miércoles, 26 de septiembre de 2007

Rompe las cadenas

Hermanos en Cristo, debemos romper las famosas cadenas para no romper la relación con Dios. Cuando se le da continuidad a una cadena, de esas que a cada rato envían a nuestros correos electrónicos y que no se sabe quién las inventa, se quita la confianza en Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, para ponerla en algo que amenaza y esclaviza de unas letras sin poder, sino el que le dan sus lectores.
No tengas miedo de esas amenazas que vienen del príncipe de la mentira, con el nombre que le quieras dar: lucifer, diablo o satanás, porque está vencido en la cruz por Cristo, en quien se debe poner la confianza ya que Él es el Señor y dador de Vida.
La única cadena válida para un cristiano debe ser la oración personal a Dios. También es muy válido el rezo del Santo Rosario, llamado por el Beato Bartolomé Longo, cadena en la siguiente oración evocada por el Papa Juan Pablo II, en el documento “Rosarium Virginis Marie”:
“Oh Rosario bendito de María, dulce cadena que nos une con Dios, vínculo de amor que nos une a los Ángeles, torre de salvación contra los asaltos del infierno, puerto seguro en el común naufragio, no te dejaremos jamás. Tú serás nuestro consuelo en la hora de la agonía. Para ti el último beso de la vida que se apaga. Y el último susurro de nuestros labios será tu suave nombre, oh Reina del Rosario de Pompeya, oh Madre nuestra querida, oh Refugio de los pecadores, oh Soberana consoladora de los tristes. Que seas bendita por doquier, hoy y por siempre, en la tierra y en el cielo”.

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