viernes, 23 de octubre de 2009

Obispos de África exigen “respeto y dignidad” en la Conclusión del Segundo Sínodo





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El Papa Benedicto XVI había convocado un nuevo sínodo de obispos dedicado al continente africano, del 4 al 25 de octubre de 2009, para reflexionar en torno al papel de la Iglesia Católica al servicio de la reconciliación, de la justicia y de la paz. Este viernes fue publicado el Nuntius, o mensaje conclusivo del la II Asamblea Sinodal para África, según destaca la Periodista Carmen Elena Villa, para la agencia ZENIT, de donde se toma esta información.

Carmen Elena Villa

CIUDAD DEL VATICANO, viernes 23 de octubre de 2009 (ZENIT.org) A dos días de que se celebre la eucaristía conclusiva de la II Asamblea Especial para África del Sínodo de obispos, los padres sinodales hicieron un llamamiento a la comunidad internacional para que se unan al proyecto de justicia, reconciliación y paz en este continente.
Así sucedió hoy durante la rueda de prensa realizada en la Santa Sede, en la que presentaron el Nuntius o mensaje de la Asamblea Sinodal. El mensaje indica que el compromiso con la reconciliación en África es una acción común no sólo de la Iglesia sino también de diferentes organizaciones y confesiones.
En la conferencia estuvieron presentes monseñor John Olorunfemi Onaiyekan, arzobispo de Abuja (Nigeria) y presidente de la Comisión para este Mensaje; monseñor Youssef Ibrahim Sarraf, obispo de El Cairo de los Caldeos (Egipto) y monseñor Francisco João Silota obispo de Chimoio (Mozambique).
A pesar de que los padres sinodales reconocieron la labor social que realiza la ONU en África, exigieron también más transparencia y coherencia a la hora de realizar estos programas: “valorad con atención los servicios que ofrecéis a nuestra gente, aseguraos que sean buenos para nosotros”.
Denunciaron en este sentido algunos proyectos que las Naciones Unidas han liderado y que atentan contra la dignidad de la mujer y la familia. Citaron el ejemplo del Protocolo de Maputo, el cual entró en vigor en el año 2005 y ha incentivado la aplicación de los llamados derechos sexuales y reproductivos de la mujer en África.

Lucha contra el sida
Durante el Sínodo, los obispos africanos agradecieron a quienes se han involucrado con el “difícil apostolado” así como la atención médica y humanitaria a los hombres y mujeres contagiados por el virus del Sida.
“Invocamos un apoyo permanente para que podamos cubrir las necesidades de muchos que nos piden asistencia”, dice el documento.
Advirtieron los prelados, como lo ha dicho el Papa Benedicto XVI, que este problema “no puede ser superado con la distribución de preservativos”.
“Solicitamos a todos los que están genuinamente interesados a detener la transmisión del Sida, que reconozcan el éxito que ya hemos obtenido con la aplicación de los programas que aconsejamos: la abstinencia entre quienes no son casados y la fidelidad entre los casados”, señala el documento.

Crisis económica
Frente al tema de la crisis mundial los padres sinodales hicieron una petición a la comunidad internacional de tratar a África “con respeto y dignidad”.
Aseguraron que este continente reclama un cambio en el orden económico mundial respecto a las estructuras de injusticia que recaen muchas veces sobre sus habitantes
Indicaron que la reciente turbulencia en el mundo financiero muestra la necesidad de un cambio radical en las reglas: “Sería una tragedia si los cambios fueran hechos sólo teniendo en cuenta los intereses de los ricos y a expensas de los pobres. Muchos de los conflictos, guerras y pobrezas de África derivan principalmente de estas estructuras injustas”.
Señalaron que para ello es necesario escuchar las enseñanzas al respecto que hace el Papa Benedicto XVI en su última encíclica Caritas in veritate: “Un orden mundial nuevo y justo no es sólo posible sino necesario para el bien de toda la humanidad”.
También solicitaron un mayor cuidado al medio ambiente: “Las sociedades multinacionales deben cesar la devastación criminal del ambiente para la codiciosa devastación de los recursos naturales”.
Por último calificaron como “política miope” aquella que fomenta la guerra para obtener los propios beneficios, señalando el alto precio que se paga por las vidas humanas y el altísimo derramamiento de sangre. “¿Es posible que ninguno sea capaz y quiera interrumpir estos crímenes contra la humanidad?”, concluyeron los obispos.

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