jueves, 4 de noviembre de 2010

CRÓNICA. Mis Vivencias durante el Primer Congreso Eucarístico Provincial de Caracas




Monseñor José de la Trinidad Valero, obispo de La Guaira portando a Jesús Sacramentado por las calles de Prado de María en Caracas, en el marco del Primer Congreso Eucarístico Provincial.
 
Jesús les respondió: “Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio Pan del Cielo; es mi Padre quien les da el verdadero Pan del Cielo. Porque el Pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo”. Entonces le dijeron: “Señor, danos siempre de ese Pan”. Jesús les contestó: “Yo Soy el Pan de la Vida. El que viene a Mí no tendrá hambre y el que cree en Mí nunca tendrá sed”.

Ramón Antonio Pérez
Caracas, 03 de noviembre de 2010

Monseñor Freddy Fuenmayor,
obispo de la Diócesis de Los Teques.
Por razones de índole familiar no pude estar presente en todas las actividades y charlas impartidas durante el Primer Congreso Eucarístico Provincial, que se realizó en Caracas del 29 al 31 de octubre, el cual fue convocado por la Unión Arquidiocesana de Cofradías del Santísimo Sacramento. Una operación en la columna de mi esposa, obligó a ausentarme para brindarle la atención requerida en determinadas labores del hogar, y en la responsabilidad de la guía y cuido de nuestros dos hijos que apenas entran a la etapa juvenil. Sin embargo, lo que pude experimentar este fin de semana allí, en la Parroquia “La Milagrosa”, en la urbanización Prado de María, no sólo dejó en mí un alto contenido de enseñanzas pastorales para comprender un poco más a Jesús presente en el Pan y el Vino; también, después de más de dos años, me permitió un reencuentro con el Sacramento más duro de practicar por algunos católicos: la Confesión.

Experimentar nuevamente este Sacramento, me permitió retomar la Sagrada Eucaristía con tanto fervor que por largo tiempo estuve reflexionando sobre mi primer encuentro personal con el Señor Sacramentado. Declaro que en anteriores ocasiones, antes o después de confesarme, nunca había pensado en la etapa de formación de mi Primera Comunión como lo hice ahora. Fue como si me hubiese trasladado en el tiempo a la edad de mis doce años cuando asistía a la catequesis de la Hermana Margarita (Dominica de la Presentación), allá en El Sombrero, estado Guárico. Recordé que fascinado escuchaba hablar de un hombre llamado Jesús, -claro, también de otras historias del Antiguo Testamento y del Jesús Niño. Pero este galileo, este buen hombre, de treinta y tres años, quien nació en Nazareth y fue muerto en una Cruz para salvar a la humanidad, siempre tuvo algo especial que llama más la atención sobre otras historias bíblicas.

Hago un intermedio sobre la Promesa de Cristo: “En aquél tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo Soy el Pan vivo, que ha bajado del cielo; el que coma de éste Pan vivirá para siempre. Y el Pan que Yo les voy a dar es mi Carne, para que el mundo tenga vida.” Esto lo llegó a decir Jesús, según lo recogen los Evangelios, especialmente el Capítulo 6 de San Juan, y con ello también se puede resumir en su vida la historia de Salvación de la humanidad.

Integrantes de la Cofradía del Santísimo Sacramento de Guatire.
De modo que durante mi reflexión, recordé aquel acordeón que tocaba la monjita de la catequesis, los tambores y maracas con los que nos entusiasmaba para ir los domingos a misa. Ella, sus instrumentos musicales y sus libros tenían un olor exquisito; me atrevo a decir que olían a santidad, algo que no sabría explicar, pero que no había vuelto a oler nunca más. Recordé aquellos juegos (dinámicas comunitarias) donde nadie perdía sino que todos ganábamos. O la sana competencia por saber quién era el que acertaba las respuestas en torno a las “enseñanzas de la semana pasada” en la clase de catecismo; por cierto, eran infinitas esas semanas y nunca se veía llegar el día miércoles que era cuando las recibíamos. Todos estábamos interesados en hacer la Primera Comunión.

¡Cuánta alegría me daba cuando la Hermana Margarita nos hacía pasar a la Capillita de la “Casa de las Monjas”! Era como llegar al manantial de donde brotaba el olor a santidad. Allí, rezábamos al Santísimo Sacramento expuesto y apenas iluminado con una lamparita de tenue luz roja. Repetíamos con ella: “Vamos niños asl Sagrario, que Jesús llorando está; pero viendo tantos niños, muy contento se pondrá…” o “¡Tú, has venido a la orilla…! Era trasladarse al Cielo y volver a la Tierra, sabiendo que Dios nos ama.

En la Parroquia “La Inmaculada Concepción”, ayudaba junto a otros amiguitos al párroco del lugar, el Padre Luis Meza Guía. Repartir la hoja Dominical o el mini semanario parroquial “Mensaje” todavía impregnado de tinta del multígrafo, era muy grato. Por cierto, en ese “periodiquito” escribí algo por primera vez. Leer las lecturas del domingo, vestirse de monaguillo, saborear el rico vino de consagrar y pelearse para sonar las campanas eran parte de las “travesuras” del grupo de catequesis del momento. Al terminar la misa de ocho, era grato para todos salir a visitar los barrios y caseríos: “Las Lajitas”, “Sosa”, “La Cachama” y otros lugares, eran mis preferidos porque nos encontrábamos con gente más pobre y necesitada que nosotros. Una palabra de consuelo, una bolsita de comida o ropa usada, la recibían con mucho cariño. Pero era gente sencilla y muy creyente en Dios y la Virgen María. Ojo, también les llevábamos la riqueza de la Misa y la Predicación de un Jesucristo que se da a comer a través de un trozo de Pan que se llama Hostia: vivencia plena de la Eucaristía.

Recordé a Juana Evangelista Guevara de Pérez, mi abuela, devota del Santísimo Sacramento. Para la época, Ella, con algo más de setenta u ochenta años, la verdad, nunca se supo el año en que nació, nos hizo decir los primeros padrenuestros, avemarías y recitar aquello que más o menos decía así: “Pax Christu Domine. Cristo en Paz. Amén”. La abuela decía que cuando ella “se muriera la colocaran en el piso, porque a los devotos del Santísimo los tenían que acostar en el suelo”. Nunca entendí esto, y no recuerdo ahora si cuando murió, se cumplió el petitorio o no. Claro, ella está enterrada en el suelo, como en la Tumba estaba el Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, el Pan Vivo.

Todo eso lo pensaba en la cola de espera para confesarme antes de la Misa del sábado 30 de octubre, a las cinco de la tarde. Por supuesto, sólo Dios, el Sacerdote y Yo, conocemos lo que hablamos durante esa descarga de pecados. Bueno, tampoco es que haya cometido cosas atroces e imperdonables, pero al evaluar mi vida y contrastarla con los Diez Mandamientos, o con la Ley del Amor de Jesucristo, o con el propio sentido común, pues, muchos resbalones y tropezones se encontraban no declarados y éstos sino se llevan a la Confesión, pudieran inducir a redoblar el pecado. Además, ver las colas de personas con iguales deseos de confesarse, así como la disponibilidad de los sacerdotes para impartir el perdón “en Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, dices para Ti: “¡Dios mío, aquí está pasando algo; esto no es Común!”. Eso lo experimenté en el Congreso Eucarístico.

De allí que he querido dar a conocer esta sucinta crónica para que quienes deseen leerla conozcan un poco más de lo que se vive en este tipo de encuentro. La riqueza de la labor en favor del Reino de Cristo, es diversa; y los cristianos católicos, también diversos en sus compromisos y en sus maneras de llegar a Dios y practicar su Fe. En ese sentido, es interesante destacar las ponencias contenidas dentro del congreso con ponentes como Monseñor Ovidio Pérez Morales, Monseñor Gustavo García Naranjo y la licenciada María García de Fleury, entre otros. La resonancia de sus enseñanzas todavía estaba presentes en los corazones y en las mentes de los cofrades que las escucharon de manera directa.

Integrantes de la Unión Eucarística Reparadora.
Pude hablar con la Hermana María del Carmen, de la Unión Eucarística Reparadora, y conocer que tienen tantos ambientes de trabajo que uno dice: ¡Dios mío, con cuanto Amor esta gente trabaja por Ti! ¿Vale la pena entregarse por completo a tu obra? Al escucharla, la respuesta es simple: ¡Sí, vale la pena trabajar por Cristo! La UNER fue fundada por Monseñor Manuel González García, en España, en 1910, y desde 1921 se encuentran en Venezuela. Su tarea principal es dar a conocer a Jesús a través de la Eucaristía. Trabajan con familias, niños, laico adultos, misioneros, sacerdotes, niños, religiosas y laicas consagradas, me dijo la Hermana Mará del Carmen.

También estuvo interesante la charla que impartieron los esposos Pedro Arias y Victoria de Arias. Disertaron sobre la importancia de la Eucaristía en la familia. Destacaron que “la familia está llamada no sólo a transmitir la vida sino la fe y el amor”. Por su parte, la Hermana Fanny Zambrano, de las Pías Discípulas, habló de la Eucaristía como centro de la vocación. Dijo que “toda historia de amor tiene comienzo en un acercamiento”. “Jesús es quien inicia la historia con cada persona”.

En fin… durante este encuentro pude con mayor ahínco renovar mi compromiso cristiano, conocer el trabajo de muchas organizaciones de apostolado y cofradías tanto en la Arquidiócesis de Caracas, como en las Diócesis de Guarenas, Los Teques y La Guaira, para difundirlo desde mi apostolado de comunicador social al servicio de Jesucristo y de la Iglesia. Pude conocer algunas individualidades que se han entregado a Dios completamente, así como escuchar planteamientos y proyectos de otros tantos, también deseosos como Yo, de reencontrarse con Cristo Sacramentado.

Creo que el gran aprendizaje fue aplicar la profundidad de la Sagrada Eucaristía en los aspectos de la vida cotidiana, lo cual sin dudas es un gran reto. Eso fue lo que, precisamente, pude experimentar en el Congreso Eucarístico. Creo que lo Dios lo hizo, nuevamente.

POST DATA: El video es del momento de la Comunión en la misa del sábado 30 de octubre de 2010. Cantan integrantes de la Agrupación Cultural SHIRAPTA COA de El Valle, cuyo director Wilar Coa, quien como fiel católico, elaboró esta Misa Criolla.


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