Cardenal Pizzaballa y su hoja de ruta espiritual frente al nuevo desorden mundial

 

En una extensa y profunda carta pastoral, el Cardenal Pierbattista Pizzaballa analiza la crisis estructural en Tierra Santa tras el 7 de octubre. Más allá del análisis político, el Patriarca propone a Jerusalén como un modelo de convivencia universal, instando a los cristianos a ser agentes de sanación y perdón en medio de un conflicto que deshumaniza al otro.

Ramón Antonio Pérez |El Guardián Católico

Publicado el 28 de abril de 2026

​La reciente misiva del Patriarca Latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, no es un comunicado institucional más; es un diagnóstico crudo y, a la vez, una propuesta mística para una región asfixiada por la guerra. Escrita en un contexto de fragmentación extrema, la carta busca responder a una pregunta vital: ¿cómo permanecer como cristianos en medio de un conflicto que parece no tener fin?

El Cardenal evita los discursos edulcorados para centrarse en una realidad donde la violencia se ha vuelto "objeto de un culto idólatra" y las instituciones internacionales han mostrado su absoluta impotencia.

Deshumanización y crisis de paradigmas

El primer gran eje de la carta aborda el impacto trascendental de los eventos ocurridos desde octubre de 2023. Pizzaballa describe un cambio de paradigma global donde el uso de la fuerza ha desplazado al derecho internacional. El Patriarca considera que el dolor ha cavado surcos tan profundos que se ha caído en una “dolorosa deshumanización del otro”.

En este escenario, el enemigo deja de ser humano para convertirse en un objetivo, a menudo seleccionado por algoritmos e inteligencia artificial, lo que plantea dilemas éticos inéditos sobre la responsabilidad humana en la guerra. Este desorden no solo es militar, sino social.

El Cardenal advierte sobre la “tentación de los enclaves”, donde las comunidades se encierran en burbujas paralelas alimentadas por el miedo y las redes sociales. Esta polarización genera identidades rígidas que se definen únicamente por oposición al otro.

La crisis ha desgastado palabras como “justicia”, “diálogo” o “convivencia”, dejándolas vacías ante el horror cotidiano.

El Patriarca reconoce que existe una diferencia de responsabilidades entre quien ocupa y quien es ocupado, pero enfatiza que el sufrimiento no debe jerarquizarse, sino reconocerse como el punto de partida para una reconstrucción que vendrá desde las organizaciones de base y no desde las alturas diplomáticas.

La visión de la Jerusalén Celestial, un modelo de sanación y puertas abiertas

​Frente a la desolación terrenal, Pizzaballa propone el “sueño de Dios”: la Jerusalén celestial descrita en el Apocalipsis, pero aplicada como guía práctica para la historia actual.

Es así como en este segundo punto neurálgico de su mensaje, es la transformación de Jerusalén de un botín de guerra a un “patrimonio de la humanidad”. El Patriarca sostiene que la Ciudad Santa no debe ser una fortaleza cerrada, sino un espacio donde la identidad se define por la acogida. “Sus puertas nunca se cerrarán”, cita el texto, sugiriendo que la exclusividad y el monopolio religioso o político contradicen la esencia misma de la ciudad.

​El Cardenal introduce el concepto de “memoria redimida” como la medicina necesaria para sanar a las naciones. Igualmente, denuncia la existencia de una "memoria tóxica" que se usa para justificar la venganza y llama a las escuelas e instituciones a purificar el relato histórico para que el pasado no determine violentamente el presente.

La misión de la Iglesia, según Pizzaballa, no es ser un mediador neutral, sino ser “sal y luz” dentro de la sociedad, promoviendo el perdón como el acto más revolucionario y sanador. En esta visión, la paz no es un acuerdo técnico de fronteras, sino el resultado de reconocer que el verdadero templo de Dios es la relación humana y que la luz del “Cordero” —el amor que se dona— es la única capaz de desarmar el odio.

El documento concluye con un llamado a la acción pastoral en familias, escuelas y hospitales, recordándoles que, aunque la comunidad cristiana en Tierra Santa es pequeña y vulnerable, posee la “mansedumbre” que, según el Evangelio, está destinada a heredar la tierra.

Para leer la Carta completa de Pizzaballa, hacer clic en el siguiente enlace: https://www.lpj.org/es 



 

  

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