La
"letra chiquita" tras la Inhumación de Monseñor Tulio Ramírez y el
nombramiento de un Administrador Apostólico, trae consigo una serie de retos
por cumplir.
Publicado el 14 de agosto de 2025
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Veamos
este asunto con calma y rigor, al margen de cualquier especulación o
justificados puntos de vista.
El
Papa no ha permitido que una de sus iglesias particulares en Venezuela —que
abarca la región eclesiástica de Guarenas, Guatire y Barlovento— permanezca un
tiempo prolongado sin una guía pastoral y administrativa.
Sorprendentemente,
cuando el cuerpo de Monseñor Tulio (quien partió a la Casa del Padre el pasado
12 de agosto de 2026) aún no recibía cristiana sepultura, la Nunciatura
Apostólica y la Conferencia Episcopal Venezolana anunciaron a Monseñor Carlos
Márquez Delima, en calidad de “Administrador Apostólico”.
Aunque
el Código de Derecho Canónico no impone un plazo estricto para designar al
obispo titular definitivo —un proceso de consulta y selección que suele demorar
entre seis y ocho meses, e incluso más según las particularidades del
territorio—, la prisa por nombrar un administrador evidencia la urgencia de
mantener el orden institucional.
LOS DESAFÍOS DE LA REALIDAD LOCAL
¿Entonces a qué responde esta pronta intervención pontificia? La respuesta yace en la compleja dinámica interna de la propia Diócesis de Guarenas. Cualquier fiel, espabilado y sin faltar a la comunión eclesial ni a la caridad, la puede observar.
AMPLITUD GEOGRÁFICA.
La Diócesis de Guarenas comprende una superficie de 5.186 kilómetros cuadrados
que abarca ocho municipios del estado Miranda, extendiéndose desde Guarenas
hasta Cúpira y cubriendo toda la subregión de Barlovento.
Allí
hay que acompañar y responder a la todavía numerosa feligresía con sus costumbres,
creencias y aspiraciones. El hecho de que las sectas protestantes hayan crecido
en espacios naturales e históricos de la Iglesia, habla de una pastoral de
evangelización católica muy débil y que se cumple a medias.
ESCASEZ DE CLERO NATIVO.
Es innegable que existe un déficit de sacerdotes diocesanos propios, lo que ha
obligado a depender de religiosos y misioneros "prestados" o de
presbíteros que se marcharon de sus congregaciones originarias.
Una
buena parte del clero roza edades menos activas y los más jóvenes se limitan a
trabajos administrativos que reducen los frutos en la Evangelización.
El
objetivo no debe ser únicamente "llegar a los Sacramentos" porque si
no se reducen estos a una "simple venta" de los mismos en temporadas de vacaciones.
CRISIS VOCACIONAL.
A pesar de que la pastoral vocacional fue un eje transversal durante los años
de gestión de Monseñor Tulio, la diócesis cuenta actualmente con un número muy
reducido de jóvenes aspirantes al sacerdocio.
Esto
revela dos líneas de acción trabajadas deficientemente, la pastoral familiar y
la pastoral juvenil. Las vocaciones religiosas femeninas o masculinas apenas se
mencionan.
TENSIONES INTERNAS.
Este punto es fundamental. Las desavenencias complejas entre el clero local y
su obispo titular han derivado en decisiones incómodas, que dejan un clima
doloroso y aunque se intente esconder siempre se conoce. Con estas decisiones
erradas de la Curia se han producido traslados a la fuerza, años sabáticos innecesarios,
defenestraciones y fricciones propias de la relación entre el clero y la
autoridad eclesiástica.
El
laicado local también es parte de esta realidad, aunque destaca por su
compromiso, activismo y fidelidad católica. Un detalle de mencionar es la
carencia de un CODILA, consejo diocesano o ente articulador que los agrupe y
coordine.
Considero
que estos factores estructurales precipitaron la decisión adoptada el mismo día
de las honras fúnebres del obispo recién fallecido.
Lejos de ser una medida "políticamente incorrecta", la determinación de Roma busca mitigar de raíz la incertidumbre y la fragmentación que suele acarrear un periodo prolongado de Sede Vacante.
CONTINUIDAD PASTORAL O REESTRUCTURACIÓN
Al
actuar con presteza, el Santo Padre acude a una de las dinámicas más antiguas y
probadas de la Iglesia, con el célebre adagio civil "Muerto el Rey, viva
el Rey. Esto consagra la continuidad ininterrumpida de la autoridad y que
encuentra en la eclesiología un eco profundo porque los pastores concluyen su
ciclo terrenal, pero la misión apostólica no se detiene.
El
fallecimiento de un obispo abre un tiempo de duelo y memoria, pero la fe
institucional garantiza que el rebaño no quede desamparado. En el Fuero
Celestial, el Espíritu Santo suscita de inmediato los instrumentos jurídicos y
pastorales para preservar la unidad, la fe y la paz de la comunidad creyente.
Esa
continuidad cobra forma hoy en Guarenas con la llegada de Monseñor Carlos
Márquez Delima.
Quienes
nos consideramos parte de la diócesis abrimos los brazos con disposición para
caminar en fraternidad y renovar los lazos de comunión. Por supuesto, desde las
verdades, tradiciones y enseñanzas nacidas de la comunidad primitiva,
transmitidas por los Padres de la Iglesia y respetadas por el Magisterio
histórico.
El
objetivo debe ser predicar el Evangelio de Jesucristo y propiciar la Salvación
de las almas como se nos ha enseñado por más Dos Mil años.
Elevemos
una oración para que el Señor le conceda la sabiduría y la fortaleza necesarias
para guiar a esta porción del pueblo de Dios.
Para
Monseñor Márquez se trata de una verdadera "prueba de fuego" que,
bien conducida, podría perfilarlo en el futuro como el titular definitivo de
esta sede.
Enhorabuena.
Nuestra Señora de Copacabana lo acompañe.




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