jueves, 20 de noviembre de 2014

Cardenal Urosa: “Los sacerdotes estamos llamados a dar la vida por la salvación de los fieles”



El Cardenal Urosa convocó a una convivencia en la que fueron reunidos los sacerdotes, diocesanos o religiosos que trabajan pastoralmente en la Arquidiócesis de Caracas, y que fueron ordenados desde el año 2000 hasta la fecha

Ramón Antonio Pérez
@GuardianCatolic 

Caracas, 20 de noviembre de 2014.- “Vivimos en una sociedad materialista y consumista; en un mundo erotizado, un mundo que exalta el gusto y la autonomía personal sobre todas las cosas, una sociedad relativista e inestable, que no favorece el compromiso y la fidelidad permanente, y continuamente sometida a la agitación política”. 

De esta manera el Cardenal Jorge Urosa Savino, se dirigió a los sacerdotes y religiosos que el 18 de noviembre asistieron a la convivencia organizada por la Arquidiócesis de Caracas,  en la sede de la Conferencia Episcopal Venezolana. 

La convocatoria estuvo dirigida a los sacerdotes y religiosos consagrados desde el año 2000, es decir, los más jóvenes de quienes trabajan por Cristo y la Iglesia en Caracas.

Entre los objetivos de la convivencia estaba “intercambiar experiencias para compartir dificultades, logros y anhelos”; “tratar aspectos relativos a la vocación y misión sacerdotal”, con los retos existentes en Caracas, “desde la perspectiva de los sacerdotes jóvenes”. También se pretendía “renovar los compromisos y comunión fraterna”, además de “fortalecer la decisión de servir al Señor y a su pueblo santo como ministros del inmenso amor de Dios en esta Iglesia arquidiocesana”.

El Cardenal Urosa desarrolló un tema que fue denominada: “Ser sacerdotes hoy en Caracas”, el cual estuvo compuesto de cinco partes. En el primer punto abordó la realidad sacerdotal y vocacional; en segundo lugar, el Sacerdocio de Cristo; el tercer aspecto fue “nuestra participación en el sacerdocio de Cristo”; luego habló acerca de “vivir el sacerdocio”; y finalmente, el tema de la “oblación y pastoreo”.

Resaltó que los sacerdotes “estamos sobrecargados de trabajo, lo cual nos lleva a descuidar nuestra vida personal, especialmente el aspecto religioso y espiritual, la unión, la intimidad con Dios, la experiencia religiosa”.

Cuando abordó el tema de la realidad citó una intervención del Obispo Auxiliar de Caracas, Monseñor Tulio Luis Ramírez Padilla, quien durante un análisis hecho el pasado 14 de octubre, expresaba lo siguiente: “Como a los discípulos, nos sigue enviando el Señor en un mundo cada vez más hostil a la escucha de la Palabra de Dios, a la religión en general, al mensaje de Cristo y de la Iglesia”.

El Cardenal Urosa, apoyado en la misma cita, acotaba: “Estamos ante el panorama del avance de la intolerancia religiosa, secularismo, relativismo, cultura de la violencia y de la muerte, rechazo a la moral de la vida; el avance de la santería; y también la actitud de los nuevos lobos rapaces, que se oponen a la misión del mandato de Jesús”. 

A continuación la alocución del Arzobispo de Caracas, Cardenal Jorge Urosa Savino, durante la convivencia con sacerdotes y religiosos más jóvenes de Caracas (Subrayado nuestro):
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“SER SACERDOTE HOY EN CARACAS”
SACERDOTE COMO CRISTO AL SERVICIO DE SU PUEBLO

“Para los hermanos Obispos Auxiliares y para mí es muy grato encontrarnos con Ustedes, los sacerdotes ordenados desde el año 2000 hasta ahora. Es un encuentro fraterno, de animación y de fortalecimiento de los vínculos que nos unen. Al mismo tiempo nos dará la oportunidad de intercambiar ideas y experiencias en la vivencia de nuestro sacerdocio en los difíciles tiempos que estamos viviendo.
El Tema de la Convivencia es “Ser sacerdotes en Caracas hoy”. Se trata de apreciar mejor y agradecer a Dios el don del sacerdocio, así como de afrontar con decisión las dificultades que tenemos para vivirlo y realizarlo de manera más satisfactoria y eficaz.

1-NUESTRA REALIDAD

“Como a los discípulos, nos sigue enviando el Señor en un mundo cada vez más hostil a la escucha de la Palabra de Dios, a la religión en general, al mensaje de Cristo y de la Iglesia. …Estamos ante el panorama del avance de la intolerancia religiosa, secularismo, relativismo, cultura de la violencia y de la muerte, rechazo a la moral de la vida; el avance de la santería; y también la actitud de los nuevos lobos rapaces, que se oponen a la misión del mandato de Jesús” (Mons Tulio Ramírez, alocución del 14 oct 2014 en la Reunión. de Pastoral).
Vivimos en una sociedad materialista y consumista; en un mundo erotizado, un mundo que exalta el gusto y la autonomía personal sobre todas las cosas, una sociedad, relativista e inestable, que no favorece el compromiso y la fidelidad permanente, y continuamente sometida a la agitación política. Y, además, estamos sobrecargados de trabajo, lo cual nos lleva a descuidar nuestra vida personal, especialmente el aspecto religioso y espiritual, la unión, la intimidad con Dios, la experiencia religiosa.

2-EL SACERDOCIO DE CRISTO

Un punto fundamental de la identidad sacerdotal es la realidad maravillosa del sacerdocio de Cristo, manifestada por el Señor en los Evangelios, y desarrollada ampliamente por el autor de la Carta a los Hebreos.
En ella leemos: “partícipes de una vocación celestial, considerad al apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra Fe, Jesús….Teniendo, pues tal Sumo Sacerdote que penetró lo Cielos –Jesús, el Hijo de Dios- mantengamos firmes la fe que profesamos Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado (4, 14-15).
Y más adelante, refiriéndose a Jesús dice: “porque todo sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto a favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados... (5,1-4) y luego: “De igual modo, Cristo tampoco se apropió la gloria del Sumo Sacerdocio….el cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas... fue escuchado por su actitud reverente... y llegado a la perfección se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedece, proclamado por Dios Sumo Sacerdote, a semejanza de Melquisedec (5. 5-8).
El autor de esta carta no hace sino desarrollar la conciencia sacerdotal que Jesús mismo tuvo de su vida, de su misión y de su entrega sacrificial en la cruz, en clave sacerdotal, de sacrificio expiatorio, de redención salvífica. Él es el verdadero cordero que quita el pecado del mundo (Jn 1,29). El ofrece su carne por la vida del mundo (Jn 6,51); él es el buen pastor, que da la vida por sus ovejas; él es aquel que muere por el pueblo (Jn 11, 49-52). Se trata de la entrega sacrificial que Jesús hace de su misma vida, precisamente llevando a plenitud los sacrificios de la antigua alianza… Precisamente el Papa Benedicto XVI, en su homilía del domingo del Buen Pastor, el 29 de abril de 2010, interpreta el pastoreo de Jesús, el dar la vida por sus ovejas, en clave sacerdotal.
«El buen pastor da su vida por la ovejas» (Jn 10, 11). Jesús insiste en esta característica esencial del verdadero pastor que es él mismo: «dar la propia vida». Lo repite tres veces, y al final concluye diciendo: «Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre» (Jn 10, 17-18). Este es claramente el rasgo cualificador del pastor tal como Jesús lo interpreta en primera persona, según la voluntad del Padre que lo envió. La figura bíblica del rey-pastor, que comprende principalmente la tarea de regir el pueblo de Dios, de mantenerlo unido y guiarlo, toda esta función real se realiza plenamente en Jesucristo en la dimensión sacrificial, en el ofrecimiento de la vida. En una palabra, se realiza en el misterio de la cruz, esto es, en el acto supremo de humildad y de amor oblativo”. (Benedicto XVI, 29 de abril de 2012)

3-NUESTRA PARTICIPACION EN EL SACERDOCIO DE CRISTO

El sacerdocio de Cristo, que se nos comunica cuando el Obispo, sucesor de los apóstoles, nos llama a participar en su ministerio como presbíteros, es uno de los elementos centrales de la identidad del obispo y también del presbítero. Escuchemos al Concilio Vaticano IIº en la Const. Lumen Gentium 28:
“Participando, en el grado propio de su ministerio, del oficio del único Mediador, Cristo (cf. 1 Tm 2,5), anuncian a todos la divina palabra. Pero su oficio sagrado lo ejercen, sobre todo, en el culto o asamblea eucarística, donde, obrando en nombre de Cristo [103]y proclamando su misterio, unen las oraciones de los fieles al sacrificio de su Cabeza y representan y aplican [104] en el sacrificio de la Misa, hasta la venida del Señor (cf. 1 Co 11,26), el único sacrificio del Nuevo Testamento, a saber: el de Cristo, que se ofrece a sí mismo al Padre, una vez por todas, como hostia inmaculada (cf. Hb 9,11-28)”.
Es el sacerdocio, precisamente, la participación en el sacerdocio de Cristo, lo que distingue a los presbíteros de los diáconos, que participan también de la acción pastoral del Señor, pero sin referencia al sacerdocio ni con la potestad de realizar la Eucaristía. Y el Decreto Presbyterorum Ordinis: “Los presbíteros, aunque no tienen la cumbre del pontificado y dependen de los Obispos en el ejercicio de su potestad, están, sin embargo, unidos con ellos en el honor del sacerdocio[100] y, en virtud del sacramento del orden [101], han sido consagrados como verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento [102], a imagen de Cristo, sumo y eterno Sacerdote (cf. Hb 5,1-10; 7,24; 9,11-28), para predicar el Evangelio y apacentar a los fieles y para celebrar el culto divino. Por la ordenación somos consagrados a Cristo Sacerdote, y por participación del sacerdocio de Cristo somos instrumentos vivos del sacerdote eterno” (P.O. 12)
Este aspecto sacerdotal del pastoreo subraya el carácter específicamente soteriológico, religioso, sacrificial, del presbiterado, cuyas funciones llegan a su culmen precisamente en el ejercicio del culto y sobre todo de la Eucaristía, a través de los cuales se comunica la gracia salvífica de Cristo a su pueblo santo. La gran diferencia entre el presbítero y el diácono es que el presbítero participa del sacerdocio ministerial de Cristo, a través del Obispo, y el diácono no. Este es ordenado para realizar algunas tareas de servicio.
Cuando Cristo en la Ultima Cena dice a los apóstoles: “ejemplo les he dado para que también hagan Ustedes lo mismo”, y “hagan esto en memoria mía”, los llama no solamente a predicar y a conmemorar su muerte sacrificial por muchos hasta el fin de los tiempos, sino que los llama a ejercer el ministerio sacerdotal que El mismo vivió, a ofrendar sus vidas por la salvación del mundo.

4-VIVIR NUESTRO SACERDOCIO

Los Obispos, sucesores de los Apóstoles, y sus colaboradores los presbíteros, están llamados a identificarse y unirse con Cristo, sumo y eterno sacerdote, que por amor al Padre se entregó como víctima redentora al servicio de la humanidad, Y esto en las actuales circunstancias de Caracas.
Para lograrlo es preciso tener un profundo amor a Dios, como lo tuvo Cristo, cuya comida era hacer la voluntad de su Padre… El presbítero, llamado a ser buen pastor que da la vida por las ovejas, a hacer como Jesús hizo, vive su ministerio, vive como sacerdote en la medida en que, unido a Jesús, no solamente realiza funciones sacerdotales, sino que, existencialmente ofrece su vida diariamente en el servicio pastoral, y precisamente en esa entrega, realiza lo esencial de su ser, es decir, el ofrecerse con Cristo para la salvación del mundo.
Esto lo entendemos mejor cuando escuchamos a San Pablo, invitando a todos los cristianos a tener los mismos sentimiento de Jesús, que se ofreció y se entregó hasta la muerte y muerte de cruz, por la salvación del mundo (Cfr Fi 2). El presbítero, el sacerdote, está llamado no sólo a seguir y acompañar al pueblo, sino a dar la vida en oblación religiosa a Dios por la salvación de los fieles, como hizo Jesús. Y a entregar al pueblo fiel los dones del Señor a través de la Liturgia, especialmente los sacramentos y, sobre todo, la Eucaristía. Esa es la misión que recibieron los Apóstoles y que los obispos y presbíteros continúan, como mensajeros, representantes, sacramentos personales del Buen Pastor-Sumo Sacerdote, Jesucristo.

5-OBLACIÓN Y PASTOREO

En este contexto se debe entender también el ardor apostólico y la caridad pastoral, verdadera alma del ministerio presbiteral: ella es entrega sacerdotal, por la salvación del mundo, de la propia vida del sacerdote a Dios, a la Iglesia, a los fieles. Y entender a Cristo como Buen Pastor y sumo sacerdote al mismo tiempo.
Clave, pues, para vivir, nuestro sacerdocio, es la unión personal con el Señor, la entrega de nuestra vida en la unión con Dios, el morir al pecado y vivir para Dios, el identificarnos con el cumplimiento de la voluntad del Señor.
Básico, pues, es sentir, vivir esa unión, Y para ello es preciso, repito, sentir profundamente como Jesús, por la fuerza del Espíritu Santo, un vivo amor a Dios Padre, y tener la conciencia de que, viviendo nuestra entrega personal, en la práctica de las virtudes, y en el servicio pastoral decidido, alegre, entusiasta, ardoroso, estamos siendo realmente instrumentos de Dios para la salvación del mundo. Y vamos por el camino de la felicidad, que es precisamente el camino del amor, de escuchar y cumplir la Palabra de Dios (Lc 11, 28).

Que María Santísima nos alcance esa gracia de manos de nuestro Señor Jesucristo, sumo y eterno sacerdote. Amen”.




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