Monseñor
Athanasius Schneider, ex visitador apostólico de la Santa Sede ante la FSSPX,
ha expresado que la excomunión de ésta a raíz de las consagraciones previstas
sería inválida. También ha dirigido una petición pública a León XIV
instándole a aprobar las consagraciones previstas, y construir de esa manera
puentes en la Iglesia.
«La
Fraternidad no tiene la menor intención de separarse de Roma»,
afirmó Schneider en una reciente encuentro privado de la Confraternidad
Nuestra Señora de Fátima, celebrado hace poco y que
el autor de estas líneas ha conseguido en exclusiva con autorización de Su
Excelencia [dicha confraternidad realiza un apostolado conjunto con monseñor
Schneider con miras a «acelerar la implantación del Reino de María
por medio de la consagración de San Luis M.ª Grignon de Monfort»].
El
obispo auxiliar de Astaná conoce bien la FSSPX por haber (sido) visitador
oficial de la Santa Sede ante dicha Fraternidad durante el pontificado de
Francisco. Schneider, que es uno de los prelados más activos en la Iglesia
actual, ha dirigido también una petición pública a León
XIV instándole a aprobar las consagraciones previstas, y construir de esa
manera puentes en la Iglesia.
De
momento, la Santa Sede –a través del cardenal Víctor Manuel Fernández– ha
advertido a la FSSPX que de llevarse a cabo las consagraciones programadas para
el 1º de julio sin autorización pontificia se produciría una ruptura decisiva
de la comunión eclesial (cisma) con graves consecuencias para la Fraternidad en
su conjunto.
A
raíz de las consagraciones episcopales de la FSSPX en 1988, Juan Pablo
II declaró que los consagrantes y los recién nombrados
obispos habían «incurrido en la grave pena de excomunión prevista por la
disciplina eclesiástica». La FSSPX ha refutado enérgicamente durante décadas
dichas excomuniones latae sententiae, con el
mismo ardor con que sus críticos han presentado argumentos contra la
Fraternidad. También a raíz de las consagraciones de julio.
Ahora
bien, para monseñor Schneider falta un elemento clave que eximiría a la
Fraternidad de toda excomunión oficial:
«A mí me
parece que no tendría validez, ya que la Fraternidad no tiene tiene intenciones
cismáticas, y según el derecho canónico, no se puede aplicar un castigo por
algo que no hay intención de hacer».
Al
igual que en diversas ocasiones en los últimos años, Schneider señaló que las
misas celebradas por la FSSPX son una opción válida para los católicos, y más
teniendo en cuenta que en dichas misas se pide por el Papa. Si no se rogase por
el Papa no se podría asistir a ellas, pero siempre rezan por él y por el
ordinario del lugar, dondequiera que se celebre.
Aunque destacados prelados han condenado la
decisión de la Fraternidad de celebrar las consagraciones, Schneider ha adoptado
una postura más matizada y ha instado al Sumo Pontífice a dar su
sello de aprobación, lo que permitiría a la FSSPX contribuir más plenamente a
la vida de la Iglesia y al necesario debate teológico sobre la crisis doctrinal
de los últimos años.
Con
todo, monseñor Schneider teme que
León XIV esté en peligro de dejarse influir por gente muy interesada en atacar
a la FSSPX a fin de modernizar la Iglesia.
En
una declaración recibida vía correo electrónico por el que esto escribe,
Schneider expresó que «es un secreto a voces que hoy en día hay en
las altas esferas del clero hombres muy influyentes que detestan todo lo que
tenga que ver con la auténtica tradición católica, tanto en doctrina como en
liturgia».
Añadió
que «les
alegraría mucho que se excomulgase a la FSSPX, pero al mismo tiempo expresan la
mayor de las tolerancias hacia todo cuanto sea ambiguo en doctrina y liturgia.
Por ejemplo, el camino sinodal alemán, o la conocida postura de algunos obispos
y cardenales que sin ningún rubor toleran y apoyan arbitrariedades litúrgicas y
sacrilegios, así como herejías, como la justificación de los actos y forma de vida
homosexuales, la ordenación de mujeres y la transformación de la estructura
jerárquica de la Iglesia configurándola según un modelo mundano democrático y
protestante con el pretexto de la sinodalidad«.
Advirtió
asimismo que para los eclesiásticos que apoyan esos sacrilegios y herejías,
incluso una mínima integración eclesial de la FSSPX sería inaceptable, pues en
el caso de esos que contribuyen cobardemente al plan de las élites que quieren
implantar su ideología en el mundo pondría al descubierto su traición a Cristo
y a la Verdad y avanzaría la reconquista de la verdadera catolicidad en la vida
actual de la Iglesia.
En
este sentido, Schneider describió también en su encuentro con la Confraternidad
el duelo que se está librando entre la FSSPX y la Santa Sede como una batalla
espiritual, y exhortó a los católicos a rezar a Nuestra Señora para que Ella
también intervenga.
La
FSSPX ha afirmado que lo que ha determinado las futuras consagraciones es que
continúa el estado de emergencia y que la necesidad de los sacramentos es
efectiva y urge para la supervivencia de la Tradición en el servicio a la Santa
Iglesia Católica.
El
debate sobre la situación de emergencia ha sido muy vivo desde las
consagraciones de 1988, y un destacado canonista sostuvo recientemente
que ya no había emergencia, dado que existen órdenes de sacerdotes dedicadas a
la Misa Tradicional.
Monseñor
Schneider no está de acuerdo. «La situación sigue siendo muy grave, una
crisis extraordinaria –dijo a la Confraternidad–, y desgraciadamente, hasta en
Roma; pues Roma sigue promoviendo esa tendencia de modernismo, de relativismo,
de falta de claridad. Así estamos. Por eso existen esas comunidades de Misa
tradicional que mantienen la pureza de la Fe, rezan por el Papa y lo
reconocen como tal«.
Hasta
ahora el Santo Padre no ha dado señales de que vaya a decir más sobre la FSSPX,
como tampoco –cosa que sorprende– ha accedido públicamente a conceder la
audiencia que le han solicitado tantas veces los superiores de la Fraternidad.
Ya veremos qué hace Santa Sede, teniendo en cuenta que la FSSPX parece haber
adoptado una postura definitiva con respecto a las consagraciones episcopales.
(Traducido
por Bruno de la Inmaculada)


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