miércoles, 24 de agosto de 2011

Diócesis de Guarenas Celebró el Día del Diácono



En la Diócesis de Guarenas, por primera vez fue celebrado el Día del Diacono, fecha que se celebra en honor a San Lorenzo, diácono y mártir, logrando reunir en esta ocasión a los hermanos que se han consagrado en este orden de la estructura eclesial.

Ramón Antonio Pérez

Guarenas, 24 de agosto de 2011.- “El Diácono Permanente está llamado a ser un fiel servidor de Jesucristo y de su Iglesia. Con responsabilidades propias en el seno familiar, laboral y social, debe ser un modelo de fe, servicio y esperanzas entre sus hermanos, siguiendo el camino al que Dios le ha invitado”.

De esta manera se expresó el Obispo de Guarenas, Monseñor Gustavo García Naranjo, durante la celebración eucarística que presidió en la Catedral “Nuestra Señora de Copacabana”, de esta ciudad, con motivo de la fiesta de San Lorenzo y Día del Diácono, el pasado 10 de agosto.

El Prelado estuvo acompañado del párroco de Santa Cruz de Pacairigua, Guatire, padre Carlos Frías y los párrocos de “Jesús Obrero, Los Naranjos y “Sagrado Corazón de Jesús”, Menca de Leoni, presbíteros Miguel Marín y Pedro Briceño Falcón, respectivamente. También estuvieron presentes los Diáconos Permanentes de la Diócesis de Guarenas: Henry Tovar Emilio Ascanio, Jorge Flores, Nerio Suarez, Pedro Perdomo, Félix Colmenares y Juan Pedro Quintero.

Misión del Diácono

Recordó el Obispo de Guarenas que dentro de la estructura eclesial, los diáconos participan de una manera especial en la misión de Cristo. “Es tarea de los diáconos, asistir al obispo y a los presbíteros en la celebración de los divinos misterios sobre todo de la Eucaristía y en la distribución de la misma, asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo, proclamar el evangelio y predicar, presidir las exequias y entregarse al servicio de la caridad”.

Enseñó que desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia ha restablecido el diaconado “como un grado particular dentro de la jerarquía, aunque no por ello se debe dejar de pedir para que haya más vocaciones sacerdotales, ya las funciones de un sacerdote son más amplias, por ejemplo, para conferir el sacramento de la Confesión”. El diaconado permanente, puede ser conferido a hombres casados, y constituye un enriquecimiento importante para la misión de la Iglesia.

Por su parte, el Diacono Félix Colmenares agradeció al Obispo de Guarenas y a sus sacerdotes de la oportunidad que les han brindado a los Diácono para cuplir con sus activiades, y semostró siempre dispuesto a la actividad de evangelización que lleva adelante la Diócesis.

En efecto, es apropiado y útil que hombres que realizan en la Iglesia un ministerio verdaderamente diaconal, ya en la vida litúrgica y pastoral, ya en las obras sociales y caritativas, "sean fortalezcan por la imposición de las manos transmitida ya desde los Apóstoles y se unan más estrechamente al servicio del altar, para que cumplan con mayor eficacia su ministerio por la gracia sacramental del diaconado" (AG 16).

San Lorenzo significa: "coronado de laurel"

Monseñor Gustavo García Naranjo con los diáconos permanentes de la Diócesis de Guarenas Henry Tovar, Nerio Suarez y Jorge Flores a su derecha; mientras que e el lado izquierdo están Jua Pedro Quintero, Felix Colmenares y Pedro Perdomo. Falta e esta foto Emilio Ascanio.
Los datos acerca de este santo los ha narrado San Ambrosio, San Agustín y el poeta Prudencio. Lorenzo era uno de los siete diáconos de Roma, o sea uno de los siete hombres de confianza del Sumo Pontífice. Su oficio era de gran responsabilidad, pues estaba encargado de distribuir las ayudas a los pobres.

En el año 257 el emperador Valeriano publicó un decreto de persecución en el cual ordenaba que todo el que se declarara cristiano sería condenado a muerte. El 6 de agosto el Papa San Sixto estaba celebrando la santa Misa en un cementerio de Roma cuando fue asesinado junto con cuatro de sus diáconos por la policía del emperador. Cuatro días después fue martirizado su diácono San Lorenzo.

La antigua tradición dice que cuando Lorenzo vio que la Sumo Pontífice lo iban a matar le dijo: "Padre mío, ¿te vas sin llevarte a tu diácono?" y San Sixto le respondió: "Hijo mío, dentro de pocos días me seguirás". Lorenzo se alegró mucho al saber que pronto iría a gozar de la gloria de Dios.

Entonces Lorenzo viendo que el peligro llegaba, recogió todos los dineros y demás bienes que la Iglesia tenía en Roma y los repartió entre los pobres. Y vendió los cálices de oro, copones y candeleros valiosos, y el dinero lo dio a las gentes más necesitadas.

El alcalde de Roma, que era un pagano muy amigo de conseguir dinero, llamó a Lorenzo y le dijo: "Me han dicho que los cristianos emplean cálices y patenas de oro en sus sacrificios, y que en sus celebraciones tienen candeleros muy valiosos. Vaya, recoga todos los tesoros de la Iglesia y me los trae, porque el emperador necesita dinero para costear una guerra que va a empezar".

Lorenzo le pidió que le diera tres días de plazo para reunir todos los tesoros de la Iglesia, y en esos días fue invitando a todos los pobres, lisiados, mendigos, huérfanos, viudas, ancianos, mutilados, ciegos y leprosos que él ayudaba con sus limosnas. Y al tercer día los hizo formar en filas, y mandó llamar al alcalde diciéndole: "Ya tengo reunidos todos los tesoros de la iglesia. Le aseguro que son más valiosos que los que posee el emperador".

Llegó el alcalde muy contento pensando llenarse de oro y plata y al ver semejante colección de miseria y enfermedad se disgustó enormemente, pero Lorenzo le dijo: "¿por qué se disgusta? ¡Estos son los tesoros más apreciados de la iglesia de Cristo!". El alcalde lleno de rabia le dijo: "Pues ahora lo mando matar, pero no crea que va a morir instantáneamente. Lo haré morir poco a poco para que padezca todo lo que nunca se había imaginado. Ya que tiene tantos deseos de ser mártir, lo martirizaré horriblemente".

Y encendieron una parrilla de hierro y ahí acostaron al diácono Lorenzo. San Agustín dice que el gran deseo que el mártir tenía de ir junto a Cristo le hacía no darle importancia a los dolores de esa tortura.

Los cristianos vieron el rostro del mártir rodeado de un esplendor hermosísimo y sintieron un aroma muy agradable mientras lo quemaban. Los paganos ni veían ni sentían nada de eso.

Después de un rato de estarse quemando en la parrilla ardiendo el mártir dijo al juez: "Ya estoy asado por un lado. Ahora que me vuelvan hacia el otro lado para quedar asado por completo". El verdugo mandó que lo voltearan y así se quemó por completo. Cuando sintió que ya estaba completamente asado exclamó: "La carne ya está lista, pueden comer". Y con una tranquilidad que nadie había imaginado rezó por la conversión de Roma y la difusión de la religión de Cristo en todo el mundo, y exhaló su último suspiro. Era el 10 de agosto del año 258.

El poeta Prudencio dice que el martirio de San Lorenzo sirvió mucho para la conversión de Roma porque la vista del valor y constancia de este gran hombre convirtió a varios senadores y desde ese día la idolatría empezó a disminuir en la ciudad.

San Agustín afirma que Dios obró muchos milagros en Roma en favor de los que se encomendaban a San Lorenzo. El santo padre mandó construirle una hermosa Basílica en Roma, siendo la Basílica de San Lorenzo la quinta en importancia en la Ciudad Eterna.



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