El Altar de mis abuelos y el reencuentro con la Misa de siempre
En la Misa apostólica, tradicional o de siempre, no se busca que el sacerdote de la espalda al pueblo, es mirar juntos en una misma dirección, hacia el Oriente, hacia Cristo que renueva su sacrificio en el Altar, en la Cruz.
Ramón Antonio Pérez | El Guardián Católico
Publicado el 10 de agosto de 2026
Publicado el 10 de agosto de 2026
En 1978, cuando tenía doce años, recibí la catequesis para mi Primera Comunión bajo el rito del Novus Ordo, la misa establecida una vez culminado el Concilio Vaticano II, y que vino a causar una revolución en la vida de la Iglesia.
Pues bien, ese año, a la par de mi formación religiosa también cumplí funciones de monaguillo. Sin embargo, ni la religiosa que me instruía ni el sacerdote a quien servía en el altar, me hablaron jamás de la forma en que se había celebrado la Santa Misa durante los siglos anteriores.
Tal vez por mi edad ocultaron la forma en que la Iglesia conmemoraba el Santo Sacrificio de Jesús antes del Concilio Vaticano II. Si lo hicieron de mala intención o cumpliendo con los cambios en proceso, no podría decirlo. Para mí, ellos eran buenas personas. Pero de que ocultaron asuntos que con el tiempo comienzo a conocer, comprender y aceptar, de ello no tengo dudas.
Es una deuda de la "nueva evangelización" o "formación" que recibí de la Iglesia post conciliar.
Me pregunto hoy qué maravilloso habría sido descubrir en mi niñez la Misa Tradicional, la Misa Apostólica, la Misa de siempre, celebrada en el Altar en la forma que la conocieron mis abuelos...
Recientemente, escuché con profundo dolor a un importante obispo diocesano de mi país, referirse a esta sagrada liturgia como "una cosa" de su infancia en la que él también ayudaba en el Altar a un familiar sacerdote.
El prelado intentó minimizar "esa" Misa porque estaba caracterizada por "un lenguaje raro que nadie entendía", y donde "además, el cura le daba la espalda al pueblo". ¡Que errado estuvo el obispo en esa homilía! Sus palabras me causaron una profunda tristeza y compasión por él que está consagrado justamente para recordar el sacrificio de Jesús.
Ante la equivocada enseñanza, sentí el deber de investigar y desmontar, con la verdad histórica y teológica, esos argumentos que, según este y otros obispos que promueven la llamada "Iglesia Sinodal" que ha venido cambiando sacramentos, liturgia y hasta la doctrina desde el CVII.
Es triste porque las prédicas de estos pastores católicos buscan generar desprecio hacia la Misa que presidieron San Pío de Pietrelcina, el Santo Cura de Ars, San Agustín de Hipona, San Pedro Apóstol, San Josemaría Escrivá de Balaguer, y en la que participaron muchos otros santos, santas y mártires que los católicos seguimos venerando en este tiempo... ¿Cómo es posible que esto haya ocurrido?
MIRAR AL SEÑOR Y NO AL HOMBRE
El argumento de que el sacerdote "da la espalda al pueblo" desploma su propio peso cuando entendemos el concepto de ad Orientem (hacia el Oriente). Desde los primeros siglos, los cristianos no se miraban unos a otros para rezar; oraban orientados hacia donde nace el sol.
Como bien explica el teólogo Erik Peterson en sus estudios sobre la liturgia primitiva, el sol naciente representa a Cristo, el Sol Invictus u Oriens, que vence a las tinieblas del pecado.
Esta postura es también una espera activa de la Parusía. El Evangelio de San Mateo (24, 27) advierte que la segunda venida de Cristo será como un relámpago que sale del Oriente. Por lo tanto, cuando el sacerdote y los fieles miramos en la misma dirección, manifestamos una actitud cósmica de alerta y esperanza. No hay desprecio al pueblo; hay una comunidad en marcha.
El cardenal Joseph Ratzinger (más tarde Papa Benedicto XVI), en su obra cumbre El espíritu de la liturgia, aclara magistralmente esta analogía: el sacerdote actúa como el cabeza del pueblo (in persona Christi) y como un dux o guía espiritual. Es el capitán que conduce la tripulación o el peregrino que lidera la caminata hacia Dios.
TEOCENTRISMO CONTRA EL PROTAGONISMO HUMANO
Al no fijar una mirada cara a cara entre el celebrante y la asamblea durante el canon, la Misa Tradicional enfatiza el teocentrismo debido a que el destinatario del sacrificio es Dios Padre, no los hombres.
San Agustín ya hablaba de la conversio ad Dominum (la conversión y orientación del corazón hacia el Señor), un concepto que el liturgista Klaus Gamber rescata en su libro ¡Volveos hacia el Señor! para explicar que el altar es el punto focal donde la tierra toca el cielo.
Cuando el sacerdote y el pueblo forman una sola unidad visible mirando al crucifijo, se minimiza el protagonismo del celebrante. La misa deja de depender de la simpatía, la elocuencia o la personalidad del clérigo; se convierte enteramente en el Misterio.
Esta sacralidad física se reflejó históricamente en la arquitectura de nuestros templos, construidos con el ábside hacia el Este geográfico. Aunque los diseños variaron con los siglos, el "Oriente litúrgico" sobrevivió en el altar mayor y la Cruz como los imanes de nuestra oración colectiva.
UN DESEO DE FIDELIDAD Y REGRESO A LAS RAÍCES
Hoy descubro una riqueza teológica que me fue negada en mis primeros pasos doctrinales, igual ocurrió en mi edad más activa cuando servía como periodista oficial de la Iglesia.
Aunque en mi entorno geográfico actual no tengo la oportunidad de participar físicamente en la Misa Apostólica, mi corazón anhela ardientemente hacerlo. No deseo abandonar mi Iglesia, pero tampoco quiero seguir siendo testigo silencioso de los abusos litúrgicos contemporáneos que diluyen lo sagrado.
Deseo volver a habitar plenamente la Iglesia que me heredó mi abuela Juana Evangelista Guevara de Pérez. Aquella noble y fuerte mujer que me enseñó a persignarme con reverencia delante de cada imagen sagrada; a doblar con devoción la rodilla derecha frente al Sagrario; a respetar cada parte de la misa y a rezar cada noche con temor filial, repitiendo lo que ella, una mujer sencilla y campesina había recibido de sus antepasados. Recuerdo que "In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti", iniciábamos nuestras oraciones antes de dormir.
Defender la Misa Tradicional no es mirar al pasado con nostalgia estéril; es asegurar que el futuro de mi fe permanezca firmemente anclado en la Verdad, porque a fin de cuentas lo que se busca es la Salvación del Alma.
Pax Christi Domini, Christus in Pace. Amén.
Apoyo Bibliográfico:
- Ratzinger, Joseph (Cardenal). El espíritu de la liturgia: Una introducción. (Ediciones Cristiandad.
- Gamber, Klaus. ¡Volveos hacia el Señor! La orientación de la oración litúrgica. (Editorial gratis date).
- Peterson, Erik. Tratados Litúrgico.


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