Iglesia y médicos llevan salud física y espiritual a vecinos de la Carretera Vieja Guarenas - Petare

La Fundación Diocesana de la Salud y la Parroquia Copacabana unieron esfuerzos para atender a las comunidades más vulnerables de la Carretera Vieja de Guarenas, transformando una jornada médica en un despliegue de fe, solidaridad y alivio.

Ramón Antonio Pérez | El Guardián Católico 
Publicado el 18 de mayo de 2026

​El dolor y la necesidad suelen tocar con fuerza a las comunidades más alejadas, pero el pasado domingo 17 de mayo, la respuesta que llegó a la Carretera Vieja Guarenas - Petare no fue el olvido, sino una contundente manifestación de amor y compromiso social. 

En los sectores de Agua Amarilla, Izcaragua y Ochoa del municipio Plaza del estado Miranda, el amanecer no fue uno cualquiera; se convirtió en una jornada donde la medicina y la fe se dieron la mano para abrazar a los más vulnerables.

​La Unidad Educativa Estadal "Antonio María Piñate" transformó sus espacios habituales de aprendizaje en un gran centro de sanación y esperanza. 

Desde muy tempranas horas de la mañana, un equipo multidisciplinario de la Fundación Diocesana de la Salud "San Rafael Arcángel", liderado por la Dra. María Collazo, junto a los voluntarios de la Parroquia Nuestra Señora de Copacabana de Guarenas, bajo la guía del párroco Valdemar González, se desplegaron con el propósito de ser un canal de bendición.

​"Hoy no fue un día común; fue una jornada donde la fe y la acción se unieron para llevar alivio a quienes más lo necesitan", relata una conmovedora nota a la que tuvo acceso El Guardián Católico.

La jornada médica reflejó además la entrega y la esperanza que caracterizó cada consulta y la palabra de aliento compartida con los pacientes de estas comunidades.

​Más allá de los diagnósticos clínicos, la actividad se convirtió en un bálsamo para el espíritu de una población que resiste con dignidad ante las adversidades. 

Los organizadores destacaron que la jornada superó con creces todas las expectativas iniciales. El éxito no se midió únicamente en la notable cifra de pacientes atendidos, sino en el profundo impacto humano, las sonrisas recuperadas y los lazos comunitarios fortalecidos.

​Para los médicos y especialistas, la jornada no representó un trabajo, sino un apostolado. Atender a niños, abuelos y madres de estos sectores vulnerables significó sembrar una semilla de luz en medio de la incertidumbre. 

Asimismo, el voluntariado parroquial demostró que la solidaridad organizada es capaz de movilizar voluntades y transformar realidades concretas.
Al caer la tarde, el balance final dejó una estela de profunda satisfacción y la certeza de que este es solo el comienzo de un camino más largo. 

"Nos retiramos con el corazón lleno de gratitud, sabiendo que la labor no termina aquí; seguiremos caminando con fe, llevando salud y esperanza a donde Dios nos guíe", concluyeron los organizadores.

​Vaya un reconocimiento y felicitación institucional a cada uno de los profesionales de la medicina, enfermería y voluntarios de la Parroquia Nuestra Señora de Copacabana de Guarenas. 

Su entrega desinteresada es el testimonio vivo de que, cuando una comunidad se une con el firme propósito de ayudar, la esperanza siempre encuentra un camino para florecer.




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