lunes, 6 de abril de 2015

Cardenal Urosa en la Misa Crismal: “La iglesia no puede estar reducida a un puñado de fieles”



¿Qué dijo el Arzobispo de Caracas el Jueves Santo? 
Recordó a Monseñor Oscar Romero y Monseñor Montes de Oca, dos mártires latinoamericanos, como ejemplos a seguir por el presbiterio
Ramón Antonio Pérez / @GuardianCatolic

Caracas, 06 de abril de 2015.- “No puedo evitar pensar con profunda preocupación en nuestra situación de escasez de vocaciones, y  en la urgente necesidad que tenemos de más ministros del altar para la santificación de nuestros fieles”.

Estas palabras del Cardenal Jorge Urosa Savino, resonaron durante la misa Crismal del Jueves Santo, en la Catedral Metropolitana de Caracas, ocasión en la que en la que fueron bendecidos los óleos y aceites de consagrar; y además, un importante número de miembros del presbiterio capitalino, renovaron sus promesas sacerdotales.

El Arzobispo de Caracas consideró que la ciudad “ha crecido vertiginosamente”. Sin embargo, “el número de sacerdotes dedicados a la acción pastoral no ha crecido al mismo ritmo”. Por tanto, piensa que “la promoción de las vocaciones sacerdotales y religiosas es, junto con la catequesis, la más urgente y grave necesidad pastoral de la Iglesia en Caracas, y una imperiosa prioridad pastoral”.

El Purpurado cree necesario que “todos nosotros (…) trabajemos insistente y fuertemente en pastoral vocacional, y que oremos al Señor constantemente por esa urgente necesidad”. Y acotó: “En este campo, como le he expresado en otras ocasiones, nos jugamos el futuro de la Iglesia en Venezuela y en Caracas”.

Nuevos retos en la catequesis


Habló del impedimento legal que existe en Venezuela para enseñar la catequesis en los colegios públicos. “Impartir la enseñanza de la fe fuera del horario escolar en las escuelas es muy difícil, es todo un reto el que tenemos por delante, porque la iglesia no puede estar reducida a un puñado de fieles. Ese es el riesgo que corremos hoy”.

En ese orden resaltó que el reto es el comunicar las verdades de la fe fuera de las escuelas. Se trata de “organizar e impartir la enseñanza de la fe, gradual y sistemáticamente a los niños y jóvenes tal como se hacía antes en las escuelas públicas y como se hace o se debe hacer en nuestras escuelas católicas”.

Por ser éste, un tema vital para la Iglesia venezolana y de manera particular para Caracas, habló de tratarlo en la asamblea arquidiocesana del venidero 30 de mayo.

Beatificación de Monseñor Romero


Anunció que la Iglesia de Caracas, se sumará a los actos de beatificación de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, cuyo acto central se realizará el 23 de mayo, en San Salvador; pero los fieles caraqueños podrán asistir al templo de Don Bosco, en Altamira, donde se realizará una misa en acción de gracias, a las 11 de la mañana, del mismo día.

Tendremos ese día una eucaristía de acción de gracias, para unirnos a la Iglesia en El Salvador, América Latina y el mundo entero, en el júbilo de alabar al Beato Arzobispo Romero”, puntualizó, e invitó a dar “gracias al Señor por ese testimonio valiente de entrega de la vida por Dios y por el pueblo”. 

Recordó que el arzobispo salvadoreño “dio la vida por la defensa de los más pobres, y de los derechos de su pueblo”, y murió asesinado el 24 de marzo de 1980, durante una eucaristía que celebraba en la capital de El Salvador.

Romero de América “fue asesinado para silenciar su clamor en defensa de los pobres, de los derechos humanos, de la paz”. Su beatificación “fue decretada por el Papa Francisco después de un largo proceso y estudio de su vida y obra”, indicó durante la homilía.

Monseñor Montes de Oca, mártir

Pero el Cardenal Urosa no solo habló del martirio sufrido por Monseñor Oscar Arnulfo Romero, sino que comparó su testimonio con el experimentado por el segundo obispo de Valencia, Monseñor Montes de Oca, “insigne mártir de la libertad y la caridad”.

Narró que el obispo venezolano fue fusilado junto a once monjes, hace más de setenta años, por soldados nazis alemanes que asaltaron un convento de la Orden de los Cartujos, en la región de Toscana, Italia, por dar refugio a perseguidos políticos.

Plena comunión con la iglesia


Estos dos sacerdotes son ejemplos preclaros de entrega, abnegación e identificación con Cristo, dijo el Cardenal a sus hermanos del presbiterio, dijo en relación a los Prelados vilmente asesinados

Los consideró Hombres de Dios y de la Iglesia Católica". "No de una Iglesia parcializada y casi cismática, la supuesta Iglesia popular de aquellos días en El Salvador”, recalcó en su mensaje del Jueves Santo.

Destacó que sus actuaciones estuvieron “en plena comunión con el Papa, que con valentía defendieron a los oprimidos y perseguidos, que cumplieron con su deber de defender a los oprimidos y de construir la paz; de ser, como Cristo, buenos pastores de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana”, señaló el arzobispo de Caracas.

Templo hasta las banderillas




La misa Crismal fue una verdadera fiesta de la Iglesia arquidiocesana, a la que asistió la mayoría de los sacerdotes de las distintas parroquias para renovar sus votos de entrega a Dios, y de obediencia al Papa y al Arzobispo de Caracas.

Resaltaban algunas pancartas agitadas por los fieles parroquianos, mientras la agrupación “Voces de Esperanza", de la parroquia San José de Chacao, se encargaba de animar con sus cantos en un cuarteto que integró guitarra, piano, violín y cajón español, magistralmente dirigidos por Patricia Suárez.


El Cardenal Urosa se dio cuenta del ambiente que reinó en la Catedral Metropolitana y antes de su homilía expresó: “¡Qué increíble esta alegría que percibo aquí desde que entré!”. 

Fuera del templo fue desplegado un fuerte cordón de seguridad, pero muchos efectivos escucharon con atención y porte, las palabras del Arzobispo.

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UNGIDOS AL SERVICIO DELA IGLESIA EN  CARACAS

Homilía en la Misa Crismal del Jueves Santo,

2 de abril de 2015, Catedral Metropolitana de Caracas;

Cardenal Jorge Urosa Savino, Arzobispo de Caracas

Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote se hace presente de manera particular en cada Eucaristía. Y la de esta mañana en nuestra Santa Iglesia Catedral Metropolitana de Caracas reviste una particular importancia,  pues celebramos la Misa Crismal precisamente para  conmemorar su sacerdocio, la institución de la Eucaristía, y del sacerdocio ministerial,  y la santificación de los fieles a través los sacramentos.

JESÚS SUMO SACERDOTE DE LA NUEVA ALIANZA Y EL SACERDOCIO MINISTERIAL

Jesús, el Señor,  fue ungido por el Espíritu Santo en el vientre purísimo de nuestra madre celestial para llevar a cabo la obra de la salvación. El fue ungido con el sacerdocio de la nueva alianza que,  como nos enseña el autor de la Carta a los Hebreos, supera al del Antiguo Testamento (Cfr. Heb. 7 y 8). El anterior no era sino una prefiguración de la obra salvífica de Jesucristo, de su sacerdocio único por el cual ofrece el sacrificio salvífico por excelencia en el madero de la cruz, donde El es al mismo tiempo sacerdote y víctima.
En esta Misa crismal celebramos el sacerdocio de Cristo y la participación de su sagrada misión por los sacerdotes del nuevo testamento, es decir,  los apóstoles, sus sucesores,  los obispos y los colaboradores de éstos, los  presbíteros. Jesús comunicó su sacerdocio a los apóstoles en forma progresiva, pero, sobre todo el Jueves Santo, en la Ultima Cena, que conmemoramos hoy.
En esa solemne ocasión, una vez que les entregara su cuerpo y su sangre bajo la forma de pan y de vino, Cristo les ordenó y les confirió la potestad de hacer lo mismo “en conmemoración mía” (Lc 22, 19). De manera que desde entonces y a través de los siglos, -“hasta que vuelva” - (1 Co, 11,26),  los Apóstoles, y luego sus sucesores, los obispos y los presbíteros  realizan para el pueblo de Dios, el ministerio  de la santificación y el pastoreo. Y lo hacen  sobre todo con la evangelización y   a través de la Eucaristía, pero también de los otros  sacramentos, mediante los cuales comunican a los creyentes la gracia redentora obtenida por Jesús, sumo y eterno sacerdote. Por estos dones, mis queridos hermanos, por   el sacerdocio originario de Cristo, y por la comunicación del sacerdocio ministerial a los apóstoles, a los obispos y a los presbíteros, a quienes el pueblo de Dios llama con razón sacerdotes, demos hoy gracias a Dios en esta Misa Crismal. ¡Gracias, Señor, Gracias!
En esta sagrada liturgia vamos a consagrar los oleos santos con los cuales se fortalecen los catecúmenos y  se alivian los enfermos, y, sobre todo, el santo crisma, con el cual  son santificados los bautizados, robustecidos en la fe los confirmados  y ungidos los obispos y presbíteros como sacerdotes de la Nueva Alianza, para la salvación, la santificación, la comunicación de la vida nueva de Cristo, a los creyentes, en nuestro caso,  de la  Iglesia particular de Caracas.
Esta celebración, pues,  nos invita especialmente, mis queridos hermanos, a considerar la grandeza del ministerio sacerdotal, del sacerdocio recibido por obispos y presbíteros, para la santificación del pueblo de la Iglesia, de nuestra Iglesia caraqueña.

UNGIDOS PARA SERVIR A DIOS Y A LA  IGLESIA DE CARACAS EN EL CELIBATO

Aquí en esta solemne eucaristía están congregados los sacerdotes que ejercen su ministerio en Caracas. Ellos han venido a manifestar su decisión de continuar siendo sacerdotes de Jesús y como Jesús, consagrados totalmente al servicio de Dios y de su pueblo santo, la Iglesia, y, en concreto, de nuestra Iglesia capitalina. Y lo hacemos  reafirmando  una condición religiosa y sociológica muy especial: en el celibato.
Como Jesús, imitando a Jesús nuestro Divino Salvador,  nosotros hemos renunciado a una familia propia y  al matrimonio, con la firme voluntad determinación de vivir  en el celibato y practicar  la castidad perfecta por amor a Cristo y al reino de los cielos. Y como Él, llenos de caridad viva, y felices por haber sido llamados a estar con Él para ir a predicar (Mc 3, 14), porque recibiremos el ciento por uno y luego la vida eterna (Mt 19, 29), hemos de ser en el mundo testigos fieles de los nuevos tiempos de la salvación.
Movidos por la gracia de Dios hoy recordamos emocionados nuestra consagración al Señor, sabiendo que de manera muy particular, Jesús  ya no nos llama “siervos, sino amigos” (Jn 15,15). Somos elegidos por Cristo, privilegiados para ser sus amigos y anunciar su Evangelio de alegría, vida, salvación y paz. Y como tales hemos de vivir a fondo nuestra santa vocación con la ayuda de Dios y manteniendo siempre viva nuestra alegría de ser testigos del amor sobrenatural de Cristo. Con decisión, prudencia y humildad queremos vivir nuestro compromiso y nuestra decisión de imitar a Cristo célibe, por amor a Dios, por el Reino de los cielos, y para llenarnos de su amor en el servicio a los fieles. En medio de las dificultades del mundo, a pesar de las tentaciones, con una intensa vida espiritual, y manteniendo un prudente control sobre nosotros mismos, el Señor nos da la fuerza para vivir a fondo nuestra consagración, llenos de alegría.
Hoy, con la ayuda de Dios Nuestro Señor y  la intercesión de nuestra madre amorosa, la Virgen de Coromoto,  todos nosotros, sacerdotes de la Iglesia de Jesús, reafirmamos nuestra entrega al Señor en el celibato, testimonio de fecundo amor a  Dios y a los fieles. Reafirmamos la decisión de ser sacerdotes, mensajeros de buenas noticias,  hombres de Dios, ministros del altar, maestros de oración, servidores del pueblo de Dios. Reiteramos nuestro propósito de servir sin descanso ni intereses subalternos  a nuestros fieles aquí, específicamente en nuestra querida Iglesia arquidiocesana caraqueña, en cada una de sus parroquias y vicarías, a cada uno de los fieles de Caracas en el ejercicio diario, cotidiano, a veces rutinario, de nuestro ministerio. Y de hacerlo con gusto, llenos de la luz, del amor y de la fuerza y la alegría  que derrama en nuestros corazones el Espíritu Santo.

UNGIDOS PARA EVANGELIZAR AL PUEBLO DE CARACAS
Como sacerdotes, nosotros estamos llamados aquí y ahora  a santificar al pueblo de Dios en nuestra Ciudad de Caracas. Y para ello hemos, de anunciar el Evangelio como Jesús, y enseñar su doctrina a los fieles. Y  al pensar en esto hemos de tener en cuenta la necesidad de fortalecer e intensificar la actividad evangelizadora y catequética.
A partir de las trabas establecidas en la Ley de Educación del año 2009 para enseñar la doctrina de la fe en las escuelas,  como es nuestro derecho consagrado por la práctica inmemorial en Venezuela, la Iglesia en Venezuela y en Caracas tiene un  nuevo gran reto. Por las dificultades para impartir la educación de la fe en las escuelas, el reto es el comunicar y explicar las verdades de la fe a nuestros niños y jóvenes fuera de las escuelas. Y no me refiero a la tradicional catequesis presacramental, la cual ya estamos realizando y también debemos fortalecer, sino a organizar e impartir  la enseñanza de la fe, gradual y sistemáticamente a los niños y jóvenes tal como se hacía antes en las escuelas públicas y como se hace o se debe hacer  en nuestras  escuelas católicas.
Se trata de un reto gigantesco, de un salto cualitativo y cuantitativo en nuestra labor pastoral parroquial. Esto requiere inventiva, reflexion, organización y esfuerzo, y es algo que no podemos dejar de hacer, so pena de ver la Iglesia del futuro reducida en Venezuela a un pequeño puñado de fieles, con una inmensa masa de cristianos bautizados  sin fe ni práctica religiosa
Este tema debemos tratarlo en nuestras reuniones de pastoral, en los arciprestazgos y sin duda en nuestra asamblea arquidiocesana de pastoral que celebraremos el 30  de mayo próximo. Nuestro ardor pastoral requiere que nos activemos en este campo, con una labor ardua y sistemática, pero indispensable.

UNGIDOS PARA DAR LA VIDA POR NUESTRAS OVEJAS

La figura de Cristo, el Mesías, ungido para anunciar la libertad a los oprimidos (Lc 4,18), el  Buen Pastor que da la vida por sus ovejas (Jn 10, 11), ilumina nuestra identidad sacerdotal. Como Jesús, que se ofreció por nosotros incruenta y sacramentalmente en la Ultima Cena, y luego derramando su sangre por nuestra redención en el madero de la cruz, también debemos nosotros entregarnos permanentemente por los fieles, para que tengan vida.
En esta línea quiero recordar  hoy a Mons Oscar Romero, Arzobispo de San Salvador, quien dio la vida por la defensa  de la vida, de  los derechos de su pueblo. El fue asesinado para silenciar su clamor en defensa de los pobres, de los derechos humanos, de la paz. Por eso el Papa Francisco ha decretado su beatificación, que tendrá lugar el próximo 23 de mayo, en esa Nación centroamericana. Aquí en Caracas, en la Iglesia de San Juan Bosco, tendremos ese día una Eucaristía de acción de gracias, para unirnos a la Iglesia en El Salvador en el júbilo de alabar al Beato  Arzobispo Romero.  Damos gracias al Señor por ese testimonio valiente de entrega de la vida por Dios y por el pueblo. Tal como lo hiciera hace ya más de setenta años el segundo  Obispo de Valencia, el insigne mártir de la libertad y la caridad,  Mons. Salvador Montes de Oca.
Ahí tenemos nosotros, sacerdotes de Cristo,  dos ejemplos preclaros de entrega, de abnegación y de identificación con Cristo. Hombres de Dios, de la Iglesia Católica, –no de una Iglesia parcializada y casi cismática, la supuesta Iglesia popular de aquellos días en El Salvador - , en plena comunión con el Papa, que con valentía defendieron  a los oprimidos y perseguidos, que cumplieron  con su deber de defender a los oprimidos y de  construir la paz; de ser, como Cristo, buenos pastores de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

LLAMADOS A FORTALECER LA PASTORAL VOCACIONAL EN CARACAS

Nuestra misión sacerdotal debe tener en cuenta un aspecto muy importante de la actividad pastoral en Caracas: la necesidad de promover las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.

Hoy, en este día sacerdotal,  no puedo evitar pensar con profunda preocupación en nuestra situación de escasez de vocaciones, y  en la urgente necesidad que tenemos de más ministros del altar para la santificación de nuestros fieles. Caracas ha crecido vertiginosamente, y el número de sacerdotes dedicados a la acción pastoral no ha crecido al mismo ritmo. Por esto, la promoción de las vocaciones sacerdotales y religiosas  es, junto con la catequesis,  la más urgente y grave necesidad pastoral de la Iglesia en Caracas, y una imperiosa prioridad pastoral. A ella, mis queridos hermanos,  debemos dedicar mucho tiempo y esfuerzo, y debemos animar a nuestros fieles, a las familias, a los jóvenes comprometidos, a pensar en la grandeza del sacerdocio como camino de vida, y en  su gran servicio y  utilidad práctica en la Venezuela de hoy y del futuro. Este tema lo hemos tratado en las asambleas de pastoral, y lo trataremos  en la Asamblea Arquidiocesana del 30 de mayo. Es preciso que todos nosotros, especialmente los  sacerdotes, y almas consagradas, trabajemos insistente y fuertemente en pastoral vocacional, y que oremos al Señor constantemente por esa urgente necesidad. En este campo, como le he expresado en otras ocasiones, nos jugamos el futuro de la Iglesia en Venezuela y en Caracas.

CONCLUSIÓN

¡Qué alegría poder celebrar esta Eucaristía para dar gracias al Padre celestial por Jesucristo, sumo y eterno sacerdote! Para dar gracias a Dios por el sacerdocio ministerial. Para bendecir al Señor por los sacramentos de la salvación, que nos abren las puertas del cielo.

En esta Eucaristía vamos a pedirle al Señor por nuestra Iglesia en Caracas y en Venezuela. Por el aumento de las vocaciones sacerdotales religiosas. Y hagámoslo en todas las Misas que celebremos en nuestras Parroquias, capillas y oratorios. Por la santificación de nuestros queridos sacerdotes.  Ellos merecen todo nuestro apoyo y necesitan de nuestras oraciones.

Yo quiero en este momento, antes de que ellos renueven con fervoroso y ardiente corazón sus santas promesas sacerdotales, en unión con mis queridos hermanos Obispos Auxiliares, manifestarles una vez más  nuestro afecto, respeto y gratitud por su consagración, por su trabajo pastoral, por su entrega al Señor en nuestra Iglesia caraqueña. Que Dios los bendiga y los aliente, y los colme de paz y de gozo en el ejercicio de su santo ministerio sacerdotal.

Prosigamos, pues, nuestra celebración, y oremos con fervor por nuestra Iglesia, colocando todas nuestras intenciones, anhelos y esperanzas, como el Papa Francisco,  en las manos amorosas de nuestra madre celestial, María Santísima, la Virgen de Coromoto:

“Estrella de la nueva evangelización: Ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión, del servicio de la fe ardiente y generosa, de la justicia y el amor a los pobres, para que la alegría del Evangelio llegue hasta los confines de la tierra y ninguna periferia se prive de su luz “ (E.G , 288).

Amén.






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