viernes, 23 de diciembre de 2016

Monseñor Moronta envía su Mensaje de Navidad y Fin de Año 2016


 El Obispo de San Cristóbal envió su Mensaje de Navidad y de Año Nuevo 2016, al presbiterio diocesano, a los laicos católicos y personas de buena voluntad en el estado Táchira.

“La gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres y nos ha enseñado a renunciar a la vida sin religión y a los deseos humanos” (Tito 2,11).
1.- Atentos como hemos de estar al “paso continuo” del Señor Jesús en medio de nosotros, hacemos memoria de su Nacimiento y comprobamos cómo al contemplar su gloria seguimos recibiendo “gracia sobre gracia” (Jn 1, 16) en todo momento, especialmente el año 2017 que está por iniciarse. La preparación y celebración de la Navidad del 2016, así como la bienvenida del nuevo año se realizan en uno de los momentos más duros y oscuros de nuestra historia en Venezuela. La crisis política, económica y social, ahondada por la gravedad de la crisis moral, ha generado incertidumbre, desconfianza, desesperanza e indefensión por parte de la población.
2.- La Navidad es celebración del amor de Dios quien envió a su Hijo para darnos la salvación. No es ni un sentimiento ni una actividad de carácter cultural. Es la fiesta del Emmanuel –Dios con nosotros- quien vino a redimir a la humanidad y les dio a todos los seres humanos la capacidad de llegar a ser hijos de Dios (cf. Jn 1,12). El Señor Jesús al encarnarse se hizo semejante en todo a los hombres menos en el pecado. La inmensa riqueza de su presencia se siente con su “paso” –Pascua- en medio de la historia humana, historia de salvación. También la celebración de la Navidad adquiere ese sentido pascual de liberación de la humanidad del pecado y sus consecuencias nocivas.
3.- Estamos invitados a conmemorar el misterio de la Encarnación y del nacimiento del Hijo de Dios dejándonos llenar de su fuerza para vencer las oscuridades que rodean a la sociedad. Precisamente por su dimensión pascual, la Navidad también es fiesta de la Luz. Celebramos con alegría y esperanza la llegada de la “Luz del mundo” que da vida a los seres humanos (Cf. Jn 8,12); es la Luz de la Verdad que libera a todo hombre de la esclavitud del pecado (v.13) con la cual iluminamos el camino a seguir y nos permite desbaratar todo tipo de tiniebla que pretenda obnubilar nuestra existencia.
CON LOS PIES DESCALZOS…

4.- En el desierto, Moisés recibió la misión de liberar al pueblo de Israel de la esclavitud. Yahvé había escuchado el clamor de su pueblo. Entonces decide llamar a Moisés para esa tarea. Lo hizo desde una “zarza ardiente”. Este episodio va a marcar la vida de Moisés. Yahvé le pide descalzarse al llegar al sitio antes mencionado. Allí le dice: “He visto cómo sufre mi pueblo…por eso he bajado para liberarlos…he escuchado sus clamores… Por tanto, ponte en camino que te envío ante el faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, los israelitas” (cf. Ex. 3,1ss). ¿Por qué Moisés debía descalzarse para atender la llamada de Dios? Sencillamente implicaba dejar a un lado todo aquello que lo separara del pueblo a ser liberado. Él había pertenecido a la corte del faraón. Ahora debía presentarse ante él, sin privilegios ni prebendas. Con los pies descalzos, es decir, con la misma condición de sus hermanos israelitas.
5.- Lo mismo sucedió con Jesús, según nos lo enseña el Apóstol Pablo. Al encarnarse para liberar a la humanidad se despojó de su calzado y así hacerse como los hombres: “El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz.” (Filip. 2, 6-8). En estos días de Navidad contemplamos este misterio: Jesús lo hizo todo por amor y para elevar la dignidad de los seres humanos maltratada y golpeada por el pecado.
6.- Una de las mejores formas de celebrar la Navidad y darle la bienvenida al año nuevo es imitar a Moisés y a Jesús. Esto conlleva despojarnos de nuestros calzados de comodidad y privilegios que nos puedan separar de los demás; y además asumir la humildad a Jesús para no considerarnos superiores a los demás. Frente a las duras situaciones que todos estamos pasando, el ejemplo de Moisés y de Jesús nos ayudan a entender cómo también hemos recibido la llamada para escuchar el clamor de tantos hermanos nuestros que sufren y alentarlos con un serio y decidido compromiso por su liberación integral
7.- Son demasiados los clamores de nuestra gente. Incluso muchos de nosotros los gritamos al sentirnos desprotegidos y hasta abandonados. Vivimos en una especie de esclavitud producida por el pecado del mundo con sus efectos de individualismo, corrupción y menosprecio de la dignidad humana. Quienes deberían estar pendientes de la gente le han dado la espalda y prefieren caminar por otras sendas más amplias de soberbia y altivez. En particular, los más pobres e indefensos están necesitados de una mano capaz de conducirlos a la superación de su situación. Todo discípulo de Jesús debe mostrar cercanía a los pobres: “la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Co 8, 9)» (BENEDICTO XVI, Discurso Inaugural Conferencia de Aparecida, 13 de mayo 2007). Como miembros de la Iglesia, dejando a un lado de manera radical cualquier tipo de prebenda, nos corresponde mostrar el camino de libertad inaugurado por el Señor Jesús en comunión solidaria con todos los hombres y mujeres en esta región donde la crisis ha adquirido tintes especiales.
8.- Nuestra sociedad está sumamente golpeada y en estos días de celebraciones navideñas se siente mucho más. Condenamos las acciones violentas y vandálicas ocurridas en La Fría, Coloncito, Abejales, así como en Ciudad Bolívar. Ellas han dejado profundas heridas en quienes perdieron sus pertenencias y el esfuerzo de sus trabajos de años y en aquellos que al ver con angustia lo que sucedía, sintieron el abandono de quienes debían haberle prestado seguridad. El Estado y la sociedad deben hacer un esfuerzo para mostrar solidaridad con quienes fueron despojados de sus bienes y, a la vez, garantizar la tan anhelada seguridad a todos los ciudadanos. Los católicos y personas de buena voluntad hemos de dar ejemplo de solidaridad con quienes están padeciendo las causas de la irracionalidad. A los violentos y vándalos autores de esos actos, les llamamos la atención: deben resarcir los daños causados, tanto materiales como morales, y no sólo pedir el perdón necesario. Apelamos a su conciencia. 
CON JOSÉ, EN BUSCA DE POSADA. 
9.- Nos relata el evangelio que José, al llegar a Belén con María a punto de dar a luz, no pudo conseguir posada en el mesón. Las puertas se le fueron cerrando y así el Hijo de Dios hubo de nacer en la pobreza extrema de una pequeña cueva y reposar sus primeros instantes de existencia humana en un pesebre. Él, inmensamente rico, nació tremendamente pobre para luego darnos la mayor de las riquezas: convertirnos en hijos de Dios. José no abandonó ni a María ni a Jesús: supo resolver la emergencia sin renegar de Dios ni maldecir a nadie. Junto con María, tuvo la gracia de contemplar por primera vez la Luz de Dios en Jesús, el Salvador.
10.- En esta Navidad se vuelve a repetir la misma escena, aunque con características diferentes. Muchas las puertas se han venido cerrando a la llegada del Salvador. El desprecio, el olvido y el abandono de los ciudadanos en nuestro país provocan una situación donde la rabia, el desconsuelo, la desesperanza y la indefensión se hacen presentes y crecen peligrosamente. Las medidas económicas recientes han sido recibidas como una burla a la gente: hay desconfianza y poca credibilidad en la dirigencia política. En la calle, se perciben serias críticas a los dirigentes políticos de todos los colores. Para colmo, además de la escasez y desabastecimiento, aunado a la especulación de quienes pretenden manejar la economía básica de la gente, crecen las colas para el necesario abastecimiento de gasolina; hay falta de alimentos y medicinas y se hace sentir el hambre en no pocos grupos familiares, en especial los más pobres. Existen mafias que quieren controlar la vida de los ciudadanos quienes sienten indefensión ante la ineficacia del Estado que no las combate ni elimina. Nuestra frontera con Colombia no termina de abrirse de manera definitiva.
11.- ¿Cómo celebrar la Navidad en una situación como ésta? La respuesta la podemos encontrar de dos maneras: una primera el hacer lo contrario de quienes le cerraron las puertas a José. Ello implica ser solidarios y misericordiosos, sin pensar que somos mejores que los demás. Nos corresponde abrir las puertas de nuestros hogares, comunidades e instituciones a todos para que nadie pase necesidad y podamos albergar al Niño Jesús quien renace en cada uno de nuestros corazones. Pero, a la vez, en segundo lugar, hacer como José: seguir tocando las puertas para ver si se nos abren o si no, también, ofrecer la seguridad de nuestra caridad y solidaridad para que se pueda recibir a tantos “niños Jesús” representados en el dolor y en el sufrimiento de nuestra gente. No podemos darnos el lujo de imitar a quienes dan la espalda al pueblo.
12.- Cantamos en uno de nuestros aguinaldos más tradicionales de Venezuela que “somos gente de paz”. Hemos de demostrarlo en Navidad y a lo largo del nuevo año. No es con la violencia ni con actitudes egoístas como vamos a resolver la crisis. Hay quienes apuestan a ella y no saben que producirán frutos de muerte y de odio. No es con saqueos, ni con extorsiones, ni con “matraqueos”, ni con vandalismos como podremos salir adelante. Es la hora de un cambio radical en todos: los dirigentes políticos, los ministros de la Iglesia, los profesionales, los obreros y campesinos, los jóvenes, los estudiantes… en fin, todos debemos presentarnos como edificadores de la Paz. Así podremos celebrar dignamente esta Navidad. ¿Por qué no hacerlo? Invitamos a todos los violentos y corruptos, a quienes se dedican a sembrar muerte con el narcotráfico y la delincuencia, a quienes buscan eliminar la dignidad de la persona humana y destruir la familia, a quienes han optado por enriquecerse a costa de los demás y al “bachaqueo”… a abrir las puertas de sus corazones para así permitir que el Niño Dios renazca en ellos. ¡Conviértanse! Los esperamos con los brazos abiertos del perdón y la reconciliación, sin impunidad y con justicia, para hacer juntos del año nuevo un tiempo de amor y de paz. Conviértanse y acepten el cambio que les propone el Señor Jesús con la luz de su Evangelio.  
AUNQUE LLENOS DE PROBLEMAS…NO DESESPERAMOS. 
13.- El Apóstol Pablo nos ofrece una recomendación para aplicarla en este tiempo de crisis cuando celebramos la fiesta de la Navidad: “Así aunque nos sobrevienen pruebas de toda clase, no nos desanimamos” 4,8). Precisamente en la Navidad encontramos la razón de ser de nuestra existencia y la fuerza para vencer las dificultades del mundo: la presencia amorosa y transformadora de Jesús quien nos hace hijos de Dios, liberados para liberar a los hermanos. Con esta condición podemos hacer realidad la fuerza del amor fraterno: entonces podremos demostrar en este tiempo lindo de Navidad que no nos preocupan los aspectos materiales, sino la fuerza viva de la Palabra de salvación con la cual somos capaces de construir el Reino de Justicia, paz y amor inaugurado por el Niño de Belén.
14.- Desde esta misma actitud nos hacemos eco de los clamores de nuestra gente, para que ella no se desespere ni pierda el horizonte. Hacemos un llamado a las autoridades civiles y militares, a todos los dirigentes políticos, sociales, empresariales y económicos, a los responsables de instituciones… a asumir  lo que el Papa Francisco ha denominado el “gusto espiritual de ser pueblo” Ev. G. 268). No den la espalda al pueblo, pues ustedes también forman parte de él.. Que quienes tiene la responsabilidad de dirigir el país, cualquiera que sea su posición, den ejemplo de diálogo y de entendimiento no para buscar sus intereses particulares sino el bien común de todos. Un buen ejemplo nos darían si de verdad se concreta el diálogo para ir asumiendo y respetando los acuerdos hacia una solución a la crisis y, sobre todo, para mostrar respeto y consideración al pueblo venezolano. A todos los cristianos, laicos y sacerdotes, religiosos y agentes de pastoral les pedimos actuar identificados en el nombre de Cristo. Navidad debe ser un tiempo de renovación.
15.- Es tiempo para la reconciliación. El año nuevo 2017 debe ser continuación de nuestro caminar por las sendas de la misericordia y de la reconciliación. Esto lo celebramos y preparamos mejor aún en la Navidad. En medio de las dificultades, no nos dejemos llevar por el desconsuelo, sino sintamos la fuerza que viene de lo alto para ayudar a construir en Venezuela y en nuestra región el Reino de Dios. No hacerlo es cerrar las puertas que José y su Sagrada Familia desean se les abra. Hacerlo es reconocer que somos capaces de actuar en el nombre de un Dios de amor que todo lo puede.
16.- Al desearnos feliz navidad y un año nuevo rico en la gracia de Dios, nos encomendamos a la maternal protección de María del Táchira y de San José. Que Dios Uno y Trino nos siga bendiciendo y dando el entusiasmo de la fe, de la esperanza y del amor para ser testigos y servidores de la justicia y de la paz. 
Con mi cariñosa bendición de pastor,
+Mario del Valle, Obispo de San Cristóbal.

San Cristóbal, 22 de diciembre del año 2016.



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