martes, 8 de diciembre de 2015

Comenzó el Año Santo de la Misericordia



Cómo aprovechar este año de conversión personal, de perdón y recibir las gracias del Jubileo

Hoy fiesta de la Inmaculada el papa Francisco abre la Puerta Santa y con ella queda inaugurado el Año Santo especial de la Misericordia, que durará hasta la próxima fiesta de Cristo Rey en noviembre del año próximo.

¿Cómo podremos aprovechar las gracias que Dios concede a través de la Iglesia en este Año Santo especial?

El papa Francisco, cuando convocó el Jubileo en su bula “Misericordiae Vultus” (MV) (El rostro de la Misericordia), ha querido que este año fuera dedicado íntegramente a la Misericordia que Dios Padre, junto con el Hijo y el Espíritu Santo, manifiesta al hombre, a todos los hombres, creyentes o no. Todos los hombres han de tener la oportunidad de conocer, en este Jubileo, la Misericordia de Dios, de un Dios que perdona, que ama y que se desvive por sus hijos. Eso dependerá de nuestro apostolado.

En este Año Santo el Papa pide que nos arrepintamos de nuestros pecados para poder gozar de la ternura de Dios Padre y de su gracia mediante la misericordia que derrama sobre todos y cada uno de los hombres. La Iglesia, Esposa de Cristo, dispensa estas gracias mediante el sacramento de la reconciliación o penitencia, que será el punto álgido de nuestra conversión interior.

Pero si Dios lo perdona todo ¿dónde está la justicia divina? Si Dios es amor, como dice San Juan (I Jn, 4, 8), si Dios es como el padre del Hijo Pródigo que espera el arrepentimiento de su hijo para hacerle una gran fiesta y perdonarlo, el amor y la misericordia están por encima de la justicia, como ya dijo el papa san Juan Pablo II, en su encíclica sobre la misericordia (Dives in Misericordia, n. 4).

Y nos preguntamos, ¿cómo podemos ver la Misericordia de Dios Padre? El Evangelio afirma, y repite el Papa, que Jesús es el “rostro de la misericordia del Padre” (MV, n. 1). Tan grande es la Misericordia de Dios, que nunca se agota, pues siempre está dispuesto a recibir nuestro arrepentimiento, siempre dispuesto a perdonar. Encontraremos la Misericordia de Dios Padre yendo al encuentro con Jesús.

El Año Santo nos pide que cambiemos de vida, que nos reconciliemos con Dios. ¿Cómo? En primer lugar confesándonos, arrepintiéndonos de nuestros pecados, cumplir la penitencia e ir a comulgar, rezando por el Papa y peregrinando y atravesando la Puerta Santa abierta en nuestras catedrales. Iremos al sacramento de la reconciliación o confesión como el Hijo Pródigo fue a su padre, pidiéndole: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. No merezco tu perdón…” (Lc, 15, 18-19), y el Padre celebrará una gran fiesta en el cielo, pues en el cielo es más fiesta “para un pecador que se arrepienta que por 99 justos que hagan penitencia” (Mt 18. 12-13).

Por otra parte, como en todos los Jubileos, peregrinaremos hacia la Puerta Santa para ganar las indulgencias plenarias o gracias especiales que concede la Iglesia en el Jubileo, así como realizarvisitas a los pobres, a los enfermos, a los deprimidos, a los presos. Estas indulgencias las aplicamos para que se nos perdonen las secuelas de nuestros pecados y para ayudar a las almas del purgatorio, tan deseosas de nuestras oraciones. También podremos mejorar la convivencia con quienes están y conviven con nosotros, en la familia y en el lugar de trabajo, acompañar a los abuelos para que no se sientan solo, en fin, hacer la vida más agradable a los demás y construyendo a nuestro alrededor un remanso de paz y alegría. También viviremos el Año Santo con limosnas a los más necesitados. En definitiva es vivir las obras de misericordia, acompañadas por un espíritu de penitencia y de ayuno, especialmente en Cuaresma y Semana Santa.

Los sacerdotes ordinarios pueden absolver los pecados del aborto, y habrá también “misioneros de la misericordia”, enviados por el Papa a todas las diócesis para perdonar los pecados más gordos, más ignominiosos, como matar por ganar más dinero, las mafias criminales y la corrupción, especificado por el Papa en la bula mencionada.


Si buscamos la Misericordia de Dios, la encontraremos, y con ella encontraremos a la Virgen María, Madre de la Misericordia. El papa Francisco ha dicho que Dios, lleno de Misericordia, nos espera en este año Santo para que podamos abrazarle, como el Hijo Pródigo a su padre, y hallaremos la ternura de Dios que nos saldrá en el camino, nos abrazará y nos dará su gozo y su paz.



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