La masiva expulsión de religiosos en 1961 desveló la incompatibilidad absoluta entre el comunismo y la libertad cristiana, un eco histórico que hoy reverbera en la causa de beatificación de un obispo exiliado en Venezuela.
Ramón Antonio Pérez | El Guardián Católico
Publicado el 21 de mayo de 2026
El año 1961 selló el destino de la Iglesia Católica en Cuba bajo una de las persecuciones ideológicas más sistemáticas del continente americano.
Los hechos son parte de una historia -reciente- que pudiera aleccionar a aquellos jóvenes y adultos cristianos que encandilados por discursos de justicia social, pretenden construir puentes entre el Evangelio y el marxismo. Su lectura real permite encontrar en esta memoria una advertencia inapelable: el totalitarismo real no tolera más altar que el del Estado.
LAS CIFRAS DEL ODIO COMUNISTA HACIA LOS CATÓLICOS CUBANOS
El terror anticatólico mostró su rostro más amargo el 18 de mayo de 1961. Ese día, el régimen de Fidel Castro consumó la expulsión forzosa de 200 monjas católicas, obligadas al destierro hacia Miami. Mientras las religiosas marchaban con dignidad, turbas fidelistas vociferaban consignas de odio en las calles de La Habana: “Las monjas, derechas, que se quiten las sotanas y se pongan falda estrecha”.
La agresión verbal no dio tregua a los sacerdotes, a quienes les gritaban: “Los curas, ladrones, que se quiten las sotanas y se pongan pantalones”, alternando con el estremecedor coro de “¡Para los curas, paredón!”, vociferado sin pudor delante de los niños.
Esta arremetida formaba parte de un plan preconcebido. Tras la nacionalización forzosa de la enseñanza, el castrismo confiscó 350 colegios religiosos, desarticulando la educación católica y deportando a más de 2.200 educadoras y cientos de sacerdotes hacia España, Estados Unidos y otros destinos de acogida.
UN SANTO CUBANO LLEGA A VENEZUELA: MONSEÑOR EDUARDO BOZA MASVIDAL
En el epicentro de este torbellino emergió la figura de Monseñor Eduardo Boza Masvidal, Obispo Auxiliar de La Habana y rector de la Universidad Católica de Santo Tomás de Villanueva.
Nació en Camagüey, Cuba, el 18 de septiembre de 1915 y tras ser ordenado obispo auxiliar el 15 de mayo de 1960, se convierte en un defensor indomable de la verdad, una amenaza para el pensamiento único.
El 17 de septiembre de ese mismo fatídico año 1961, tras la histórica procesión de la Virgen de la Caridad del Cobre, fue detenido y expulsado a la fuerza en el buque español Covadonga rumbo a la península ibérica junto a 135 sacerdotes.
Tras su breve estancia en Europa, Venezuela lo adoptó como un faro espiritual durante más de cuatro décadas. En tierras venezolanas, ejerce con impecable entrega como Vicario General de la Diócesis de Los Teques, donde sembró una huella imborrable de humildad, atención al necesitado y profunda fe.
Su rectitud fue de tal magnitud que su causa de beatificación y canonización fue abierta en el año 2012, un proceso formal cumplido ante la Santa Sede.
Su testimonio de vida cristiana lo consolida como un lazo inquebrantable de santidad y cobra mayor importancia al recordarse los 65 años de aquellas expulsiones y de la resistencia pacífica entre Cuba y Venezuela.



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