martes, 22 de noviembre de 2016

La Virgen de Chiquinquirá: Una espiritualidad zuliana


Virgen de la Chiquinquirá, venerada como patrona en Maracaibo, estado Zulia - Venezuela.
"La Virgen es como un candelabro que hace brillar la luz divina en el mundo"

Padre José Andrés Bravo // @joseabh

En estos días el pueblo zuliano enfoca con mayor relieve su atención hacia la Virgen de Chiquinquirá, la Chinita de Maracaibo, la Sagrada Dama del Saladillo, la Zuliana de los Zulianos o como queramos decirle, porque los zulianos nos tomamos la libertad de llamarla con una gran confianza, con nombres que la identifican con nuestra cultura, nuestra idiosincrasia. Así la sentimos cada vez más cerca y más amada.

Los zulianos somos chiquinquireños. Igual que los cristianos somos marianos. Porque, en nuestra genuina espiritualidad, los seguidores de Jesucristo nos sentimos amados por su Madre. Aquella que el crucificado nos entregó como nuestra Madre y, como lo hizo el discípulo amado, la hemos recibido en nuestro hogar. 

Es precisamente en este acontecimiento que narra el Evangelio según San Juan (cf. Jn 19, 25-27), donde Jesús anuncia el nacimiento de la nueva familia, en la que todos somos hermanos, con el mismo Padre Dios y la misma Madre María. Los cristianos somos hijos amados porque estamos configurados al Hijo amado. Amados por nuestro Padre común que es también el Padre de Jesucristo y la misma Madre común que es su misma Madre María.

Los Zulianos también somos la familia de Dios y a esta Madre la veneramos e invocamos como Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, la Reina del Lago, Chinita amada. Ya hace muchísimos años que se reveló humilde como nuestro pueblo, a orillas del inmenso Lago del Coquivacoa, a una señora pobre de El Saladillo quien la custodió hasta que fue llevada a la Ermita de San Juan de Dios que luego se convertiría en la bella Basílica de Chiquinquirá. 

A partir de entonces la Basílica es el lugar de encuentro espiritual de los Zulianos entre sí y con Dios, por medio de la Virgen que nos lo muestra. Ahí acudimos todos, sin vestimentas de poder, sin las prebendas humanas que nos distinguen, sin la soberbia que nos encierra en nosotros mismos e impide el encuentro con el otro humano y con el Otro divino.

Encuentro de amor, sin otra razón que la búsqueda de Dios. Ahí, podemos observar los hechos más sencillos, donde la persona humana se inclina al Absoluto de quien se sabe necesitada. Para pedirle a Jesús por mediación de la Madre buena, Chinita, porque para nosotros es Guajira y a los Guajiros los identificamos como chinos y chinas, chinitos y chinitas. 

Ante la imagen de esta Madre Guajira, pedimos empleo, salud, liberación de los vicios, salvación de matrimonios en crisis, paz y justicia para la sociedad, liberación de secuestrados, y muchas otras necesidades más que seguro son peticiones escuchadas con amor solícito por nuestro Padre Dios y nuestra Madre Chinita.

Esto lo sabemos porque el mismo Señor nos lo ha revelado en su Evangelio. La Madre de Dios es nuestra mejor medianera. Ella, como lo hizo en las bodas de Cana de Galilea (cf. Jn 2,1-11), se fija en las necesidades humanas y siente sus carencias: “No tienen vino, les falta alegría, felicidad”. Luego se acerca a su hijo Jesús para expresarle con confianza materna que atienda nuestras necesidades. Enseguida se vuelve a nosotros y la Señora nos invita a hacer lo que el Señor nos pide. Así, cumpliendo la voluntad de Dios, podemos sentir la acción salvadora que hace el milagro de la fraternidad, la fiesta del amor, donde María también está presente con su digna misión de Madre medianera.

Con la misma sinceridad, le entregamos a María de Chiquinquirá nuestras mejores ofrendas. Los premios ganados por cualquier zuliano son para la Virgen. Desde el trofeo de la Serie del Caribe, las diversas bandas de concursos de bellezas, así como títulos académicos o el primer salario obrero. Hasta el solideo del santo Papa Juan Pablo II en su extraordinario encuentro con nosotros en 1985. Pero, la Virgen sólo quiere que sus hijos se amen entre sí, se cuiden y protejan mutuamente, expresen su solidaridad por los más necesitados y nos sintamos la Gran Familia de Dios, la Familia Chiquinquireña.

Les cuento que es Dios quien asocia a la joven María de Nazaret a su plan de salvación a la humanidad y le pide que sea la Madre del Salvador (cf. Lc 1, 26-38). Ella, con una fe sincera, le responde con obediencia y expresa que este Dios que la elige hace cosas maravillosas con “su sierva”. A partir de entonces, siente que los cristianos de todos los tiempos la amamos y la veneramos como la bienaventurada (cf. Lc 1,46-55). Es decir, la bendecida por Dios.

Es maravilloso el misterio que se revela en la persona de la joven virgen de Nazaret. 

Con su obediencia, se manifiesta el acontecimiento de la encarnación que hace plena la historia. El Hijo eterno, la segunda persona de la Santísima Trinidad, se hace humano como nosotros. Al participar Dios de nuestra naturaleza humana en el seno limpio y puro de la Nazarena, nosotros podemos gozar de su naturaleza divina. 

Ella le da su naturaleza humana y recibe para nosotros la naturaleza divina de Dios. Recibiendo al Hijo encarnado en la fe humilde, en la entrega generosa, comprometiéndose con la causa salvadora y libremente obediente. Así le da a luz en este mundo y lo entrega a la humanidad que goza de su presencia salvadora. Cristo es la luz verdadera que ilumina al mundo. La Virgen es como un candelabro que hace brillar la luz divina en el mundo.


En este sentido, los zulianos creemos en la Virgen Chinita como la Aurora bonita, aquella que le da paso al Sol de Justicia (cf. Malaquías 4,2), el Sol que nace de lo Alto (cf. Lc 1,67-79), al Redentor de la humanidad. 

Este es el genuino significado de la extraordinaria procesión de la Aurora, para mi gusto, la más bella, llena de fantasía, de cantos y colores, de expresiones culturales, de zulianidad: “Noche de emoción bendita/ aquella de El Saladillo/ cuando al son del estribillo/ el pueblo espera la hora/ de que le llegue la aurora/ y aparezca la Chinita/ y Ella se asoma bonita/ y el pueblo de emoción llora”, reza el pueblo cantando gaitas.

El Presbítero Andrés Bravo es Director del Centro de Estudios de Doctrina y Praxis Social de la Iglesia, en la UNICA

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