sábado, 7 de julio de 2007

Los católicos apuestan por la vida

Ramón Antonio Pérez

Dos acontecimientos consecutivos son dignos de ser tomados en cuenta en el contexto de la Venezuela que se resiste al avance del socialismo que Hugo Chávez desea imponer. La enseñanza: ante la doctrina de muerte los católicos han apostado por la vida. Por una parte se encuentra el anuncio de beatificación de la Hermana Susana Paz Castillo Ramírez, que hizo el pasado viernes 6 de julio el papa Benedicto XVI. A la fundadora de la Congregación de las Hermanas Carmelitas de la Tercera Orden Regular de Venezuela, se le inició su causa ante el Vaticano, en 1976; el anuncio se da luego del reconocimiento de un milagro ocurrido en 1995. En segundo lugar, la exposición del documento: “Urge el diálogo y la reconciliación en Venezuela”, emanado de la LXXXVIII asamblea ordinaria de la Conferencia Episcopal donde se recogen las inquietudes, esperanzas y lineamientos doctrinarios para los católicos y demás ciudadanos venezolanos.
Veamos cada hecho. El milagro que se le atribuye a la Hermana Candelaria de San José, que es como se le conoce en la congregación, ocurrió en su natal Altagracia de Orituco, estado Guárico. Según el expediente de la causa, en 1995, la ciudadana Rafaela de Bermúdez, pidió la ayuda de la Carmelita cuando un médico le diagnosticó insuficiencia cardíaca, anemia y preeclampsia, a las 29 semanas de gestación. “El feto no tenía actividad cardíaca. La madre rogó a la religiosa, mientras los galenos se preparaban para realizar un curetaje. Después de las oraciones, los médicos encontraron una niña saludable”. Hoy tiene doce años y se llama Milagro Candelaria en honor a la monja. Este hecho fue una clara apuesta de fe por la vida.
Es la segunda oportunidad en que los católicos venezolanos contarán con un santo propio que los elevará con su testimonio ante el mundo como seguidores de Cristo. Esta beatificación significará la movilización de la sociedad venezolana por motivos de fe; además representa un testimonio cristiano con valores muy distintos a los del “nuevo hombre” que pregona el socialismo de Chávez. Una de las preguntas que se hacen los venezolanos es ¿cómo reaccionará el Gobierno ante este hecho de importancia nacional y mundial?.

Por su parte, el documento del Episcopado Venezolano refleja una clara sintonía de la Iglesia con las necesidades de la población. Con voz firme y fluida que llenó de esperanza a los feligreses, Monseñor Mariano Parra, obispo de Ciudad Guayana, expresó que “sin una cultura de respeto no se puede entablar una reflexión, ni un dialogo nacional”. Le agregó un nivel de valentía a sus expresiones cuando señaló que “Nadie y mucho menos el presidente de la República tiene derecho a insultar o agredir a personas o instituciones que disientan de sus opiniones o proyectos”. El documento contiene la resistencia doctrinal de los católicos y de la población en general, ante el intento del Gobierno por destruir los valores y tradiciones del país, con “la instauración de un modelo político y social bajo el signo ideológico del así llamado socialismo del siglo XXI”.
Los Obispos denunciaron que el lema “patria, socialismo o muerte”, estimula una manera de gobernar de sistemas totalitarios que han sido superados por la comunidad mundial y por la democracia. Por otra parte, suponen los obispos que la reforma de la Constitución “se dirige hacia el establecimiento de un sistema socialista fundado en la teoría y la praxis del marxismo-leninismo”. Se interpreta que la “muerte” es vista por el Gobierno como un mecanismo de limpieza en contra de quienes no coinciden con sus postulados, y no de redención, perdón y salvación como lo pregona el cristianismo.
Los obispos proponen a Jesucristo como el “Camino, Verdad y Vida” según la cita del Evangelio de San Juan, capítulo 14, versículo 6, ya que Él es “fuente inagotable de paz, de reconciliación y de amor”. De igual manera ante los problemas que agobian al país, proponen el camino que indica el Señor: “el camino fundamental hacia la paz, que todos anhelamos, es la reconciliación y la solidaridad”. De nuevo, la fe católica hace una apuesta por la vida.

De allí que para los cristianos venezolanos, al tiempo de contar con el reconocimiento mundial de una nueva figura en la vitrina de los “santos”, y tener una dirigencia religiosa unida en torno a la defensa de los valores cristianos y democráticos, el momento se presenta como algo maravilloso; sin embargo, parece ser también un tiempo de mayor compromiso y exigencia.

Para los católicos venezolanos es la hora de la verdadera Iglesia brotada de los Evangelios y sostenida por el Espíritu Santo, en contra de los poderes del maligno y según la promesa de Jesucristo. Es el tiempo de la Iglesia a la que pertenece y con la que se identifica un alto porcentaje de compatriotas, que merecen redención espiritual y social. Por eso, también es hora de demostrar que la fe, la sencillez, la valentía y la vida, son valores cristianos que se deben enarbolar por encima de las adversidades de la muerte que pregona el Estado Socialista.
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Trabajo publicado en:

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