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lunes, 20 de octubre de 2014

Cáritas de Venezuela previene sobre el Cambio Climático


La Iglesia crea conciencia para prevenir y adaptar la población al cambio climático, y fomenta acciones para reducir el riesgo de desastres. Este trabajo fue publicado inicialmente en el Portal Católico Aleteia, Buscando la Verdad

Ramón Antonio Pérez
@GuardianCatolic

Caracas, 20 de octubre de 2014.- “Mucha gente nos pregunta: ¿por qué la Iglesia se mete en esto? ¿Qué tiene que ver la iglesia católica con el cambio climático? La respuesta es encilla: el Papa Francisco y Cáritas Internacional nos animan a estar en los temas temporales, y participar en aquellas situaciones que les producen daños a nuestras poblaciones para ayudar a mitigar o revertir esa triste realidad”.

De esta manera la socióloga Janeth Márquez, directora nacional de Cáritas de Venezuela, dio apertura al foro: “Adaptándonos al Cambio Climático, Acciones directas hacia la Gestión de Desarrollo”, el pasado 13 de octubre en Caracas, actividad que fue organizada por el brazo ejecutivo de la labor social de la Iglesia venezolana, junto al Vice ministerio de Gestión de Riesgo y Protección Civil, y el Plan de Acción DIPECHO 2013-2014 que financia la Unión Europea.

Además, se realizó en el marco de la conmemoración del Día Internacional para la Reducción de los Desastres, implementado por la ONU, según la Resolución 64, del 21 de diciembre de 2009.

Creando conciencia en las comunidades


El objetivo del foro fue presentar criterios y lineamientos claves para Reducir los Riesgos de Desastres ante los efectos del Cambio Climático, con la exposición de algunos conocimientos y experiencias sobre el tema en Venezuela.

La Conferencia Episcopal Venezolana a través de Cáritas, ha querido desde hace mucho tiempo animar espacios de dialogo y reflexión sobre temas y problemáticas que nos incumben a todos en el país”, dijo Janeth Márquez durante su intervención.

Consideró que “la reducción de riesgos de desastres incluida la reducción de la vulnerabilidad a los desastres naturales concierne a múltiples  sectores y contribuye al logros del desarrollo sostenible”. De igual manera expuso que “algunas medidas para reducir el riesgo de desastres promovidos en el contexto del Marco de la Acción de Hyogo, pueden también apoyar las iniciativas de adaptación al cambio climático”.

Destacó la importancia de “reforzar la resilencia en cuerpos sanos y sociedades sanas (…) la estrecha vinculación entre el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, la reducción del riesgo de desastre y la recuperación después de una situación de emergencia tanto por causas naturales como por las acciones humanas”, dijo.

“En Cáritas de Venezuela, a lo largo de la historia nos hemos dedicado a servirles a las personas en condiciones de pobreza, a las vulnerables y excluidas. De manera que, siguiendo solo el interés supremo por la vida humana, hoy queremos hacer referencia que las situaciones de riesgo y desastres nos afectan a todos”, dijo.

Empatía con el PLAN DIPECHO


El ingeniero Alejandro Liñayo, viceministro de gestión de riegos y protección civil del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Interiores, Justicia y Paz de Venezuela, comentó de manera positiva el trabajo de Cáritas de Venezuela, específicamente con el Plan DIPECHO 2013-2014 (Disaster Preparedness –European Commission Humanitarian Office, por sus siglas en inglés).

“Nosotros estamos agradeciendo el apoyo que nos vienen dando, y todo aquel ente nacional e internacional que se sume a esta causa es bienvenido. Afortunadamente con el Plan DIPECHO hemos tenido mucha empatía en el modo de trabajo porque creo que han sabido acercarse a los países con respeto, sin imponer agendas, negociando qué es lo que pudiéramos hacer, que es lo que el país necesita”, dijo.

Las ponencias comenzaron con el tema: “Cambio Climático: ¿La excusa perfecta?”, el cual fue presentado por el ingeniero Liñayo. Luego fue el turno del “Cambio Climático, Impactos y Estrategias de adaptación en la República Bolivariana de Venezuela”, por parte del ingeniero José Gregorio Sottolano, presidente Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (INAMEH).

El tercer tema contemplado fue “La educación ambiental y la participación comunitaria, orientada a la adaptación al Cambio Climático”, bajo responsabilidad del doctor Ángel Deza, director general de educación ambiental y participación comunitaria del Ministerio del Poder Popular para Ecosocialismo, Hábitat y Vivienda.

La doctora Gloria Romero representante de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (FUNVISIS), habló del Desarrollo de la plataforma tecnológica para la creación de una Red de Variables Ambientales Unificada hacia la Reducción del Riesgo en zonas Costeras con énfasis en Tsunamis”.

Aportes de Cáritas

Finalmente correspondió hablar al ingeniero Rubén Reyes, coordinador nacional de gestión de riesgo y ambiente, de Cáritas de Venezuela. Expuso las “Experiencias de organización comunitaria para adaptación al cambio climático en Venezuela”.


Entre los aportes que Cáritas le ha brindado a los ciudadanos y las instancias de gobierno, mencionó los siguientes: “Diseños de herramientas para la promoción y educación; desarrollo y fortalecimiento comunitario; promoción de la información sobre la gestión de riesgo en el país, su situación actual y perspectivas; promoción e incorporación de la temática de adaptación al cambio climático con enfoque en la reducción de riesgo de desastre de lo nacional a lo local; visibilización de instituciones nacionales a nivel local; y generación de espacios para que las instituciones del Estado y Organizaciones No gubernamentales desarrollen articulaciones en metas comunes”.






La Santería no es católica

LA SANTERÍA

Este trabajo ha sido publicado originalmente en:
La Santería es una religión sincrética de origen caribeño, resultado de la unión de la religión yoruba con el catolicismo, es también conocida como Regla de Ocha-Ifá. Sus sacerdotes son conocidos como Babalorishas, “Padres de Orisha” e Iyalorishas, “Madres de Orisha”.

Los orishas son un conjunto de dioses de la religión yoruba, que al sincretizarse con el catolicismo se les dio el nombre de santos, de esta manera, Santa Bárbara se sincretiza con Changó, Yemayá con la Virgen de Regla, etc.
Los Babalorishas e Iyalorishas son conocidos también como Santeros o Santeras, debido al término de Santería. Si además trabajan como adivinadores de los orishas, se les llaman Oriates.


El rango más alto dentro de la Santería lo tienen los sacerdotes y sacerdotisas de Ifá. Tanto los sacerdotes como las sacerdotisas de Ifá reciben a Orunmila, quien es el orisha de la Profecía, la Sabiduría y el Conocimiento, éste se sincretiza con San Francisco de Asís.
Los sacerdotes de Ifá son conocidos como “Babalawos”, que significa “Padre que conoce los secretos” y las sacerdotisas como Iyanifás o “Madre del Destino”, éstas pueden ejercer todas las funciones y ceremonias excepto entregar o mirar a Igba Iwa Odu. A las mujeres también se les inicia como Appetebi Ifá, “Esposa de Orunmila”.
Los orishas más conocidos en la Santería son Elegua, Ogun, Ochosi, Ochún, Changó, Oyá, Obatalá, Yemayá y Orula.

Prohibida la Santería
La Santería adora a un Dios único, a una entidad central, la cual creó todo lo que existe, a la que denominan Oloddumare. Oloddumare se expresa en el mundo a través de la extensión de él mismo, del cual salió todo lo que existe y a él todo debe regresar, a esto se le denomina Ashé.Ashé es la base absoluta de la realidad, es la corriente divina que expresa el poder de Dios en todo lo que nos rodea, es la fuerza cósmica e invisible que proviene del Creador.

Los santeros y santeras creen que nuestra vida ha sido elegida por nosotros mismos antes de nacer, pero cuando llegamos al plano terrenal, muchas veces nos desviamos de nuestros objetivos por las particularidades del ambiente que nos rodea. Para lograr una comunión con nuestro ángel de la guarda, y llegar con más facilidad y menos obstáculos a esos objetivos, que ya hemos decidido de antemano, es cuando vienen a ayudarnos los orishas y la ceremonia de coronarse “santo”, donde los santos a través de su Oráculo, nos aconsejan y nos guían hacia nuestro destino.

Los santos u orishas son extensiones también de Oloddumare, son los protectores de la raza humana, y desde que nacemos cada orisha nos ha escogido para ser nuestro protector o ángel de la guarda. Conocer quién es nuestro ángel de la guarda conlleva una ceremonia, donde a través del oráculo de Ifá, babalawos o grandes sacerdotes de la Santería dan a conocer por cual orisha la persona ha sido elegida.
Los santeros creen que tenemos características similares a nuestro ángel de la guarda, así los hijos de Changó, el dios guerrero, se caracterizan por su valor y su sentido de la justicia, etc.
Prohibida la Santería
El universo en la Santería
Esta forma de ver la creación de los santeros,
es muy diferente a la que nos enseñó Jesucristo,
y que nos revela la Biblia y la Iglesia Católica,
la cual es la fuente de la verdad,
y a la que debemos creer.
Olodumare no es Dios
Olodumare
Es el creador y único Dios. De él proviene la energía que sostiene el universo entero, y que se llama Ashé (comparable al Chi o al Tao en religiones orientales, y a la gracia cristiana).
Olodumare nunca puede representarse pictóricamente y no tiene atributos humanos. Sin embargo, otro nombre más humanizado de Olodumare es Olorún, figura masculina cuyo nombre significa “dueño de los cielos”.
Nota: el Dios católico se llama Yahveh, no Oludumare.
Orishas no son Católicos
Los santos u orishas
Directamente emanados de Olodumare, los y las orishas son guardianes e intérpretes del destino universal. Algunos fueron humanos en un remoto pasado, y por su vida extraordinaria llegaron a la dignidad espiritual de los orishas.
Son venerados con rituales, música, comidas especiales y oraciones, y se manifiestan a través de sacerdotes y/o sacerdotisas que poseen o habitan temporalmente. Ofrecen ayuda y consejo en todos los campos de la vida.
Nota: Estos santos son africanos y no tienen nada que ver con los católicos.
Egungun no son Católicos
Los Egungun
Son los ancestros o antepasados directos de cada familia, venerados en sus propios altares familiares o comunitarios.
Su misión es asegurar la continuación de la sociedad Yoruba y de la justicia social a todos los niveles.
Son también, en general, los espíritus de personas fallecidas.
Nota: Es un grave pecado consultar a los muertos. Isaías 8,19.
Los Santeros no son Católicos
Los seres humanos
Esta categoría incluye tanto a las personas que están vivas como a quienes están por nacer.
Su poder es fundamental, porque sólo los seres humanos pueden realizar las intenciones y deseos de los orishas. Sin embargo, son libres de hacer el bien o el mal.
Nota: Los católicos no deben practicar la Santería.
Los animales no son para Santería
Las plantas y animales
Son mutuamente dependientes de los humanos, quienes a su vez los necesitan para su supervivencia y alimentación.
Son fuente de curación, alimento y sacrificio.
Plantas, animales y humanos dependen todos de la tierra, divinizada como Onile.
Nota: No al maltrato animal, es un delito.
Las cosas pertenecen a Dios
Las otras cosas
Piedras, nubes, ríos y metales se consideran seres con voluntad, poder e intención.
Los astros son la residencia de los orishas, los Egungun y de Olorún, quienes pertenecen a otra dimensión paralela a la visible.
Nota: Creer que las cosas tienen voluntad, es caer en el terreno de la locura, y en eso cree la Santería.

¿Por qué no es posible pertenecer a la Iglesia Católica y a la Santería al mismo tiempo?

Nadie puede profesar dos religiones distintas al mismo tiempo. Sería como pertenecer a dos equipos deportivos rivales.

Ambas religiones no sólo son distintas, sino opuestas y contradictorias en sus contenidos doctrinales, prácticas y estilos de vida. Del mismo modo que, al mismo tiempo, no se podría ser judío y musulmán, o cristiano y budista o taoísta e hinduista. Son religiones distintas.

La Iglesia Católica
La Santería
El cristianismo es una religión de amor: Ese único Dios verdadero es un Padre que nos ama y al que nosotros amamos. En la oración acudimos a Él con confianza de hijos y en su Providencia descansamos confiados.
La Santería, en cambio, es la religión del temor, del miedo: Hay que hacer cosas para librarse de males y apartar poderes maléficos, o para tener suerte y agradar a los dioses. Se teme más que se ama.
El cristianismo nos lleva a hacernos mejores, a transformar nuestra vida: En la medida en la que vayamos viviendo de verdad tenemos que hacernos mejores, vencer nuestros defectos y adquirir más virtudes, más dominio de nosotros mismos, más caridad, más humildad, más espíritu de servicio, en una palabra, más santidad.
Mientras que la Santería, en cambio, se queda en prácticas externas, en ritos y ceremonias que no nos transforman por dentro, y que adquieren cierto sentido mágico, cuyo efecto depende de los actos en sí, sin que nos cambiemos interiormente.

¿Cuál es la actitud de la Iglesia ante la Santería?

“Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1ra Timoteo 2,4). Por eso, la Iglesia es y tiene que ser misionera, anunciando la verdad de Cristo. Y recibe como madre buena a cuantos con fe y buena voluntad se acercan a ella.
La irrenunciable obligación de anunciar la verdad de Cristo implica necesariamente el deber de denunciar el error, sin rechazo a las personas ni irrespeto a su libertad de opción.
La Iglesia, en Cristo, ama y respeta a todos, sin discriminación, independientemente de sus creencias y opciones de vida; siempre dispuesta a mostrarles el camino para llegar al Padre: Jesucristo y su Evangelio.
Hay libertad de culto, y la Iglesia Católica respeta la libertad de conciencia. Cada quien tiene derecho a profesar libremente la religión que prefiere. A lo que no hay derecho es a mezclar las creencias, y menos aún a interferir en la vida interna y disposiciones de cada religión, pues cada iglesia es independiente y autónoma, y establece sus propias normas para la participación en sus celebraciones, ritos y sacramentos.
Prohibida la Santería
La Santería
Tomado del Portal Web “corazones.org”
Escrito por: P. Jordi Rivero
http://corazones.org
Prohibida la Santería
Historia
La Santería es una religión que tiene sus orígenes con la tribu Yoruba del África. Los Yorubas vivían en lo que se conoce hoy como Nigeria, a lo largo del río Niger. En un tiempo tuvieron una poderosa y compleja estructura organizada en una serie de reinos, de los cuales el más importante era Benin, y este duró por 12 siglos hasta el 1896.
A finales del siglo XVIII y principios del XIX, los Yoruba pelearon una serie de guerras con sus vecinos y entre ellos. Esta pelea interna y los ataques externos, llevaron a la caída y esclavización del pueblo Yoruba.
Entre 1820 y 1840, la mayoría de los esclavos enviados desde Benin eran Yorubas. Estos esclavos fueron llevados a Cuba y al Brasil a trabajar en las plantaciones de azúcar. Los Yoruba pronto fueron llamados los “Lucumi”, debido a su saludo “oluku mi”, “mi amigo”.
Las leyes españolas, al mismo tiempo que permitían la esclavitud, trataban de atenuar esa injusticia concediendo a los esclavos algunos derechos, al menos en teoría. Tenían derecho a propiedad privada, matrimonio y seguridad personal. También las leyes exigían que los esclavos fueran bautizados católicos, como condición de su entrada legal a Las Indias.
La Iglesia trató de evangelizar a los negros Lucumí pero las condiciones eran muy difíciles. Además de la escasez de sacerdotes, la condición de esclavitud dificultaba que los Lucumí comprendieran y aceptaran lo que se les enseñaba acerca de Dios.
Con la revolución comunista, que triunfó en Cuba en 1959, más de un millón de cubanos se exilaron en USA (principalmente en Miami, New York y Los Ángeles) y otros países. Entre ellos habían santeros que propagaron la Santería en sus nuevos ambientes.
Prohibida la Santería
Santería: Una religión pagana fruto del sincretismo Yoruba + Catolicismo
En sus esfuerzos de esconder su religión africana y sus prácticas mágicas(aunado a la astucia del demonio), los lucumís identificaron sus deidades africanas (orishas) con los santos del catolicismo, dando como resultado un sincretismo religioso conocido hoy como la Santería. Un santo católico y un orisha lucumí son vistos como manifestaciones diferentes de la misma entidad espiritual.
Los santos
Los católicos veneramos a los santos comprendiendo que son seres humanos, que vivieron heroicamente su fe, murieron y están ahora en el Cielo, desde donde interceden por nosotros, gracias a su participación en la gloria de Jesucristo.
Para los santeros, los santos son dioses (orishas) que deben adorarse. Olodumare creó a los orishas para manifestar su voluntad y su esencia en la creación. Estos son una personificación de Ashe. Los orishas también son los guías y protectores de la raza humana.
Los santos que tomaron para identificarlos con los orishas eran los más conocidos en la Iglesia en Cuba. La Virgen Santísima, en diferentes advocaciones, es también identificada con un orisha como si fuese un santo más. La identificación a menudo tiene que ver con las vestimentas o las razones por las que el santo o la Virgen es conocida. Así, Santa Bárbara, vestida de rojo y con espada en las imágenes católicas, se identifica con el dios Shangó, guerrero a quien se le atribuye la fuerza.
Tabla de orishas con su respectivo santo católico
Tabla de orishas
Según la Santería, la vida de cada persona está supervisada por un santo (orisha), que toma parte activa su vida diaria. En la fiesta de su santo, la persona, debe asistir a misa y a las ceremonias de ese orisha.
La iniciación
Antes de la iniciación la persona debe recibir una “limpieza” para purificarse.La primera iniciación es la de los collares, conocidos como “elekes”. Se entregan cinco collares que pertenecen a Eleggua, Obatalá, Shangó, Yemayá y Oshún, y protegen del mal. Se espera que la persona respete a los orishas y se comporte con moral.
La jerarquía
No todos los practicantes de la Santería son santeros. Este nombre suele reservarse a los sacerdotes (omo-orishas) de la Santería, a quienes acuden los creyentes para consultas y sacrificios.
La ceremonia en la que una persona se hace santo se llama “asiento”. Se forma un vínculo entre el santero y un orisha. Después de haber recibido el “asiento”, la persona puede ascender en la jerarquía de la Santería. Pasan entonces por el rito del cuchillo, que les permite hacer sacrificios de animales.
Los sacerdotes de mayor jerarquía se llaman “babalawos”. Hacen de adivinos, de modo que si hay un caso muy difícil para el santero, este acude al “babalawo”.
Prohibida la Santería
Prohibida la Santería
Adivinación
Las adivinaciones son para conocer el futuro o para descubrir alguna maldición, o si a la persona se le ha pegado un espíritu maligno o bueno. En caso de espíritu maligno, el santero procede a hacer “limpieza”. Si el espíritu es bueno, hay que reforzarlo. Para la adivinación los santeros utilizan diferentes formas de interpretar un oráculo.
  1. Una cadena de medallones que el santero tira sobre su mesa. El oráculo se lee de acuerdo a como caigan los medallones.
  2. Una bandeja de madera llamada “ifa”, sobre la que se echa un polvo (eyero-sun). Con un cuerno, el babalawo traza líneas y ceros para componer el oráculo. Se pretende descubrir la presencia de fuerzas en torno a la persona, y la naturaleza buena o mala de ellas.
  3. Un tipo de adivinación es el “ikin”, en el que tres babalawos usan 16 cocos para hacer adivinaciones.
Los sacrificios (ebbo)
A los orishas hay que ofrecerles sacrificios o “ebbo”, lo cual necesitan para vivir, debido a que no son inmortales. El orisha consume el ashe invisible liberado de los sacrificios a través de una consagración (palabras sagradas de dedicación).
El “ebbo” consiste de hierbas especiales y la sangre de los animales sacrificados. Cada orisha tiene unas hierbas y animales que le gusta consumir, y sólo estas cosas que disfruta el orisha son las que se deben sacrificar.
La sangre y las hierbas se vierten sobre piedras rituales, que representan a cada orisha, y que contienen la esencia espiritual de los orishas. Por eso la Santería requiere de tiendas llamadas “botánicas”, donde se venden las hierbas y otros objetos de la religión.
Prohibida la Santería
Hay tres tipos de sacrificios de animales:
  1. Para limpiar de un mal o una maldición.
  2. Al orisha pidiendo su asistencia.
  3. Para la ceremonia de iniciación en una de los órdenes de la Santería.
Antes de que un “ebbo” pueda ser ofrecido, se debe invocar el “Eggun” o “Eleggua”, los cuales son los espíritus de los ancestros, ya sea de la persona o de la familia santera a la que pertenece. Eleggua es el orisha que lleva la ofrenda a los otros orishas, y por eso debe honrársele primero.
Prohibida la Santería
La Santería en Preguntas y Respuestas
Tomado del Portal Web “venezuelaentrelineas.com”
Escrito por: Troconis, Rafael,
La Santería: Un desafío para nuestra fe,
Ediciones San Pablo, Caracas, 2008.
http://venezuelaentrelineas.com
1) ¿Qué es la santería?
Es una religión de origen africano, traída en tiempos de la Colonia, la cual se caracteriza por el culto o adoración a espíritus llamados orishas, que se han identificado con imágenes de santos católicos. De allí el nombre de santería.
2) Es decir, que ellos creen en nuestros santos, ¿No?
Eso es lo que parece a primera vista. Pero no es así. Los espíritus venerados por los yorubas (pueblo africano proveniente de Nigeria y traído a América en condición de esclavitud) fueron identificados con las imágenes de los santos de la religión católica. De allí el hecho de que haya gente que piense que ellos veneran a los santos igual que nosotros y que no hay inconveniente en ser católico y santero.
3) ¿Me puede dar ejemplos?
Sí. Ellos identifican la imagen de Santa Bárbara, mártir cristiana del siglo IV después de Cristo, con Changó, espíritu del fuego, del trueno y del relámpago entre los yorubas. La imagen del Santo Niño Jesús de Atocha representa otro orisha llamado Eleggua, un espíritu protector que abre y cierra todas las puertas. La imagen de San Lázaro representa a Babalú Ayé, espíritu que siempre según los santeros, cuida a los enfermos. La imagen de San José representa a un espíritu llamado por los yorubas Aganyú. La Virgen del Carmen representa a Dada; la Virgen de la Merced a Obtalá; Nuestra Señora de Regla a Yemayá. Y así podríamos poner muchos ejemplos.
4) ¿Entonces la santería no tiene nada que ver con nuestra religión?
No. Las similitudes son solamente externas. Nosotros creemos que los santos (los nuestros, los verdaderos) fueron personas de carne y hueso como nosotros, que se esforzaron por imitar a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, y así llegaron al Cielo. Ellos son un modelo de vida cristiana e interceden ante el Señor para que nos ayude, pero nada más. Los orishas de la santería nada tienen que ver con nuestros santos. Por eso es mejor no llamarlos santos sino orishas. Así no hay confusión.
5) ¿Es verdad que en la santería se practica la magia o brujería?
Sí, es cierto. La magia o brujería se define como todo rito practicado para obtener favores o protección de fuerzas ocultas, y hasta para causar daños a personas. Un buen cristiano no acude nunca a fuerzas ocultas porque lo espera todo de Dios. La actitud cristiana justa ante el futuro y ante lo que se desconoce consiste en entregarse con confianza en las manos de la Providencia Divina, y en abandonar toda curiosidad malsana al respecto. No debemos olvidar que Dios es como un Padre bueno, que cuida de nosotros (Cf. Mt 6, 25-34).
6) ¿Me puede poner un ejemplo de cómo en la santería se practica la brujería?
Sí. En la santería se practican sacrificios de animales (sobre todo de gallinas y chivos), adivinación con caracoles mediante la tabla de Ifá, uso de collares y pulseras denominados ildés (lo cual es pecado de superstición), maleficios y otros ritos mágicos para obtener salud, dinero, amor, etc. Por cierto, lamentablemente hay personas que usan los ildés para protegerse (especialmente uno de cuentas amarillas y verdes llamado “mano de Orunla”). Es un gran error. Esos collares y pulseras representan a los espíritus de la religión según los colores que tengan. Usarlos equivale a ponerse bajo la protección de alguno de los orishas y renunciar a Jesucristo.
Prohibida la Santería
7) ¿Y estas cosas están prohibidas por Dios?
Desde luego que sí. La Biblia dice lo siguiente: “Cuando entres en la tierra que te da el Señor tu Dios, no imites las costumbres abominables de esas naciones. Nadie entre los tuyos practicará la adivinación, la brujería o la hechicería; hará conjuros, practicará el espiritismo o consultará los muertos. Cualquiera que practique estas costumbres se hará abominable al Señor” (Dt 18, 10-12). En la santería se practican estas cosas, especialmente la adivinación y la magia o brujería.
8) ¿Es verdad que los santeros se consagran a los orishas o santos?
Sí, lo hacen. En una ceremonia especial y después de un tiempo de preparación invocan a estos espíritus para que uno de ellos baje sobre la persona y tome posesión de ella. Es lo que se denomina “hacerse el santo”. A partir de ese momento la persona se considera hija de Changó, Eleggua, Ocún, Yemayá, Obtalá o cualquiera de los orishas que hayan tomado posesión de ella.
9) ¿Eso está bien?
No, para nada. Es un gran pecado. Es permitir que un demonio tome posesión de la persona que se hace santera. Es como renunciar a nuestro bautismo, y a lo que significa en nuestra vida: por él nos hicimos hijos de Dios, hermanos y discípulos de Jesucristo. “Hacerse un santo” es renunciar a Jesucristo para ponerse bajo la protección de esos espíritus, que, hay que decirlo, son demonios.
10) ¿Por qué dice usted que son demonios?
Los santeros dicen que ellos creen en Dios y que invocan esos espíritus para cosas buenas y no para cosas malas. Estos espíritus causan daños tremendos. Yo he visto a Changó y a otros espíritus de la santería (Yemayá, Obatalá, Chankpana, Oggún, Ochún, etc.), poseer una persona después de haber sido objeto de un maleficio, y complacerse en el sufrimiento físico que le causaban. Les he oído decir que querían llevársela al infierno. Un espíritu bueno nunca haría eso a nadie. Los demonios sí.
11) ¿Entonces un santero puede hacerle daño a una persona mediante maleficios?
Cuando uno reza, comulga y se confiesa con frecuencia y cumple con los demás deberes cristianos no tiene nada que temer. Más bien esos espíritus le temen.
12) ¿Podemos participar en una fiesta de la santería como la de Santa Bárbara el cuatro de Diciembre o en otras fiestas o ritos?
No. Un católico, un cristiano, ha puesto toda su confianza en Jesucristo, a quien considera su Señor y Salvador. Participar en esas fiestas es también un gran pecado. La Biblia dice que los cristianos “no pueden beber de la copa del Señor y de la copa de los demonios, no pueden participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios” (1 Cor 10, 21-22). Participar en un culto santero es participar de la mesa de los demonios. Es entrar en comunión con los demonios (Cf. 1 Cor 10, 20). Es por tanto, un gran pecado. En estas fiestas se invoca a estos espíritus, que bajan sobre las personas que se prestan para tal aberración. Un cristiano no debería hacer esto jamás.
13) ¿Entonces un cristiano no puede ser santero?
¡Por supuesto que no! Si un cristiano se hiciese santero se habría apartado de la Verdad, y habría caído en la esclavitud del error. Jesucristo dijo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino es a través de mí” (Jn 14,6). Sólo por medio de Jesucristo que habita y actúa en la Iglesia alcanzamos la salvación. Practicar la santería es apartarse de la Verdad que es Jesucristo. Más aún, es renegar de Él, y es poner en peligro la propia salvación.
Prohibida la Santería
No pueden beber al mismo
tiempo de la copa del Señor
y de la copa de los demonios,
ni pueden tener parte en la mesa del Señor
y en la mesa de los demonios.

1º Carta a los Corintios, 21.

domingo, 19 de octubre de 2014

El Papa Francisco llama a Pablo VI el "Gran Timonel" del Concilio Vaticano II, durante su beatificación


Acabamos de escuchar una de las frases más famosas de todo el Evangelio: «Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Mt 22,21).

Jesús responde con esta frase irónica y genial a la provocación de los fariseos que, por decirlo de alguna manera, querían hacerle el examen de religión y ponerlo a prueba. Es una respuesta inmediata que el Señor da a todos aquellos que tienen problemas de conciencia, sobre todo cuando están en juego su conveniencia, sus riquezas, su prestigio, su poder y su fama. Y esto ha sucedido siempre.

Evidentemente, Jesús pone el acento en la segunda parte de la frase: «Y [dar] a Dios lo que es de Dios». Lo cual quiere decir reconocer y creer firmemente –frente a cualquier tipo de poder– que sólo Dios es el Señor del hombre, y no hay ningún otro. Ésta es la novedad perenne que hemos de redescubrir cada día, superando el temor que a menudo nos atenaza ante las sorpresas de Dios.

¡Él no tiene miedo de las novedades! Por eso, continuamente nos sorprende, mostrándonos y llevándonos por caminos imprevistos. Nos renueva, es decir, nos hace siempre "nuevos". Un cristiano que vive el Evangelio es "la novedad de Dios" en la Iglesia y en el mundo. Y a Dios le gusta mucho esta "novedad".

«Dar a Dios lo que es de Dios» significa estar dispuesto a hacer su voluntad y dedicarle nuestra vida y colaborar con su Reino de misericordia, de amor y de paz.
En eso reside nuestra verdadera fuerza, la levadura que fermenta y la sal que da sabor a todo esfuerzo humano contra el pesimismo generalizado que nos ofrece el mundo. En eso reside nuestra esperanza, porque la esperanza en Dios no es una huida de la realidad, no es un alibi: es ponerse manos a la obra para devolver a Dios lo que le pertenece. Por eso, el cristiano mira a la realidad futura, a la realidad de Dios, para vivir plenamente la vida –con los pies bien puestos en la tierra– y responder, con valentía, a los incesantes retos nuevos.

Lo hemos visto en estos días durante el Sínodo extraordinario de los Obispos –"sínodo" quiere decir "caminar juntos"–. Y, de hecho, pastores y laicos de todas las partes del mundo han traído aquí a Roma la voz de sus Iglesias particulares para ayudar a las familias de hoy a seguir el camino del Evangelio, con la mirada fija en Jesús. Ha sido una gran experiencia, en la que hemos vivido la sinodalidad y la colegialidad, y hemos sentido la fuerza del Espíritu Santo que guía y renueva sin cesar a la Iglesia, llamada, con premura, a hacerse cargo de las heridas abiertas y a devolver la esperanza a tantas personas que la han perdido.

Por el don de este Sínodo y por el espíritu constructivo con que todos han colaborado, con el Apóstol Pablo, «damos gracias a Dios por todos ustedes y los tenemos presentes en nuestras oraciones» (1 Ts 1,2). Y que el Espíritu Santo que, en estos días intensos, nos ha concedido trabajar generosamente con verdadera libertad y humilde creatividad, acompañe ahora, en las Iglesias de toda la tierra, el camino de preparación del Sínodo Ordinario de los Obispos del próximo mes de octubre de 2015. Hemos sembrado y seguiremos sembrando con paciencia y perseverancia, con la certeza de que es el Señor quien da el crecimiento (cf. 1 Co 3,6).

En este día de la beatificación del Papa Pablo VI, me vienen a la mente las palabras con que instituyó el Sínodo de los Obispos: «Después de haber observado atentamente los signos de los tiempos, nos esforzamos por adaptar los métodos de apostolado a las múltiples necesidades de nuestro tiempo y a las nuevas condiciones de la sociedad» (Carta ap. Motu proprio Apostolica sollicitudo).

Contemplando a este gran Papa, a este cristiano comprometido, a este apóstol incansable, ante Dios hoy no podemos más que decir una palabra tan sencilla como sincera e importante: Gracias. Gracias a nuestro querido y amado Papa Pablo VI. Gracias por tu humilde y profético testimonio de amor a Cristo y a su Iglesia.

El que fuera gran timonel del Concilio, al día siguiente de su clausura, anotaba en su diario personal: «Quizás el Señor me ha llamado y me ha puesto en este servicio no tanto porque yo tenga algunas aptitudes, o para que gobierne y salve la Iglesia de sus dificultades actuales, sino para que sufra algo por la Iglesia, y quede claro que Él, y no otros, es quien la guía y la salva» (P. Macchi, Paolo VI nella sua parola, Brescia 2001, 120-121). En esta humildad resplandece la grandeza del Beato Pablo VI que, en el momento en que estaba surgiendo una sociedad secularizada y hostil, supo conducir con sabiduría y con visión de futuro –y quizás en solitario– el timón de la barca de Pedro sin perder nunca la alegría y la fe en el Señor.


Pablo VI supo de verdad dar a Dios lo que es de Dios dedicando toda su vida a la «sagrada, solemne y grave tarea de continuar en el tiempo y extender en la tierra la misión de Cristo» (Homilía en el inicio del ministerio petrino, 30 junio 1963:AAS 55 [1963], 620), amando a la Iglesia y guiando a la Iglesia para que sea «al mismo tiempo madre amorosa de todos los hombres y dispensadora de salvación» (Carta enc. Ecclesiam Suam, Prólogo)".


sábado, 18 de octubre de 2014

El Señor de los Milagros recorrió el centro de Caracas


La celebración de los 25 años de la procesión con el Cristo de los Milagros en Caracas comenzó en el año 1989, pero cada vez son más los devotos que se suman, así como las ciudades que visitan

Ramón Antonio Pérez

Caracas, 18 de octubre de 2014.- Después de la ceremonia religiosa que tuvo lugar en la Iglesia Nuestra Señora de las Mercedes, en Altagracia, los integrantes de la Cofradía del Señor de los Milagros, sacaron la imagen para realizar un recorrido en dos de las avenidas en el centro de la ciudad.

Con atuendos morados que en algunos casos llegaban al piso, pero atados con cordones que bajaban desde el cuelo a ratos tenían semejanzas a la figura del Nazareno, un centenar de feligreses de origen peruano, iniciaron la procesión que ya tiene 25 años de tradición entre los caraqueños. Recorrieron la avenida Urdaneta y la Baralt.

La procesión comenzó a difundirse en Caracas en 1989, y tiene por objeto difundir la fe y el amor a Jesús, según han proclamado los integrantes de su cofradía.

La cofradía del Señor de los Milagros ha recorrido más de 50 comunidades desde 2001 entre ellas: Guarenas, Petare, El Valle, Caricuao, El Junquito, Catia, Coche y Sabana Grande. La peregrinación también se ha hecho en Casanay, estado Sucre.

Es una tradición que nació en Perú, el año 1651. La historia cuenta que un negro esclavo de Angola pintó la imagen de Cristo crucificado en un muro de adobe. Quisieron borrar la imagen y no pudieron, luego en 1655 ocurrió un terremoto que derrumbó iglesias y edificios en Lima, pero quedó en pie la pared donde estaba la imagen del Cristo.



Mensaje Final del Sínodo de la Familia: “La Iglesia es una casa abierta para todas las familias”



Aunque estos fueron los temas presentes en las personas que estuvieron atentas a sus discusiones y resultados, solo reconocen haber reflexionado sobre los divorciados. Una frase: "Cristo quiso que su Iglesia sea una casa con la puerta siempre abierta, recibiendo a todos sin excluir a nadie", debe ser un buen síntoma de lo que definitivamente se apruebe. 

Ramón Antonio Pérez
@GuardianCatolic 

Ciudad del Vaticano, 18 de octubre de 2014.- La Oficina de Prensa de la Santa Sede fue el lugar escogido para dar a conocer el Mensaje de la III Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos dedicada a “Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización”, realizado en El Vaticano del 5 al 19 de octubre.

En la presentación del Mensaje del Sínodo han intervenido los cardenales Raymundo Damasceno Assis, arzobispo de Aparecida (Brasil), Presidente delegado; Gianfranco Ravasi, Presidente del Pontificio Consejo para la Cultura, Presidente de la Comisión para el Mensaje y Oswald Gracias, arzobispo de Bombay (India), según ha difundido el Servicio Informativo del Vaticano (VIS, por sus siglas en inglés).

Tras las primeras lecturas del mensaje, los “expertos” no coinciden tanto en los puntos de vista ni en las aportaciones hechas por los padres sinodales en algunos de los temas vinculados a la familia. El portal InfoCatólica resalta que no se habla de la comunión de divorciados vueltos a casar, que era uno de los puntos más álgidos para la prensa antes del sínodo. Momentos previos el portal dio a conocer una declaraciones del delegado ortodoxo en el Sínodo Hilarion de Volokolamsk, quien estimó que sobre las uniones homosexuales que “la Iglesia no puede traicionar la verdad”.

Entretanto, otro portal de habla española: Periodista Digital Religión, sí considera que el mensaje final del Sínodo confirma el camino abierto para el acceso a la comunión de los divorciados vueltos a casar. La línea de este portal más liberal valoraba en todos su trabajos una postura más abierta de la Iglesia para estos temas tan candentes.

Por su parte, Aleteia ha indicado que “luego de dos intensas semanas de sesiones en presencia de Francisco, en las cuales los Padres Sinodales han analizado los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la nueva evangelización, los prelados manifiestan admiración y gratitud a las familias por el testimonio cotidiano que ofrecen a la Iglesia y al mundo, recorriendo muchas veces un camino lleno de contrariedades”.

Este portal de la Iglesia que elabora contenidos en 6 idiomas, resalta del mensaje que “Cristo quiso que su Iglesia sea una casa con la puerta siempre abierta durante este camino”, afirman que “nosotros, pastores de la Iglesia, también nacimos y crecimos en familias con las más diversas historias y desafíos. Como sacerdotes y obispos nos encontramos y vivimos junto a familias que, con sus palabras y sus acciones, nos mostraron una larga serie de esplendores y también de dificultades”.  

En fin, variedad y riqueza de interpretación dentro de la Iglesia. 

No obstante, el mensaje final permite conocer que en relación a los divorciados vueltos a casar, el mensaje simplemente constata que los obispos han “reflexionado sobre el acompañamiento pastoral y sobre el acceso a los sacramentos” de dichos fieles. Allí, sencillamente, como muchos esperaban no se menciona a los homosexuales, aunque a consideración del Papa Francisco durante el Sínodo: “Cristo quiso que su Iglesia sea una casa con la puerta siempre abierta, recibiendo a todos sin excluir a nadie”.

En todo caso, el Sínodo sigue adelante “con la reflexión sobre la comunión a los divorciados vueltos a casar y al reconocimiento de las uniones no conyugales, mientras que desaparece del mensaje cualquier referencia a los homosexuales y se potencia la belleza del matrimonio canónico”. Concluye entonces la primera etapa de reflexión todavía con muchos caminos no despejados. Según el Padre Federico Lombardi, se estimó una decisión de 158 votos a favor de 174 votos, de 191 posibles. 

Texto Completo Enviado Por VIS


«Los Padres Sinodales, reunidos en Roma junto al Papa Francisco en la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, nos dirigimos a todas las familias de los distintos continentes y en particular a aquellas que siguen a Cristo, que es camino, verdad y vida. Manifestamos nuestra admiración y gratitud por el testimonio cotidiano que ofrecen a la Iglesia y al mundo con su fidelidad, su fe, su esperanza y su amor.

Nosotros, pastores de la Iglesia, también nacimos y crecimos en familias con las más diversas historias y desafíos. Como sacerdotes y obispos nos encontramos y vivimos junto a familias que, con sus palabras y sus acciones, nos mostraron una larga serie de esplendores y también de dificultades.

La misma preparación de esta asamblea sinodal, a partir de las respuestas al cuestionario enviado a las Iglesias de todo el mundo, nos permitió escuchar la voz de tantas experiencias familiares. Después, nuestro diálogo durante los días del Sínodo nos ha enriquecido recíprocamente, ayudándonos a contemplar toda la realidad viva y compleja de las familias.

Queremos presentarles las palabras de Cristo: «Yo estoy ante la puerta y llamo, Si alguno escucha mi voz y me abre la puerta, entraré y cenaré con él y él conmigo». Como lo hacía durante sus recorridos por los caminos de la Tierra Santa, entrando en las casas de los pueblos, Jesús sigue pasando hoy por las calles de nuestras ciudades. En sus casas se viven a menudo luces y sombras, desafíos emocionantes y a veces también pruebas dramáticas. La oscuridad se vuelve más densa, hasta convertirse en tinieblas, cundo se insinúan el el mal y el pecado en el corazón mismo de la familia.

Ante todo, está el desafío de la fidelidad en el amor conyugal. La vida familiar suele estar marcada por el debilitamiento de la fe y de los valores, el individualismo, el empobrecimiento de las relaciones, el stress de una ansiedad que descuida la reflexión serena. Se asiste así a no pocas crisis matrimoniales, que se afrontan de un modo superficial y sin la valentía de la paciencia, del diálogo sincero, del perdón recíproco, de la reconciliación y también del sacrificio. Los fracasos dan origen a nuevas relaciones, nuevas parejas, nuevas uniones y nuevos matrimonios, creando situaciones familiares complejas y problemáticas para la opción cristiana.

Entre tantos desafíos queremos evocar el cansancio de la propia existencia. Pensamos en el sufrimiento de un hijo con capacidades especiales, en una enfermedad grave, en el deterioro neurológico de la vejez, en la muerte de un ser querido. Es admirable la fidelidad generosa de tantas familias que viven estas pruebas con fortaleza, fe y amor, considerándolas no como algo que se les impone, sino como un don que reciben y entregan, descubriendo a Cristo sufriente en esos cuerpos frágiles.

Pensamos en las dificultades económicas causadas por sistemas perversos, originados «en el fetichismo del dinero y en la dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano», que humilla la dignidad de las personas. Pensamos en el padre o en la madre sin trabajo, impotentes frente a las necesidades aun primarias de su familia, o en los jóvenes que transcurren días vacíos, sin esperanza, y así pueden ser presa de la droga o de la criminalidad.

Pensamos también en la multitud de familias pobres, en las que se aferran a una barca para poder sobrevivir, en las familias prófugas que migran sin esperanza por los desiertos, en las que son perseguidas simplemente por su fe o por sus valores espirituales y humanos, en las que son golpeadas por la brutalidad de las guerras y de distintas opresiones. Pensamos también en las mujeres que sufren violencia, y son sometidas al aprovechamiento, en la trata de personas, en los niños y jóvenes víctimas de abusos también de parte de aquellos que debían cuidarlos y hacerlos crecer en la confianza, y en los miembros de tantas familias humilladas y en dificultad. Mientras tanto, «la cultura del bienestar nos anestesia y […] todas estas vidas truncadas por la falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera». Reclamamos a los gobiernos y a las organizaciones internacionales que promuevan los derechos de la familia para el bien común.

Cristo quiso que su Iglesia sea una casa con la puerta siempre abierta, recibiendo a todos sin excluir a nadie. Agradecemos a los pastores, a los fieles y a las comunidades dispuestos a acompañar y a hacerse cargo de las heridas interiores y sociales de los matrimonios y de las familias.

También está la luz que resplandece al atardecer detrás de las ventanas en los hogares de las ciudades, en las modestas casas de las periferias o en los pueblos, y aún en viviendas muy precarias. Brilla y calienta cuerpos y almas. Esta luz, en el compromiso nupcial de los cónyuges, se enciende con el encuentro: es un don, una gracia que se expresa –como dice el Génesis– cuando los dos rostros están frente a frente, en una »ayuda adecuada«, es decir semejante y recíproca. El amor del hombre y de la mujer nos enseña que cada uno necesita al otro para llegar a ser él mismo, aunque se mantiene distinto del otro en su identidad, que se abre y se revela en el mutuo don. Es lo que expresa de manera sugerente la mujer del Cantar de los Cantares: «Mi amado es mío y yo soy suya… Yo soy de mi amado y él es mío».

El itinerario, para que este encuentro sea auténtico, comienza en el noviazgo, tiempo de la espera y de la preparación. Se realiza en plenitud en el sacramento del matrimonio, donde Dios pone su sello, su presencia y su gracia. Este camino conoce también la sexualidad, la ternura y la belleza, que perduran aun más allá del vigor y de la frescura juvenil. El amor tiende por su propia naturaleza a ser para siempre, hasta dar la vida por la persona amada. Bajo esta luz, el amor conyugal, único e indisoluble, persiste a pesar de las múltiples dificultades del límite humano, y es uno de los milagros más bellos, aunque también es el más común.

Este amor se difunde naturalmente a través de la fecundidad y la generatividad, que no es sólo la procreación, sino también el don de la vida divina en el bautismo, la educación y la catequesis de los hijos. Es también capacidad de ofrecer vida, afecto, valores, una experiencia posible también para quienes no pueden tener hijos. Las familias que viven esta aventura luminosa se convierten en un testimonio para todos, en particular para los jóvenes.

Durante este camino, que a veces es un sendero de montaña, con cansancios y caídas, siempre está la presencia y la compañía de Dios. La familia lo experimenta en el afecto y en el diálogo entre marido y mujer, entre padres e hijos, entre hermanos y hermanas. Además lo vive cuando se reúne para escuchar la Palabra de Dios y para orar juntos, en un pequeño oasis del espíritu que se puede crear por un momento cada día. También está el empeño cotidiano de la educación en la fe y en la vida buena y bella del Evangelio, en la santidad. Esta misión es frecuentemente compartida y ejercitada por los abuelos y las abuelas con gran afecto y dedicación. Así la familia se presenta como una auténtica Iglesia doméstica, que se amplía a esa familia de familias que es la comunidad eclesial. Por otra parte, los cónyuges cristianos son llamados a convertirse en maestros de la fe y del amor para los matrimonios jóvenes.

Hay otra expresión de la comunión fraterna, y es la de la caridad, la entrega, la cercanía a los últimos, a los marginados, a los pobres, a las personas solas, enfermas, extrajeras, a las familias en crisis, conscientes de las palabras del Señor: «Hay más alegría en dar que en recibir». Es una entrega de bienes, de compañía, de amor y de misericordia, y también un testimonio de verdad, de luz, de sentido de la vida.

La cima que recoge y unifica todos los hilos de la comunión con Dios y con el prójimo es la Eucaristía dominical, cuando con toda la Iglesia la familia se sienta a la mesa con el Señor. Él se entrega a todos nosotros, peregrinos en la historia hacia la meta del encuentro último, cuando Cristo «será todo en todos». Por eso, en la primera etapa de nuestro camino sinodal, hemos reflexionado sobre el acompañamiento pastoral y sobre el acceso a los sacramentos de los divorciados en nueva unión.

Nosotros, los Padres Sinodales, pedimos que caminen con nosotros hacia el próximo Sínodo. Entre ustedes late la presencia de la familia de Jesús, María y José en su modesta casa. También nosotros, uniéndonos a la familia de Nazaret, elevamos al Padre de todos nuestra invocación por las familias de la tierra:

Padre, regala a todas las familias la presencia de esposos fuertes y sabios, que sean manantial de una familia libre y unida.

Padre, da a los padres una casa para vivir en paz con su familia.

Padre, concede a los hijos que sean signos de confianza y de esperanza y a jóvenes el coraje del compromiso estable y fiel.

Padre, ayuda a todos a poder ganar el pan con sus propias manos, a gustar la serenidad del espíritu y a mantener viva la llama de la fe también en tiempos de oscuridad.


Padre, danos la alegría de ver florecer una Iglesia cada vez más fiel y creíble, una ciudad justa y humana, un mundo que ame la verdad, la justicia y la misericordia».


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