jueves, 1 de noviembre de 2007

Centro Vocacional de la Arquidiócesis de Caracas


Treinta y tres jóvenes definen su vocación sacerdotal

Ramón Antonio Pérez

Caracas, 30 de octubre de 2007. La vocación al sacerdocio o vida consagrada es un misterio entre un Dios que llama por amor, y un hombre o mujer, que le responde de manera libre, y también por amor. El llamado a consagrarse a ese Dios, es entonces una manera de seguir en el mundo, con la plena intención de ayudar a Cristo en su tarea de salvación, pero sin ser del mundo. De allí que la decisión de una persona para entregar su vida y ayudar a los demás hombres en su salvación, conlleva una sabia decisión de vida.

Esta son algunas de las reflexiones que se producen en las Jornadas de Pastoral Vocacional Arquidiocesana, recientemente instaladas por el Arzobispado de Caracas, en el Colegio La Consolación, de Las Palmas. 

El llamado del Cardenal Jorge Urosa Savino, en el sentido de que “Caracas ha crecido y está como oveja sin pastor; por tanto, no tengamos miedo de remar mar adentro y echar las redes para pescar”, todavía resuenan en los asistentes, como una manera de incentivar el llamado a nuevos sacerdotes.


Acompañamiento al aspirante sacerdotal


Una de las instancias que motiva y participa de estas jornadas, es el Centro Vocacional de la Arquidiócesis de Caracas. Desde hace tres años está a cargo del padre Jaime Villamizar, responsable del Secretariado de Pastoral Vocacional. Expuso que el objetivo del Centro es fomentar que los jóvenes de las diferentes parroquias, puedan definir su destino en función de una entrega total a una vida consagrada como sacerdotes, religiosos o religiosas.

Actualmente treinta y tres jóvenes están incorporados a esta instancia de acompañamiento, motivación y discernimiento, para modelar sus aspiraciones al sacerdocio”, dijo el padre Villamizar. 


Las actividades del Centro Vocacional, “se inician con el año académico y los jóvenes cumplen jornadas de asistencia continua los días sábados, también llamados sábados vocacionales o integrales”, agregó.

Destacó el padre Villamizar que entre las orientaciones que reciben los aspirantes están los apoyos de tipo psicológico, pastoral, espiritual, vocacional y orientación familiar. “Actualmente hay un buen porcentaje de estos muchachos que ha mostrado una recta intención e interés, depurando y reafirmando el llamado a ser sacerdotes; y en abril, se inicia para ellos una etapa decisiva”, puntualizó.

Hablan los aspirantes


Antonio Moreno

Es un entusiasta joven de 17 años, estudia quinto año y es monaguillo de la parroquia Santa Paula. Al ser consultado sobre sus aspiraciones al sacerdocio, expresó: “Me siento llamado al sacerdocio, a entregar mi vida a Cristo y al servicio espiritual de la gente. Dios ha querido que yo naciera para esto”. 

Señaló que “ha recibido apoyo de su señora madre de quien ha recibido mucha motivación y orientación, para la decisión de ingresar al Seminario, Dios mediante, el próximo año”.

Ronni Pérez. Otro de los jóvenes que sienten el llamado de Dios al sacerdocio es Ronni Pérez. Tiene 27 años y labora en la parroquia María Auxiliadora de Boleíta. “Para mi el llamado que siento al sacerdocio es más que un sentimiento; Dios me lo ha permitido experimentar mediante otras personas, en la oración y en las orientaciones recibidas, especialmente después que ingresé a la experiencia del Centro Vocacional”, dijo. 


Fortalece su aspiración en la palabra de Dios y con frecuencia dice que se refugia en el salmo que recita la esperanza: “Haz la prueba y veras que bueno es el Señor”. También dice sentirse motivado por el hecho de que “los sacerdotes son hombres que se identifican con toda la gente sin importar su condición social; visitan los barrios; brindan educación a los más necesitados y siempre motivan la esperanza para todos”.

Jesús Rangel. Este joven aspirante a sacerdote tiene 19 años de edad y está residenciado en Baruta. “Desde niño me he sentido motivado a ser sacerdote; siempre me acerqué a la Iglesia para escuchar hablar de Jesús, el único modelo que los hombres debemos seguir para imitarlo en su vida”. 


Agregó que “quisiera ser un sacerdote joven para motivar a otros muchachos a que se acerquen a Dios, porque solo Él es quien llena nuestras vidas y nos puede apartar de caminos falsos”. 

Estima que un sacerdote “debe ser carismático, alegre y servicial para establecer buenas relaciones de amistad con todas las personas”.



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