Publicado el 6 de mayo de 2026
Breve Biografía de la primera Beata de Venezuela
La Beata María de San José nació el 25 de abril de 1875 en
Choroní, estado Aragua con el nombre de Laura Evangelista Alvarado Cardozo siendo
hija de don Clemente Alvarado y doña Margarita Cardozo. Su segundo nombre se
debe a que ese día, 25 de abril, la Iglesia celebra la festividad de San Marcos
Evangelista.
Laura recibió el sacramento del Bautismo el 13 de octubre de 1875
en el templo parroquial de Santa Clara de su pueblo natal y ese día lo tendrá
en cuenta durante toda su vida por lo que representa este sacramento, y en su escrito del año 1925 dirá: “¡Que
felicidad! Ser hija de Dios por el bautismo y hermana de Jesucristo”.
Al cumplir los tres años de edad su padre decide mudarse con su
familia a Turmero en el mismo estado Aragua, y al cumplir los cinco años toda
la familia se traslada definitivamente a Maracay, siendo en esta ciudad donde Laura crecerá, estudiará y realizará sus
labores pastorales y de caridad; y también fundará una congregación religiosa para
la mayor gloria de Dios y para el bien de la Iglesia en Venezuela.
Desde pequeña sintió un gran amor a Dios, a la Iglesia y al
prójimo especialmente los más necesitados fomentada por su madre. A la edad de
nueve años comienza su apostolado en obras de caridad a los enfermos y
necesitados y a los nueve comienza a dar clases y formación religiosa a los
niños de escasos recursos.
El 8 de diciembre de 1888 a la edad de 13 años hace su Primera Comunión con mucha devoción en el templo parroquial San José (Hoy Catedral de Maracay) debido que las normas canónicas de aquella época establecía que la edad mínima para la Primera Comunión era a los 12 años. Ese mismo día hace un voto privado de virginidad a Jesús sacramentado, y el 8 de diciembre de 1892 a la edad de 17 años ratifica ese voto a perpetuidad. Al culminar sus estudios en ese año de 1892 comienzan dar clases de catecismo, colabora en las actividades de la parroquia y hace ejercicios de devoción y piedad.
Desde joven siente el deseo de servir a Dios en un convento de
clausura con una vida de oración y silencio, pero el Señor tenía para ella
otros planes: el de servirlo en una congregación religiosa de vida activa en la
atención a los más necesitados.
Al culminar sus estudios llega a la ciudad de Maracay el padre
Justo Vicente López Aveledo para ejercer su misión como párroco, y quien fundará
el hospital San José en el año 1893 y guiará a Laura en su discernimiento para
la vida religiosa siendo también su confesor y director espiritual. Al fundar
el hospital San José, la futura Beata de Venezuela se dedicará con amor en la
atención a los enfermos y donde madurará
su vocación religiosa.
Luego de un proceso de discernimiento y preparación el 22 de enero
de 1901 Laura Evangelista y el padre Vicente López Aveledo fundan la Congregación
Agustinas Recolectas del Sagrado Corazón de Jesús para la práctica de la
caridad a los huérfanos, pobres y enfermos y adoptando la regla de San Agustín.
Ese mismo día Laura pronuncia sus primeros votos como religiosa y cambiará su
nombre por María de San José en honor a la Santísima Virgen y a San José
Patrono de la Iglesia universal.
El 11 de febrero de ese año 1901 Laura y otras tres jóvenes quienes
se habían unidos también para la fundación de la Congregación vestirán el
hábito agustiniano. Posteriormente viajarán a Caracas junto con el padre López
Aveledo para presentarse antes el Vicario General y Provisor de la
Arquidiócesis de Caracas el padre Juan Bautista Castro, futuro Arzobispo de
Caracas entre 1904 y 1915.
En el encuentro el padre Castro designa a la Madre María de San
José como Superiora de aquella congregación naciente y ella por obediencia
acepta y desempeñará ese cargo con amor y eficiencia hasta el año de 1960 en
que renuncia por motivos de salud y de edad durante el Capitulo General de la
Congregación. El 13 de septiembre de 1903 pronuncia sus votos perpetuos con
mucha alegría.
En sus años como Superiora General de la Congregación realizó una
gran labor en favor de los huérfanos, pobres y necesitados fundando 38 casas entre
hospitales, asilos, colegios, casas de mendigos, escuela nocturna para
domésticas, leprocomios, hospitales antituberculosos en varios lugares de
Venezuela. La misma Beata María de San José tenía un libro donde registraba personalmente
las fundaciones que llevaba a cabo.
La Madre María de San José después de una vida de entrega y
servicio a Dios y a la Iglesia murió en olor de santidad en la ciudad de
Maracay el 2 de abril de 1967 a la edad de 92 años, y en su sepelio acudieron
de toda Venezuela para manifestar su gratitud, respeto y dolor.
Por su fama de santidad y luego de haberse cumplidos los pasos
exigidos por la Santa Sede fue beatificada por San Juan Pablo II el 7 de mayo
de 1995 en la plaza de San Pedro del Vaticano, convirtiéndose en
la primera Beata de Venezuela y comenzando con ella el camino de la santidad de
los demás venezolanos teniendo hasta en la actualidad a la Beata Candelaria de
San José y a los dos primeros santos venezolanos: San José Gregorio Hernández y Santa
Carmen Rendiles.
Espiritualidad de
la Beata María de San José
La Beata María de San José profesó un gran amor y confianza en
Dios durante toda su vida, y por tal motivo tuvo una profunda espiritualidad que
lo vivió en todo momento aún en las dificultades porque para ella lo importante
era amar al Señor, serle fiel y cumplir su voluntad y teniendo como pilares la
Eucaristía y la Cruz.
Por su espiritualidad profesó siempre un gran amor, comunión y
obediencia a la Iglesia Católica y a la jerarquía eclesiástica: el Papa, los
obispos y sacerdotes. El 13 de Octubre de 1936 expresó: Soy hija de la Santa Iglesia y
por tanto estoy dispuesta a dar mi vida por defenderla…”.
También por su gran espiritualidad fundó la Congregación Agustinas Recolectas del Corazón de Jesús que tiene
como misión la práctica de la caridad a los enfermos, huérfanos y necesitados,
y para extender la Congregación fundó varias casas en distintos sitios de
Venezuela en una época en que el país atravesaba también de muchas dificultades,
pero con la fe y confianza en Dios pudo emprender esas fundaciones para la
mayor gloria de Dios.
Por su profunda espiritualidad profesó un gran amor a la sagrada
Eucaristía por lo que fue un alma verdaderamente
eucarística: participaba en la santa Misa con verdadera y profunda
devoción y recogimiento, sus largas horas de adoración al Santísimo Sacramento,
el confeccionar con cariño y cuidado las hostias para la Eucaristía que luego
la distribuía gratuitamente a los sacerdotes, y el gran cuidado, orden y
pulcritud en todo lo concerniente a la celebración eucarística como los vasos
sagrados, purificadores, corporales, manteles para el altar y la credencia
entre otros en todas las casas de la Congregación.
Los escritos de la Beata María de San José están llenos de hermosas
expresiones de amor a la sagrada Eucaristía como por ejemplo este del año 1915
y uno de lo más conocido: “Quiero que mi vida se deslice entre el
calvario y el altar, la cruz y la Eucaristía”. Otra bella expresión es
la del 20 de noviembre de 1928: “¡Oh adorable Misterio! Mientras menos os
comprendo, más deseo amaros, más creo en Vos”.
También como persona con una gran vida interior le gustaba la
soledad y el silencio por lo que buscaba siempre momentos para la oración y
reflexión, y también hacía sus retiros espirituales anuales, mensuales y cuando
se acercaba alguna festividad religiosa para
el fortalecimiento de su vida espiritual como por ejemplo: “Hoy
siete víspera del hermoso día de mi adorada e incomparable María Inmaculada,
terminé mis tres días de retiro de preparación para esta hermosa fiesta.
Mi
corazón rebosa de contento y desearía vivir y morir cantando el Magníficat”.
Por su gran espiritualidad se caracterizó también por su humildad
y sencillez y trabajaba siempre en sí misma corrigiendo sus defectos de
carácter que lo tenía como cualquier persona. En su escrito de 11 de septiembre
de 1935 refiere: “Quiero corregirme, no quiero ser la misma de siempre.”
También se acercaba con frecuencia al sacramento de la Confesión y
siempre buscaba el agradar y cumplir la voluntad de Dios en todo momento por lo
que en su apunte del 17 de junio de 1932
expresó: “Quiero trabajar, por lo menos no quiero desagradarte en nada”.
La Beata María de San José fue muy devota de la Santísima Virgen
María rezando el santo Rosario, celebrando las festividades e implorando su
intercesión. En sus apuntes expresó su gran amor a la Madre de Dios como por
ejemplo: “Madre mía no me abandones, haced que posea a mi Jesús en el cielo y a
ti madre incomparable, eternamente. Así sea”.
También por su inmensa espiritualidad anhelaba en todo momento el
estar en la presencia de Dios en la eternidad como lo expresó en diversas
ocasiones en sus escritos como por ejemplo el del 10 de febrero de 1933: “No
gozaré de paz, hasta que no os posea eternamente”.
Modelo a Seguir y
Orar por su Pronta Canonización
La vida de la Beata María de San José es un ejemplo a seguir por
su profunda fe, confianza y entrega a
Dios; en su amor a la Iglesia y en la obediencia y comunión con sus pastores,
en su amor y entrega en ayudar a los ancianos, huérfanos y necesitados, por su
amor a la Eucaristía y la Cruz que fueron sus pilares en su vida espiritual y
el hacer oración a Jesús sacramentado en todo momento
También es un ejemplo a seguir por su humildad y sencillez en todo
momento, el aceptar y cumplir la voluntad
de Dios, en acercarse con frecuencia al sacramento de la Confesión, el cumplir
sus obligaciones con amor y responsabilidad y por su gran devoción a la
Santísima Virgen y a los santos, y el anhelar y trabajar para estar en la
presencia de Dios en la patria celestial.
Que la celebración de la memoria de la primera Beata venezolana
sea también la oportunidad de seguir orando por su pronta canonización para que
cuando Dios lo disponga aparezca el milagro atribuido a su intercesión y pueda
ser elevada a los altares de la Iglesia universal.
Beata María de
San José, Bendícenos y Acompáñanos Siempre





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