martes, 8 de julio de 2014

Conferencia Episcopal Venezolana: “Venezuela reclama un cambio urgente en todos los órdenes” - Mensaje de Instalación de la CII Asamblea Ordinaria Plenaria



 Durante la instalación de la Centésima Segunda asamblea ordinaria de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), su presidente Monseñor Diego Padrón Sánchez, dijo que “da tristeza el progresivo deterioro de las instituciones y de la convivencia entre los ciudadanos”.

Ramón Antonio Pérez 
@GuardianCatolic

Caracas, 07 de julio de 2014.- Por segunda ocasión en el año, se realizó la asamblea ordinaria de la Conferencia Episcopal Venezolana se reunió para abordar temas atinentes a la situación nacional, al interés pastoral de la Iglesia y realizar un encuentro con delegados de los sacerdotes venezolanos para reforzar aspectos de la identidad, vocación y otros tópicos que atañen a los hombres de vida consagrada en el país.

La instalación de esta CII asamblea contó con la presencia la junta directiva en pleno conformada por su presidente honorario y arzobispo de Caracas, Cardenal Jorge Urosa Savino; Monseñor Diego Padrón, Arzobispo de Cumaná, y presidente de la CEV; Monseñor José Luis Azuaje, Obispo de Barinas y primer vicepresidente; Monseñor Mario Moronta del Valle, Obispo de San Cristóbal y segundo vicepresidente; y Monseñor Jesús González de Zárate, Obispo Auxiliar de Caracas y Secretario General. De igual manera, como en todas las asambleas de la CEV, también asistió el Nuncio Apostólico de Su Santidad en Venezuela, Monseñor Aldo Giordano.

Monseñor Diego Padrón fue el responsable de presentar un informe al país destacando aspectos del panorama eclesial y nacional. En lo atinente a la situación política resaltó la necesidad de dialogo entre el gobierno y la oposición. “Se ha perdido la confianza mutua, la imagen que sobresale ya no es la imagen del abrazo de hermanos. La nota más sobresaliente es la división interna de los sectores mayoritarios. El país se ha convertido en un rompecabezas difícil de armar”, dijo.

Denunció que “más de nueve millones de venezolanos viven en pobreza extrema”, y que si bien “con el diálogo inicial en febrero entre Gobierno y oposición se esperaba encontrar caminos comunes para la superación de la conflictividad e ingobernabilidad”, lo cierto es que “sucedió lo que también muchos esperaban: el diálogo no fue más que una simple contingencia sin proyección ni consecuencias. Se congeló sin resultados”.

“No obstante, el país sigue reclamando diálogo, entendimiento y sensatez. No un diálogo que sea solo un mecanismo para apaciguar la protesta, sino verdadero, con una agenda visible que conduzca a resultados tangibles”, acotó durante el mensaje.

El presidente de la CEV recordó las enseñanzas de San Juan Pablo II, San Juan XXIII y del Papa Francisco, quienes “nos están diciendo que para tener una Iglesia y una sociedad que vivan en concordia y unidad, el único camino es el diálogo, el encuentro y la reconciliación”.

En el contexto de la asamblea ordinaria explicó que también será “ocasión privilegiada para escucharnos y orar juntos, para profundizar nuestra conciencia sacerdotal y animarnos mutuamente en el servicio del pueblo de Dios y también una ocasión propicia para discernir los signos de los tiempos e iluminar el camino de la Iglesia en la difícil situación económica y político social por la que atravesamos los venezolanos”.

Agregó que “no será pues un formalismo jurídico pastoral y espiritual, será una apuesta en común, una profunda reflexión sobre la vida sacerdotal en el ámbito diocesano y sacerdotal”.


A continuación el mensaje completo:

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Salutación inaugural del presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana en la apertura de la CII asamblea ordinaria

Iniciamos nuestra segunda Asamblea anual en el nombre de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Emmo. Sr. Cardenal
JORGE UROSA SAVINO
Arzobispo de Caracas
Presidente de Honor de la Conferencia Episcopal Venezolana

Excmo. y Rvdmo. Mons.
ALDO GIORDANO
Nuncio Apostólico de Su Santidad

Sres. Arzobispos y Obispos de Venezuela

Sres. Obispos Eméritos

Sres. Presidentes y demás miembros de las Juntas Directivas de la Conferencia Venezolana de Religiosos y Religiosas (CONVER), del Consejo Nacional de Laicos (CONALAI), de la Asociación Venezolana de Educadores Católicos (AVEC) y de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

Sres. Directores y demás miembros de los Departamentos del Secretariado Permanente del Episcopado Venezolano (SPEV).

Invitados Especiales
Sres. Representantes de los Medios de Comunicación Social


Saludo de manera especial a Su Excelencia Mons. ALDO GIORDANO, Nuncio Apostólico del Papa Francisco en Venezuela, y le doy en nombre de mis hermanos Obispos la más cordial bienvenida a esta Asamblea y a esta casa. Su presencia entre nosotros, las visitas de carácter pastoral que ha iniciado a nuestra Iglesias Particulares y su valiosa intermediación en el intento de diálogo entre el Gobierno y la oposición nos confirman la cercanía del Santo Padre a nuestro país, manifestada de múltiples modos desde el comienzo de su pontificado.

Abrimos esta centésima segunda Asamblea Ordinaria de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) con la visión de la Iglesia universal fortalecida y renovada por la extraordinaria personalidad del Papa Francisco y con la visión de nuestra Iglesia venezolana como pueblo de Dios que peregrina en medio de las tribulaciones de la historia y de los consuelos del Señor.

Panorama Eclesial

En el primer semestre de este año sobresale en el panorama eclesial la reciente canonización de los dos grandes Papas que le dieron el mayor impulso al Concilio Vaticano II. El primero, San Juan XXIII, porque lo convocó e inició, y el segundo, San Juan Pablo, porque centró su largo pontificado en procurar la aplicación de la doctrina conciliar a la vida de la Iglesia. Ambos pontífices, tanto por su personalidad, como por su testimonio de santidad, y, particularmente por su actitud pastoral de diálogo con el mundo y de apertura a los no cristianos, contribuyeron como ningún otro al cambio de imagen de la Iglesia.

Juan XXIII, el día 04 de octubre de 1962, una semana antes de la inauguración del Concilio, a pesar de conocer el diagnóstico de una enfermedad que ponía en riesgo su salud, hizo una peregrinación a la ciudad de Asís. Esta visita a la cuna de San Francisco tuvo en ese momento una resonancia mundial, pues por una parte, era la primera vez desde 1870 que un Papa salía oficialmente de Roma y, por otra, porque el 11 de septiembre – un mes antes – en una importantísima y programática alocución radiofónica el Papa había dicho que el Concilio debía destacar que la Iglesia era “la Iglesia de los pobres”. La visita, en ese momento, a San Francisco de Asís era, por tanto, un gesto extraordinariamente significativo, cargado de profetismo. En pocas palabras, Juan XXIII quería una Iglesia renovada en sus miembros y en sus estructuras, aspiraba a que el Concilio fuera un nuevo Pentecostés, veía a los no católicos como “hermanos” y valoraba su patrimonio religioso y sacramental como un tesoro común con los católicos.

A medida que se acercaba el 11 de octubre de 1962, Juan XXIII acentuaba sus disposiciones espirituales para entrar en Concilio. El 15 de septiembre de 1962, al terminar sus Ejercicios Espirituales, escribió en su diario: “Fue una fervorosa meditación para unirme con el Señor en la oración, en el pensamiento y en la callada y firme voluntad. Me queda de ella en el corazón un celo acrecentado por llevar a cabo lo que corresponde a mi ministerio, a mi tarea apostólica. ¡Señor Jesús, llena tú mis deficiencias! Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo”[1]

El Papa Francisco, en la homilía de su canonización, escribió: “Juan XXIII demostró una delicada docilidad al Espíritu Santo, se dejó conducir y fue para la Iglesia un Pastor, un guía-guiado. Este fue su gran servicio a la Iglesia: fue el Papa de la docilidad al Espíritu”.

San Juan Pablo II fue el último Papa que fue Padre Conciliar. El mismo en una entrevista cuenta cómo fue su participación. Dice que tuvo la especial fortuna de poder formar parte en el Concilio desde el primero al último día. Eso fue algo imprevisto, porque las autoridades comunistas de Polonia consideraban el viaje a Roma un privilegio que sólo ellos manejaban. Para él, joven Obispo Auxiliar, el Concilio fue una gran experiencia de Iglesia o, como se decía entonces, el seminario del Espíritu Santo, que hablaba a toda la Iglesia en su universalidad a través de los Obispos del mundo entero. Todo esto tuvo mucha importancia para la nueva evangelización que, según el mismo Papa, comenzó en el Vaticano II[2].

El largo pontificado de Juan Pablo II –afirma el Profesor Mauro Velati- fue probablemente el verdadero punto de llegada de la constitución de un catolicismo post-conciliar […] También el encuentro de 1986 en Asís es un ejemplo de reelaboración creativa de las intuiciones del Concilio. Dicho encuentro suscitó reacciones contrapuestas. […] Sin embargo, por encima de todo, ese encuentro parece indicar la vía para hacer que el diálogo ecuménico salga de una espiral de encerramiento…[3]

Pero para saber quién era San Juan Pablo II, había que verlo rezar – dice un colaborador suyo -, sobre todo en la intimidad de su oratorio privado[4]

En la Homilía de la canonización de estos dos pontífices, el Papa Francisco, en una referencia a las llagas gloriosas de Cristo, dijo que ellos tuvieron el valor de mirar las heridas de Jesús, de tocar sus manos llagadas y su costado traspasado. No se avergonzaron de la carne del hermano (cf Is 58,7), porque en cada persona que sufría, veían a Jesús. Fueron dos hombres valerosos, llenos de la parresía del Espíritu Santo, y dieron testimonio ante la Iglesia y el mundo de la bondad de Dios, de su misericordia.

Los dos Papas y ahora Francisco nos están diciendo para tener una Iglesia y una sociedad que vivan en concordia y unidad el único camino es el diálogo, el encuentro y la reconciliación.

A nivel de Iglesia en Venezuela, la Conferencia Episcopal se ha visto disminuida en sus miembros. Después de una intensa labor evangelizadora y de una penosa enfermedad ha regresado a la casa del Padre celestial el Excmo. Mons. Juan María Leonardi, Obispo de Punto Fijo. Más recientemente, el Excmo. Mons. Antonio José Ramírez Salaverría, Obispo Emérito de Maturín. Era el último Obispo venezolano testigo presencial y uno de los dos mil cuatrocientos Padres del Concilio Vaticano II. Ambos Pastores, como reza el libro del Apocalipsis, descansan de sus fatigas, porque sus obras los acompañan (Ap 14,13). Sabemos que el Señor premia con el gozo eterno a sus servidores fieles (Mt 25,21).

En España, en La Cartuja de Barcelona, recupera su salud el Excmo. Mons. Tomás Jesús Zarraga, Obispo de San Carlos. Las noticias que tenemos son alentadoras.

En Febrero pasado los Obispos participamos con gozo en la Ordenación Episcopal de su Exc.ª Mons. Raúl Biord Castillo, Obispo de La Guaira, quien acaba de cumplir veinticinco años de ministerio sacerdotal, y ayer participamos con el mismo gozo en la ordenación de su Exc.ª Mons. José Trinidad Fernández Angulo, Obispo Auxiliar de Caracas. A ellos, en nombre de los hermanos Obispos, mi fraterna y cordial felicitación y la bienvenida a este Colegio Episcopal. Felicito en nombre de toda la Conferencia a S. E. Mons. Felipe González a quién la iglesia le ha pedido un nuevo servicio misionero en el Vicariato Apostólico del Caroní.

A toda la Iglesia de Venezuela, a cada diócesis, parroquia, comunidad y grupos de apostolado le corresponde celebrar los ciento cincuenta años del nacimiento del Venerable Dr. José Gregorio Hernández. Él es el venezolano más conocido, amado e invocado dentro y fuera de los límites del país, el “médico de los pobres”. 

La conmemoración de su nacimiento es una ocasión para recabar y poner por escrito aquellos relatos de signos, considerados milagrosos, atribuidos a la intercesión del eximio doctor. Él es un venezolano, que en las actuales circunstancias del país, es un poderoso factor de unidad nacional. Su anhelada beatificación y posterior canonización serían una bendición de Dios que haría mucho bien a toda la nación, necesitada de testigos como él, hombres probos, doctos y ejemplos de servicio al prójimo y el país.

En el mes de octubre comienza el año preparatorio del V Centenario del nacimiento de la mística Doctora Santa Teresa de Jesús. Será, sin duda, una gran conmemoración en el que la que la iglesia venezolana hará sentir su aprecio y veneración de la figura de la santa Madre, a su doctrina y a la vida contemplativa que ha seguido sus pasos.

También se conmemoran los quinientos años de la llegada de los primeros misioneros dominicos a las costas orientales de Venezuela y el inicio de la conquista pacifica de los habitantes de la Tierra de Gracia.

Durante estos días de convivencia ocupará preferentemente nuestra atención la Asamblea Conjunta de Obispos y Presbíteros, iniciativa de encuentro y comunión, ocasión privilegiada para escucharnos y orar juntos, para profundizar nuestra conciencia sacerdotal y animarnos mutuamente en el servicio del pueblo de Dios y, también, una ocasión propicia para discernir los signos de los tiempos e iluminar el camino de la Iglesia en la difícil situación económica y político-social por la que atravesamos los venezolanos. No será, pues, un formalismo jurídico, pastoral ni espiritual. Será una puesta en común, una profunda reflexión sobre la vida sacerdotal en el ámbito diocesano y nacional.

Panorama Nacional

Venezuela reclama un cambio urgente en todos los órdenes. Dejando lo económico y político a los especialistas, en el ámbito de lo social y ético. Da tristeza ver el progresivo deterioro de las instituciones y de la convivencia entre los ciudadanos.
  
Se ha perdido la confianza mutua. La imagen que sobresale ya no es la del abrazo de hermanos.
        
La nota más resaltante es la división interna de los sectores mayoritarios. El país se ha convertido en un rompecabezas difícil de armar. Más de nueve millones de venezolanos viven en pobreza extrema. Con el dialogo iniciado en febrero entre Gobierno y Oposición se esperaba encontrar caminos comunes para la superación de la conflictividad e ingobernabilidad. Pero sucedió lo que también muchos esperaban. El dialogo no fue más que una simple contingencia sin proyección ni consecuencias. Se congeló sin resultados. No obstante, el país sigue reclamando dialogo, entendimiento y sensatez. No un dialogo que sea solo un mecanismo para apaciguar la protesta, sino verdadero, con una agenda visible que conduzca a resultados tangibles. El dialogo es la alternativa no a la protesta pacífica sino a la conflictividad y la violencia sociales. El país no está en calma, se vive con sobresalto.

A nivel ético, la corrupción es el peor enemigo de la sociedad, de la economía y de la justicia. La Ley Habilitante en manos del Presidente de la República debería ser un instrumento eficaz contra la corrupción y formas o procedimientos ad latere , como el nepotismo.
        
Con testigos provenientes del medio estudiantil, político y del pueblo en general se evidencia que en Venezuela no se respetan los derechos humanos y que la Constitución Nacional y las leyes no son la última palabra en la administración del ajusticia sino la discreción de jueces y funcionarios y sus intereses por mantener el poder, los privilegios y el control político de la situación.

Los reiterados anuncios de intento de magnicidio y de golpe de estado son de escasa credibilidad y solo contribuyen a crear incertidumbre y a justificar la persecución política.

Hace apenas tres días el Papa Francisco, envió una carta al ciudadano Presidente de la República en la que, con vivo afecto encomienda a la protección de la Virgen de María de Coromoto, a todos los venezolanos para que avancen unidos por las sendas de la justicia, la concordia y el mutuo entendimiento en la edificación de una sociedad cada vez más solicita y reconciliada.

Es el mismo Papa que invito al Presidente de Israel y a la Autoridad Nacional Palestina a reunirse y a orar juntos por la paz del Medio Oriente. Ambos mandatarios sin ser cristianos, aceptaron la invitación.

Es el mismo Papa que atribuye al Mundial que se desarrolla en Brasil una dimensión profundamente humana, ético-social. En su mensaje a los participantes y al mundo entero escribe: Mi esperanza es que, además de una fiesta del deporte, este Mundial se pueda transformar en una fiesta de la solidaridad entre los pueblos… que los partidos de futbol sean considerados un juego y al mismo tiempo una oportunidad para el dialogo, el entendimiento, de mutuo enriquecimiento humano.

A pesar de todos los medios que nos hostigan internamente nadie puede negar que Venezuela es una nación con grandes recursos humanos de talento y valores morales, con una juventud que en su mayoría lucha denodadamente por construir y construirse un futuro de calidad.

En consecuencia es necesario derrotar el pesimismo y levantar la esperanza. Somos un pueblo creyente, de mayoría católica.

¡Invocamos ahora la fe de nuestro pueblo¡ No nos guiamos por una visión mágico-religiosa de la realidad sino que como el Doctor José Gregorio Hernández, descubrimos que no hay contradicción entre la fe y la razón sino que la fe ilumina a la razón.

Pongamos todo nuestro esfuerzo, desde los más diversos ángulos, por sacar el país hacia adelante y contemos con el apoyo divino. “ La esperanza en Dios no defrauda” (Ro 5,5).







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