Durante celebración de la Divina Misericordia en Guarenas, fueron expuestas las reliquias de san Juan Pablo II, santa Faustina Kowalska y el beato Miguel Sopocko, promotores de la devoción. El padre Pedro Guerra predicó: “alegría, la paz y el perdón, son señales de la Divina Misericordia”
Guarenas, 26 de abril de 2022
Monseñor Tulio Luis Ramírez Padilla, obispo de la Diócesis de Guarenas, presidió la misa del domingo 24 de abril, fiesta de la Divina Misericordia, en la parroquia Asunción de María.
Todavía en resguardo contra el Covid-19, la celebración se cumplió al
aire libre y con medidas de seguridad, frente al templo de la Villa Panamericana, en Guarenas.
El párroco David
Dziedzic (padres palotinos), recibió a los devotos y miembros del movimiento
de apostolado procedentes de otras iglesias parroquiales de la Vicaría de
Guarenas que comprende Guarenas, Guatire y Araira.
Monseñor Tulio invitó a “no cerrar
las puertas”
“El papa Juan Pablo II nos dejó instituida la festividad de la Divina Misericordia”, recordó el obispo en la homilía.
Al hablar de la lapidaria frase
del apóstol Tomás acerca de la resurrección: “ver para creer”, monseñor
Tulio recordó la promesa de Jesús: “dichosos los creen sin haber
visto”.
Expresó que cada uno de los creyentes debe estar pendiente de lo que Dios puede anunciarle.
Dios siempre quiere levantarnos de la caída porque cuando uno peca se hunde. Dios tiende su mano y nos levanta porque no ama, tiene misericordia de nosotros y porque le interesamos. Dios conoce nuestra debilidad y sabe que lo necesitamos.
El prelado también habló de las conversaciones de Sor Faustina de Kowalska con Jesús, de donde surge la devoción a la Divina Misericordia. Por ello, invitó a reflexionar en torno a la frase:
Yo soy el amor, la misericordia misma. No existe miseria que pueda medirse con mi misericordia (…) Hija dame tu miseria. Indicó el obispo: el Señor espera entonces que le des tu caída para poder levantarte.
Encuesta de Sinodalidad
El Obispo habló de la Encuesta de Sinodalidad dirigida al pueblo de Dios
que peregrina en la Diócesis de Guarenas. “No podemos ir unos por un lado y
otros por otro lado porque Dios es un Dios de orden”, dijo al respecto.
No cerremos nunca la puerta de nuestros apostolados, de nuestros ministerios. motivó en sus palabras. “Cuando vi los resultados me alegré porque no son los sacerdotes o diáconos quienes cierran la puerta (…) Necesitamos sanar heridas y esa sanación viene Dios.
Así también, hacia el final de la homilía, llegó a expresar:
No podemos rechazar a nadie porque esta casa (se refería a la Diócesis de Guarenas) es de puertas abiertas.
“Inspirados por el Espíritu Santo y
a la luz del evangelio, haremos de este proceso sinodal una experiencia en la
que vivamos el don de la unidad, para valorar la iglesia que tenemos y de esta
manera, dar inicio a ese caminar juntos hacia la iglesia que todos
deseamos para la gloria de Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote”, dice el enlace de la
Encuesta de
Sinodalidad, referida por monseñor Tulio Ramírez.
Como sacerdotes, religiosos, seminaristas, como laicos, como comunidades parroquiales y como bautizados, somos convocados a esta gran consulta eclesial, a la cual solicitamos responder con generosidad y principalmente con apertura de corazón.
“Que el Espíritu Santo haga de este
Sínodo un tiempo de gracia en el que, como Iglesia Diocesana de Guarenas,
Guatire, Araira y Barlovento, podamos experimentar su paso y misericordia por
nuestra realidad”.
Padre Pedro Guerra: La alegría de
los discípulos al ver a Jesús resucitado
El padre Pedro José Guerra Martínez, párroco de “Jesús Obrero” de Los Naranjos, Guarenas, invitado a esta celebración, predicó basado en citas bíblicas sobre la Resurrección de Jesús, motivando a la lectura de la Biblia.
“La Palabra de Dios es el arma espiritual de los cristianos”, dijo. Desde el Evangelio de san Juan (20, 20), afianzaba la expresión: “Jesús les mostró las manos”.
A partir de allí predicó el amplio contenido de tres palabras clave: “alegría, solidaridad y perdón”, que el padre Guerra Martínez llama “las señales de la misericordia”.
Alegría. Indicó que los discípulos se
llenaron de alegría al ver a Jesús resucitado. Por su parte, al mostrar sus
manos y costado heridos “Jesús muestra cuán profundo es su amor”. Por
eso la primera señal de la Misericordia es la alegría. Las personas son
verdaderamente devotas de la Divina Misericordia si se llenan de alegría,
explicó.
La gente que no se sabe reír lleva la vida como una carga (…) Jesús resucitó para que seas una persona llena de alegría como los discípulos, afianzó en su prédica.
Paz. Durante su predicación el padre
Pedro Guerra habló también de la paz como la segunda señal de los devotos de la
Divina Misericordia. “De nada vale pedir por la paz del mundo si en tu
corazón no hay paz”, acentuó. Comentó que las preocupaciones de la vida
tienen descanso y serenidad en la paz que viene de Dios. “Así se vive la
misericordia de Dios”, acentuó.
La gente resentida, las familias resentidas y las sociedades resentidas nunca tendrán paz porque siempre andarán con una cuenta pendiente (…) Jesús a pesar de sus sufrimientos, conocer la traición y padecer la muerte, no tuvo rencor.
Perdón. El tercer aspecto que caracteriza a
los devotos de la Divina Misericordia es el perdón porque Jesús perdonó. “No
hay otra cosa que se llame misericordia de Dios sino hay perdón”, enseñó
desde el pórtico de la parroquia
Asunción de María.
Nuevas consagradas a la Divina
Misericordia
Durante la ceremonia cinco nuevas
integrantes del Movimiento de Apostolado de la Divina Misericordia de la
parroquia Asunción de María, fueron consagradas por el obispo diocesano. Se
trata de Marlina Español, Nereida Rengifo, María Elena de Torres, María Berta
Terán de Méndez y Carmen Quintana. Esta vez no hubo varones.
Según explicó el padre David Dziedzic, cada año en esta parroquia, durante la festividad de la Divina Misericordia, consagran a los nuevos integrantes del movimiento. De hecho, realizaron una oración y recibieron una medalla insignia de parte del Obispo.
Hacia el final de la eucaristía, Yurman Deroy, responsable diocesana del Movimiento de la Divina Misericordia, agradeció a los sacerdotes y devotos por la asistencia.
Reliquias de promotores de la Divina
Misericordia
Durante la misa, fueron presentadas
las reliquias de tres grandes promotores de la Divina
Misericordia: San Juan Pablo II, Santa Faustina de Kowalska y el
Beato padre Miguel Sopocko quien fue consejero de la religiosa. Todos ellos de
origen polaco.
El Papa Juan Pablo II canonizó el 30 de abril del año 2.000 a Santa Faustina Kowalska y proclamó la fiesta de la Divina Misericordia, a celebrarse todos los años el segundo domingo de Pascua.
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