El 15 de agosto
la Iglesia Católica celebra la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen
María, festividad litúrgica en que celebramos que la Madre de Dios al culminar
su vida terrenal fue asunta, es decir, fue llevada al cielo en cuerpo y alma.
Publicado el 15 de agosto de 2026
El sentido de esta solemnidad es recordarnos que la Santísima Virgen María está en la gloria celestial no solamente en alma sino también con su cuerpo resucitado participando de manera plena de la gloria celestial junto a su Hijo Jesucristo.
Diferencia entre
Ascensión y Asunción
La Ascensión se refiere a Jesucristo el cual su humanidad es elevada al cielo por su propia virtud o poder porque Él es Dios. En cambio, la palabra Asunción tiene un significado pasivo el cual se refiere a la Santísima Virgen María donde Ella es elevada o llevada al cielo por voluntad y virtud de Dios.
La Asunción de la
Virgen María es Dogma de Fe
Un dogma es una verdad de fe que es absoluta, infalible,
definitiva, irrevocable e incuestionable revelada por Dios por medio de las
Sagradas Escrituras o la Sagrada Tradición y luego de ser proclamado no puede
ser derogada o negada.
Para que una verdad se convierta en dogma debe ser propuesta
directamente por la Iglesia Católica a los fieles como parte de nuestra fe y
doctrina por medio de una definición solemne e infalible por el Papa o por
medio de un Concilio Ecuménico que es la reunión de todos los Obispos con el
Papa.
Con respecto a la Asunción de la Santísima Virgen María es un
dogma de fe proclamado por el Papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950 con la
Constitución Apostólica Munificentissimus Deus en la que define esta verdad de fe:
“Por tanto,
después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces e invocar la luz del
Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen
María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los
siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para acrecentar la gloria de esta
misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, por la autoridad
de Nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y
por la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma de revelación
divina que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso
de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste.”
Importancia
de la Asunción de María
La solemnidad de la Asunción es importante en
nuestra fe católica porque la Santísima Virgen goza de inmensa gloria tanto en
alma como en cuerpo porque su Asunción es la glorificación celeste de su cuerpo
debido que no sufrió en lo más mínimo la descomposición del sepulcro, es decir,
la descomposición cadavérica por ser Ella la Madre de Dios, concebida sin
pecado original, exenta de todo pecado y
llevó una vida de santidad cumpliendo la voluntad de Dios.
Otra importancia de la Asunción de la Virgen
María es que la glorificación celeste de su cuerpo constituye una anticipación
de la resurrección de la carne o de los
muertos como los profesamos en el Credo tanto de los Apóstoles como el Niceno Constantinopolitano
la cual consiste que al morir nuestra alma se separa del cuerpo el cual volverán
a unirse al final de los tiempos como señala el Catecismo de la Iglesia
Católica N° 1016:
Por la muerte, el
alma se separa del cuerpo, pero en la resurrección Dios devolverá la vida
incorruptible a nuestro cuerpo transformado, reuniéndolo con nuestra alma. Así
como Cristo ha resucitado y vive para siempre, todos nosotros resucitaremos
algún día.
En el caso de la Madre de Dios con su Asunción
participa plenamente en cuerpo y alma en el cielo por privilegio especial de
Dios porque Ella también es un ser humano y por lo tanto el estar en cuerpo y
alma en la gloria celestial es una anticipación de nuestra propia resurrección
al final de los tiempo y como señala el Catecismo de la Iglesia Católica N° 966:
“La
Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la
Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás
cristianos”.
En la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus, el Papa Pío XII
también hace mención al respecto
“Pero de esta ley
general quiso Dios que fuera exenta la bienaventurada Virgen María. Ella, por
privilegio del todo singular, venció al pecado con su concepción inmaculada;
por eso no estuvo sujeta a la ley de permanecer en la corrupción del sepulcro
ni tuvo que esperar la redención de su cuerpo hasta el fin del mundo.”
En la misma Constitución Apostólica también
señala lo siguiente:
…”como supremo coronamiento de sus
privilegios, fue preservada de la corrupción del sepulcro y vencida la muerte,
como antes por su Hijo, fue elevada en alma y cuerpo a la gloria del cielo,
donde resplandece como Reina a la diestra de su Hijo”…
Reflexiones
sobre la Asunción de la Santísima Virgen
Como primera reflexión la Asunción de la
Santísima Virgen es la consecuencia de la unión de María a la obra redentora de
su Hijo Jesucristo porque Ella cooperó de manera importante cuando acepto ser
la Madre de Cristo al dar su consentimiento en el día de la Anunciación al
responder al Arcángel Gabriel: “He aquí
la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Pc 1, 38) empezando
su misión de ser la Madre del Redentor acompañándolo en todos los momentos su
vida, y también estará junto a Él al pie de la cruz en el Calvario (cf. Jn 19,
25-27) donde acepta ser la Madre de toda la humanidad, y estará acompañando a
los apóstoles en la oración para recibir el Espíritu Santo en Pentecostés (cf.
He 1, 12-14).
San Juan Pablo II en la audiencia general
realizada el miércoles 2 de julio de 1997 explicando el dogma de la Asunción
mencionó lo siguiente:
“El Nuevo
Testamento, aun sin afirmar explícitamente la Asunción de María, ofrece su
fundamento, porque pone muy bien de relieve la unión perfecta de la santísima
Virgen con el destino de Jesús. Esta unión, que se manifiesta ya desde la
prodigiosa concepción del Salvador, en la participación de la Madre en la
misión de su Hijo y, sobre todo, en su asociación al sacrificio redentor, no
puede por menos de exigir una continuación después de la muerte. María,
perfectamente unida a la vida y a la obra salvífica de Jesús, compartió su
destino celeste en alma y cuerpo.”
Otra reflexión sobre la Asunción es su relación
con su Maternidad Divina porque al tener el privilegio de ser Madre de Dios y que
su cuerpo fuese el primer sagrario donde estuvo Cristo la Segunda Persona de la
Santísima Trinidad, por lo tanto ese mismo cuerpo no podía sufrir la descomposición
del sepulcro. San Juan Pablo II en la audiencia general del 9 de julio de 1997 dedicada
al tema de la Asunción expresó al respecto: “Por consiguiente, se puede afirmar que la maternidad divina, que
hizo del cuerpo de María la morada inmaculada del Señor, funda su destino
glorioso.”
Otra reflexión de la Asunción es su relación
con el dogma de la Inmaculada Concepción en la que María por privilegio de Dios
al estar exenta del pecado original desde su concepción y llevar una vida de santidad no podía que su cuerpo sufriera la corrupción del
sepulcro y esperar la resurrección de la carne al final de los tiempos como
todas las demás personas. San Juan Pablo II en su audiencia general realizada el
9 de julio de 1997 menciona lo siguiente:
“El concilio
Vaticano II, recordando en la constitución dogmática sobre la Iglesia el
misterio de la Asunción, atrae la atención hacia el privilegio de la Inmaculada
Concepción: precisamente porque fue «preservada libre de toda mancha de pecado
original» (Lumen gentium, 59), María no
podía permanecer como los demás hombres en el estado de muerte hasta el fin del
mundo. La ausencia del pecado original y la santidad, perfecta ya desde el
primer instante de su existencia, exigían para la Madre de Dios la plena
glorificación de su alma y de su cuerpo.”
También la Asunción de la Virgen María está en
armonía con el dogma de su Virginidad Perpetua en que la Madre de Dios es Virgen
antes del parto, en el parto y después del parto y por consiguiente ese cuerpo
bendito había que conservarlo en toda su integridad para que no sufriera la
descomposición del sepulcro..
Para finalizar otro aspecto sobre la Asunción
de la Madre de Dios es que resalta y manifiesta la dignidad del cuerpo humano,
recordemos que el cuerpo humano es templo de Dios por lo tanto hay que darle su
valor y respeto en todo momento. San Juan Pablo II en su audiencia general del
9 de julio de 1997 señaló al respecto:
“Frente a la profanación y
al envilecimiento a los que la sociedad moderna somete frecuentemente, en
particular, el cuerpo femenino, el misterio de la Asunción proclama el destino
sobrenatural y la dignidad de todo cuerpo humano, llamado por el Señor a
transformarse en instrumento de santidad y a participar en su gloria.
María entró en la
gloria, porque acogió al Hijo de Dios en su seno virginal y en su corazón.
Contemplándola, el cristiano aprende a descubrir el valor de su cuerpo y a
custodiarlo como templo de Dios, en espera de la resurrección.”
Amemos
a la Santísima Virgen
Que .la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María sea propicio para aumentar nuestro amor Dios y a la devoción a la Madre de Dios quien cumplió en todo momento la voluntad del Señor y cooperó de manera especial con su Hijo Jesucristo en la obra de la Redención del mundo.
Que esta solemnidad nos haga tomar conciencia
el cumplir la voluntad de Dios en nuestra vida como lo hizo la Santísima Virgen,
que practiquemos los valores cristianos y aprendamos el valorar y respetar el
cuerpo humano porque es templo de Dios y al final de los tiempos será glorificado
en la resurrección de los muertos.


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