Publicado el 02 de septiembre de 2026
En un reciente intercambio público difundido a través de la red social X (anteriormente Twitter), Mar Mounier (@elhigadodmarita) y nombre que lleva un medio dedicado al análisis histórico, político y religioso, ha respondido formalmente al sacerdote argentino Javier Ravassi (@PJavierOR), en el marco de una controversia teológica y litúrgica sobre la distribución de la Sagrada Eucaristía en la mano.
El origen del debate se remonta a las manifestaciones públicas en las que Mounier calificó como «carnicero» (macellai) al Cardenal Raymond Leo Burke tras la difusión de imágenes en las que el purpurado distribuía la Comunión en la mano.
Ante estas declaraciones, el Padre Ravassi cuestionó la postura de la comunicadora argumentando que, bajo esa misma premisa, se calificaría de igual modo a Padres de la Iglesia como San Cirilo de Jerusalén, San Basilio Magno, San Juan Crisóstomo, San Cesáreo de Arlés o San Efrén de Siria, sosteniendo además que la comunión en la mano constituyó la práctica habitual de los primeros siglos del cristianismo [1].
En su réplica, Mounier desarrolla una sólida exposición sustentada en el Magisterio de la Iglesia, la Patrística, la teología tomista y las definiciones dogmáticas del Concilio de Trento.
La autora sostiene que la postura del sacerdote incurre en la desviación teológica denominada "arqueologismo litúrgico", condenada expresamente por el Papa Pío XII en la encíclica Mediator Dei (1947) [2], al pretender restaurar formas primitivas desestimando el desarrollo orgánico y dogmático de la Iglesia guiado por el Espíritu Santo.
A través de un análisis histórico-docente, Mounier precisa que las prácticas eucarísticas del siglo IV diferían sustancialmente de la praxis contemporánea, citando los cánones del Concilio de Auxerre y el Concilio de Ruán (650) [3], así como las enseñanzas de Santo Tomás de Aquino en la Summa Theologiae (III, q. 82, a. 3) [4] sobre la reserva exclusiva del contacto eucarístico a las manos consagradas.
Asimismo, fundamenta la gravedad de la pérdida de micropartículas a la luz del decreto sobre la Santísima Eucaristía del Concilio de Trento (Sesión XIII) [5] y recuerda las advertencias formuladas por el Papa Pablo VI en la instrucción Memoriale Domini (1969) [6].
La autora concluye fundamentando el uso de la expresión "macellai!" en los testimonios místicos de San Pío de Pietrelcina [7] y reafirma su compromiso incondicional con la defensa de la fe católica.
A continuación, se reproduce de manera íntegra el texto de la carta abierta publicada por Mar Mounier.
Mar Mounier es un medio de análisis e información alternativo para la promoción y discusión del pensamiento crítico en áreas como geopolítica, economía, historia y noticias, según dice su presentación en Youtube. Otros medios refieren que Mar Mounier es el seudónimo en redes sociales de Maire Anthoanete Carrillo Herrera, una comentarista y activista política.
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| Texto Íntegro de la Carta Abierta |
Querido padre Javier:
Usted quiere una respuesta y yo, le obedezco.
Ud. ha objetado que llamar «carnicero» a un sacerdote que distribuye la Sagrada Hostia en la mano implicaría, por analogía, aplicar el mismo juicio a San Cirilo de Jerusalén, San Basilio Magno, San Juan Crisóstomo, San Cesáreo de Arlés y San Efrén de Siria. Y luego usted añade que la comunión en la mano fue la práctica habitual hasta el siglo VI. Lo repito para que quede claro lo que he entendido.
Con todo respeto, pero su razonamiento, padre Javier, es la definición exacta de lo que el Papa Pío XII condenó en la encíclica Mediator Dei (1947): incurre en arqueologismo litúrgico. Es creer que las formas litúrgicas primitivas son “superiores” a las desarrolladas posteriormente por la Tradición viva de la Iglesia guiada por el Espíritu Santo y de que por tanto, deben restaurarse contra siglos de desarrollo orgánico. ¿Sabe quienes repiten esa idea, padre Javier? Sí. Los protestantes. Y nosotros somos católicos y moriremos católicos.
Ud. debe saber por eso, que el paso de la comunión en la mano a la comunión en la boca de rodillas no fue ni una corrupción ni una casualidad. Fue el fruto maduro del desarrollo dogmático (no pastoral) de la Iglesia bajo la acción del Espíritu Santo, que culminó en la formulación tridentina de la Presencia Real y en la lógica consecuencia de que solo manos consagradas deben tocar el Cuerpo del Señor. Invertir ese desarrollo milenario no es volver a la pureza primitiva, es demoler la riqueza doctrinal de la Iglesia católica.
Usted afirma que San Cirilo y los demás Padres comulgaban en la mano como se hace hoy. Permítame, pero eso es una falsedad histórica, padre. El fiel no agarraba el Sacratísimo Sacramento con los dedos. El fiel formaba un trono con las manos cruzadas (la izquierda debajo, la derecha encima) y se inclinaba para tomar el Cuerpo de Cristo directamente con los labios desde la palma, sin tocarlo con los dedos de la mano. San Cirilo advierteincluso del cuidado de las partículas, porque en todo ellas esta Nuestro Señor. ¿Se hace esto hoy? NO. No se hace, padre Javier. Es más: NO LE IMPORTA ni al ministro ni al fiel.
Y no exagero. Compare lo descrito hecho hace siglos con la práctica actual: hoy el fiel toma la Sacratísima Forma con los dedos -que Dios sabe qué han tocado antes-, camina de vuelta a su banco con ella en la mano, la echa a la boca como si fuera una galleta, para luego “limpiar” la mano, como quien se sacude la suciedad ¿y las micropartículas? se desprenden en el suelo para ser pisoteadas por la multitud. Como Ud. y todo el que nos lee podrá apreciar NO hay paralelismo alguno con la delicadeza que se tuvo siempre. Lo que San Cirilo describe con temor reverente, el clero modernista lo ha convertido en una repartición industrial de bollería litúrgica. ¿Cómo se le puede llamar a ese tratamiento del Sacratísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor? Una carnicería, padre Javier. Y esa palabra para la dimensión real de lo que está ocurriendo con los más SAGRADO del universo entero, suena delicada.
Luego, San Basilio deja muy, muy claro que el hecho que el fiel tome la comunión con su propia mano, era una concesión extraordinaria SOLO justificada exclusivamente por la persecución ante la ausencia física de sacerdotes o diáconos. No era la norma, sino una EXCEPCIÓN A LA REGLA dictada por una necesidad extrema. Por eso padre, citar a San Basilio para justificar la comunión en la mano como práctica ordinaria en tiempo de paz, es invertir su enseñanza. ¿Y a quién le encanta invertir las cosas? Exacto. A Satanás, padre. Y nosotros somos católicos y moriremos católicos.
Seguimos. Con San Cesáreo de Arlés y el Concilio de Auxerre. Los cánones de Auxerre demuestran exactamente lo contrario de lo que usted entiende. El Canon 36 prohibía a las mujeres recibir la Eucaristía con la mano desnuda. Incluso, el Canon 42 obligaba a toda mujer a usar un lienzo sagrado (dominicale) para cubrirse LA MANO al comulgar. Esto demuestra que incluso en el siglo VI, la Iglesia consideraba INACEPTABLE desde todo punto de vista el contacto directo de la piel profana con el Santísimo Sacramento. Y, que el movimiento hacia la recepción en la boca era la consecuencia lógica, natural e inevitable de ese misma cuidado y reverencia.
Ahora, San Juan Crisóstomo. En su sexta homilía sobre la Primera Carta a los Corintios nos advierte que la indignidad en la recepción de la Eucaristía es causa de condenación. Y ademas en su tratado sobre el sacerdocio insiste en la INMENSA distancia entre el ministro consagrado y el fiel laico en la administración del Sacramento. NO existe en sus escritos justificación alguna para que un laico manipule el Cuerpo de Cristo con los dedos como se hace hoy. Por ningún lado, padre. Minuciosa en este tema, lo he buscado al detalle.
Lo mismo con San Efrén de Siria, que afirma al Cuerpo de Cristo como “fuego devorador que nadie debe tocar sin pureza, sin temor y sin reverencia absoluta”. Su himnografía eucarística es una condena casi anticipada de la trivialidad con la que hoy se distribuye el Santísimo. Si viera lo que los Príncipes de la Iglesia hacen hoy, ¡se vuelve a morir y se entierra él mismo!, padre Javier.
Ahora, ¿que nos dice el DOGMÁTICO concilio de Ruán (650) y la norma canónica?
Es taxativo, padre Javier:
No es lícito dar la Eucaristía a los laicos en las manos, sino en la boca. Este canon era la expresión normativa de la doctrina católica: el Cuerpo de Cristo no es pan ordinario y no debe ser tocado por manos no consagradas.
Seguimos con la doctrina de Trento. Lógica DOGMÁTICA, padre Javier: (Sesión XIII, Decreto sobre la Santísima Eucaristía) define de fe divina que Cristo está presente entero e íntegro bajo cada una de las especies y bajo cualquiera de sus partes divididas.
Consecuencia dogmática: cada micropartícula de la Sagrada Forma contiene a Cristo entero, verdadero y sustancial. Cuando la comunión en la mano causa que partículas caigan al suelo, queden adheridas a las palmas, o se pierdan en el trayecto al banco, lo que cae al suelo y es pisoteado es el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. ¿Qué hacemos con quienes toman al Sacratísimo como si fuera golosina de piñata, padre? ¿Cómo los llamamos, padre Javier?
¿Qué nos dice nuestro Santo Tomás de Aquino en la Summa Theologiae? El doctor angélicos es clarísimo al advertir por qué solo y solo el sacerdote toca el Santísimo:
- Porque consagra in persona Christi.
- Porque es el mediador ordenado entre Dios y el pueblo.
- Por reverencia al Sacramento: ningún objeto profano debe tocarlo. Esta no es una cuestión de «conveniencia pastoral» padre ni mucho menos de “regresar a los orígenes” como les encanta paporretear a los protestantes. Es una cuestión de fe en la Presencia Real y de la custodia del Misterio que le fue confiado al clero.
La práctica moderna de repartir la Sagrada Forma como si fuesen galletas, en cambio, padre Javier, NO nace de una espontánea "imitación piadosa de los primeros siglos". Nace de la DESOBEDIENCIA y la rebelión de los modernistas en Holanda, Bélgica, Alemania y Francia en los años 60, exigiendo un indulto que Pablo VI concedió y que jamás debió en Memoriale Domini (1969). Y el Papa supo exactamente a dónde conducía esto pues incluso, comentó del peligro de profanación, pérdida de fe y disminución de la reverencia, pero igual, lo firmó. Y luego tuvo la osadía de quejarse como si hubiera sido cualquier parroquiano que “el humo de Satanás había entrado al Templo de Dios a través de una grieta”.
Ahora, llegando al núcleo de la cuestión ¿por qué utilizo el preciso y fundado término “carnicero”? Aunque quisiera, no es de mi autoría. Es EL término utilizado por Nuestro Señor Jesucristo en una visión escrita y documentada por el santo sacerdote Pío de Pietrelcina. Nuestro Señor se le aparece en 1913 lacerado y sangrante y le señaló a una multitud de sacerdotes, religiosos y altos dignatarios de la Iglesia. En medio de su inmenso dolor Nuestro Redentor no los llamó «pastores negligentes» tampoco «ministros poco formados». Los llamó «macellai!», "¡CARNICEROS!". Así como lo lee, padre.
El término es exacto. Nuestro Señor Jesucristo en esa aparición fue claro: el sacerdote que profana Su cuerpo, que lo manipula con indiferencia, que permite que sea tratado como un objeto común, que lo expone a ser pisoteado por los pies de la multitud, no está celebrando el Santo Sacrificio. Lo está despedazando, padre Javier. Suena espantoso, pero es lo que ocurre. Y a quien moleste el término o NO SABE, o peor aun, NO CREE en el misterio sobrenatural que acontece durante la Santa Misa. Así de claro y así de real, querido padre.
Ahora, en el caso del cardenal Burke, no estamos hablando de un fiel cristiano del siglo IV que ante la persecución y sin sacerdote disponible, reparte el Sacramento con un lienzo sagrado en la palma de la mano del fiel para que lo consuma de rodillas e inclinándose con los labios, en suma adoración. No. Estamos hablando de un príncipe de la Iglesia del siglo XXI, con pleno conocimiento de Trento, de la Summa, del Concilio de Ruán, de Memoriale Domini, de la tradición milenaria de la comunión en la boca, que puede con toda seguridad destrozarme en discusiones teológicas por el conocimiento que posee como Príncipe de la Iglesia que es. Pero. a pesar de todo ello elige distribuir el Cuerpo de Nuestro Señor de la forma que maximiza la profanación de las partículas. ¿Cómo se le puede llamar a eso, padre Javier? «Macellai!». Esto no es opinión subjetiva: es objetivo de acuerdo a la Recta Doctrina de dos mil años. Por eso la comparación con San Cirilo no solo es falsa. Es un insulto a la inteligencia y a la Tradición, padre.
Finalmente, usted concluye su objeción con la frase «hay que defender bien el bien». Estoy de acuerdo. Totalmente de acuerdo, con usted, padre Javier. Es más, debo enmarcar su frase para tenerla como guía. Y siendo totalmente consecente con esta le digo:
Defender el bien nos exige decir la verdad completa, no una versión edulcorada y “matizada” para no ofender a los poderosos. Defender el bien, querido padre, nos exige nombrar a la profanación por su nombre. Defender el bien exige que los sacerdotes custodien el Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo con la misma vehemencia con la que San Francisco recogía las migajas del suelo y las besaba con adoración. Y quien calla ante la profanación sistemática del Santísimo Sacramento no está defendiendo el bien. Está colaborando con el mal por comodidad, complicidad o por miedo.
Yo no me callaré, padre. Ni usted debería. El católico es pecador, cae, se vuelve a levantar, vuelve a pecar, pero tiene un centro que es sagrado e inamovible: Cristo. Esto le impide ser cobarde pues por dos mil años gritó la verdad así molestara. Y Ud. y yo somos católicos porque amamos a Nuestro Señor y lo declaramos públicamente, así "suene intolerante" porque el mundo hoy haya sido tomado por el infierno.
Seguiré sirviendo al Señor así eso me lleve a cualquiera de los martirios. Lo tengo absolutamente claro. Y lo declaro públicamente. Gracias por darme esta oportunidad, padre Javier. Es una de las razones por las cuales lo tengo en alta estima. Y gracias por permitirme dejar claro porqué el uso de “Macellai!” no solo es justo, es absolutamente necesario.
Abrazo en Cristo.
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Anexos Bibliográficos y Citas Documentales
- Ravassi, J. (2024). Intervención sobre la comunión en la mano y la práctica patristica [Video]. YouTube. Enlace: https://youtu.be/6omO93_VGvQ?
si=uRO0KwokdLnNiV-z - Pío XII. (1947). Carta Encíclica Mediator Dei sobre la Sagrada Liturgia, n. 61-64. Roma: Libreria Editrice Vaticana.
- Concilio de Ruán. (650). Canon sobre la administración de la Eucaristía a los laicos. (Mansi, X, 1199).
- Tomás de Aquino, Santo. Summa Theologiae, Pars Tertia, quaestio 82, articulus 3: «Utrum dispensatio huius sacramenti pertineat solum ad sacerdotem».
- Concilio de Trento. (1551). Sesión XIII: Decreto sobre el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, Capítulo III y Cánones.
- Sagrada Congregación para el Culto Divino. (1969). Instrucción Memoriale Domini sobre el modo de distribuir la Sagrada Comunión. AAS 61 (1969) 541-545.
- Pío de Pietrelcina, Santo. (1913). Carta al Padre Agostino de San Marco in Lamis (7 de abril de 1913), en Epistolario I, Padres Capuchinos de San Giovanni Rotondo.



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