sábado, 16 de abril de 2011

Cardenal Urosa rinde homenaje a Cargadores y Custodios del Nazareno en Caracas


El señor Ontiveros es el Cofrade más antiguo, recibe la medalla de manos del Cardenal Urosa.
Son cristianos comprometidos allegadas a la Basílica de Santa Teresa y a otras parroquias de Caracas, quienes durante las últimas cinco semanas estuvieron pendientes con todo el operativo de traslado, seguridad y custodia que implicó la peregrinación misionera con la imagen del Nazareno en Caracas.

Ramón Antonio Pérez

Caracas, 13 de abril de 2011. El domingo 10 de abril, después de concluida la Peregrinación con la Imagen del Nazareno de San Pablo que recorrió durante cinco fines de semana a sectores de Caracas, el Cardenal Jorge Urosa Savino entregó medallas de reconocimiento a distintos colaboradores de esta actividad, durante un sencillo acto que se cumplió en la Basílica de Santa Teresa. De esta manera, integrantes de la Cofradía de Cargadores del Nazareno, brigadistas del Ministerio de Orden y Disciplina de la Basílica; y la Coordinación de Seguridad de la Basílica Santa Teresa, recibieron junto a representantes de la Policía Municipal de El Hatillo y otros colaboradores vinculados a la Iglesia, una medalla dorada con una cinta de bandas morada y blanca que el propio Arzobispo de Caracas colgó en el pecho de cada homenajeado.
El Purpurado expresó su agradecimiento a todos. Junto a Monseñor Fernando Castro y Monseñor Adán Ramírez, saludó el esfuerzo brindado en esta actividad que formó parte de la Misión Continental Evangelizadora. “Durante la peregrinación no se reportaron incidentes que perturbaran la actividad; y la imagen del Nazareno regresa a su casa con la satisfacción de haber visitado a sus devotos en toda la ciudad, gracias al empuje y colaboración de cada uno de Ustedes”, expresó frente al altar de la Basílica.

Sociedad de Cargadores del Nazareno

El presidente de la Sociedad de Cargadores, Eloy Carpio, en diversas oportunidades comentó al reportero, que los Cargadores del Nazareno se turnaron guardias de fines de semana para que la Imagen no permaneciera sola en ningún momento en aquellos sitios donde debía pernoctar. Cada jornada contaba con un coordinador que organizaba las actividades de movilización. También sobre los hombros de estos cofrades recayó la responsabilidad de llevar las mesas y andas en donde se colocaba o transportaba al Nazareno después que era bajado del Papamóvil.
“Por supuesto - indicó Carpio - participamos en las oraciones comunitarias y las celebraciones eucarísticas, así como en el resto de las actividades que se cumplieron en horarios diurnos y nocturnos, muchos de ellos hasta el amanecer”.
Al final de la jornada no pocas caras de cansancio y trasnocho se observaron. Sin embargo, ello no fue motivo para las actividades se cumplieran según la programación y la imagen retornara a su nicho en la Basílica. Luego se transformaron en rostros de satisfacción por las tareas cumplidas; caras orgullosas por el pundonor demostrado desde el primer día de Peregrinación Misionera que arrancó el 12 de marzo en Catia.
La Sociedad de Cargadores del Nazareno cuenta con un estimado de ciento veinticinco miembros entre hombres y mujeres. Ellas hacen guardias ante la imagen y se encargan de colocar y retirar las flores. Todos se esmeran durante el año en preservar y cuidar la imagen en su lugar especial que mantiene en la Basílica.
Algunos cofrades llevan más de 40 años en esa labor de soportar sobre sus cabezas el peso de la famosa talla de madera, y dedican en forma completa su entrega a esa actividad durante la Semana Santa ya que es parte de las promesas hechas a Dios.

La Brigada de Orden y Disciplina

El Ministerio de Orden y Disciplina fue otra agrupación homenajeada por parte del Cardenal Jorge Urosa Savino y demás promotores de esta peregrinación. Es un grupo de jóvenes coordinados por Fernando Gutiérrez y Carolina Hernández. Gutiérrez en muchas ocasiones fue visto conduciendo el Papamóvil con la satisfacción de saber que llevaba las riendas de esta reliquia en la que viajó durante sus dos visitas a Venezuela el futuro Santo de la Iglesia Católica, el recordado Papa Juan Pablo II. Además, estuvo acompañado en los recorridos por los actuales Obispos Auxiliares de Caracas: Monseñor Luis Tineo; Monseñor Jesús González de Zárate; Monseñor Fernando Castro y Monseñor Saúl Figueroa. Durante los tres últimos fines de semana le acompañó el propio Arzobispo de Caracas, Cardenal Jorge Urosa Savino.
Los jóvenes tenían por responsabilidad abrir paso a la Imagen y custodiarla allí donde las multitudes se acercaron con demasiado entusiasmo. Con mucha delicadeza sofocaban cualquier intento de aquellos que querían tocar directamente al Nazareno. “No se puede señora, el sudor de las manos podría dañar la imagen”, decían a cada rato. Pero también, con sus fuerzas juveniles emprendían largas caminatas o trotes sin dejar sola en ningún momento a la Imagen Sagrada. “La Brigada”, como ellos mismos se conocen, estaba desplegada por todos los escenarios programados en esta visita misionera con el Nazareno de San Pablo, especialmente en las celebraciones eucarísticas y demás concentraciones; durante los recorridos en calles y avenidas.
La abogada Carolina Hernández, mantenía permanentemente un radio entre sus manos y cuando recibía la señal de Seguridad que les alertaba: “¡Brigadistas a tierra!”, con grato don de mando señalaba a los varones más fornidos para que fuesen los primeros en bajar del bus de la UNEFA que los transportaba. De esta manera proseguían con sus actividades de orden y disciplina, que les mereció en distintas oportunidades la mención por parte del Cardenal Urosa y los correspondientes aplausos de la feligresía que valoró muy alto el trabajo desempeñado.

Seguridad Total
En el campo de la Seguridad quien giró las directrices fue Dorian González. No muy alto pero de contextura atlética, fuerte pero dinámico. Muy serio en su responsabilidad pero en lo personal agradable y hablador. “Por favor amigo, déjeme trabajar, yo tengo la responsabilidad de esta imagen”, le increpó a un despistado funcionario en Baruta.
Siempre estuvo trajeado con una camisa amarilla o negra de mangas largas en cuyos laterales superiores se notaban los escudos de la Arquidiócesis de Caracas y la Basílica Santa Teresa; sobre éstas, un chaleco negro con varios bolsillos, y en el pectoral izquierdo otro escudo arquidiocesano sobre el que se terciaba un bolso. Llevaba pantalones negros ceñidos con varios bolsillos al estilo comando; botas negras casi hasta la rodilla, y sobre su cabeza un casco que amarraba fuertemente a su barbilla; lentes oscuros que apenas permitían distinguirle el rostro, y un radio transmisor con el que permanentemente moduló mensajes en clave a su equipo de seguridad. En no pocas ocasiones se le vio entonar cantos religiosos mientras iba montado en la moto o en las celebraciones. “Él está vinculado al Coro Parroquial”, dijeron sus amigos.
La tarde que la Peregrinación estuvo en El Hatillo, el Cardenal Urosa pidió un fuerte aplauso para Dorian González. “Este señor trajeado como Robocop, es el encargado de la seguridad. Le damos las gracias porque no hemos tenido un solo incidente”, dijo.
Dorian estuvo en todos lados. Su juventud, destreza y habilidad para esta tarea le permitía multiplicarse cumpliendo al mismo tiempo las coordinaciones con los Cuerpos de Seguridad en los municipios de la Metrópolis. Si no estaba en la moto se encontraba guiando el camino frente al Papamóvil, verificando que la lluvia no se convirtiera en problema para las actividades, o pendiente de la comida y el agua de su gente.
A ratos se le veía compartir con sus compañeros, con su señora madre, o con su pequeño hijo Moisés que también recorrió buena parte de esta peregrinación en brazos de todos sus “tíos” de la Basílica Santa Teresa.
Dorian comentó sobre esta experiencia: “en verdad, me siento muy satisfecho y contento por que se logró llegar  a la feligresía”. Acotó que “hubo momentos que me sentí muy lleno por la receptividad en todas las parroquias que visitamos”.

En definitiva, fue un digno homenaje para estos jóvenes y adultos, incluso varios de ellos de la tercera edad que sacrificaron fiestas, paseos, trabajos, estudios y otras diversiones para cumplir una vez más con el Nazareno de San Pablo. Y dijeron que trabajarán con mayor ahínco durante esta Semana Santa. ¡Enhonabuena!

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