viernes, 31 de agosto de 2007

¡Ay de mi si no lo hago!

Los católicos venezolanos lanzan S.O.S.

“Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos”. (San Mateo, 5, 9-10)

Ramón Antonio Pérez
Es imposible quedarse callado cuando las evidencias están latentes y dispuestas a repetirse como hechos concretos de un pasado que se creía superado. Si el comunismo ha sido históricamente inclemente con los católicos en el mundo; ¿cómo silenciar entonces los ataques que se pueden cometer en Venezuela en contra de los seguidores de Jesucristo?
Para un cristiano es imposible ocultar la verdad, porque la Palabra de Dios enseña que si los hombres se callaran, "las mismas piedras hablarían", según se lee en el Evangelio de Lucas, capítulo 19, versículo 40. ¡Ay de mí si no lo hago!
Un excelente documental acerca de los desmanes cometidos por los comunistas en contra de los grecos - católicos en Ucrania, fue transmitido por el canal EWTN. Sus contenidos sirven para comparar la realidad por la que atraviesa Venezuela. Este reportaje fue colocado tanto en el portal Youtube como en el Blog: http://sanmiguelillo.blogspot.com/search/label/Rusia.
El trabajo es una evidencia de que los católicos fueron perseguidos y sus templos e imágenes sagradas destruidas, aunque Dios no permitió que la fe y los creyentes fueran exterminados como quisieron sus perseguidores.
“En abril de 1945 todos sus obispos fueron arrestados y sentenciados a trabajos forzados. El metropolita Joseph Slipyj, cabeza de la Iglesia, fue enviado a prisión en Siberia. Él fue puesto en libertad en 1963 y exiliado a Roma”. Nikita Kruschev se jactó de expresar que si quedaba algún cristiano en los últimos veinte años de su gobierno, él mismo “saldría en televisión para mostrarlo como una curiosidad”.
Hoy en Venezuela, muchos de los creyentes en Jesucristo, y muy especialmente quienes forman parte de la Iglesia Católica, atraviesan por una situación algo parecida a la de los ucranianos.
Las relaciones institucionales de la Iglesia con el régimen de Hugo Chávez cada vez se deterioran y los obispos, religiosos, sacerdotes y laicos (catequistas, líderes sociales, dirigentes políticos, estudiantes y otros) son atacados, vejados y desprestigiados por quienes intentan imponer un régimen al que han llamado “Socialismo del Siglo XXI”; un sistema que ya en sus delineadas intenciones recuerda las crueldades de los comunistas del siglo XX.
En la sin igual Torre de Babel del país, llama la atención que se hayan montado algunos “pastores evangélicos” y “curas católicos”, quienes se hacen llamar de la “teología de la liberación”. Son los abanderados espirituales de doctrinas distintas a la que predicó Jesucristo: el amor a los hermanos.
Contrariamente, con el marxismo-lenismo tratan de justificar que Jesús era socialista para darle soporte divino al régimen chavista, y de paso, con la mermelada del cristo-marxismo-bolivariano, le adosan una peculiaridad nacionalista a tan sin igual régimen. Tamaña desviación es imposible de encontrar en una síntesis política o sociológica que se muestre con sólidos argumentos. A estos pastores no les importa echar al suelo las promesas a Dios, y cumplen el mismo papel de aquellos que en Ucrania se plegaron al gobierno autoritario, en una abierta apostasía a la fe. La historia no los olvidará porque son muy pocos.
Sin embargo, la oración y la Palabra de Dios son elementos de la fe que siguen confortando a los creyentes. “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos”, según San Mateo 5, 9-10. Son exclamaciones de esperanza del propio Jesucristo para que los cristianos estimen que la persecución siempre será por predicar su causa del Amor y por practicar el Bien, en especial a favor de los más desposeídos.
Por ello, dar testimonio y hablar en esta hora oscura por la que atraviesa Venezuela es una obligación de fe. “Tengo que gritar, tengo que arriesgar, ay de mí si no lo hago, cómo escapar de Ti, cómo no hablar, si tu voz me quema dentro”, recuerda la canción dedicada al profeta Jeremías. Y San Pablo confirma este compromiso: “Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe: Y ¡ay de mi si no predicara el Evangelio!” (1 Cor. 9, 16).
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Video 1: La Iglesia Perseguida de Ucrania (Ateísmo Obligado).
Video 2: La Iglesia Perseguida de Ucrania (Nikita Kruschev).
Video 3: La Iglesia Perseguida de Ucrania (Renovación).
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