lunes, 5 de septiembre de 2016

Artículo de Monseñor Fernando Castro: “Madre Teresa Pobre”


El cielo revienta en aleluyas con motivo de la canonización de la Madre Teresa de Calcuta.

Fernando Castro Aguayo // Obispo de Margarita

“La misericordia humana no será́ auténtica hasta que no se concrete en el actuar diario”: son palabras del Papa Francisco en su audiencia de la Misericordia en las vísperas de la Canonización de la Madre Teresa.

Yo he sido testigo de lo que sus hijas hacen. Buscan a los indigentes y los bañan, asean, les dan ropa limpia y los alimentan. En sus albergues tienen a niños que sus madres (pobrecitas) han tirado en la basura como desechos humanos. Niños deformes, con muchos tipos de enfermedades y deficiencias congénitas. 

¡Cuánto bien nos hace darle de comer! Ayudar a un niño que le pongamos la “papilla” en la boca, porque si no él no podría hacerlo. O escuchar la risa de un niño que su boca y su cabeza le ocupa más de la mitad del cuerpo, por su deformidad innata. Los apestados, sarnosos y portadores de piojos, ellas los limpian y curan con ayuda de otros. 

La Madre Teresa en persona cuenta su primera experiencia: “en 1952 pudimos abrir el primer hogar del moribundo. A mí me ocurrió el primer caso, el de una mujer tirada en plena calle. Se la estaban comiendo las ratas y las hormigas”. Hasta ahora sólo en Calcuta han podido asistir a más de 20.000 personas. Ellas buscan a los pobres dentro de los más pobres.

Una caridad que sólo se consigue en la oración y contemplación de Dios. “Señor, confío en ti para hacer lo que tu harías con los más pobres”. ¡Qué alegría tan grande que en este año de la Misericordia suceda esta glorificación de la Madre Teresa!  ¡Qué don tan grande del Señor si tuviéramos las entrañas de misericordia y compasión que el Señor dio a la Madre Teresa!

Cuando miramos a Dios nos humanizamos. Ella ha sido un regalo para el mundo. A la vez es una llamada a que nos abstengamos de lo superfluo para trabajar por los más necesitados.

Siempre que me las encuentro donde están trabajando, llevan una sonrisa, se ríen mucho. Portan la paz, y contagian el amor. Ruego a Dios que las Misioneras de la Caridad puedan venir a Margarita y fundar aquí una comunidad. Seguro que nos ayudará a todos a ocuparnos más de los más pobres y necesitados.

Felicitaciones a las hermanas Misioneras de la Caridad.




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