus esfuerzos, sus acciones, sus esmeros por un buen servicio educativo. Es Mons. Roa Pérez quien le enseñó el inmenso valor cristiano de la educación. Este servicio sacerdotal por la educación lo ha expresado antes en San Jacinto como una Escuela Parroquial Artesanal y en el apoyo que desde el principio le ha brindado a las Escuelas Arquidiocesanas, fundadas por Mons. Roa Pérez.

Promotor de nuevos templos y capillas, capellán de hospitales y del mundo castrense, asesor espiritual de movimientos de apostolado. Pero, con un gran entusiasmo, competencia y diligencia, ejerce la grave responsabilidad que nuestro Arzobispo Mons. Ubaldo Santana le asignó con la dignidad de Vicario Episcopal para la Vida Consagrada. Que yo recuerde, el padre Eleuterio desde joven seminarista siempre manifestó un gran respeto y amor a las Religiosas y Religiosos. Su atención, con mayor fuerza, en los momentos de mayores dificultades, en situaciones de conflictos, su presencia generosa y solidaria, no se hace esperar.

Padre Eleuterio, hermano sacerdote, amigo y compañero de camino desde el Seminario, no soy quien para juzgar tu vida consagrada ni tu obra pastoral y social. Sólo quiero expresarte públicamente mi respeto y agradecimiento porque has sido un servidor fiel. Personas como tú, creativas y eficientes, siempre encuentran juicios contradictorios, unos te condenan y otros te santifican. Yo te valoro y respeto como un ser humano excelente que sirve a Dios, a su Iglesia y a su Pueblo. Sigue tan solidario y generoso como siempre lo has sido con tus hermanos sacerdotes menores, necesitados de tu apoyo. Yo sólo te pueblo ofrecer mi agradecimiento y mis oraciones, lo que solo pueden ofrecer los pobres del mundo.

**Pbro. MSc. Andrés Bravo
Director del Centro de Estudios de Doctrina y Praxis Social de la Iglesia
Universidad Católica Cecilio Acosta




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