sábado, 15 de octubre de 2016

Monseñor Benito Alberto Perdomo Partió a la Casa Celestial

 Se fue un buen Padre, un buen Amigo, y un Buen Samaritano. ¡Así será recordado! (NOTA: Esta información no es Oficial. Es solo el sentimiento de uno de sus feligreses al conocer esta triste noticia. La Diócesis elabora el Comunicado Oficial)

Ramón Antonio Pérez
Guarenas, 15 DE OCTUBRE 2016

La noticia llegó temprano, apenas sorbiendo el primer café de este 15 de octubre de 2016. Monseñor Benito Alberto Perdomo tenía varios días aquejado de problemas de salud. La falta de medicamentos como a muchos venezolanos le hizo una mala jugada, para acabar con la vida de un hombre bueno: el de un Buen Samaritano que nació 6 de abril de 1938, en Los Teques, y fue ordenado sacerdote el 21 enero 1973.

Así lo conocí, y así lo recordaré:

Era el 1 de mayo de 1987. De tú a tú, descubrí lo que este sacerdote llevaba de humilde y de hombre bueno por dentro. Yo tenía pocos días de salir del servicio militar. Como todo joven pobre de 23 años; sin estudio, sin oficio y sin rumbo fijo, recordé que apenas un mes atrás había participado en una Misión Evangelizadora en Guarenas, una actividad organizada por el Instituto Nacional de Pastoral que entonces presidía el ahora Monseñor Ubaldo Santana, y se realizó en la Semana Santa de 1987 en sectores de la Parroquia Copacabana de Guarenas.

Ese Primero de Mayo llegué con una pequeña maleta, y toqué la puerta de la Casa Parroquial. Me abrieron y solicité al Padre Alberto.

- Buenos días Padre. Necesito que me reciba en su casa. Me vine de mi pueblo, busco trabajo y no tengo donde quedarme. Creo que Usted me puede ayudar.
Alberto me recibió; y durante varios días lo ayudé a reparar el techo de la casa mientras encontraba un trabajo. Esos pocos días me llevaron a vivir en la Casa Parroquial por más de cuatro años.

Con el Padre Alberto aprendí a conocer más de la Iglesia Católica; compartía con los sacerdotes que le visitaban y con los seminaristas. Allí también estaba una familia chilena: Erika y Manolo y su hijo; y con el tiempo también llegó Jesús Torres.

La señora Celina Garrett era la responsable de la Pastoral Social, un trabajo bandera en la parroquia que llevaba varios Hogares de Cuidado. Alberto era un hombre de corazón abierto y dispuesto a ayudar a todo el que lo buscara: niños, jóvenes y adultos.

Durante mi permanencia en su casa, fui Misionero de algunos barrios: La Guairita, La Comunidad, Zumba, La Vuelta de Juan y Colina Feliz. Con él siempre elaborábamos el trabajo a realizar: grupos de oración, charlas, talleres y misas en esos sectores a los que nunca dejó de visitar. También me permitió trabajar con el grupo juvenil de la Parroquia, y llegué a ser catequista de Confirmación.

Viviendo allí también hice mi primer curso de Fotografía y realicé mis primeros trabajos periodísticos en la zona de Guarenas.

Había una frase que Alberto me repetía hasta el cansancio: “Estudia muchacho. Tienes que estudiar. ¡No dejes que la juventud se te vaya sin estudiar y aprender!”. Y me decía que él era Monseñor más por la formación académica recibida que por otra cosa.

Todavía Guarenas no era Diócesis. Monseñor Pío Bello Ricardo era el obispo de Los Teques y como era nativo de Guarenas, con regularidad se quedaba en la Casa Parroquial y compartí junto a ellos durante las comidas y charlas...

Recuerdo algunos momentos cruciales de mi permanencia en la Casa Parroquial: los sucesos del 27 de Febrero de 1989; el intento de Golpe de Estado de Hugo Chávez el 4 de Febrero de 1992; y los trabajos iniciales para que Guarenas se convirtiera en Diócesis. Todos esos momentos los viví allí, al lado de este Buen Samaritano que hoy se nos marcha a la Casa del Padre Celestial.

Muchas fueron las horas de enseñanzas y oraciones compartidas. Me regañaba cual si de un papá por el bien de su hijo, se tratara; y me apoyó en situaciones personales difíciles por las que llegué a pasar mientras duró mi convivencia en la Casa Parroquial. Siempre me preguntaba por mi madre, y ella en ocasiones nos visitaba.

De la casa parroquial me fui en enero de 1992. “Padre me voy a casar y necesito hacer mi vida por mí mismo”, le dije un fin de semana. - "Hazlo, ya eres un hombre responsable. Tu seguirás contando con mi apoyo”, me dijo en tono cordial...".

El 23 Mayo de 1992, el Padre Alberto me confirió el Sacramento del matrimonio junto a mi esposa Edith Jiménez, y a los pocos años bautizó a mis dos hijos: Álvaro y Marco a quienes apadrinó.

Debo decir que en lo político, para el momento era un hombre de avanzada, crítico de las instituciones corruptas y muy allegado a los movimientos vecinales que en ese momento tenían fuerza. En no pocas ocasiones, su nombre "sonaba", especialmente cuando se dieron los primeros pasos para la elección de los alcaldes. Pero siempre decía: “Yo soy sacerdote. No soy político. Como seguidor de Jesucristo hago mucho más y puedo orientar mejor a la gente...”.

Durante el segundo intento de golpe de Estado, el 27 de noviembre de 1992, acompañó a la gente y fue garante de que los militares de la zona no maltrataran a nadie. 

Incluso, ese mismo día, a eso de las 10 de la mañana, en medio de los sucesos, ingresó al despacho del alcalde Tito Cardozo, para garantizar que nadie le hiciera daño. Vete tranquilo a tu casa. Los militares se han comprometido conmigo que no te harán daño y no detendrán a nadie. Yo me quedo aquí junto al Capitán para garantizar que así sea. Mientras, vemos que ocurre a nivel nacional con esta rebelión”.

Fue un activo motivador del Camino Neocatecatecumenal en Guarenas. Durante varios años se fue de Misionero Itinerante por varios países para profundizar en esta espiritualidad. Volvió a Guarenas en 2007, y retomó la Parroquia Nuestra Señora de Copacabana, desde donde el llamado definitivo de Dios ha tocado su puerta para ingresar al Reino Celestial. Un Buen Samaritano merece estar al lado de Jesús.


Paz a su alma, y Dios lo tenga en su Gloria.





VideoBar

Este contenido todavía no está preparado para las conexiones cifradas.