Venezuela: ¿Por qué denuncian la presencia de «falsos obispos y sacerdotes»?

Tres hechos han marcado recientemente la vida de la iglesia en Venezuela, con notoria presencia en los medios de comunicación y las correspondientes reacciones de los usuarios en las redes sociales. 

Primero, el señalamiento de “bioterroristas” que un miembro de la Compañía de Jesús expresó sobre los emigrantes venezolanos, algunos de los cuales regresan al país contagiados de Covid-19, lo cual le valió un llamado de atención pública por parte de su congregación. 

Segundo, las críticas del presidente Nicolás Maduro hacia los obispos al exigirles que abrieran sus templos para acoger a venezolanos contagiados durante la pandemia, siendo duramente criticado ya que no valoró el intenso trabajo que la iglesia cumple en sus templos e instalaciones.

El tercer hecho ha sido la difusión de comunicado por parte de monseñor Reinaldo Del Prette Lissot, arzobispo de Valencia, denunciando la presencia de “falsos obispos y sacerdotes católicos” en su jurisdicción eclesiástica. La misiva no ha pasado por debajo de la mesa y hasta el portal oficial del Vaticano dio a conocer su contenido, despertando muchas reacciones, la mayoría encaminadas al apoyo del arzobispo.

¿Qué papel juegan en esto las Iglesias Históricas?

Para algunos se trata de una vieja estrategia del gobierno socialista que busca opacar la gestión y el trabajo de la iglesia católica, con la promoción de organizaciones religiosas e “iglesias paralelas”. 

Llegados a este punto, es importante hacer una diferencia: el comunicado no es contra el Consejo de Iglesias Históricas en Venezuela, es decir, iglesias Apostólica Armenia, Ortodoxa Antioqueña, Ortodoxa Griega, Ortodoxa Rumana, Anglicana Episcopal Venezolana, Evangélica Luterana en Venezuela, la Iglesia Presbiteriana y la Iglesia Católica, con sus ritos latino, maronita y melquita. Junto a estas iglesias históricas, la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), sus arquidiócesis y diócesis, cada mes de enero celebran la Semana de Unidad por los cristianos que tiene en el mundo más de cien años, y en Venezuela, se realiza desde el año 1997.

De hecho, el comunicado del 27 de julio expone claramente: “Desde el Concilio Vaticano II nuestra Iglesia promueve profundas reflexiones teológicas, diálogos y actividades conjuntas de oración y caridad, buscando la restauración de la Unidad del Cuerpo de Cristo, en eso consiste el esfuerzo del movimiento ecuménico”. Y añade algo interesante: “También hay grupos religiosos de corte bíblico, que no comparten la fe en la Trinidad de Dios, estos grupos religiosos, son muy distintos a nosotros y, aun así, con ellos hemos podido sostener una convivencia social respetuosa y libre de conflictos”.

Incluso, en fecha 22 de abril, la CEV y muchas de estas iglesias históricas a las que se sumó la comunidad judía y un conjunto de organizaciones sociales, conformaron el Consejo Interreligioso Social de Venezuela, “una estructura de reflexión y acción basada en la pluralidad, cuya contribución será generar consensos para mitigar los graves problemas que vive nuestra sociedad”, reseñó Aleteia con amplios detalles.

Visto así, surge entonces la siguiente pregunta: ¿A quién denuncia el mensaje del arzobispo de Valencia? - Para encontrar una clara respuesta, se pone en contexto su justificada alarma: el gobierno de Maduro recordaba a finales de julio al fallecido presidente Hugo Chávez (Barinas, 28 de julio de 1954 - Caracas, 5 de marzo de 2013), y entre los homenajes contemplaron algunas celebraciones religiosas que serían oficiadas por los “obispos y sacerdotes”, denunciados en la misiva de monseñor Del Prette.

“Estos grupos son dirigidos por personas que se presentan como obispos y sacerdotes, usan las vestimentas, actos litúrgicos, sacramentos, lenguaje y signos propios de la Iglesia Católica y de sus ministros legítimos, ofreciendo así los servicios propios del clero católico a nuestra población, sin aclarar que no pertenecen a la Iglesia Católica, que no están en comunión con el Santo Padre”, dijo el prelado.

A su vez, el arzobispo valenciano pidió “evitar la suplantación de funciones y la confusión, aún involuntaria, de los fieles católicos”, sostiene en la misiva.

Algunos antecedentes de falsos sacerdotes

La suplantación de funciones de la Iglesia por parte de estos “falsos sacerdotes” no es nueva, el “Socialismo del Siglo XXI” lo practica desde que Hugo Chávez llegó al poder en Venezuela. La intención es confundir e influir en la población menos informada. Para Religión en libertadgeneralmente se trata de algún “cura decepcionado” con las exigencias de la disciplina católica. También habría que agregar el desprecio que con esto hacen a la comunión con el Papa y el Vaticano, y con la iglesia oficial del país.

El proceso que experimentan estos individuos sería el siguiente de acuerdo con el citado portal: “sale de la Iglesia, crea su propio grupo, le pone la etiqueta “católico”, a veces le añade “ortodoxo” o “anglicano”, “tradicional” o “reformado”, se disfraza de obispo con mitra, báculo y capa y proclama la creación de su propia “iglesia católica”. A ello habría que agregar el apoyo político y económico aprovechando los desencuentros entre la iglesia y los gobiernos de turno, especialmente en los últimos tiempos en Venezuela.

Chávez manifestó amenazas, repudio y rechazo hacia la Iglesia. Cuestionaba sin base a los prelados e insuflaba contra ellos el descrédito. Esas llamas de odio encontraron combustible en una reducida pradera de ex sacerdotes y ex seminaristas alistados en varias iglesias con los adjetivos de “nacional”, “anglicana”, “reformada” o “apostólica”, contando, además, con la libertad de culto que se reconoce en el país bolivariano.

En el año 2008, el entonces arzobispo de Coro y vicepresidente de la CEV, Roberto Lückert León, deploró la fundación de la llamada “Iglesia Católica Reformada”, dejando al descubierto que sus líderes se habían alineado públicamente con el “socialismo” impulsado por Chávez, y, además, estarían recibiendo apoyo económico de su gobierno.

El cardenal Jorge Urosa se sumó a la denuncia indicando que estaba conformada por “disidentes de varias iglesias históricas” a la que se agregaron sacerdotes católicos, pero esos intentos no se quedarían únicamente en las estructuras formadas en Caracas.

En marzo de 2014, el obispo de San Cristóbal, Mario Moronta, advirtió sobre la presencia de personas en la zona norte del Táchira (Vicaria Natividad del Señor) llamados “Iglesia Apostólica de Venezuela”. Moronta los describió como “un grupo que ha hecho una opción de ruptura con la Iglesia Católica y, por tanto, es un grupo que puede ser definido como cismático”. Allí mismo, en 2016, fue puesto al descubierto otro grupo.

Por su parte, el obispo de Guarenas, Gustavo García Naranjo, alertó el 1 de junio de 2015, que en el eje Guarenas- Barlovento (estado Miranda) operaba un reducido grupo buscando crear confusión y pescar incautos. “Con mucha prudencia y con el debido respeto a la libertad de culto quiero señalar que se trata de una serie de personas cuyos líderes o han sido sacerdotes que por diversas circunstancias dejaron su ministerio sacerdotal, o seminaristas que por diversas razones fueron invitados a no culminar su proceso de formación”, dijo el prelado, reseña Aleteia en esa ocasión.

Cardenal Porras apoya la denuncia del Arzobispo de Valencia

La hermandad y la comunión son rasgos que caracterizan a la iglesia venezolana. Lo que acontece en una de las arquidiócesis y diócesis es como como si ocurriera en todas. Aunque el cardenal Baltazar Enrique Porras Cardozo, administrador apostólico de Caracas, no ha hablado directamente sobre este tema, sí lo hizo por intermedio de la vicaría pastoral de medios de la iglesia primada del país.

Desde su perfil de Facebook otras redes socialesla Arquidiócesis de Caracas, respaldó a su similar de Valencia. ¡Y vaya manera! Publicaron varias fotografías que, con fecha 16 de julio 2020, mostraba a un sacerdote en actitud de oración frente a la estatua del difundo presidente Chávez en instalaciones militares del estado Carabobo.

RESPETAR EN TIEMPOS DIFÍCILES. - Monseñor Reinaldo Del Prette, en la conclusión de su comunicado del 27 de julio, invita “a vivir los valores de la tolerancia y el respeto que debemos a los demás, pero que también merecemos para nosotros, y así seamos fermento de paz y de convivencia social, en estos difíciles tiempos que atravesamos”.

A continuación, el Comunicado de la Arquidiócesis de Valencia:

“Queridos hijos.

Somos el Pueblo de Dios que peregrina en Valencia. Hemos recibido la fe de nuestros padres y somos la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, nacida del costado de Cristo en la cruz, que recibió la misión de anunciar el Evangelio y de santificar a los hombres con los santos sacramentos. A lo largo de la historia se han separado algunas ramas de nuestra Iglesia.

En el siglo XVI, con la llamada reforma, nacieron grupos evangélicos que, aunque tienen en común con nosotros la fe en Cristo y en el misterio de la Santísima Trinidad, las Sagradas Escrituras, sobre todo el Nuevo Testamento y el Santo Bautismo; son llamados por nosotros “hermanos separados”, pues no formamos “un solo rebaño, bajo un solo Pastor” (Jn 10,16).

Desde el Concilio Vaticano II nuestra Iglesia promueve profundas reflexiones teológicas, diálogos y actividades conjuntas de oración y caridad, buscando la restauración de la Unidad del Cuerpo de Cristo, en eso consiste el esfuerzo del movimiento ecuménico.

En nuestro país se reconoce la libertad de culto, por eso siempre hemos convivido respetuosamente con otras opciones de fe, distintas a las nuestras. También hay grupos religiosos de corte bíblico, que no comparten la fe en la Trinidad de Dios, estos grupos religiosos, son muy distintos a nosotros y, aun así, con ellos hemos podido sostener una convivencia social respetuosa y libre de conflictos.

Pero últimamente aparecen de manera creciente grupos religiosos que usan nuestra misma simbología y nuestras formas litúrgicas y costumbres, algunos muy novedosos, otros un poco más antiguos.

Estos grupos son dirigidos por personas que se presentan como obispos y sacerdotes, usan las vestimentas, actos litúrgicos, sacramentos, lenguaje y signos propios de la Iglesia católica y de sus ministros legítimos, ofreciendo así los servicios propios del clero católico a nuestra población, sin aclarar que no pertenecen a la Iglesia Católica, que no están en comunión con el Santo Padre, el Papa, que no han sido ordenados por un obispo católico, y así se presentan ofreciendo sus servicios a la población en general, mayoritariamente católica, que tiene el derecho a saber que, según nuestra fe, ellos no son ni obispos, ni sacerdotes válidos y reales en nuestra Iglesia Católica.

Reconocemos que esas personas tienen todo el derecho de ejercer ministerialmente, según su confesión religiosa, en las comunidades que comparten sus convicciones de fe. Lo que pedimos es evitar la suplantación de funciones y la confusión, aún involuntaria, de los fieles católicos.

Otra fuente de equívocos es que de entrada se presentan como “católicos”, añadiendo luego términos de otras denominaciones, en lugar de presentarse directamente como miembros de una comunidad separada con su propia identidad. Lo cual se presta a confusión.

Por eso pedimos a nuestros sacerdotes y agentes de pastoral, que eduquen con todo los medios a nuestra feligresía sobre la realidad del sacramento del Orden Sacerdotal, sobre la diferencia de la Iglesia Católica y de otras comunidades religiosas o iglesias, y sobre la verdad de que un fiel católico, en ningún caso puede recibir sacramentos, bendiciones o sacramentales, válidamente, si no es de un sacerdote, diácono o ministro realmente ordenado e instituido por la Iglesia Católica a la que pertenecemos y reconocidos como tal.

Queridos hermanos en el Señor, reforcemos nuestra identidad católica, amemos a nuestra Iglesia y honrémosla con la vivencia de las virtudes de Cristo. Que el Espíritu Santo nos defienda y nos renueve, para vivir los valores de la tolerancia y el respeto que debemos a los demás, pero que también merecemos para nosotros, y así seamos fermento de paz y de convivencia social, en estos difíciles tiempos que atravesamos. Encomendándonos a la querida Madre que Jesús nos dio en la cruz, la Santísima Virgen del Socorro, los bendigo de corazón”.

Reinaldo Del Prette Lissot
Arzobispo de Valencia




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