lunes, 16 de junio de 2014

Francisco pide continuar por el camino de la oración, con los pobres y la paz



En visita misionera denunció a la economía especulativa que priva a los pobres “de lo esencial como la casa y el trabajo”, y consideró que es “¡inaceptable!”. También llamó a “rejuvenecer a Europa” y ayudarla para que encuentre sus raíces. “Es verdad que ha renegado de sus raíces pero tenemos que ayudarla a encontrarlas”.

Ramón Antonio Pérez
@GuardianCatolic / VIS

El Papa Francisco visitó este domingo 15 de junio en la tarde, la Comunidad de Sant'Egidio, en el barrio romano de Trastevere, y durante su intervención en la Basílica Santa María, expresó que la oración “preserva al hombre anónimo de la ciudad de las tentaciones, que también pueden ser las nuestras: el protagonismo por el cual todo gira a su alrededor, la indiferencia,y el victimismo”.


Sus palabras se produjeron después de rendir homenaje a la Madre de Dios de la Clemencia, la talla de María más antigua de Roma; y de escuchar a 8 personas de diversos países que dieron su testimonio de vida, desde el ángulo de la pobreza que a cada uno le ha tocado vivir: enfermedad, condición de emigrante, ancianidad y desempleo, entre otros.

Durante su visita a Trastevere estuvo acompañado por el Cardenal vicario de la diócesis de Roma, Agostino Vallini, y el fundador de la Comunidad de Sant'Egidio, Andrea Riccardi, que organizó la actividad junto a otros miembros de la comunidad cuya misión es el trabajo directo con los ancianos y los más pobres.

La visita del Obispo de Roma reunió a mucha gente que le esperaba en la Plaza de San Calixto para saludarle, recibir las bendiciones y un oportuno abrazo de hermandad. Pantallas gigantes fueron colocadas para verlo y escuchar sus palabras, dando preferencia a los ancianos, enfermos y niños en  la caminerías más próximas al Santo Padre.

En la medida en que se aproximaba al templo, el Papa colocaba la mano en la frente de enfermos, les brindaba palabras de aliento, y hasta daba tiempo para que los más hábiles se tomaran una foto con él o le entregaran algunas cartas. Al ingresar a la basílica comenzaron a escucharse fuertes aplausos que se entremezclaron con el canto: “Las bienaventuranzas de la paz”. Mientras Francisco caminaba por la nave central sasludando a las personalidades invitadas a este acto, el coro repetía: “Dichoso el hombre que trabaja por la paz, será llamado Hijo de Dios… será llamado de Hijo… será llamado Hijo de Dios”. Un vivo ambiente de misión que permitía ver a Francisco alegre entre los más pobres de este comunidad de la Ciudad Eterna.


Luego explicó el sentido de la oración considerando que es “el primer trabajo de vuestra comunidad, y consiste en escuchar la Palabra de Dios, el pan que nos da fuerza y que nos ayuda a continuar", dijo. "Quien mira al Señor, ve a los demás”, acotó siendo interrumpido por consecuentes aplausos.

“También vosotros habéis aprendido a ver a los demás, especialmente a los más pobres; y os deseo que viváis lo que ha dicho el profesor Riccardi que entre vosotros se mezcla el que ayuda y quien es ayudado. Una ayuda que poco a poco deja de ser ayuda para convertirse en el encuentro, en un abrazo. ¿Quién es el protagonista? Los dos, o, mejor dicho, el abrazo”.

Francisco se alegró al ver entre la gente a muchos ancianos y recordó la importancia de la alianza entre jóvenes y ancianos en la que todos reciben y dan. “Un pueblo que no cuida a sus ancianos y que no cuida a sus jóvenes -añadió- es un pueblo sin futuro, un pueblo sin esperanza. Porque los jóvenes -niños, jóvenes- y las personas mayores llevan la historia hacia adelante. Los niños y los jóvenes con su fuerza biológica y los ancianos, dándoles la memoria. Pero cuando una sociedad pierde su memoria, se acabó, está terminada”.

Asimismo el Papa habló de la cultura del descarte que actualmente vive Europa. “Una Europa cansada que no sabe qué hacer”. “Tenemos que ayudarla a rejuvenecer -dijo-, ayudarla a encontrar sus raíces. Es verdad que ha renegado de sus raíces pero tenemos que ayudarla a encontrarlas”. 

De esta manera recordó que la sociedad se inicia a cambiar desde los pobres y los ancianos. “Pobres que por desgracia hoy en día son siempre más pobres por culpa de la economía especulativa que les priva de lo esencial como la casa y el trabajo. ¡Es inaceptable! Quien vive la solidaridad no lo acepta y reacciona. Muchos quieren quitar del diccionario esta palabra -solidaridad- porque algunas la ven como una palabrota. Pues no es una palabra cristiana”.

El Papa animó a todos los que colaboran con la Comunidad desde otros países a ser amigos de Dios, de los pobres y de la paz: “Porque quien vive así encontrará bendiciones en la vida y será una bendición para los demás”. Antes de finalizar recordó la necesidad de la oración y el diálogo, éste último desde la propia identidad. “Seguid hacia delante por el camino de la oración, los pobres y la paz -concluyó-. Caminando así ayudáis a que crezca la compasión en el corazón de la sociedad, que es la verdadera revolución, esa de la compasión y de la ternura. Y también a que crezca la amistad en lugar de los fantasmas de la enemistad y la indiferencia”.

La Comunidad de Sant'Egidio



La Comunidad de Sant'Egidio tiene como misión el servicio directo con los pobres, y se fundamentó en la solidaridad hacia los ancianos en 1972, continuando a lo largo de los años con la fidelidad a las personas y a los problemas.

Explican en su web site que “encontramos a nuestros primeros amigos ancianos en Roma, en las barriadas de di Primavalle y Garbatella y justo después en Trastevere, en el centro histórico, cuando se volvieron a abrir las puertas antiguas del monasterio de Sant'Egidio para acoger la oración vespertina de la Comunidad”.  

“Está presente desde el inicio y se ha diversificado con el paso de los años para responder a las nuevas exigencias que poco a poco se iban presentando: escuelas de la paz, personas sin techo, extranjeros inmigrantes, los ‘nuevos europeos’, refugiados, gitanos, personas con discapacidad y ancianos solos”.


En Roma –al igual que en cualquier lugar del mundo donde esté presente una Comunidad de Sant’Egidio– los pobres ocupan el centro de la atención y de la escucha, son a pleno título familiares de la Comunidad.


Este joven de El Salvador dio su testimonio frente al papa Francisco, hablando del trabajo que realizan desde su comunidad en ese país y las distintas experiencias que le ha tocado vivir.



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