Este 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen, fueron consagrados tres nuevos diáconos en la Arquidiócesis de Barquisimeto
Publicado el 16 de julio de 2026
En una emotiva y concurrida celebración eucarística en la Basílica del Santo Cristo de la Gracia, coincidiendo con la solemnidad de Nuestra Señora del Carmen, Monseñor Polito Rodríguez confirió la ordenación diaconal a los jóvenes Fernando José Carrillo Ramos, Yaiders Moisés Sequera Arguello y Juan José Rondón Puentes.
Más allá del rito litúrgico, la homilía del prelado se convirtió en un potente mensaje de aliento y un cable a tierra sobre el rol de la Iglesia frente a las complejas realidades sociales y humanitarias que golpean al país.
Aunque el arzobispo evitó los discursos políticos directos, su mensaje pastoral estuvo firmemente anclado en las dificultades cotidianas de la población.
Monseñor Rodríguez delineó el verdadero sentido del diaconado no como un escalafón burocrático, sino como un puente urgente entre el altar y el sufrimiento de la gente.
Un puente hacia "las heridas del mundo"
El prelado enfatizó que el diácono es, por excelencia, el ministro de la caridad. En un país donde la vulnerabilidad social sigue marcando el día a día de millones de familias, las palabras de Monseñor Polito resonaron con especial fuerza al recordar la misión histórica de este ministerio:
"El diácono no es simplemente un asistente del culto; es también un puente entre el altar y la vida, entre la Eucaristía y las heridas del mundo, entre la oración de la Iglesia y el clamor de los necesitados".
El arzobispo de Barquisimeto fue enfático al señalar que la Iglesia actual no necesita "funcionarios sagrados", sino testigos reales capaces de bajarse del pedestal para tocar el dolor ajeno.
Exhortó a los nuevos ordenados a mirar la realidad "no desde arriba, sino desde la proximidad misericordiosa", haciendo una clara invitación a una pastoral de acompañamiento activo ante la crisis.
El refugio en los "mares difíciles"
Aprovechando la festividad de la Virgen del Carmen, patrona de los marineros, Monseñor Rodríguez tejió una analogía que evoca la realidad migratoria y las vicisitudes del venezolano común. Recordó que la Madre de Dios es el faro para aquellos que hoy se encuentran a la deriva:
"La Virgen del Carmen acompaña a los navegantes, a los que atraviesan mares difíciles, a los que se sienten vulnerables en medio de las tormentas".
Esta declaración fue interpretada por los asistentes como un abrazo pastoral a las familias separadas por la diáspora y a todos aquellos ciudadanos que experimentan la incertidumbre del panorama nacional, recordándoles que no están huérfanos en medio de la tempestad.
La familia como trinchera de esperanza
Finalmente, el Arzobispo de Barquisimeto hizo un llamado a rescatar el valor de la familia como núcleo de resistencia y esperanza. Agradeció a los padres de los nuevos diáconos por haber sostenido la fe en tiempos complejos y animó a los hogares a no tener miedo de promover la entrega al prójimo.
Una vocación no es una pérdida para el hogar cristiano; es una bendición que se multiplica, concluyó, dejando en el ambiente la certeza de que, aun en los momentos más oscuros, la reconstrucción del tejido social venezolano pasa por la solidaridad, la empatía y el servicio desinteresado a los más vulnerables.




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