En vísperas de las festividades de Nuestra Señora de Coromoto y de la Virgen del Valle es importante aclarar algunos detalles. Esto, debido a los deslices del lenguaje que, en redes sociales, revelan cómo la falta de instrucción catequética margina la doctrina católica y compromete el culto mariano.
Publicado el 30 de agosto de 2026
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La proliferación de contenidos digitales dedicados a la Santísima Virgen María ha puesto al descubierto la distorsión del culto mariano como consecuencia directa de una catequesis deficiente.
Se trata de un delicado problema estructural dentro del entorno eclesial, que urge ser corregido.
En Venezuela, durante los días previos a dos importantes expresiones de la piedad popular —el aniversario de la Aparición de Nuestra Señora de Coromoto y la festividad de la Virgen del Valle—, se observa con preocupación cómo múltiples páginas católicas e "influencers" oficiales en redes sociales, se refieren a la Madre de Cristo bajo apelativos como "Diosa" o le tributan explícitamente "adoración".
Estos errores terminológicos no deben desestimarse como simples deslices del lenguaje cotidiano o meras licencias poéticas. Constituyen el síntoma visible de un infantilismo religioso alimentado por sacerdotes, cofradías y líderes de movimientos que han postergado la rigurosa formación teológica en la feligresía.
Como advierte el Catecismo de la Iglesia Católica, la piedad popular debe estar siempre guiada y permeada por la luz del Evangelio y el Magisterio; de lo contrario, se corre el riesgo de degradarla en un emotivismo superficial que confunde la verdad revelada y debilita la autenticidad del testimonio cristiano.
EL IMPACTO DE LAS DESVIACIONES DOCTRINALES Y LAS DISCREPANCIAS ECLESIALES
Las imprecisiones conceptuales en la devoción abren la puerta a que detractores del culto mariano cuestionen la fe católica. Por un lado, comunidades o autoproclamados "Iglesias" protestantes suelen señalar estas expresiones de "falsa adoración" para acusar a la Iglesia de idolatría. Estos "pastores evangélicos" aún conociendo el pasaje bíblico en el que la misma María profetiza que "todas las generaciones me llamarán bienaventurada" (Lc 1, 48), atacan sin remordimiento. A su entender ello implica equipararla con la Divinidad, lo cual es totalmente falso.
Por otro lado, la devoción mariana enfrenta tensiones internas frente a pronunciamientos de algunas autoridades del Vaticano.
Tal es el caso del cardenal Víctor Manuel "Tucho" Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, cuya gestión ha generado debate por desestimar el uso del título de "Corredentora" —al señalar que puede opacar la mediación única de Cristo— y por endurecer los criterios sobre el discernimiento de presuntas apariciones marianas. Igual ocurre con otros sacerdotes que han hecho público el rechazo al dogma de la Asunción de María.
Para diversos sectores de la feligresía, estas posturas y cautelas de la Santa Sede son percibidas con recelo al considerar que restan peso al sentir mariano tradicional.
LATRÍA, HIPERDULÍA Y DULÍA O EL "ABC" DE LA MARIOLOGÍA CATÓLICA
Para corregir estos desvíos, resulta indispensable acudir a las precisiones teológicas formuladas por la Iglesia Católica:
Latría (Adoración): Es el culto absoluto reservado única y exclusivamente a Dios —Padre, Hijo y Espíritu Santo— en razón de su naturaleza creadora y soberana, tal como lo señala la Escritura: "Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo rendirás culto" (Mt 4, 10).
Hiperdulía (Veneración eminente): Es el culto especial de honra que se le rinde a la Santísima Virgen María por su excelsa dignidad como Madre de Dios (Theotokos) y por su cooperación singular en la obra de la Redención.
Dulía (Veneración): Es el culto de respeto que se rinde a los ángeles y a los santos como modelos de virtud e intercesores ante el Altísimo.
Estas categorías, con frecuencia ignoradas en el entorno digital por administradores de páginas y comunicadores sin la preparación adecuada, marcan la frontera entre la adoración creadora y la veneración creatural.
María es, en la tradición eclesial, la Hodogetria (la que muestra el camino), cuyo mandato definitivo en el Evangelio orienta siempre hacia su Hijo. "Hagan lo que Él les diga", se cita del Evangelio de San Juan 2, 5.
Capacitar a los evangelizadores digitales y purificar el lenguaje devotional no responde a un celo puritano, sino a una urgencia pastoral orientada a cultivar una fe madura, consciente y centrada en Cristo.



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