Carmen Teresa Navas, la madre que entierra a su hijo y muere de dolor

Fray Giovanni Luisio Mass de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo alza la voz sobre la realidad venezolana, y aborda la muerte de la señora Carmen Navas como un "Gólgota venezolano".

Ramón Antonio Pérez | El Guardián Católico 
Publicado el 18 de mayo de 2026

La Orden Católica Pobres Caballeros de Cristo, a través de Fray Giovanni Luisio Mass, responsable del Gran Priorato San Bernardo de Claraval en Venezuela, ha expresado su profundo pesar ante el fallecimiento de la señora Carmen Teresa Navas, quien murió tras soportar el calvario de enterrar a su hijo Víctor Hugo Quero Navas, quien falleció en custodia del Estado Venezolano. 

En un comunicado que evoca el pasaje bíblico de Juan 19, la institución eclesiástica advierte que este caso evidencia una sistemática vulneración del derecho a la vida en el país, y exige responsabilidades éticas, jurídicas y políticas a los estamentos policiales, militares y judiciales. 

Con una mirada desde la teología mariana, la Orden equipara el dolor de esta madre venezolana con el de la Virgen María en el Gólgota, y reclama que Venezuela no se "desensibilice" ante el sufrimiento cotidiano, mientras ofrece su respaldo espiritual, plegarias y misas a los familiares, pidiendo justicia divina y reestructuración de los sistemas de protección a la dignidad humana.

A continuación, el comunicado de los Pobres Caballeros de Cristo en Venezuela:
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ASOCIACIÓN CANÓNICA DE LA IGLESIA CATÓLICA
ORDEN DE LOS POBRES CABALLEROS DE CRISTO
Gran Priorato San Bernardo de Claraval — Venezuela

COMUNICADO DE PRENSA

«Junto a la cruz de Jesús estaban su madre... Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dijo a su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo". Luego dijo al discípulo: "Ahí tienes a tu madre"».
— Juan 19, 25-27

A toda la comunidad venezolana en el territorio nacional y en el exterior:

Nuestra institución eclesiástica "Orden Catolica Pobres Caballeros de Cristo" vuelve a conmoverse profundamente ante un nuevo y trágico suceso que llena de luto e indignación el suelo venezolano. El sensible deceso de la señora Carmen Teresa Navas (Q.E.P.D.), tras haber soportado el inmenso calvario terrenal de enterrar a su amado hijo, Víctor Hugo Quero (Q.E.P.D.) —víctima de un destino violento bajo el amparo de la custodia institucional—, nos embarga en un hondo pesar y nos convoca a un riguroso examen de conciencia colectivo.

Desde la perspectiva de la fe y la teología mariana católica, no existe agonía más aguda que la de una madre obligada a contemplar el quebrantamiento y el fin prematuro de la existencia de su vástago. Así como la Santísima Virgen María se mantuvo firme en el Gólgota, con el alma atravesada por una espada de dolor al ver morir a su Divino Hijo en el madero, la señora Carmen Teresa encarnó en nuestros días esa misma vía crucis. Solo el Altísimo, en los insonorables misterios de su gloria eterna, posee la facultad de conceder sosiego y consuelo definitivo a un corazón fragmentado por semejante nivel de opresión y sufrimiento.

Sostenidos por la firme esperanza teologal que nos legó Cristo Redentor, afirmamos litúrgicamente que Carmen Teresa ha transitado hacia el encuentro de su hijo en la patria celestial. En esa morada de justicia divina ya no tienen cabida las rejas, las privaciones de libertad, los tormentos físicos, los hostigamientos institucionales ni el llanto terrenal. Sus padecimientos no serán borrados por la marea de la indiferencia. Venezuela no puede desensibilizarse ante el ultraje cotidiano ni claudicar en un silencio cómplice.

Existen responsabilidades éticas, jurídicas, políticas y operativas muy claras —tanto en las líneas de mando policiales, militares y del estamento judicial— detrás de esta sistemática vulneración del derecho a la vida. Ninguna lágrima derramada por las madres venezolanas pasa desapercibida ante los ojos del Creador ni será omitida por los anales de la historia. Tarde o temprano, la justicia institucional y divina resplandecerá.

Lamentamos profundamente este devastador daño colateral derivado de la crisis sistémica que sufre nuestra nación: una madre que expira de forma para siempre, desprovista de fuerzas tras ser abatida por el rigor de la angustia, el temor y la total desprotección civil. Elevamos este pronunciamiento oficial para que su memoria se constituya en un faro moral inextinguible para todo el país, demandando la urgente reestructuración de los sistemas que deben velar por la dignidad humana en regímenes democráticos y dictatoriales por igual.

A sus allegados, familiares y a todos los hombres de buena voluntad que comparten este quebranto, les manifestamos nuestro firme respaldo institucional, el consuelo de nuestras plegarias personales , en intenciones de Misa y el compromiso incluyente con la pacificación y la verdad. Rogamos para que el Señor de los Ejércitos reciba en sus atrios a Carmen Teresa y a su hijo Víctor Hugo, confiriéndoles la paz perdurable, y que nuestra amada patria logre sanar de manera definitiva sus heridas bajo el imperio irrestricto de la verdad, la justicia y la auténtica libertad.

Dado y refrendado en el cumplimiento de nuestros estatutos eclesiásticos y caballerescos, a los 18 días del mes de mayo de 2026.

Fray Giovanni Luisio Mass, OPCC
Gran Prior para Venezuela
Gran Priorato San Bernardo de Claraval
Orden de los Pobres Caballeros de Cristo


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