sábado, 22 de marzo de 2008

Monseñor Luís Tineo: “El secreto de la reconciliación nacional está en la necesidad de perdonarnos”

PREDICACIÓN DE LAS SIETE PALABRAS EN LA CATEDRAL DE CARACAS

“Dios resucitará nuestros cuerpos espirituales, así nuestras moléculas estén esparcidas en el mar o en las montañas. Por eso, desde nuestro corazón, en el último momento de nuestra vida, debemos decirle a Dios: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”

Ramón Antonio Pérez

Caracas, 21 de marzo de 2008. Monseñor Luís Armando Tineo, obispo auxiliar de Caracas, fue el responsable de predicar el Sermón de las Siete Palabras del viernes santo en la Catedral Metropolitana de esta ciudad, brindando un significativo mensaje centrado en el llamado al perdón para todos los venezolanos.
El Prelado señaló que cada una de las expresiones de Jesucristo en la cruz, “configuran una actitud de oración permanente con lo cual se nos enseña que el secreto de la reconciliación está en comprender y aceptar la necesidad del perdón”.
La predicación comenzó a las once de la mañana, en medio de un templo que no se daba abasto para recibir a los peregrinos, quienes durante este día visitaron los siete templos más importantes de la capital del país, aprovechando para que sus imágenes, rosarios, palmas y otros objetos religiosos recibieran la bendición del obispo.

Jesús enseña a perdonar
Monseñor Tineo expuso que el perdón es el secreto de la reconciliación nacional. “No podemos vivir odiándonos, somos discípulos de ese ser que está con nosotros y nos capacita para perdonarnos los unos a los otros. En el fondo de la conciencia de nuestro pueblo está el recuerdo de las palabras de Jesús, está el llamado al perdón”.
Tras ser consultado por los periodistas ante las ofensas que a diario se emiten entre sectores del país, el Prelado señaló que “no es fácil perdonar cuando nos ofenden, nos calumnian, nos agreden. Pero Jesús nos enseña, no a estar de acuerdo con la ofensa, con la agresión o la violencia, sino a superarla”.

Las Palabras de Jesús
Monseñor Tineo, con base en la primera palabra: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, habló sobre la importancia de enmendar los errores especialmente de las familias, grupos sociales, políticos y vecinales. Por su parte, con la segunda palabra: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”, destacó la “capacidad de Jesús de amar a su prójimo a pesar del suplicio, como enseñanza para todos los hombres”.
Durante la tercera palabra: “Mujer, ahí tienes a tu hijo. Juan, ahí tienes a tu madre”, el Prelado reivindicó la condición femenina y maternal de María y de todas las mujeres. Dijo que “Jesús con la entrega de su madre al apóstol Juan, reconoció el desamparo del hombre, constituyendo a María en un vínculo que nos emparienta con Él”.
Explicó que la cuarta expresión: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, es una prueba más de la unión de Jesús con su Padre. “Mientras sentía el vacío y el desamparo ante una gente agresiva que lo estaba haciendo sufrir, parecía que Dios guardaba silencio; sin embargo, la respuesta del Padre le hizo pasar por la muerte para vencerla con la Resurrección, siendo una enseñanza para todos nosotros”, acotó.
Posteriormente, con la quinta palabra: “Tengo sed”, expresada por Jesucristo, más allá del significado de la necesidad física, indicó que tiene una trascendencia espiritual, en la cual el Hijo de Dios se ofrece él mismo como agua viva. “¿Qué significa esto? Que la violencia del pecado le niega al hombre la necesidad de beber el agua viva que es Cristo y tener vida en abundancia, afianzado en Dios. Jesucristo es la fuente de agua viva para los que sufren por el odios y la violencia”.
Con la expresión “Todo está cumplido”, dijo que la frase se refiere a la misión de Jesús. “Significa que Jesús cumplió con su misión. Se hizo hombre para comunicarnos la buena noticia de la salvación y constituye una enseña para el hombre de hoy: saber de dónde venimos y hacia dónde vamos, para pedirle a Dios que nos ayude a cumplir la misión que se nos ha encomendado”.
Finalmente, la séptima palabra de Cristo en la cruz fue “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. “Con esta palabra culmina Jesús su vida y permanencia biológica entre los hombres, reiterando la continuidad de la oración desde que fue crucificado, pero no reniega de su relación con Dios”, dijo.
Monseñor Tineo culminó sus enseñanzas destacando que “Dios resucitará nuestros cuerpos espirituales, así nuestras moléculas estén esparcidas en el mar o en las montañas. Por eso, desde nuestro corazón, en el último momento de nuestra vida, debemos decirle a Dios: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

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