sábado, 29 de marzo de 2008

El Cardenal Urosa ordenó cuatro nuevos sacerdotes para servir a los más necesitados

En la Catedral de Caracas el Purpurado motivó el trabajo que de ahora en adelante cumplirán estos presbíteros, quienes se “lanzarán a las actividades de la Iglesia y al humilde ministerio pastoral en distintas parroquias de la capital venezolana”.
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Ramón Antonio Pérez

Caracas, 29 de marzo de 2008. El Cardenal Jorge Urosa Savino, presidió este sábado en la Catedral de Caracas, la ceremonia en la que fueron ordenados sacerdotes Reinaldo Gámez, Clemente Lebrún, Ramón Cote y Cesar Ramos, llamándolos a “dar testimonio del amor de Cristo con una vida llena de caridad, alegría, creatividad pastoral, en comunión con los obispos y el presbiterio local, en la fidelidad a la verdad revelada y a las enseñanzas del Magisterio”.
Cabe señalar que durante la actividad religiosa también estuvieron presentes los Obispos Auxiliares de Caracas, Monseñores: Nicolás Bermúdez, Saúl Figueroa, Luis Tineo, Jesús González de Zárate y demás integrantes del Presbiterio Metropolitano. La Coral Betania, con sesenta y tres personas y dirigida por la profesora María Auxiliadora Binchini, fue responsable de motivar con sus cantos la consagración sacerdotal de estos venezolanos.

A cuidar el rebaño
El Cardenal Urosa con su entusiasta y reflexiva homilía: “Presbíteros, discípulos y misioneros”, a cada momento despertaba el aplauso de los asistentes. En primer lugar, con base al documento de la Quinta Conferencia del Episcopado Latinoamericano, reunido en Aparecida, Brasil, indicó que “como bautizados, seguidores y amigos de Jesús, los presbíteros también están llamados a ser discípulos misioneros del Señor”.
Indicó que el pueblo necesita de sacerdotes que tengan una profunda experiencia de Dios; dóciles a las nociones del Espíritu Santo; que conozcan de la Biblia; los lleve a cuidar el rebaño a ellos confiados, a buscar a los más alejados, siempre en profunda comunión con sus obispos, hermanos sacerdotes, religiosos y laicos.
También expuso que la población “necesita de presbíteros servidores de la vida: que estén atentos a las necesidades de los más pobres, comprometidos en la defensa de los derechos de los más débiles y promotores de la cultura de la solidaridad”.

Para servir al Señor
Durante la segunda reflexión, el Arzobispo de Caracas abordó el tema del servicio realizado por quienes están consagrados a Dios. Indicó que a partir de las enseñanzas del Papa Benedicto XVI, expuestas en Roma durante la misa crismal de Semana Santa, se desprenden dos “tareas que definen la esencia del ministerio sacerdotal”.
La primera es “estar delante del Señor”. “El sacerdote debe vivir con el rostro dirigido al Señor, y particularmente teniendo en el centro de su vida la oración, la liturgia y sobre todo, la Eucaristía”.
La segunda es “servir al Señor”. “Aquí la palabra servir tiene muchas dimensiones. Comprende la correcta celebración de la liturgia y de los sacramentos, realizada con la participación interior, es decir, del corazón, con viva fe y devoción. El arte de celebrar debe brotar de nuestra interioridad, de nuestra oración, de la familiaridad, el amor y la vivencia de la Palabra de Dios”, dijo.

Redimidos por Cristo
Por su parte, Ramón Cote fue el encargado ofrecer las palabras de agradecimiento en nombre de sus compañeros de ordenación sacerdotal. Con visible emoción tanto en el rostro como en sus palabras, señaló que “nosotros hemos sido alcanzados por la Buena Noticia de Jesucristo”.
“Nos hemos convertido en servidores del Reino de Cristo. A pesar de que venimos de llevar una vida plena y de realizarnos en otros campos; sin embargo, el camino de la vida en Jesucristo es el único que además de la realización, también nos brinda la salvación”, expuso.
El presbítero Cote, agradeció a las distintas comunidades parroquiales, a los grupos de apostolado, así como a las autoridades eclesiales y civiles que les brindaron apoyo durante las etapas de formación y diaconado. Finalmente planteó un llamado a la juventud venezolana para que “también asuman el reto de entregar su vidas a Cristo para servir a los demás”.







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