viernes, 25 de marzo de 2016

Cardenal Urosa: “Los sacerdotes son instrumentos de la Misericordia de Dios”


La Misa Crismal del Jueves Santo fue ocasión para que el presbiterado de la Iglesia de Caracas, renovara sus promesas sacerdotales ante más de 2.500 feligreses que llenaron la Catedral Metropolitana 

Ramón Antonio Pérez / @GuardianCatolic

Caracas, 24 de marzo de 2016.-Los sacerdotes estamos llamados a ser instrumentos vivos de la misericordia de Dios, sumo y eterno. Es un honor extraordinario, porque el sacerdocio es una vocación bellísima, y es una responsabilidad la que tenemos cada uno de nosotros”. 

Este fue el mensaje central del cardenal Jorge Urosa Savino, durante la Misa Crismal del Jueves Santo en la Catedral de Caracas, a la que concurrieron unas dos mil quinientas personas, no dejando espacios vacíos y haciendo más imponente a la Iglesia Madre de Venezuela.

Urosa destacó que el presbítero “no es un simple y piadoso agente social de paz, convivencia, consuelo religioso y misericordia”, sino instrumento de la “acción sacerdotal sobrenatural, salvífica y redentora de Jesucristo, único modelo a imitar”.

La misa de los Sacramentos”, como el Purpurado definió a esta fiesta de la iglesia, permitió la bendición de los santos óleos que utilizarán durante todo el año para conferir el bautismo, confirmaciones, unción de los enfermos, bendición de las iglesias y la ordenación sacerdotal. Además, en ella, los consagrados renovaron las promesas sacerdotales y lucraron las indulgencias del Año Jubilar de la Misericordia.

Procesión frente al Libertador Simón Bolívar
 Serían las 8:45 de la mañana, cuando desde el Palacio Arzobispal de Caracas, comenzaron a organizar una larga procesión encabezada por seminaristas, diáconos y más de cien sacerdotes que llegaron desde las diferentes parroquias de la iglesia arquidiocesana junto a los obispos auxiliares, monseñores: Jesús González de Zárate, Tulio Luis Ramírez Padilla y José Trinidad Fernández.

También les acompañaban Nicolás Bermúdez Villamizar, obispo auxiliar emérito de Caracas; el misionero salesiano, monseñor José Ángel Divasson, ex vicario apostólico de Puerto Ayacucho, “quien ahora vive en Caracas”; y monseñor Georges Kahhale Zouhairati, exarca apostólico de los Griegos Melkitas en Venezuela.

Los transeúntes que por primera vez observaban esta procesión previa a la Misa Crismal de los Jueves Santos en la capital de Venezuela, consideraban estar viendo “algo impensable” en una cuadra “reservada” desde hace más de tres lustros para la actividad oficialista. Pero no. “No es así”, aclaraba uno de los sacerdotes. “Todos los años, los sacerdotes nos revestimos en el palacio arzobispal, y desde aquí salimos hacia la catedral. La sacristía es muy pequeña para tantos sacerdotes”, aseguró.


La procesión sacerdotal, -resguardada por dos filas de jóvenes vinculados a las brigadas de orden y disciplina de la Catedral Metropolitana de Caracas, de la Basílica Santa Teresa y de la parroquia San José de Chacao-,  transitó por el centro de la Plaza Bolívar desde donde la imponente figura ecuestre del Libertador de la Patria, parecía agradecer el paso de los sacerdotes católicos, esos que en su época, tantas veces visitó y apoyó.

En la “Puerta Santa” de la Catedral se sumaría el cardenal Urosa Savino. Junto al Deán del Capítulo, monseñor Adán Ramírez Ortíz y sus canónigos, presbíteros: Juan Carlos Silva y Alexander Mendonça, saludaba efusivamente y daba la bienvenida a sus hermanos del clero caraqueño. 


El ministerio de música de la Comunidad Carismática Católica “Jesús Fuente de Agua Viva”, dirigido por Jhon Gómez, con alegres cantos animó esta inolvidable Misa Crismal.

El ardor pastoral de los hombres de Dios

El cardenal Urosa explicaba las cualidades que debe marcar la vida de un sacerdote: “tener un corazón lleno de amor, de bondad, amabilidad, generosidad, servicialidad”. “No puede ser una persona dura, inmisericorde, soberbia, fría, calculadora, seca, ajena e indiferente a las necesidades de los demás”, se escuchó decir, luego de citar palabras parecidas pronunciadas por el papa Francisco

“Por eso el sacerdote debe ser una persona animada por un intenso celo apostólico, un intenso ardor pastoral, que lo lleve a realizar grandes tareas pastorales por la salvación de las almas”, añadió.

Además, refirió “el carácter específicamente soteriológico, religioso, sacerdotal, del presbiterado, cuyas funciones llegan a su culmen precisamente en el ejercicio del culto y sobre todo de la Eucaristía, a través de los cuales se comunica la gracia salvífica de Cristo a su pueblo santo”, según fundamentó del Papa Emérito Benedicto XVI.

Fortalecer la catequesis


Si bien las palabras del cardenal Urosa fueron muy amplias y abarcaron casi la totalidad de la acción pastoral de la Iglesia en Caracas, hizo especial énfasis en la catequesis, especialmente la que se le brinda a los niños en los colegios. “Nosotros tenemos que ver cómo vamos a hacer para llevar adelante la enseñanza en la fe, la catequesis a los muchachos y muchachas que no las pueden recibir en algunos colegios públicos”.

Finalmente, en unión de sus obispos auxiliares, el arzobispo de Caracas, felicitó a los integrantes del clero capitalino los animó “a seguir adelante, unidos, con entusiasmo, con alegría esperanza, aún en medio de circunstancia adversas de diverso orden”. Con un caluroso aplauso tributado por la feligresía cerró su mensaje en esta fecha.

A continuación la homilía del cardenal Urosa Savino durante la Misa Crismal:


CRISTO SACERDOTE MISERICORDIOSO

Homilía en la Misa Crismal del Año de la Misericordia,
24 de marzo de 2016, + Jorge Urosa Savino, Cardenal Arzobispo de Caracas
Con inmensa y serena alegría en medio de la Semana Santa, celebramos hoy esta Misa del Sacerdocio salvífico de nuestro Señor Jesucristo. Esta celebración, es también la Misa de la Iglesia como instrumento de salvación y factor de unidad de en medio de un mundo fracturado, y es también la Misa de los Sacramentos, que son el contacto inmediato de la misericordia salvífica de Dios con los seres humanos.

Llenos de profunda fe en la misión sacerdotal de Jesucristo realizada por él mediante su entrega sacrificial en su pasión y muerte, para luego manifestar el triunfo sobre la oscuridad y la abominación del mal mediante la resurrección, nos congregamos hoy en esta S. Iglesia Catedral Metropolitana los sacerdotes y diáconos y fieles  de esta Iglesia Arquidiocesana de Caracas para festejar la obra salvífica del Señor, para festejar nuestra realidad como Iglesia, para llenarnos de alegría por la presencia en la iglesia de la obra de Dios a través de los sacramentos. Lo hacemos en este Año de la Misericordia, convocado por el Papa Francisco para poner de relieve la inmensidad de la bondad infinita de Dios hacia la humanidad pecadora, y para que, acogiendo en nuestros corazones los dones de su misericordia, el perdón, la sanación, la gracia santificante, seamos también cada uno de nosotros misericordiosos como el Padre celestial.

Jesucristo, nos dice el Papa Francisco en la Bula de convocatoria del Año de la Misericordia, es el rostro de la misericordia de Dios. Y, precisamente, El manifiesta la misericordia de Dios en su ofrenda sacrificial y misericordiosa por la salvación del mundo: para la redención de los pecados de la humanidad, para el perdón del pecador, para aliviar el dolor y la pena de los que sufren.

El sacerdocio de Cristo, mis queridos hermanos, afirmado de manera clarísima por el autor de la Carta a los Hebreos, (He, 3-5) consiste precisamente en la unción de la humanidad de Jesús por el Espíritu Santo para que se ofreciera como redención por la vida del mundo, para obtener el perdón de los pecados de la humanidad caída. El sacerdocio de Jesús es la oblación de su vida, de su carne, para que el mundo viva. El sacerdocio de Jesús es la entrega de la vida del Buen pastor, para que las ovejas vivan. Se trata de la actitud religiosa, oblativa, amorosa, filial de Jesús con respecto al Padre celestial, para manifestar al mundo la misericordia de su Padre celestial. Precisamente Dios Padre envía a su hijo a la humanidad caída para que con su amor misericordioso la redima y la levante a la excelsa condición de hijos de Dios.

EL SACERDOCIO MINISTERIAL

En esta Eucaristía de Semana Santa en  la cual festejamos el sacerdocio de Cristo, festejamos también la participación de los sacerdotes del nuevo testamento en el Sacerdocio del Señor. Pues eso es el sacerdocio ministerial cristiano: instrumento de la misericordia de Cristo sumo y eterno sacerdote. La participación en el sacerdocio de Cristo por parte de los Obispos y presbíteros es, precisamente, participación de la existencia plena y total del presbítero y del Obispo en la actitud sacerdotal sacrificial y misericordiosa de Jesús. Nuestra configuración con Cristo sumo y eterno sacerdote mediante la acción del Espíritu Santo es específicamente  configurarnos plenamente, existencialmente, religiosamente con Cristo misericordioso que se ofrece al padre celestial en el leño de la cruz por la salvación del mundo.

Por eso el sacerdote, como nos lo recuerda constantemente el papa Francisco, está llamado a ser misericordioso como el padre, está llamado a tener los mismos sentimientos de misericordia de Jesús para con el pecador arrepentido, para con la persona extraviada, para con el hijo pródigo. Por eso el sacerdote debe tener un corazón lleno de amor, de bondad, amabilidad, generosidad, servicialidad. No puede ser una persona dura, inmisericorde, soberbia, fría, calculadora, seca ajena e indiferente a las necesidades de los demás.

Pero además, por estar configurados a Cristo sacerdote redentor del mundo, el presbítero y el obispo está llamado a ejercer la misericordia de Dios, de manera especial en la práctica de las obras espirituales de misericordia, es decir, de la acción pastoral y religiosa de la salvación, del llamado a los hombres a la conversión. Nuestra misericordia, que debe manifestarse en la caridad viva hacia los pobres, debe, sobre todo manifestarse en la acción pastoral, religiosa, de santificación, de evangelización, de enseñanza de la esplendorosa verdad de Cristo. Por eso el sacerdote debe ser una persona animada por un intenso celo apostólico, un intenso ardor pastoral, que lo lleve a realizar grandes tareas pastorales por la salvación de las almas.

Este aspecto religioso y sacrificial del sacerdocio ministerial que va unido misterio de Cristo Buen Pastor lo subrayó el papa Benedicto XVI en clave sacerdotal en su homilía del Domingo del Buen Pastor, el  29 de abril de 2012. Destacó el carácter específicamente soteriológico, religioso, sacerdotal, del presbiterado, cuyas funciones llegan a su culmen precisamente en el ejercicio del culto y sobre todo de la Eucaristía, a través de los cuales se comunica la gracia salvífica de Cristo a su pueblo santo.

El tema del Buen Pastor necesita, pues, ser completado en la línea de lo enseñado por el Papa Benedicto en la homilía ya señalada. Cristo se ofrece al Padre celestial, da la vida por sus ovejas, para su redención, su salvación, ofrece su vida por muchos, entrega su cuerpo y su sangre para la salvación del mundo, para que el mundo viva (Jn 6,51; Jn 17,2). El presbítero, el sacerdote, está llamado no sólo a seguir y acompañar al pueblo, sino a dar la vida en oblación religiosa a Dios por la salvación de los fieles, como hizo Jesús. Y a entregar al pueblo fiel los dones del Señor a través de la Liturgia, especialmente los sacramentos y, sobre todo, la Eucaristía. Esa es la misión que recibieron los Apóstoles y que los Obispos y presbíteros continúan, como mensajeros, representantes del Buen Pastor.- Sumo Sacerdote, Jesucristo.

El ambiente secularizado de nuestra sociedad actual, especialmente en Occidente, en el cual están sumergidos nuestros jóvenes candidatos al sacerdocio, hace necesario que estos rasgos del ministerio sacerdotal, del presbiterado, es decir, el aspecto específicamente religioso, que exige una intensa vida de fe y unión con Dios, sean bien destacados en la formación sacerdotal. El presbítero no es un simple y piadoso agente social de paz, convivencia, consuelo religioso y misericordia, sino instrumento de la acción sacerdotal sobrenatural y salvífica, soteriológica y redentora  de Jesús, Buen Pastor, Sumo y eterno Sacerdote.

En este contexto se debe entender también la caridad pastoral, verdadera alma del ministerio presbiteral: es la entrega sacerdotal, por la salvación el mundo, de la propia vida del sacerdote a Dios, a la Iglesia  a los fieles (pg. 32) Y entender a Cristo como Buen Pastor y sumo sacerdote al mismo tiempo.

Y en esta línea se entiende la hermosura y la importancia de la acción específicamente sacramental, santificadora del Presbítero: su labor anunciando el evangelio, su labor enseñando la catequesis; su trabajo como ministro del sacramento el bautismo y de la eucaristía, en fin su labor como confesor que en nombre de Cristo ofrece el perdón misericordioso de Dios al pecador arrepentido. Valoremos, pues, mis queridos hermanos la labor sacererdotal como instrumento de la misericordia de Dios, que nos ha llamado a ser  instrumentos personales de Cristo sacerdote misericordioso de la salvación y la restauración de la humanidad caída.

LA FIESTA DE NUESTRA IGLESIA DE CARACAS

Esta Misa, decía al inicio, es también la Misa, LA FIESTA de la unidad de la Iglesia diocesana, en este caso, de nuestra Iglesia particular de Caracas. Hoy le damos gracias a Dios por la vida de nuestra Iglesia, que viene de atrás, de la erección del Obispado de Venezuela con sede en Coro en 1531, de su traslado a Caracas en 1637, y de su elevación como Arquidiócesis de Caracas en 1803. Una Iglesia adornada con grandes dones espirituales, cono lo fue su vitalidad en tiempos de la Colonia, con los grandes conventos de dominicos y franciscanos, con su Seminario y la Pontificia Universidad de Santa Rosa de Lima. Con las pruebas terribles de las guerras de independencia primero y de la guerra federal después; con la actuación de hombres extraordinarios que luego de los ataques anticlericales y modernistas de la época guzmancista promovieron el resurgimiento de la vida cristiana y especialmente de la vida consagrada en caracas, con varias Congregaciones religiosas femeninas, animadas por grandes sacerdotes como el P. Santiago Machado, José Manuel López, José Manuel Giménez, Calixto González, Mons. Juan Bautista Castro y muchos más, que fueron determinantes en la renovación de la Iglesia en Caracas a fines del siglo XIX Una Iglesia adornada por las virtudes de ese extraordinario ejemplo de vida cristiana que es el Venerable Dr. José Gregorio Hernández y por Congregaciones religiosas como las Hermanitas de los Pobres, las Agustinas de la Madre María de San José, las Siervas del Santísimo, las Franciscanas del Sagrado Corazón de Jesús, las Catequistas de Lourdes, las Carmelitas de Madre Candelaria, y las Siervas de Jesús más recientemente. Por todo eso, le damos gracias a Dios. Y lo bendecimos por la vitalidad de nuestra Iglesia local, a pesar de la escasez de vocaciones, pero fortalecida por obras como el Diario La Religión, Fe y Alegría, nuestros Seminarios, la Universidad Católica Andrés Bello, nuestros Institutos de educación superior, las  Escuelas Católicas, nuestras Parroquias, Radio Fe y Alegría, Radio María, etc. Demos gracias a Dios por los insignes Arzobispos del siglo XX como Mons. J.B. Castro, Mons. F. Rincón González, Lucas Guillermo Castillo, Mons, R Arias Blanco, y los queridos Cardenales Quintero, Lebrún y Velasco, de gratísima memoria todos. Demos gracias a Dios por tantos hombres y mujeres de virtudes que encontramos en todas nuestras parroquias. ¡Sintamos gran afecto y cariño por nuestra Iglesia, por nuestro presbiterio, por nuestras obras! Y contribuyamos a su crecimiento y desarrollo.

FELICITACIONES A LOS PRESBITEROS

Como todos los años quiero expresar en este día del Sacerdocio de Cristo y de nuestro sacerdocio ministerial mi reconocimiento, afecto y felicitación a todos los sacerdotes, tanto los diocesanos como los religiosos que integran el presbiterio de Caracas. Gracias, queridos hermanos, por su entrega a Dios, por su abnegación en el trabajo ministerial, en medio de tantas dificultades y penurias, agravadas especialmente en los últimos años. Con mis queridos hermanos  Obispos Auxiliares los bendigo y los animo a seguir adelante, unidos, con entusiasmo, con alegría esperanza, aún en medio de circunstancia adversas de diverso orden. Y pido a nuestros queridos feligreses, presentes esa mañana en nuestra Santa Iglesia Catedral Metropolitana, que les expresen su afecto y respaldo con un caluroso aplauso.

CONCLUSION


Prosigamos, nuestra celebración, queridos hermanos. En ella nuestros presbíteros renovarán sus compromisos sacerdotales. Piamos a Dios que los bendiga en la fidelidad, en la alegría el compromiso, en la firmeza de la  entrega optimista, generosa y alegre a Dios, como Cristo sacerdote misericordioso, por la salvación de las almas. Y que la Virgen de Coromoto los bendiga siempre. Amén.





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